Bioética y Ciencia

Consideraciones acerca del dolor prenatal. ¿Deben ser los fetos anestesiados para ser abortados?

Escrito por Dr. Francisco Reinoso Barbero. Publicado en Aborto y anticoncepción.

En la actualidad, los avances científicos han permitido que los pacientes con una edad gestacional de 20 semanas sean susceptibles de ser sometidos a diversas técnicas de cirugía fetal que permiten favorecer un desarrollo postnatal ulterior más favorable. Igualmente la supervivencia de los recién nacidos prematuros ha conseguido que el limite de viabilidad fetal haya descendido hasta las 25 semanas de edad gestacional (EG). En ambos casos neonatólogos y anestesistas emplean técnicas de anestesia, analgesia y sedación convencionales.

 


La actual regulación legal de la interrupción voluntaria del embarazo permite practicar en determinadas circunstancias (aproximadamente un 2% de los casos) abortos más allá de las 21 semanas (EG).  En estos casos la necesidad de anestesiar a los fetos durante las técnicas de aborto ha sido sometida a regulación por el senado de los Estados Unidos tras escuchar a una Comisión de Expertos constituida por los principales especialistas en dolor perinatal (1). Según esta regulación el médico que indicase un aborto en el tercer trimestre del embarazo deberá informar a la mujer embarazada de la posibilidad de realizar la técnica bajo anestesia general (permite anestesiar al feto a través de la placenta materna) en lugar de las técnicas habituales de anestesia regional (que no afectan al feto).  

La implantación de esta normativa puede asociarse a una disminución en el número de abortos, porque las mujeres se enfrentan entonces a los dilemas psicológicos asociados a sentimientos de culpa, más que al miedo a las complicaciones de la anestesia general.

 

Sin embargo, la única revisión sistematizada hasta la fecha ha sido realizada por un grupo proabortista y concluye que no deba anestesiarse a los fetos que son sometidos a un aborto en el tercer trimestre, ya que en sus conclusiones afirman que no existen evidencia científica de conexiones tálamo-corticales hasta la 32 semana (EG)(2).

 

Este estudio ha sido muy cuestionado por diversos motivos:

 

-         en primer lugar, la motivación no científica (revocar una ley en curso);

 

-         en segundo lugar, por la metodología ya que nunca se pueden establecer conclusiones definitivas cuando el número de especimenes no llega a los 50 y los artículos de neuroanatomía a la decena;

 

-         y en tercer lugar, por planteamientos científicos inadecuados derivados de la definición “subjetiva” del dolor.  

 

El primer planteamiento científico inadecuado es aplicar los razonamientos bio-psico-sociales del dolor crónico (con una fuerte implicación cortical límbica y singular) a un claro episodio de dolor agudo (con un fuerte componente subcortical).

 

El segundo planteamiento equivocado es anular las características específicas de la psicología neonatal, ya que aunque diferente de la del adulto, sin embargo, se han demostrado posibles (como por ejemplo, los cambios conductuales asociados al contacto piel-piel entre la madre y el niño prematuro (3)).

 

Igualmente, la no identificación anatómica de dichas conexiones tálamo-corticales no significa que no exista activación cortical en respuesta al dolor, ya que el equipo de la Dra. Fitzgeral de Londres, ha demostrado que esta se produce en recién nacidos  prematuros de 25 semanas (EG)(4).

 

Finalmente, afirmar que los cambios conductuales (gestos y muecas de dolor), vegetativos (aumentos en la frecuenta cardiaca-respiratoria y en la tensión arterial) y hormonales (cortisol y catecolaminas) no son específicos del dolor, pero no se puede olvidar que lo que es si es específica es la abolición de dichos cambios con la administración de fármacos analgésicos (5).

 

A la luz de todos estos datos sería claramente discriminatorio no administrar durante los abortos tardíos (a partir de la 21 semanas EG) las medicaciones analgésicas y anestésicas que reciben los fetos para la cirugía fetal o los recién nacidos prematuros.

 

Además de discriminatorio, sería inhumano considerando la normativa europea que protege a los animales de laboratorio cuando son sacrificados, pues en su artículo 2 indica que los animales serán sacrificados “humanamente” con el mínimo sufrimiento físico o mental posible (6).

 

Con los datos actualmente disponibles parece claro que el feto empieza a percibir el dolor agudo a partir de la 20-25 semana EG. Este dolor es también claramente tratable con medidas analgésicas convencionales que deberían ser aplicadas a cualquier evento doloroso independientemente del destino final del feto y se produzca la agresión dentro o fuera del útero. 

 

 

(El Dr. Francisco Reinoso Barbero es Coordinador Unidad de Dolor Infantil Hospital Universitario “La Paz” Madrid)

 

 

 

Referencias:

  1. Unborn Child Pain Awareness Act of 2005 -- S51.  109th CONGRESS

 

  1. Lee SJ, Peter Ralston HJ, Drey EA, Partridge EJC, Rosen MA. Fetal Pain. A Systematic Multidisciplinary Review of the Evidence. JAMA 2005; 294: 947-954

 

 

  1. Moore ER, Anderson GC, Bergman N. Early skin-to-skin contact for mothers and their healthy newborn infants. Cochrane Database Syst Rev. 2007 Jul 18;(3):CD003519.

 

  1. Slater R, Cantarella A, Gallella S, Worley A, Boyd S, Meek J, Fitzgerald M. Cortical Pain Responses in Human Infants. The Journal of Neuroscience 2006, 26: 3662-3666

 

 

  1. Smith RP, Gitau R, Glover V, Fisk NM. Pain and stress in the human fetus. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol. 2000; 92: 161-5.

 

  1. Council Directive 86/609/EEC of 24 November 1986. Official Journal L 358 , 18/12/1986 P. 0001 – 0028

 

 

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