Bioética y Ciencia

De directora de la mayor multinacional del aborto a convencida pro-vida

Escrito por Santiago Mata. Publicado en Aborto y anticoncepción.

Abby_Johnson

Salir de la mentalidad abortista es posible, incluso para quienes viven de ese negocio. La única condición es que no hayan renunciado a escuchar a su conciencia. De ello da fe Abby Johnson, ex directora de la mayor multinacional del aborto, en el libro Sin planificar,  (“Sin Planificar” - Abby Johnson y Cindy Lambert. Ed. Palabra. 22€) 

En la página 23 de su libro, Johnson relata la única vez que participó en un aborto de un feto de 13 semanas sosteniendo el ecógrafo: “Al principio, el bebé no pareció darse cuenta de la presencia de la cánula, que se había acercado con sigilo a un lado del cuerpo. Por un instante sentí alivio. Por supuesto, pensé. El feto no siente dolor.

El siguiente movimiento fue la repentina sacudida de un pequeño pie. El bebé daba patadas, como si intentara huir del extraño invasor. Mientras la cánula avanzaba, el bebé empezó a luchar por darse la vuelta. Estaba claro que el feto podía sentir la proximidad de la cánula y que aquello le daba mala espina.

Miré de nuevo la pantalla. El médico había girado la cánula y pude ver un cuerpo minúsculo retorcerse violentamente. Por un breve instante pareció como si el bebé se hubiese escurrido como un paño de cocina, retorcido y arrugado. Y entonces el pequeño cuerpo se estrujó y empezó a desaparecer ante mis ojos por la cánula. La última cosa que vi fue una columna vertebral, diminuta y perfectamente formada, succionada por el tubo. Se había acabado. El útero estaba vacío”.

El testimonio de esta joven que trabajó como voluntaria, más tarde relaciones públicas y por fin directora de una clínica de la mayor multinacional del aborto –Planned Parenthood– en Texas, comienza por el final: su paso al “otro lado de la valla”, donde los providas tratan de ofrecer su ayuda a las mujeres que acuden a abortar. Porque, como en el caso del Dr. Bernard Nathanson –fallecido el pasado 21 de febrero– la visión de un único aborto es suficiente para acabar con una carrera abortista.

Honradez

La condición de que aún quede un mínimo de conciencia en el personaje es clara en el caso de Abby Johnson, que siempre tuvo reparos para admitir abortos de fetos viables y aceptaba que hubiera para las mujeres embarazadas otras opciones además del aborto.

Estos dos puntos entraron en colisión con su trabajo en la clínica abortista cuando Planned Parenthood decidió abrir una gran clínica en Texas para abortos tardíos y cuando comprendió que el interés de esta organización no era evitar embarazos no deseados –o en su caso ponerles fin–, sino hacer cada vez más abortos. Así pasó de ser premiada como empleada del año a ser amonestada por no obedecer ciegamente las consignas para aumentar los ingresos impulsando a las mujeres a abortar.

Todo ello habría quedado, sin embargo, en dudas de conciencia como las que todos los abortistas tienen, y que combaten concienciándose de que ayudan a las mujeres a resolver un problema. La duda se convirtió en certeza ante la evidencia de que ese problema es una vida humana, que mediante el aborto desaparece porque es eliminada de forma sangrienta y cruel.

Testimonio provida

El paso “al otro lado de la valla” de Johnson hubiera sido más difícil de no ser por el testimonio de humanidad de los activistas provida.

La ex directora de la clínica abortista narra el impacto que causó en el personal la reacción de una monja al no poder evitar que entrara en la clínica una joven a cuya madre acompañaba la religiosa. “Cayó de rodillas y sollozó con tal amargura, tanto dolor –cuenta en Sin planificar–, que pensé para mí: Ella siente algo más profundo de lo que yo he sentido jamás. Su dolor es honesto. Saber que esa mujer ha abortado es una aflicción real para ella. Me invadió una sensación de lástima. Intenté sacudírmela, pero no podía pasar por alto que una monja llorara por lo que estaba pasando dentro de mi clínica”.

Cinismo

Planned Parenthood, que proyectaba abrir en Houston una clínica de siete pisos, que sería la mayor de la organización, y donde se harían abortos hasta la semana 24. Ante las presiones para lograr más ingresos, se limitó a exponer que en teoría la organización tenía como fin evitar abortos, y que “el aborto nunca será nuestra prioridad”.

La organización abortista perdió el juicio en el que acusó a Johnson de faltar al secreto. Más duro fue verse acusada por miembros de su confesión protestante: “Me recordaban que nuestra iglesia era pro elección y más de uno sugería que no debía aparecer más por allí”. Además de provida, con el tiempo, Abby se hizo también católica. Aunque eso no lo cuenta en el libro, sino en la su web. www.abbyjohnson.org.

Artículo original en La Gaceta

 

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