Bioética y Ciencia

Presupuestos culturales del aborto

Publicado en Aborto y anticoncepción.

El principal presupuesto cultural de la imposición del aborto es el materialismo. Si los humanos somos fragmentos sofisticados de carne, se puede hacer de todo con ellos. España es el país más permisivo del mundo en sexualidad y familia: el país en el que se autorizan prácticas más crueles, que se fomenta a través de un adoctrinamiento insidioso acerca de la afectividad y el sexo para alumnos que apenas han llegado a la adolescencia. Quienes han gestado la ley, y la han presentado engañosamente, son los que nos gobiernan por elección del pueblo soberano. Algo falla entre nosotros. Algo huele a podrido.

¿Aquí no ha pasado nada? Sí, sí que ha pasado: algo gravísimo. El Senado acaba de aprobar la nueva ley del aborto que implica la tolerancia casi completa de la liquidación de niños no nacidos. No procede asumirla como el que se bebe un vaso de agua. Lo que nos tenemos que tragar es veneno, que no sólo hará daño a quienes liquiden a víctimas inocentes, sino a todos nosotros.

Quienes han gestado la ley, y la han presentado engañosamente, son los que nos gobiernan por elección del pueblo soberano. Algo falla entre nosotros. Algo huele a podrido. España es el país más permisivo del mundo en sexualidad y familia: el país en el que se autorizan prácticas más crueles, que se fomenta a través de un adoctrinamiento insidioso acerca de la afectividad y el sexo para alumnos que apenas han llegado a la adolescencia.

¿Qué visión del hombre abrigan estos maestros de la muerte? Son sujetos ignorantes de la dignidad humana. Tergiversan el respeto a la persona en todas las fases de su existencia. Piensan, por ejemplo, algo tan filosóficamente grosero como que la identidad depende de la continuidad espacio-temporal. Al estar el feto unido al cuerpo de la madre, cabe desprenderse de él igual que se extirpa un tumor.


Los abortistas son anti-vida. También defienden la eugenesia y la eutanasia. Representan la antítesis, en un punto esencial, de las libertades democráticas. ¿Cuál es, entonces, la actitud de los presuntos proLife? La propia de millones de personas que apenas han movido un dedo para oponerse al gran atropello. Pero ¿no han organizado una manifestación? Sí ¿y qué? ¿Pensaron en algún momento que bastaba con que unos cuantos salieran cierto día a la calle? No, no bastaba, y todos lo sabían. Pero escondieron la cabeza bajo el ala. Como no veían, soñaron que tampoco los otros verían su blandura y falta de ideas.


El principal presupuesto cultural de la imposición del aborto es el materialismo. Si los humanos somos fragmentos sofisticados de carne, se puede hacer de todo con ellos. Y tampoco procede argumentar intelectualmente para defenderlos; porque la razón no es lo que más se valora en estos pagos. Ahora somos todos liberales y economicistas. Lo que importa es la riqueza y la libertad para mover el dinero de un lado para el otro. Lo demás es metafísica, es decir, pérdida de tiempo. Pero ¿qué sucedería si la metafísica fuera, al cabo, lo que inclinara las decisiones hacia un lado o hacia otro? Pasaría quizá lo que está sucediendo. La visión del mundo que se acabaría imponiendo sería la de quienes mantienen que la fuerza viene de abajo, que no hay más ética que el pragmatismo y que no existen diferencias esenciales entre un ser humano y una mascota.


La imagen del mundo bajo la que el aborto se acepta sin apuros es la que considera que la realidad forma un todo, en el que no hay distinciones radicales ni distintos niveles. Es lo que, más sofisticadamente, se denomina holismo o totalismo. El todo informe es uno. Hay que proteger el medio ambiente y evitar que una especie depredadora, como son los humanos, ataque y destruya espacios naturales. A lo más que se debe llegar en cuestión de espiritualidad es a la suavidad tontorrona tipo new age. Ante todo, es preciso evitar la agresividad. Nada de películas en las que se planteen problemas con hondura humana o radicalidad moral. Lo más conveniente para chicos y grandes es la animación, en la que proliferan niños ingenuos y monstruos bondadosos. Tampoco está mal el género de ensalzamiento de la violencia, siempre que sea tipo tecno y acabe bien. Debe evitarse a toda costa el uso de libros.


La resignación y la docilidad, junto con un conformismo que no provoque crispaciones, componen un estado de ánimo civilizado y abierto, libre de prejuicios, en el que las injusticias se ocultan y los fetos se tiran a la basura. El sacrificio de los infantes es una metáfora y un anuncio de las muertes cerebrales y morales de casi todo un pueblo.


Estamos tocando el fondo. Para actuar de manera diferente, resulta imprescindible pensar de otro modo. O, simplemente, pensar. Porque lo más grave, tras las agresiones sufridas, es que aún no nos paramos a pensar.

Publicado en el ElConfidencialDigital.com