Bioética y Ciencia

Pase Cambiado

Escrito por Andrés Ollero Tassara. Publicado en Defensa de la vida.

Había quedado ya claro que lo del dilema mortuorio difícilmente se tenía en pie e intentan darle al toro salida por la izquierda: presentan la muerte del hijo como síntoma de salud; de salud reproductiva pormás señas.

 

¿Cree que si solo fueran 1.000 las personas en España

 

que quisieran ejercer su derecho a la maternidad y no pudieran hacerlo no merecerían la intervención de los poderes públicos?, ¿Y si fuera una sola mujer que quisiera ser madre y no pudiera serlo?

(Alberto Ruiz Gallardón, Ministro de Justicia)

es imposible», frase de raigambre taurina, encuentra el más claro mentís en el pase cambiado. El principio de no contradicción taurino enseñaba que al toro se le puede citar por la derecha o por la izquierda, pero resultaría suicida citarlo por un lado para darle salida por el otro; pero,como el toreo es desafío, dicho y hecho…

Al toro del aborto los pro-vida comenzaron toreándolo por la derecha. El asunto se venía planteando al margen de todo rigor científico, comoun supuesto dilema que obligaba a elegir entre la vida de la madre y la de su hijo; lo del papeleo del sicólogo vendría luego… Se les reprochó que sólo se preocupaban del hijo dejando a la madre, héroe por naturaleza, a su suerte.

Pronto cambiaron demano y se convirtió en opinión común que todo aborto,trágico fracaso de la sociedad en que se producía, se cobraba siempre dos víctimas: madre e hijo.

Los pro-choice citaban al comienzo por la izquierda.

Puestos como se decía a elegir, considerabanmás razonable optar por la madre adulta, que había tejido ya todo un paisaje de las más diversas relaciones, antes que por un mínimo y poco visible sujeto cuya biografía a esas alturas sólo podría ser soñada. Pero hete aquí que a la izquierda se la cae el muro encima y, conmocionada, coge la muleta con la derecha y se pasa al individualismo más radical. Había quedado ya claro que lo del dilema mortuorio difícilmente se tenía en pie e intentan darle al toro salida por la izquierda: presentan lamuerte del hijo como síntoma de salud; de salud reproductiva por más señas.

Algún bien pensante argumentará que eso sólo lo defienden cuatro locas. Craso error; lo defienden los venerables miembros permanentes de nuestro

Consejo de Estado. Después de retratar la tragedia que cualquier aborto encierra (un conflicto afectivo, una situación de angustia, cuando no un estado de cuasinecesidad), se pasan a la fiera por la faja dándole salida con esta resumida conclusión: «La tutela del feto no puede pretenderse ni conseguirse contra la madre gestante sino con lamadre, en virtud de la íntima relación de ésta y el hijo en gestación,que es la primera y mejor garantía del nasciturus». En consecuencia, no hay problema en dar durante unas semanas paso a un aborto sin justificarlo pormotivos tasados; muy al contrario: «A la vez que se incrementan así las garantías del feto (sic), se habilita a lamadre a ejercer plenamente su libertad de opción» .

Se descifra pues qué podría significar «salud reproductiva»: libertad de decidir si un ser humano continuará o no vivo. El individualismo radical traduce la afirmación de la propia personalidad en poderío reproductor. El embarazo, percibido de modo prioritario como situación que somete a la mujer a intereses ajenos, se convertirá en ámbito decisivo de su liberación, en la medida en que pueda interrumpirlo.

De los males de la sociedad capitalista, cuyo individualismo insolidario explicaba las situaciones generadoras de aborto, ya nadie se acuerda. El varón, por lo visto, saldría malparado del lance, al frustrarse su presunto afán de descendencia.

Al final te coge el toro. El poderío reproductor jurídicamente garantizado puede acabar siendo el del varón; no en vano ante un embarazo no deseado será la mujer la que ejerza el envidiable derecho de hacermatar al hijo; el no va más, al parecer, de la propia afirmación; Gallardón, que es más de derechas que su padre, no se ha enterado y hasta cree que la maternidad es un derecho y no una simple falta de imaginación.

Publicado el 1/4/2012 en ABC de Sevilla

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