La élite que quiso salvar el mundo
Escrito por Rafael SerranoBioética-Ciencia - Eutanasia y Eugenesia
Matthew Connelly, profesor de la Universidad de Columbia, relata en su libro ‘Fatal Misconception’ la historia del movimiento controlista, cuyas fuerzas impulsoras fueron la eugenesia y el control de la natalidad, éste generalmente de matriz feminista. Estos ideólogos fomentaron en los años cincuenta la esterilización masiva en las clases menos favorecidas y en los países pobres.El interés de los promotores del control de la natalidad estaba más bien en la salud y el dominio de la sexualidad por parte de los individuos, las mujeres en primer lugar.
La “criptoeugenesia”
Sin embargo, unos y otros acabaron formando una alianza. Los partidarios del control de la natalidad aprovecharon la influencia y el abundante dinero de los eugenistas, a la vez que prestaban a éstos una cara más amable en el extranjero. En efecto, el movimiento eugenista no lograba extenderse fuera de Estados Unidos y Europa occidental por su evidente racismo.
Además, la diferencia en los principios no era tan neta.
También Alva y Gunnar Myrdal, impulsores del Estado del bienestar en Suecia, compartían esas ideas. Su fórmula era difundir anticonceptivos y a la vez dar subvenciones por maternidad y vivienda para asegurar que todo hijo nacido fuera un hijo querido, lema clásico del control de
En la práctica, los esfuerzos de una y otra corriente podían compaginarse muy bien. La convergencia encontró una etiqueta positiva para presentarse en sociedad: “planificación familiar”, término surgido en los años 30.
La tendencia eugenista sobrevivió a la mala prensa que le dio el régimen nazi, sólo que después de
Los controlistas siempre se distinguieron por su mesianismo. Se sentían llamados a salvar la civilización occidental, o el mundo entero, del cataclismo que iba a traer la “superpoblación”. Creían que ante el inminente asedio de las masas depauperadas que crecían a paso exponencial en Asia, África y Latinoamérica, Occidente tendría que gastar ingentes recursos en alimentarlas o en defenderse de ellas. Otra versión del apocalipsis demográfico, predominante más tarde, anunciaba hambrunas y epidemias espantosas, la Tierra esquilmada, el agotamiento de los recursos.
Desde el principio, la muestra preferida de lo que se avecinaba fue
La exageración era tanto una secuela de los prejuicios como un instrumento para comunicar la urgencia de la misión, que los controlistas solían describir con terminología bélica. Y, claro, en toda guerra hay que recurrir a la fuerza y son inevitables las bajas y los daños colaterales. Los controlistas, como generales ante el mapa de operaciones, veían números, no personas.
Era imperativo que las masas del Tercer Mundo redujeran su fecundidad: si no se podía obtener su cooperación, habría que lograrlo aun contra su voluntad. Y a menudo fue así: en las primeras campañas anticonceptivas en la India de los años 30, observa Connelly, se comprobó que “ni siquiera con los más pobres de los pobres se podía dar por descontado que querrían menos hijos. Los que compartían la fe de Sanger en que el valor del control de la natalidad era evidente olvidarían a menudo esta lección”.
El origen del dinero
Connelly narra la formación del movimiento controlista desde principios del siglo pasado en la primera mitad del libro. El autor se pierde en un exceso de detalles de los que no logra presentar una clara visión de conjunto. Fatal Misconception cobra interés cuando llega a los años 50, época en que se constituye el establishment controlista que dominará la escena desde entonces.
Aparecen las principales fuentes de dinero privado para la causa: las fundaciones Rockefeller y Ford, junto con algunos otros millonarios y sedicentes filántropos, en particular el norteamericano William Draper, que fue responsable del plan de reconstrucción de Japón después del terrible conflicto bélico.
La financiación pública vino sobre todo de las agencias de ayuda al desarrollo de unos cuantos países: muy por delante de las demás,
El Gobierno japonés también puso muchos millones en algunas épocas. En este capítulo, el nombre que conviene retener es el de Reimert Ravenholt, director de la Oficina de Población de Usaid entre 1965 y 1979.
Los organismos internacionales que más intervinieron son el Fondo de la ONU para la Población (Unfpa) y el Banco Mundial (BM), especialmente bajo la presidencia de Robert McNamara (1968-1981). En el sector privado, la IPPF, dirigida durante los años clave (1962-1974) por Alan Guttmacher (que fue también vicepresidente de
Estos actores comienzan a trabajar en equipo a raíz de una reunión a puerta cerrada convocada por John D. Rockefeller III en junio de 1952. Los frutos del conciliábulo fueron el Population Council y la IPPF, fundados a finales del mismo año.
Un fondo sin control
Dotado ya de una estructura para recaudar dinero y desarrollar programas, el movimiento inició sus actividades en la India, donde poco después se implantó, por primera vez en la historia, una política expresamente dirigida a reducir
Las campañas se multiplicaron a partir de 1967, gracias a la Usaid, que con Ravenholt se convirtió en la primera donante, con gran diferencia. El problema era que el dinero del gobierno de Estados Unidos hacía a los proyectos sospechosos de servir a una conspiración norteamericana contra el crecimiento del Tercer Mundo. Hacía falta una “mano blanca” que repartiera los dólares.
La solución ideada fue el Fondo de la ONU para Población (Unfpa), diseñado por Rockefeller, Draper y otros en un informe de 1969. Sería una agencia de un tipo inédito en la ONU: independiente del control de los Estados miembros, con completa libertad para recibir fondos y financiar los programas y organizaciones que quisiera. El UNFPA, criatura y longa manus del establishment antinatalista, funcionó de modo autónomo hasta que
La principal fuerza del UNFPA estaba en los muchos millones que tenía para dar y las vestiduras de la ONU con que se presentaba. Pero esto último era también la causa de su gran limitación práctica: no le resultaba fácil convencer a los gobiernos que no querían colaborar. La solución llega en 1972, cuando un comité en el que estaban representados los organismos y las agencias controlistas propone y consigue que el Banco Mundial coopere con el Fondo. La colaboración consistiría en presionar a los gobiernos a que aceptaran los programas de control de la natalidad.
Los años más negros
El “eje” Unfpa-BM fue eficaz. Quizá su éxito más sonado fue el brusco cambio de política por parte de México, que dependía de los créditos del BM y en el mismo 1972 adoptó el control de la natalidad tras una visita de McNamara. Empezó a haber campañas de esterilizaciones en México, aunque muchas veces con el disimulo que exigía carecer del apoyo del pueblo.
De todas formas, las mayores campañas, y las que dieron lugar a más abusos, se realizaron en países con gobiernos a favor: la India, China, Pakistán, Bangladesh. Desde muy pronto, las campañas indias recurrieron a
La época peor fue de junio de
China fue aún más drástica a partir de la adopción de la política del hijo único en 1978, que en seguida contó con financiación del Unfpa y asesoramiento de
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