Bioética y Ciencia

El niño que curaba los pies planos

Escrito por José Mª García-Hoz – Colaborador de Ageanet. Publicado en Defensa de la vida.

La insolvencia de un banco produce daños cuantiosos, injustos en la mayoría de los casos, pero reparables: de una u otra manera el dinero y la confianza que se pierden en un caso de estos se recuperan con el tiempo. Pero nadie puede reparar el daño causado por la presentación pública como adelanto científico de una criatura humana engendrada y seleccionada en un laboratorio para servir de medicina.


Abuso, que no avance

La ciencia está al servicio del hombre, lo que entre otras cosas quiere decir que no puede servirse de los hombres como palanca de avance científico. Desde luego que a lo largo de la historia de la humanidad se han dado muchos casos de abusos sobre personas con fines supuestamente científicos y es de temer que se seguirá haciendo. La novedad que se está viviendo en España es que se presenta como un avance científico el abuso sobre una docena de personas a las que se concibió como proveedoras de remedios medicinales, y sólo permitieron sobrevivir a la que consideraron más apta para esa función.

Hay cosas que la ciencia no puede hacer sin renunciar a su condición de instrumento del avance científico de la sociedad humana. En nombre de la ciencia, por ejemplo y como ya advirtió Bernard Shaw, ningún investigador puede cortar la cabeza a su madre y meterla en un horno a 600 grados centígrados de temperatura, para observar con protocolos científicos los efectos del calor sobre el cuerpo humano sin vida.

Traspasar esa raya de estar al servicio del hombre para convertir al hombre en una herramienta a su servicio, se ha utilizado como idea central para numerosas películas de terror, de suspense o sencillamente de acción. Un científico que pierde la razón es financiado por un multimillonario ambicioso de más dinero, o rencoroso por lo feo que es desde pequeño, y se proponen sojuzgar a la humanidad mediante un invento estrafalario. Al final, el chico salva a la chica que iba a ser despiezada para sacarle la sesera o el corazón y acaba con el par de locos.

Las maracas de Machín

Estas películas tenían una ventaja sobre la realidad contemporánea: desde el principio, el espectador sabía que el científico estaba más sonado que las maracas de Machín y que al final ganarían los buenos. Ahora, en nuestra vida real, los científicos que hacen lo que no deberían hacer son admirados y retribuidos, de forma que se alejan las posibilidades de alcanzar un final feliz.
    …a no ser que se considere que fabricar hombres y mujeres a medida es un final feliz.

Se empieza por fabricar niños medicamento y como es con un fin altruista como el de intentar curar a un hermano enfermo no se repara mucho en los medios utilizados: los seres humanos que han muerto por el camino y el fin estrictamente utilitario del nacimiento permitido.

En fase posterior y no muy lejana, dado que las ciencias adelantan una barbaridad,  no hará falta una causa tan apremiante: se fabricarán niños como perfeccionados animales de compañía para la pobre gente solitaria; se fabricarán para que ayuden en las tareas físicamente más onerosas: en la huerta familiar y también, ¿por qué no?, en los duros trabajos de la mina o de la plataforma petrolífera; una cuidada selección genética permitirá fabricar humanos con potencia muscular adecuada para esas tareas, o sencillamente para curar los pies planos.

Cuestión de precio

Desde el punto de vista social y como todo será cuestión de precio, los más ricos podrán tener a media docena de humanos fabricados bajo demanda, de modo que los humanos acabarán por jugar un papel similar al que hoy desempeñan los coches o los viajes: mero símbolo del estatus social.

Esto no son fabulaciones de ciencia ficción, sino un camino que se recorre deprisa, sobre todo cuando la sociedad se aliena buscando su propia identidad en la multitelevisión con pluripantalla de poliplasma o en un viaje a Cancún, nueve días tres noches todo incluido. Pues aunque ésa sea la sensibilidad dominante, por lo menos en apariencia, y por mucho que se califiquen de avances científicos lo que no es otra cosa que abusos sobre seres humanos, la sociedad acabará pagando un alto precio, en términos de deshumanización al modo descrito por Aldous Huxley y/o en términos de dictadura, al modo de George Orwell.

En todo caso, resulta imprescindible que el tenebroso viaje emprendido hacia la conversión del ser humano en un simple instrumento del capricho científico-político sea explicitado y debatido en su conjunto. Hasta ahora ese debate se ha hurtado al presentarlo en pequeñas etapas como si no tuvieran que ver unas con otras, de forma que el marco legal resulta incoherente cuando no contradictorio y se aprovecha ese río revuelto para ocultar el modelo de futuro que se está construyendo.

Publicado en La Gaceta de los Negocios