Bioética y Ciencia

La clonación: Elementos para un debate

Escrito por Pedro López García GEA-Valencia. Publicado en Clonación.

En noviembre de 1998 Advanced Cell Technology, había realizado la primera clonación de células embrionarias humanas, al transferir un núcleo de célula somática humana a un óvulo de vaca previamente enucleado. Hace unos meses, esa misma empresa, anunció el primer caso de clonación de un embrión procedente de un óvulo enucleado humano. El objetivo de estos experimentos, según la empresa, no es crear seres humanos clónicos sino tejidos humanos que puedan ser trasplantados.


Esta técnica -y otras que comentaré a continuación- abren unas formidables expectativas: la posibilidad de clonar tejidos de adultos, que no produzcan el temido rechazo, al ser genéticamente iguales que las del individuo al que se le va a implantar. Sin embargo, la clonación -aunque sea por el llamado motivo "terapéutico"- produce una fuerte controversia ética, pues no hay que olvidar que el zigoto así obtenido es un individuo de nuestra especie destinado a la destrucción en pro de un beneficiario, pues al emplear sus células estaminales (las primeras cien células hasta llegar a lo que se conoce como blastocito), en todos los casos, el embrión ya no puede seguir desarrollándose y muere.

Aquí hay en juego grandes sumas de dinero, producto de especulaciones financieras, expectativas de grandes ganancias y lo que se puede denominar la conspiración internacional contra la vida, o más bien, del poder de la vida: la capacidad para crear vida que nazca de las manos de los hombres que han suplantado, de alguna manera, las manos del Creador, al que ya no habrá que invocar para que nazca, crezca, se desarrolle o no muera. Ahora será el biotecnólogo quien supla y haga esas mismas funciones: es el nuevo brujo al que hay que acudir para que con su "ciencia mágica" conjure los elementos que se nos escapan de la racionalidad. La misma dirección de Advanced Cell Technology ha reconocido que "nos hacen falta cientos de millones de dólares de inversión para que este proyecto pueda dejar ganancias". No hay que olvidar tampoco que los valores biotecnológicos van a revalorizarse, probablemente, en el futuro inmediato. Se trata de un planteamiento en el que domina el criterio de utilidad economicista frente al de la dignidad humana y que conduce a la desatención de los bienes humanos más débiles, como son los embriones.

Al tiempo que se hacen estas publicaciones, hay en marcha experimentaciones muy prometedoras y sin los inconvenientes éticos de la eliminación de embriones. Se trata de dos líneas de investigación que abordan la misma cuestión desde ópticas diferentes y que, en principio, podrían ser sumamente económicas en comparación con lo que supone la clonación de un adulto, que costaría muchos millones y que sólo personas acaudaladas podrían sufragar (que nadie se haga ilusiones de que lo pague la Seguridad Social: sencillamente es inviable).

La primera es la de del cultivo de células stem (que son células indiferenciadas: las llamadas células madre, troncales o estaminales; como las del embrión) del cordón umbilical de los bebés para crear bancos de células madre -usaré esta denominación para mayor clarificación-, susceptibles de convertirse en cualquier tipo de tejido. Estas células se pueden guardar por métodos de crioconservación, con un costo asequible, en principio, de manera indefinida (todavía hay que esperar a que se compruebe que efectivamente esto pueda ser así), para ser utilizadas, llegado el caso, cuando ese mismo individuo contrajera una enfermedad en la que fuera necesario una implantación de sus propias células extraídas en su nacimiento. Esta "clonación" no tiene inconveniente ético alguno, pues se trata de utilizar células madre procedentes de un material biológico desechable junto con la placenta en el momento del nacimiento.

La segunda posibilidad de lograr células madre, es la obtención de esas células que están en algunos -quizá todos- los tejidos de un individuo adulto, y que sirven para regenerar tejidos dañados (piel, huesos, etc.). Estas células se albergan en el tejido maduro en el cuerpo de los adultos, y sirven como "células de reserva" para restaurar tejidos dañados. Por ejemplo, ciertas células madre de la médula ósea producen glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas de la sangre. Investigaciones recientes han indicado que estas células madre adultas se pueden convertir en muchos otros tipos celulares. En principio, su obtención es más complicada, pero se están salvando algunos obstáculos. Así, por ejemplo, en 1999, se consiguió cultivar células madre de tejido nervioso en el laboratorio y que se transformaran en células sanguíneas. Es decir, las células madre de adultos eran más flexibles de lo que se pensaba y capaces de convertirse en tejidos distintos de aquellos para los que, en principio, estaban destinadas. A los pocos meses otros investigadores publicaron también un trabajo que profundizaba en la línea abierta por el anterior. Demostraron que las células madre procedentes de la médula ósea, además de producir más médula ósea, se podían transformar en células de hueso, cartílago, tendones, músculo, grasa, e incluso en tejido nervioso. A partir de estos anuncios se multiplicaron los trabajos con nuevos éxitos, demostrando la enorme plasticidad de las células madre de adultos, que se comportan con similar flexibilidad que las células embrionarias Esta línea de investigación está ya aplicándose a lo que se conoce como la nueva medicina regenerativa, extraordinariamente interesante y prometedora desde el punto de vista terapéutico. Quizá en el plazo de unos cinco años tengamos en la clínica diaria este tipo de aplicaciones con protocolos de aplicación sencillos y asequibles en muchos hospitales.

Los biólogos estamos convencidos de que estas células madre de tejidos adultos pueden ser funcionales y servir en trasplantes para la regeneración de cualquier tejido dañado, pues si una célula tiene todo el genoma, puede tener también la capacidad de diferenciarse en cualquier tejido que se quiera. La cuestión más delicada es lograr reprogramarlas y cultivarlas en laboratorio, cosa que, por otra parte ya está consiguiendo. Si se logra a través de las técnicas adecuadas, este sistema obviaría el rechazo, pues son células del propio enfermo. Y si se estandariza, resultaría un sistema económico, sufragable por la sanidad pública. Las posibilidades de actuación, a este nivel, son inmensas: sus aplicaciones terapéuticas podrían ayudar a tratar enfermedades como la diabetes, el mal de Alzheimer, los accidentes cerebrovasculares, el infarto del miocardio, la esclerosis múltiple, males vinculados con la sangre, los huesos y la médula ósea, así como quemaduras graves con injertos de piel, lesiones de la médula espinal, tratamientos para pacientes con cáncer que han perdido células y tejido por radiación y quimioterapia, etc.

Volviendo de nuevo a lo que constituye el objeto de este artículo, muchos médicos han advertido últimamente que se están creando excesivas expectativas al respecto; y resulta inadecuado, y desde luego inhumano, dar esperanzas a enfermos y familiares diciéndoles que si se permite la manipulación de embriones se curarán muchas enfermedades, pues, de momento, es quimérico y apresurado. Cuando alguien plantea esta cuestión -la inmortalidad- suelo responder que una vez iniciada la vida la única posibilidad de inmortalizarla es la no-oxidación, porque la vida es un proceso irreversible. Lo que han dicho los filósofos existencialistas de que nacemos para morir, es un axioma biológico. La única posibilidad de no morir es no oxidarse, es decir NO RESPIRAR. Lo que claramente está desaconsejado como terapia.

La misma publicación de la clonación de un embrión humano -a la que aludía al principio- ha sido desastrosa, pues realmente sólo han conseguido realizar un fracaso de experimento: el clon, sólo pudo dividirse en cuatro células y murió, por lo que realmente es inservible para cualquier manipulación posterior, pues sería necesario que llegara al estadio de blastocito (unas cien células). No deja de ser paradójico que este fracaso haya estado tan mediatizado por la publicidad alcanzada. Hay finalmente una cuestión debatida, pero que tiene una lógica aplastante desde el punto de vista biológico. Si trabajamos con células embrionarias, como material biológico disponible, no hay que olvidar que esas células pertenecen realmente a una serie de células "inmortales": son las células que pasan de individuo a individuo, a través de la reproducción sexual, y por tanto, poseen una "capacidad de multiplicación indefinida". Voces autorizadas han señalado que el gran problema del trasplante de células de embriones clonados será precisamente que "se reproducirán indefinidamente", es decir serán series celulares que producirán CÁNCER, pues su desarrollo no se puede detener: la misma técnica de curación, como aprendices de brujo, ocasionará la muerte del paciente por cáncer.

Por las razones expuestas, pienso que hemos de obviar un camino que, de momento, se nos pinta como "milagroso" -la clonación embrionaria-, pero que en realidad entraña serios riesgos para la salud. Tenemos unas alternativas mucho mejores, viables y con resultados especialmente prometedores. Hemos de avanzar por la senda que la propia ciencia nos ha abierto, que conduce al mismo destino, y que no conlleva la creación artificial y la destrucción de nuevas vidas. Algo que además de antiecológico y peligroso -resultado de un planteamiento utilitarista, que conduce a la manipulación del ser humano, y a la pérdida de su dignidad, lo que supone un hecho repulsivo- va a originar importantes desavenencias tanto en la sociedad y como en la comunidad científica. Como decía Gracián, es preciso que el hombre considere que "si para él fueron criadas tan preciosas las piedras, tan hermosas las flores y tan brillantes las estrellas, mucho más lo es el mismo hombre para quien fueron destinadas: él es la criatura más noble de cuantas vemos, monarca en este gran palacio del mundo, con posesión de la tierra y con expectativa del cielo"

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