| Homilía del cardenal Ratzinger en la misa antes del cónclave |
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“Cristo es la medida del verdadero humanismo, el que nos ayuda a discernir la verdad” (Traducción no oficial del original italiano)
En el centro del texto profético encontramos una palabra que a primera vista parece contradictoria. El Mesías hablando de sí, dice ser mandado a promulgar el año de la Misericordia del Señor. Escuchamos con alegría el anuncio del año de la Misericordia, porque la misericordia de Dios pone un límite al mal, nos ha dicho el Santo Padre Juan Pablo II. Jesucristo es la Misericordia Divina en persona, es decir, encontrar a Cristo significa encontrar la misericordia de Dios. El mandato de Cristo se convierte en nuestro mandato a través de la Unción Sacerdotal. Somos llamados a promulgar no sólo con palabras, sino con la vida y con los signos eficaces de los sacramentos, el año de la Misericordia del Señor. ¿Pero qué quiere decir Isaías cuando anuncia el día de la venganza del Señor? Jesús en Nazaret, en su lectura del texto profético, no ha pronunciado estas palabras, ha concluido anunciando el Año de la Misericordia. Este ha sido el motivo del escándalo realizado después de su predicación, no lo sabemos, pero el caso es que el Señor ha ofrecido su momento auténtico y estas palabras con la muerte de la Cruz, ha cumplido el texto de la escritura con su muerte en la Cruz. Él portó nuestros pecados en su cuerpo hasta la Cruz, dice San Pedro en su epístola, en el capítulo 2, versículo 24. Y San Pedro escribe a los gálatas :"Cristo os ha rescatado de la maldición de la Ley, cambiando la maldición para nosotros como está escrito". El que cuelga de la madera, el que cuelga de la Cruz, porque en Cristo Jesús la bendición de Abraham pasa a nosotros, la promesa del Espíritu Santo se mantiene mediante la fe. La Misericordia de Cristo no supone una banalización del mal. Cristo lleva en su cuerpo y en su alma todo el peso del mal, toda su fuerza destructiva, abraza y transforma el mal en el sufrimiento, en el foco de su amor sufriente. El día de la venganza y el año de la Misericordia, coinciden en el Misterio Pascual, en Cristo muerto y resucitado. Esta es la venganza de Dios, que en la persona de su Hijo sufre por nosotros. Y así, cuanto más estemos tocados de la Misericordia de Dios, tanto más entraremos en solidaridad con su sufrimiento. Debemos disponernos a completar en nuestra carne "aquello que falta a los padecimientos de Cristo" (Col. 1-24) Vamos a pasar a la segunda lectura, la carta a los Efesios, que se trata sustancialmente de tres cosas. En primer lugar, los misterios y los carismas de la Iglesia como dones del Señor Resucitado que asciende al Cielo; después de la maduración de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios como condición y contenido de la unidad en el Cuerpo de Cristo; y, por último, de la común participación en el crecimiento del Cuerpo de Cristo, es decir, en la transformación del mundo en la Comunión con el Señor. Tener una fe clara, es a veces etiquetada como fundamentalismo Ideologías, modas, sectas. Relativismo, verdad y caridad Mientras el relativismo, es decir, el dejarse llevar por cualquier viento de doctrina, aparece como el único atisbo que parece imperar en los tiempos actuales. Se va constituyendo en la actualidad, una dictadura del relativismo que no conoce nada como definitivo y que deja como única medida sólo el propio yo y la propia voluntad. La amistad de Dios con los hombres Vamos hora a explicar un poco el Evangelio, en cuya riqueza podemos hacer unas pequeñas observaciones. El Señor nos recuerda esas maravillosas palabras: "ya no os llamo siervos, sino que os llamo amigos". Tantas veces nos sentimos nosotros con ganas de decir que somos siervos inútiles, pero el Señor nos llama amigos, nos hace sus amigos, nos regala su amistad. El Señor define la amistad de una manera noble, el Señor nos dice todo cuanto escucha del Padre y nos dona su pleno conocimiento, nos revela su cariño, su corazón, nos muestra su cariño con nosotros, su amor apasionado, que da hasta la muerte, una muerte en cruz. Sembrar alegría por el amor El otro elemento del Evangelio es el discurso de Jesús cuando dice: "Os he constituido para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca". Es propiamente el dinamismo de la existencia del cristiano que nos relata el apóstol, nos ha constituido por tanto caminantes, debemos ser animados de su santa inquietud, la inquietud de llevar a todo el regalo de la fe. Ésta es la amistad con Cristo. En verdad la amistad de Dios con nosotros nos ha sido regalada para que ella llegue a nosotros y llegue así a los demás. Hemos recibido la fe para donarla, para regalarla a los otros, seamos sacerdotes para servir a los otros. Y debemos llevar además un fruto que permanezca. Todos los hombres deben dejar un trazo, un fruto que permanezca, pero ¿qué cosa permanece? El dinero no, los edificios no permanecen, los libros tampoco. Después de un cierto tiempo todas estas cosas desaparecen, no quedan. La única cosa que permanece eterna, para siempre, es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad, el fruto que permanece cuando abandonemos nuestra naturaleza mortal es el alma, el amor, el conocimiento, es el gesto capaz de tocar el corazón, la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. “Oremos con insistencia al Señor para que nos regale de nuevo un pastor según su corazón” Y finalmente recordamos de nuevo la carta a los Efesios, el texto de San Pablo, la lectura dice, con las palabras del Salmo 68: "Cristo ha ascendido a los cielos", ha distribuido los dones a los hombres. Es el vencedor que distribuye los dones y estos dones son de los apóstoles, los evangelistas, los pastores y maestros. Nuestro ministerio es un don que Cristo que ha dado a los hombres, para construir un mundo nuevo. Vivamos nuestro ministerio así, como don de Cristo. Pero, en este momento, sobre todo, oremos con insistencia al Señor para que después del gran don del Papa Juan Pablo II, nos regale de nuevo un pastor según su corazón, un pastor que nos guíe al conocimiento de Cristo, a su amor, a la verdadera alegría. |