Bioética y Ciencia

Desgraciadamente, ni la vida es un derecho absoluto

Escrito por Pedro Peral. Publicado en Defensa de la vida.

A propósito de una huelga de transportes turísticos, escribí un comentario defendiendo la idea de que ya no existen derechos absolutos, que todos tienen un límite a fin de garantizar el interés general.
Un amable lector me indica que sí hay un derecho absoluto: el derecho a la vida. Y apoya su afirmación diciendo que la vida, al margen de consideraciones religiosas, es sagrada e inviolable, y que nadie puede atentar contra ella. Añade que, con el aval de los científicos más solventes, existe vida desde el mismo momento de la concepción y que como no se trata de una verruga molesta ni de un lunar antiestético, si no de vida, de la vida de "otro", con un código genético distinto al de los demás, no se puede eliminar.


Tengo que rectificar a mi comunicante. Si bien es verdad científicamente todo lo que dice, desde el punto de vista legal, al que yo me refería en mi anterior columna, no existe garantía del derecho a la vida del concebido y no nacido.

Cuando se aprobó por la mayoría socialista en el Congreso la Ley despenalizadora del aborto, en 1985, el Tribunal Constitucional, al resolver un recurso planteado contra aquella, se inhibió y dejó al legislador ordinario regular ese derecho. La actual legislación despenaliza el aborto con determinadas requisitos, que, por cierto, rara vez se cumplen.

Y ello a pesar de que en los debates parlamentarios de la Constitución, el articulo 15 tenía una redacción inicial según la cual "El derecho de la persona a la vida y a la integridad física es inviolable". Una redacción que se cambió por la de "Todos tienen derecho a la vida...." Cambio sustancial. Si persona es el feto que tiene forma humana y vive desprendido del seno materno durante 24 horas, es claro que la primera redacción no garantizaba la integridad de todos. Con la segunda, sí. Sí, pero... no.

El Constitucional ha dejado abierta la puerta al aborto, a la eliminación del ser humano, el màs indefenso e inocente. Lo siento, señor comunicante: la vida tampoco es, en España, un derecho absoluto.