Bioética y Ciencia

La defensa de la vida en el tercer milenio

Escrito por Justo Aznar. Publicado en Defensa de la vida.

No darse por vencido en las prácticas antinatalistas
No sólo en nuestro país, sino también en todo el mundo occidental, las situaciones en las que la vida humana, especialmente la vida naciente, encuentra comprometida son tan frecuentes que ha hecho que casi las consideremos habituales. Por ello, el debate ético que estas acciones suscitaban hace algunos años parece, en el momento actual, como ador­mecido, como si esa cotidianeidad de lo execrable hubiera dado carta de legitimidad ética a prácticas que, por ir dirigidas expre­samente contra la vida humana, merecen ser directa y constantemente condenadas.


Especialmente ello parece afectar al aborto que, a fuer de darse entre nosotros, está favoreciendo un clima social que, si no tiende a admitirlo explícitamente, si al menos a oscurecer su valoración moral, colocándolo en ese desván de cosas reproba­bles que ya no suscitan la repulsa social que su propia carga ética negativa merece.

Hay que seguir insistiendo en estos temas, hay que proseguir profundizando en la defensa de la vida humana, y más espe­cialmente de la vida humana naciente, tra­tando de averiguar, casi de intuir, por dónde discurrirán los ataques contra la misma en los próximos años, qué argumen­tos se van a esgrimir para justificar las accio­nes que contra ella se realicen para que, de esta forma, podamos preparar más adecua­damente su defensa.

En esta visión de futuras acciones, una primera cuestión tendría que ser la ampliación de los objetivos que, al defender la vida humana, se deberían pro­poner. En este sentido parece necesario ampliar la defensa de la vida humana, a todas las circunstancias en las que ésta pueda estar comprometida. No podemos aquí enumerarlas por ser muchas y muy variadas, pero sí estar atentos a estas cir­cunstancias. A los que defendemos la vida no nos pueden reducir, ni nosotros pode­mos hacerlo, al muy concreto, y no siempre bien valorado, grupo de los antiabortistas, ya que la defensa de la vida debe de ir mucho más allá, abarcando, tanto a la vida naciente como a los enfermos terminales, al terrorismo, o a cualquier otra circunstancia en la que la vida humana se encuentre en dificultades.

De todas formas, es esa vida que empieza, la que, de una forma no siempre explícita, está siendo más atacada, por lo que a ella vamos a referirnos más detenidamente.

Otra consideración es que hay que ser conscientes de que existe una amplia campaña cultural. para tratar de minimizar el valor de la vida humana en esas etapas más ¡nidales, que va fundamentalmente dirigida a limpiar de impedi­mentos éticos la posible manipulación de esas vidas humanas en sus primeras horas o días. De esta forma, al quitarle el valor ontológico, se per­mite manipularla sin que de ello se derive ningu­na dificultad ética.

Un ejemplo: para tratar de evitar el jui­cio negativo que la utilización de la píldora abortiva RU-486 merece, por actuar explícitamente contra una vida huma­na, la prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine (327;1088-89, 1992) ironizaba sobre el valor de esa vida en sus primeros días, afirmando: "..algunos arguyen, incorrectamente, que el embarazo empieza con la fertilización, por lo que, si la mifepristona (RU-486) actúa previniendo la implantación del concebido, será un fármaco abortivo. El embarazo comienza, sin embargo -se afirma en dicho artículo- cuando la implantación empieza, a los cinco o seis días después de la fertilización, y se completa ocho días después. Cuando un óvulo humano es fer­tilizado in vitro, no se puede decir que la mujer esté embarazada hasta que el embrión se ha implantado definitivamente en su útero. Lo mismo se puede afirmar para la fertilización in vivo. Ya que la acción contraceptiva . va de la mife­pristona ocurre antes de la implantación, no se puede decir que sea un fármaco abortivo". Realmente es incuestionable la manipulación de la verdad científica realizada por una re­vista médica de tan notable prestigio, con la única finalidad de tergiversar la realidad ética sobre la utilización de la RU-486.

Sólo dos consideraciones: Primera, es verdad que el embarazo empieza cuando la implantación se consolida, unos ocho días des­pués de la fertilización del óvulo. Pero también es verdad que la vida humana no empieza con el embarazo, empieza, precisamente, ocho días antes, con la fertilización. Por tanto, cualquier interrupción de esa vida incipiente es un abor­to. El embarazo es una etapa de la vida humana no determina su inicio.

Segunda consideración, ésta aun, si cabe, científicamente menos ajustada a la reali­dad. La RU-486 no solamente actúa impidien­do la implantación, sino también favoreciendo la desimplantación, es decir, interrumpiendo el embarazo, una vez que la anidación del embrión en el útero se ha producido. Esto está científicamente demostrado. Basta recordar que la píldora es eficaz hasta 49 días después de la última regla. Por lo tanto, su acción abortiva, microabortiva, si se quiere, es indudable. Habrá que estar muy atentos a este tipo de manipula­ciones, todas ellas dirigidas a quitar valor a la vida humana en sus etapas más iniciales.

0tra tendencia que va a presidir el debate ético sobre la vida naciente en los próxi­mos años es el oscurecimiento semánti­co de la realidad científica, promoviendo cam­pañas en las que se trate de introducir una estu­diada ambigüedad del lenguaje para definir acciones que merecen una valoración ética negativa. Así, la palabra aborto ha sido práctica­mente sustituida por "interrupción voluntaria del embarazo" pero recientemente aun se quiere dar otro paso más, al definirlo como "interrup­ción médica del embarazo" (BMJ 317; 1452, 1998). La palabra "médica' parece traspasar la responsabilidad de terminar con una vida humana al personal sanitario y, de paso, teñir este acto con una carga de cientifismo que lo exculpe de cualquier valoración ética o respon­sabilidad moral para la persona que lo realiza.

Lo mismo está pasando con la clona­ción. Como tal, esta práctica médica merece un rechazo general, sin embargo, y a la vista de la posibilidad de utilizarla para la obtención de tejidos para transplantes, se ha introducido una variante de la misma, la Clonación terapéutica" que, a diferencia de la "clonación reproductiva, que debería seguir siendo reprobada, podría ser éticamen­te admitida o, al menos, convendría empezar a discutir su eticidad. Pero, por si acaso esto fuera poco, esta clonación terapéutica podría empezar a denomi­narse transferencia genética de células somáticas » (N. England J Med, 19 de noviembre de 1998), con lo que aun el fondo científico de lo que significa quedaría más oscurecido y su valoración ética dificultada.

Otro ejemplo: a la píldora abortiva RU-486, se ha propuesto denominarla píldora reguladora de la menstruación", pues, aunque muchos defiendan el aborto, esta palabra aun tiene una carga ética negativa que hace que sea rechazada por mucha gente, por lo que una píldora abortiva difí­cilmente podría ser utilizada con Fines de planificación familiar, especialmente en el tercer mundo, como así se pretende. Una píldora reguladora de la menstruación seria mucho más fácilmente vendible.

Y ¿por qué estas campañas orientadas a quitar valor a los primeros días de la vida huma­na?. Porque ello permitiría, entre otras cosas y sin riesgo ético:

a) favorecer la experimentación con embriones

b) utilizar células embrionarias para el cultivo de tejidos

c) impulsar la "donación terapéutica

d) solucionar el gravísimo, problema ético de los miles' de embriones humanos congelados, como consecuencia de la fecundación In vitro"

e) la posibilidad de utilizar medios contracep­tivos de acción antiimplantatoria, como especialmente es el dispositivo intrauteri­no (DIU), y

f) finalmente, la posibilidad de utilizar la píl­dora RU-486, tanto para inducir el aborto como para controlar la natalidad.

0tra tendencia, contra la que conven­drá estar precavidos, es la de tratar de identificar la defensa de la vida con acciones alejadas de las vías pacíficas del diálogo y, a los que la defendemos, con grupos violentos. Se tratará de identificar antiabortistas con violencia. Aunque la lucha por la vida va, como ya se ha comen­tado, mucho más allá de la exclusiva lucha contra el aborto, también en este campo concreto nuestras acciones están muy aleja­das de las que practican determinados gru­pos extremistas norteamericanos, que tratan de combatir la violencia del aborto con más violencia. Nada más alejado de nuestra manera de actuar. Por ninguna razón debe­ríamos permitir que, en aras de unas accio­nes antiabortistas, se llenen de sangre las puertas de esos santuarios del homicidio organizado que son las clínicas abortistas.

Finalmente, de cara al próximo siglo XXI, la defensa de la vida, en su vertiente de lucha contra el aborto, debería modificar alguno de sus objetivos, promoviendo cam­pañas que fueran más allá de la simple lucha contra el aborto, ampliándolas a la defensa de la mujer y especialmente a la mujer embarazada. Como ha recordado hace poco Paul Swope, presidente de Life Net Services, " ... durante veinticinco años el movimien­to pro vida ha defendido el principio quizá más crucial de cualquier civili­zación desarrollada, la inviolabilidad y el valor de la vida humana. A pesar de ello, ni la profundidad, ni la magnitud de la causa, ni la integridad de quienes traba­jan por respaldarla se han traducido en resultados. Seguramente una de las razo­nes de este aparente fracaso puede haber sido que los programas de los movimien­tos pro vida y de sus actividades educado­ras han tendido a exacerbar el problema, por haberse centrado casi exclusivamente en el hijo aún no nacido, en vez de hacer­lo fundamentalmente en la madre, lo que ha producido resentimiento en vez de simpatía en las mujeres, particularmente en las mujeres en edad de tener hijo?

Por ello, en los próximos años, el movi­miento pro vida debería, deberá, cen­trar su actuación primordialmente en la mujer, sin condenarla ni estigmatizarla, sino más bien promoviendo ayudas para ella. Sin duda, es ésta una de las peculiaridades que ya caracterizan al movimiento pro vida español, en donde la ayuda a la mujer, a través de sus Centros de Acogida, ha sido una constante en sus acciones.

Hemos tratado de revisar algunas de las tendencias que, a nuestro juicio, presidi­rán o deberían presidir la defensa de la vida de los próximos años, sin embargo y a guisa de resumen, me atrevería a afirmar que esta lucha habría que centrarla en tres grandes líneas:

a) promover acciones que resalten la dignidad de la vida humana naciente, es decir, del embrión, durante los primeros 14 o 16 días de su vida, buscando argumentos que demuestren el valor que esta vida humana tiene

b) como prevención al aborto, y por evitar embarazos no deseados, especialmente de adolescentes, promover campañas educativas en las que la sexualidad no sea considerada solamente como un instrumento de placer, sino como algo de rango muy superior que forma parte inseparable del amor humano, y

c) alentar una decidida defensa de la familia, en donde la mujer juegue un papel fundamental, por no decir el fundamental, y en donde el valor que la vida de un nuevo hijo tiene sea considerado bajo lo Que ontológicamente significa ser una persona humana.

( El Dr. D. Justo Aznar es fundador de GEA-Valencia y uno de los promotores de AGEA. Actualmente es Jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital Universitario “La Fe” de Valencia y ha recibido los Premios de Investigación Santiago Grisolia (1 998) y Alberto Sols (1999))

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