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Multiculturalismo y democracia

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Escrito por Juana Castro . GEA Santiago

Sociedad - Laicismo-laicidad

El Diccionario de la Lengua española define la cultura, aplicada a la antropología como "el conjunto de valores y formas de vida, material y espiritual de un grupo étnico".
La cultura exige esfuerzo personal y social, es cultivo, instrucción y sabiduría para progresar y mejorar a partir de los medios naturales y técnicos con que cuenta una sociedad, en un momento dado. Todo aquello que consigue y se demuestra beneficioso, se conserva y pasa a formar parte del acervo cultura y de las señas de identidad de ese pueblo.


Los grupos humanos son dinámicos y tienden a relacionarse entre si, ya sea pacíficamente, o por medio de invasiones más o menos violentas. Entonces se producen las mezclas culturales, en las cuales el grupo mas avanzado tiende a imponerse, y el pueblo dominado reconoce la superioridad cultural del otro y acepta su lengua, sus modos de vida (sobre todo si son más atrayentes que los suyos propios), sus costumbres, etc., pero a su vez entrega al pueblo dominador sus propias cualidades culturales.

Surgen entonces señas de identidad nuevas y se puede decir que un pueblo dominado por varios invasores es como un crisol que ha enriquecido su cultura con las aportaciones de los demás. Esto se logra con el tiempo.

Es muy importante distinguir entre cultura propiamente dicha y costumbres. La primera debe basarse en los derechos fundamentales y universales que son para todos iguales y, las "costumbres" son características de una sociedad que se forjaron a lo largo del tiempo y que a menudo se conservan por lo que tienen de festivas o folklóricas. También hay costumbres que se basan en lo religioso y que son tenidas por inamovibles y sagradas por el pueblo que las practicas.

Estas costumbres no pueden erradicarse fácilmente, y entran en conflicto con las de otras sociedades que no las practican.

En los tiempos actuales en los que el fenómeno de la emigración de los países pobres a los ricos, es un hecho creciente y cotidiano, se plantean conflictos derivados de las diferencias culturales y sobre todo, de las costumbres basadas en lo religioso y que constituyen unas señas de identidad, sobre todo, de los pueblos islámicos. Los emigrantes europeos e hispanoamericanos no los plantean.

¿Deben las democracias occidentales que reciben a los inmigrantes islámicos permitir que estos impongan y practiquen sus costumbres de tipo religiosos y social?

Desde luego hay algunas que deben respetar; el no comer carne de cerdo o no tomar bebidas alcohólicas, por ejemplo, porque pertenecen al ámbito privado.

También deben proteger los derechos fundamentales de estas sociedades en los relativo a la práctica de su religión, a la educación, sanidad, derechos laborales, impedir su explotación económica y hacer que vivan, una vez admitidos, en pie de igualdad con los demás miembros de la sociedad que les ha aceptado.

Pero a cambio puede exigirles que aprendan la lengua del pueblo receptor para integrarse más, y que acepten las costumbres normales. Por ejemplo, el vestido y las normas de comportamiento generales del pueblo receptor, y sobre todo integrarse socialmente en su nuevo país, no formar guetos aparte a menudo marginales y cerrados que generan incomprensión, racismo, xenofobia y violencia.

La democracia es esa libertad que permite respetar los valores positivos de un pueblo, que enriquecen a los que los asumen, que defiende los derechos universales de toda sociedad, y que es tolerante con las diferencias, siempre que no generen conflictos innecesarios y perjudiciales para todos.

Hubo a lo largo de la Historia, intransigencias gravísimas en relación con la raza, religión, etc., y hay ahora costumbres islámicas, como la ablación que no pueden ser aceptadas nunca, o la subordinación legal de la mujer al varón, la lapidación, etc. Pensemos en la mujer taliban enfundada en el burka, porque esto va contra los derechos humanos fundamentales, admitidos universalmente y además porque residuos costumbristas que respondieron en el momento de su implantación a circunstancias "especiales" que no pueden conservarse ni permitirse bajo ningún concepto, y es democrático no permitirlo.



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