Bioética y Ciencia

Los Lores británicos y la clonación

Escrito por Joseluis García - piensaunpoco.com. Publicado en Clonación.

La Cámara de los Lores del Reino Unido ha aprobado la autorización de la clonación de células madre con fines terapéuticos. El dictamen favorable de la Cámara Alta abre así paso a la ley, aprobada por la Cámara de los Comunes, que todavía no se había aplicado. A partir de este momento, será legal en Gran Bretaña la clonación de embriones humanos con el único fin de desarrollar tejidos útiles en el trasplante de órganos y para el tratamiento de algunas enfermedades hoy incurables. Queda, en cualquier caso, prohibida la reproducción en serie de seres humanos, es decir, la clonación humana.


Las células procedentes de la clonación de embriones humanos vivos pueden ser cultivadas y convertirse en tejidos de todo tipo que podrían utilizarse para "crear" órganos, para ser trasplantados y para el tratamiento de enfermedades como, entre otras, el mal de Parkinson o el síndrome de Alzheimer, según dicen algunos científicos, aunque aún no se ha demostrado nada y las hipótesis más halagüeñas afirman que hay que esperar al menos 10 años para que sepamos si todo esto es posible.

Lógicamente, las personas de bien correctamente informada se oponen a la decisión de aniquilar embriones humanos aunque se para tan nobles fines y argumentan con sensatez que el mismo fin terapéutico puede ser logrado sin necesidad de clonar embriones, utilizando células de un ser adulto. Esta última opinión no ha alcanzado el consenso en la comunidad científica fundamentalmente por los intereses económicos ocultos que los promotores de la causa apenas intentan disimular. Sin embargo, la realidad se muestra implacable cuando se comprueba que los investigadores que se pronuncian a favor de la cuestión suelen figurar en las nóminas de las mismas clínicas y empresas que esperan obtener cuantiosos beneficios del tráfico y la investigación con los embriones humanos.

Es lógico, por tanto, que los defensores de la clonación terapéutica se amparen en las hipotéticas bondades derivadas de la curación de enfermedades y en una libertad de la investigación científica que atenta contra el propio hombre. Pero nada de esto puede omitir el hecho de que el procedimiento consiste en la producción de embriones, seres humanos en consecuencia, para ser manipulados y, en definitiva, eliminados. La dignidad y el valor de la vida humana resultan gravemente afectados. Y en este caso, es evidente que la salud y la ciencia no deben prevalecer sobre la suprema dignidad de la vida humana.

No cabe, pues, despachar con precipitados juicios de condena, que acusan de dogmatismo, intransigencia y oscurantismo, la actitud de quienes, con una firme convicción moral de defensa de la vida, se oponen a la licitud de este tipo de experimentación. En un caso en el que están en juego miles de vidas humanas, debe huirse de la simplificación y del maniqueísmo. Lo razonable sería que las legislaciones de los países esperaran el resultado de un debate moral que incumbe a toda la comunidad internacional. La aprobación británica sería, en este sentido, tan discutible como precipitada.

Por otra parte, la ciencia apoya las tesis de los defensores de la "vida del embrión" por cuanto los únicos éxitos terapéuticos logrados hasta el momento han sido los procedentes de células de adultos no embrionarias. En este sentido, por ejemplo, hemos vivido recientemente en España una experiencia muy esperanzadora. Como se sabe, La Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra ha realizado la primera cirugía de regeneración cardíaca de infartados, mediante la implantación en el corazón de células madre de músculo del propio paciente. La técnica, denominada cardiomioplastia celular, consiste en el cultivo de células madre obtenidas a partir de una biopsia de músculo del paciente y que una vez implantadas en el músculo cardíaco, consiguen reparar y rehabilitar la región muerta como consecuencia del infarto.

Cercana a esta visón "humanista" es la posición de Estados Unidos, expresada esta semana por Carolyn Wilson ante el Comité para un Tratado Internacional contra la Clonación Reproductiva de los Seres Humanos de la ONU. Wilson declaró que "permitir la clonación terapéutica significa de todos modos autorizar la creación y la destrucción de embriones humanos únicamente con el fin de hacer experimentos: una perspectiva repugnante para muchos, incluso para quien no cree que el embrión sea una persona", afirmó. "En segundo lugar, para ser eficaz, la prohibición de la clonación debe ser total. Si se permite la producción de embriones para la investigación, sería virtualmente imposible controlar dónde acaban. Cualquier abuso podría estar al alcance de un laboratorio".

"En tercer lugar --sostuvo Wilson-- se va hacia una perspectiva moralmente aberrante: se permite la creación de embriones clonados, pero se prohíbe después el que sean implantados en un útero, exigiendo la destrucción de la vida humana naciente y criminalizando los esfuerzos por preservarla y protegerla una vez creada".

"Por último, los resultados con la investigación en animales, concluyó, no apoyan la tesis de que las células estaminales de embriones clonados sean eficaces para las terapias médicas. Una prohibición total animaría por el contrario las investigaciones sobre las células estaminales de individuos adultos, que se han demostrado eficaces".

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