Bioética y Ciencia

El aborto en el mundo: Relativismo e Incongruencia legislativa

Escrito por Javier Echevarria Munguira. Publicado en Aborto y anticoncepción.

Un análisis de las legislaciones abortivas en el mundo permite conocer si éstas se ajustan realmente a criterios médicos y científicos objetivos y universales. El estudio se basa en tres aspectos concretos en los que podrían existir contradicciones entre las diferentes legislaciones: los plazos que las leyes establecen para poder practicar un aborto, los supuestos bajo los cuales puede llevarse a cabo la citada práctica, y los dictámenes o resoluciones médicas que se establecen como requisitos previos en los distintos países del globo.

(Resumen de la comunicación presentada en el V Simposio de la Asociación Española de Farmacéuticos Católicos “Actualidad farmaceútica y cuestiones bioéticas”)

Desde comienzos del siglo XX se ha legislado el aborto en los diferentes lugares del mundo, en una tendencia constante que ha hecho que, en la actualidad, cada país presente una legislación en la materia, aunque todas ellas con características particulares y diferenciadoras.

La inmensa mayoría de las legislaciones introducen en sus disposiciones la figura del especialista médico, con distintos cometidos en cada país, por lo que la “libertad de elección” no es absoluta, sino que queda limitada al dictamen médico de un experto en la materia, que podrá determinar la procedencia o no de realizar el aborto. Asimismo, la justificación a la existencia de plazos o supuestos en los que se tolera el aborto, se basa en valoraciones de tipo médico (existencia de vida, implantación del óvulo fecundado, formación de órganos vitales, etc.). Ello se debe a que se introducen en las disposiciones normativas criterios científicos o pseudocientíficos para justificar las directrices legislativas en materia de aborto.

La realización de un profundo análisis de las legislaciones abortivas en el mundo permite conocer si éstas se ajustan realmente a criterios médicos y científicos objetivos y universales. El estudio se basa en tres aspectos concretos en los que podrían existir contradicciones entre las diferentes legislaciones: los plazos que las leyes establecen para poder practicar un aborto, los supuestos bajo los cuales puede llevarse a cabo la citada práctica, y los dictámenes o resoluciones médicas que se establecen como requisitos previos en los distintos países del globo.

La más llamativa de las divergencias entre legislaciones se encuentra en relación a los plazos en los que pueden practicarse los abortos en los diversos países. La realidad es diferente en cada Estado, en función de criterios de distinta índole, nunca suficientemente explicados, y en todo caso, difícilmente entendibles.

Según el país del que se trate, el plazo para realizar un aborto puede ser .de 11 semanas y 6 días (en Estonia), 12 semanas, ó 13, 90 días, uno o dos trimestres (Austria), 18 semanas, 20, 22, 24, 25, ó 28 semanas (Bulgaria, Finlandia, Grecia o Moldavia), o incluso no existir plazo y permitirse en cualquier momento del embarazo (Suiza). Asimismo, se comprueba que incluso dentro de un mismo país los plazos pueden ser diferentes para cada uno de los supuestos contemplados, lo que determina que una vida merezca ser vivida, o no, en función del momento en que la madre decida no continuar con su embarazo.

En la misma línea, las incongruencias legislativas son abundantes en relación a los supuestos que permiten el aborto contemplados en las diferentes legislaciones, entre los que se aprecian, desde el peligro para la salud de la madre o del hijo, hasta la violación o la posibilidad de que el feto naciera con defectos, pasando por otros tan inverosímiles como el que la madre sea portadora del SIDA (Georgia), que el embarazo pueda afectar al status social de la familia (Chipre), o que la embarazada sea nacional del país (República Checa).

En la misma línea, las divergencias son importantes en los requisitos médicos que las leyes establecen con el teórico objetivo de proteger la vida del feto, necesitándose el informe de un médico en Bélgica, dos en Francia, y hasta cuatro en Dinamarca en determinados supuestos. A todo ello, se suma la enorme frecuencia con la que se incumple la ley y el poco celo que los tribunales ponen en la persecución de los delitos contra la vida en materia abortiva, que provocan que, si las legislaciones son ya laxas, de facto no exista límite alguno al aborto en multitud de países.

El estudio demuestra que las diferencias legislativas en materia de aborto en el mundo son innumerables, lo que pone de manifiesto que no pueden basarse en criterios científicos objetivos, ya que en ese caso debería existir una sola legislación en todos los países: si la objetividad es una, las legislaciones deberían ser una, no pudiendo ser varias, ya que este caso, se introducen criterios de oportunidad u otros, absolutamente incompatibles con un profundo, sincero y minucioso análisis de la realidad.

La auténtica realidad, por el contrario, es radicalmente distinta, ya que demuestra que la legislación que reconoce, ampara o protege el aborto está basada en cuestiones de índole social, político o ideológico, es absolutamente relativista, y está sustentada en falsos criterios médicos o científicos (prueba de ello son las legislaciones en China, consecuencia de las políticas estatales de planificación familiar, o en Alemania, derivada de la armonización jurídica de la normativa de las antiguas Repúblicas Federal y Oriental de Alemania).

Por contra, las únicas legislaciones homogéneas en el mundo (El Salvador, Malta o El Vaticano) son las que parten del derecho a la vida del no nacido, que no reconocen ese inventado “derecho a decidir” de la mujer, y que fomentan el nacimiento de todos los seres humanos concebidos. Los legisladores de estos países se inclinan siempre por proteger la vida del concebido, que es un bien jurídico de valor superior a otros, tales como el bienestar social, las razones socioeconómicas, las secuelas psicológicas de la madre, o la existencia de malformaciones para el propio nasciturus. En estos países, el único supuesto contemplado (de manera implícita o explícita) es el del peligro real e inminente para la vida de la madre, ya que en este caso, estarían en juego dos bienes jurídicos del mismo valor (la vida de la madre y la vida del hijo).

El estudio de las legislaciones abortivas en el mundo pone de manifiesto las contradicciones desde el punto de vista de la Justicia, del sentido común y de la coherencia, demuestra que el aborto es una “opción” absolutamente relativista, y que no se sustenta en ningún criterio científico objetivo o universal, lo que debería llevar a reflexionar a sus defensores, a legisladores y a científicos de todo el mundo, para, en último lugar, desarrollar prácticas médicas, políticas, judiciales y legislativas de defensa de la vida y de los niños concebidos.

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