Bioética y Ciencia

Nueve años y cuatro meses

Escrito por José Ignacio Munilla Aguirre. Publicado en Defensa de la vida.

¡Qué sencillo es poner en crisis los valores morales sirviéndose de la carga emotiva que se genera en situaciones trágicas! ¡Cómo se llega a manejar la sensibilidad, la ternura y los mejores sentimientos de maternidad y paternidad, al servicio de oscuros intereses políticos! ¿O es que no nos hemos percatado de que esa niña nicaragüense ha sido un mero instrumento de una estrategia mucho más amplia?


La "Red de mujeres contra la Violencia", que arropó a los padres de la niña y asumió su representación legal, sin permitir que la Iglesia, ni las ONG´s cristianas, ni el Ministerio de la Familia se acercasen para prestarle ayuda y ofrecerle alternativas, no es sino un grupo de presión feminista que postula el cambio de la legislación nicaragüense en materia de aborto, natalidad, etc... Si su interés hubiese sido verdaderamente altruista, no hubiesen tenido dificultad alguna en facilitar el recurso del aborto, conforme a su mentalidad, bien dentro del país o en el extranjero, guardando el sigilo conveniente para la niña y su familia. Pero no, la cuestión era otra: el objetivo era político, necesitaban una víctima y la encontraron.

Nicaragua forma parte de un grupo de países hispanoamericanos que en las últimas Conferencias Mundiales de Población, principalmente en el Cairo y Pekín, se alinearon junto con la Santa Sede, rebelándose contra la consideración del aborto como un método de control de la natalidad, así como frente a una política de población que pretendía acabar con la pobreza, haciendo que nazcan menos pobres. Se la tenían guardada por ello y en los últimos años han sufrido auténticos chantajes, en los que se ha condicionado la concesión de ayudas internacionales, a la modificación de sus políticas de población. Por poner un ejemplo, la reciente emergencia económica de Argentina ha sido utilizada para exigir a las autoridades del país la aceptación del protocolo de CEDAW: si se pretende tener acceso a la ayuda del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no queda otro remedio que dimitir de los propios valores morales y pasar por el aro.

No nos engañemos, en Nicaragua pasará lo mismo que en EEUU, donde tras manipular en 1973 la opinión pública en base a otro caso límite (cfr www.loiola.org/roe.htm), se practican legalmente al año un millón y medio de abortos. Entre ellos, unos 7.000 abortos anuales por el método de "nacimiento parcial", es decir, decapitándoles en el mismo momento del parto, antes de que el cuerpo entero haya salido del útero materno, de forma que legalmente no pueda ser considerado como infanticidio. La experiencia nos dice que una vez abiertas las puertas, es muy difícil regular su cierre. En España ha ocurrido lo mismo: no es cierto que tengamos despenalizado el aborto en tres supuestos, sino que la verdad es que está legalizado el aborto libre. En el 2001, último año del que disponemos estadísticas, en España se realizaron 69.857 abortos legales, de los cuales el 95% alegaron "peligro para la salud psíquica de la madre".

¿Cuál ha de ser la doctrina moral de la Iglesia Católica en los casos límite? ¿No sería más inteligente hacer la vista gorda? Total, ¿quién se iba a enterar de que hemos hecho una pequeña excepción al principio del respeto a la vida? Yo, personalmente, no creería en una Iglesia que predica una moral de conveniencia, cuidando su propia fama, porque me resultaría insignificante y traidora al mensaje de Cristo. Por el contrario, creo en el valor de la vida, y que el respeto de la misma es siempre beneficioso para el ser humano, para todo ser humano: tanto para la niña que tiene 9 años, como para el feto que tenía 4 meses desde su concepción. La alternativa al aborto practicado a esta niña nicaragüense, pasaría por calibrar los riesgos que puede conllevar para la madre el desarrollo pleno del embarazo, así como por el discernimiento sobre los meses que necesita el feto para ser viable una vez extraído del seno materno. Existen ya múltiples casos de partos prematuros que han sobrevivido con poco más de 600 gramos. Es más, en los manuales de medicina se recogen numerosos casos, convenientemente documentados, más extremos que el de Nicaragua, que llegaron a buen puerto. Entre ellos, el caso "tristemente record" de Lina Medina, que con tan solo cinco años de edad, dio a luz con cesárea en Lima (Peru) en el año 1939 (Willians, cap 25). Al niño le pusieron el mismo nombre del ginecólogo, Gerardo, y murió a los 40 años de un ataque de corazón. La madre vive todavía. ¿Y nos quieren ahora hacer creer que trascurridos 64 años de continuos avances científicos, no quedaba otro remedio que el aborto para la niña de nueve años?

Lo que está fuera de duda es que la eliminación voluntaria del feto, nunca podrá ser considerada como un acto terapéutico. La clave está en entender que el respeto a la vida no puede tener más excepción que la legítima defensa. Quien pretende justificar el aborto en los casos de violación, está errando cuando apunta al agresor; que no es otro que el violador y no el niño concebido. La Iglesia Católica predica estos principios morales, con la misma coherencia y por la misma regla de tres con la que denuncia como inmoral la guerra preventiva contra Irak, que no cabe justificar como legítima defensa. Probablemente, el problema de fondo de nuestra sociedad está en que hemos asumido como políticamente correcto la vivencia de una doble moral: una para los temas de justicia social y otra en lo referente a la familia y sexualidad. Creo sinceramente que la Iglesia presta un gran servicio a la sociedad cuando defiende una moral de coherencia en todos los ámbitos de la vida, aunque ahora nos toque aguantar el chaparrón, falsedades incluidas, a las que termino respondiendo brevemente:

Es radicalmente falsa la afirmación de que el arzobispo de Managua haya decretado la excomunión de los padres de la niña. Lo único cierto es que según nuestro Código de Derecho Canónico, incurren en excomunión de una forma automática, todos los que hayan cometido o colaborado directamente en el pecado del aborto, siempre y cuando se de la suficiente consciencia y libertad. ¡No es lo mismo, ni tan siquiera parecido! La Iglesia no aplica la pena de excomunión en base solamente a la gravedad de los pecados, sino que lo hace también con el objeto de suscitar la "conciencia de pecado" hacia los desordenes morales. Por ejemplo, no ha sentido la necesidad de recoger en su Código de Derecho Canónico la excomunión para aquellos que asesinan a los pobres indigentes, por la sencilla razón de que afortunadamente la sociedad no ha llegado a reivindicar tal crimen como un derecho, y cualquiera que tenga un poco de sentido común es capaz de juzgar adecuadamente tamaña atrocidad . ¡Pero, sin embargo, en el caso del aborto, es eso justamente lo que está ocurriendo! Es un pecado de época ante el que hay una especie de ceguera colectiva.

Igualmente, es totalmente falso que la Iglesia haya permitido jamás el aborto a unas monjas embarazadas por violación, como se ha llegado a afirmar en varios debates radiofónicos. ¿De dónde ha salido esta noticia? ¿No se debería ampliar la pena de excomunión también para los casos de calumnia -permítaseme la broma-? Y, por último, me parece patético que se argumente contra la doctrina de la Iglesia sobre el "no matarás", en base a esos curas estadounidenses que han cometido los crímenes de pederastia. ¿Es que el pecado de esas personas puede deslegitimar la misión que la Iglesia ha recibido de Cristo?

No creo que pueda calificarse de "defensores" a quienes han tutelado a esa niña para el aborto. Conscientes o no de ello, estaban encaminando a la víctima a convertirse en verdugo; aunque afortunadamente no lo han conseguido. Dios bien sabe que Rosa, la madre de 9 años ,es inocente; al igual que su hijo de cuatro meses. Así lo afirma la Sagrada Escritura: "¿Es que puede olvidarse una madre del fruto de sus entrañas? Pues aunque eso ocurriere, yo jamás me olvidaré" (Isaias 49, 15)

(Artículo publicado en El Diario Vasco de San Sebastián - España)

Recomendamos

Noticias de ageanet

Escriba su correo electrónico