La caspa de cura en Comillas
Escrito por José Francisco Serrano Oceja. Publicado en “La Gaceta de los negocios” el 27-08-2005Sociedad - Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas
Los veranos, también, son para las polémicas, que teñidas de letra de rotativa acaban adquiriendo el lustre de lances de honor. Cantabria es una región pacífica que sólo se altera cuando sopla el viento sur en la bahía, “bella entre las bellas en el harén de España” según decir de Gerardo Diego. En la prensa regional, y también en el diario “El País”, la historiadora María del Mar Arnús, autora del libro “Comillas, preludio de la modernidad”, escribió un artículo, avanzado el mes de agosto, en el que se erigía en portavoz de un grupo de, según ella, destacados intelectuales y periodistas dedicados a conspirar para que el antiguo y emblemático edificio de la Universidad de Comillas, hoy propiedad de Caja Cantabria, fuera redimido de la “caspa de cura” de su pasado de “seminario jesuítico” , “fábrica de curas” y así un sinfín de lindezas sobre tan venerada institución.
Al artículo, incendiario de la historia, contestó el abogado y columnista Jorge Trías, quien recordaba, en un ponderado escrito, lo que la Universidad Pontificia supuso para la historia de la Iglesia en la España contemporánea y para la reforma y aplicación no sólo de los estudios teológicos y filosóficos, amén del Vaticano II. Muestra de ello fue la llamada generación de obispos Comillenses, clave en la transición política y eclesial de nuestro país. Terciaron, hasta el presente, en la polémica el exsacerdote y hombre de letras, Francisco Pérez Gutiérrez, ligado a la generación de Jesús Aguirre y a los promotores de la editorial Taurus; el columnista Alfonso Ussía y el clérigo montañés, Alberto Gatón.
Esta polémica adquiere, si cabe, inusitadas dimensiones dado que el próximo 27 de septiembre el su majestad el Rey, Juan Carlos I, visitará la villa cántabra y presumiblemente dará, con su presencia, carta de acreditación al proyecto del presidente regional Miguel Ángel Revilla, que cuenta con el aval verbal de José Luis Rodríguez Zapatero, de hacer de este edificio un “Campus universitario” para la enseñanza de las lenguas de España. Este proyecto de redención cultural del edificio histórico de la Universidad Pontificia es el que ha lanzado a la aristócrata progesía, con metáforas algo menos que asesinas –que venga Paul Ricoeur y que lo vea-, a la caza y captura de los vestigios de la contribución de la Iglesia a la cultura española, modificando la historia e inventando las cantinelas de los mitos originarios en la intención del marques donador.
Pues hete aquí que cuando las aguas volvían a su cauce, que es el de la verdad de la Historia, y no de esa memoria histórica ideologizada que se han inventado para sonrojo de, entre otros, Alain de Benoist y Tzvetan Todorov, el esposo de la señora Arnús, que firma como Conde de Sert, “Franqui Sert”, según Trías, sale a la palestra para recordarnos que de lo que se trata es de que el período que se inició con la Transición del 78 lo remate el gobierno socialista con un conjunto de leyes “que nos equiparan a los países más avanzados de Europa”. Lo que esconde el Conde es, a saber, el aplauso a: la ampliación de los derechos al divorcio, al aborto, el matrimonio y la adopción entre los homosexuales, la educación pública y laica y gratuita, una España descentralizada y federal, una vivienda digna –sin especificar cuántos metros, pro supuesto-, etc. Y, para esto, entiéndase como se entienda, hay que eliminar en nuestra historia la presencia y los símbolos de la “caspa de cura” o, a lo sumo, desterrarlos del protagonismo público.
Mientras Jorge Trías conducía el debate a las cuestiones de fondo, respondiendo a las preguntas que muchos nos hacemos, -¿cuáles son las ideas sobre las que se basan las políticas culturales hoy en boga y que generan la alta cultura que hace progresar a los pueblos? ¿en qué medida existe una política cultural de las Comunidades Autónomas que sea capaz de proponer la solidaridad de los pueblos de España? ¿qué papel juega la historia, la tradición cultural, en la definición del presente social?-, el conde de Sert nos esconde en las estériles dicotomías de los unos y los otros, de los franquistas y los que no lo son, de los católicos y los laicistas.
Mucho me recuerda lo que un día, un egregio santanderino, catalanista de los de verdad, Marcelino Menéndez y Pelayo escribiera de los librepensadores que “avivan estériles y enervadoras vanidades”. Hay, y esto es lo alarmante, en cierta intendencia del socialismo de ingeniería social una percepción patológica de que el reloj de la historia corre a favor de la gran obra revolucionaria del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, impelido por la marcha de la vida de los pueblos de España a convertirse en el gran reformador de la vida cultural y moral de nuestro país. Esta tarea, misión o encomienda de los dioses, se hará, también en Comillas, y en Cantabria, con talante y pacto político, pese a quien le pese. Sea la Iglesia, Benedicto XVI, los jesuitas o el obispo de Santander.
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