Bioética y Ciencia

Células madre adultas: Científicos consiguen que el páncreas de un diabético produzca insulina

Escrito por Josu de la Varga. Publicado en Clonación.

Al paciente, que ya hace vida normal en su casa, le implantaron células estaminales extraídas de su propia médula ósea.

En España, empiezan ahora los medios de comunicación

a reconocer la eficacia de estas vías de investigación frente a las que utilizan embriones

 

Los enfermos de diabetes ya tienen una buena razón para depositar sus esperanzas en los estudios que utilizan las células madre adultas. Un equipo de científicos argentinos ha conseguido que el páncreas de un paciente diabético produzca insulina al implantarle en los vasos sanguíneos células extraídas de su propia médula ósea, según informaba la BBC recientemente. Al mismo tiempo, a los expertos que certifican la eficacia de las células estaminales en determinados tratamientos terapéuticos y las ventajas de esta línea de investigación frente a las embrionarias, se empiezan a sumar también los medios de comunicación.

El equipo médico no tuvo que intervenir quirúrgicamente al enfermo, puesto que el implante se realizó por vía intravenosa. Según los especialistas que le atendieron, el paciente de 42 años ha tenido una evolución favorable y lleva una vida completamente normal en su casa. Los investigadores, de la Universidad Nacional de Rosario, a unos 200 kilómetros al norte de Buenos Aires, han precisado también que ésta es la primera vez que se utiliza a nivel mundial este método para tratar la diabetes, y que el éxito del tratamiento se debe fundamentalmente al hecho de haber utilizado células madre extraídas del propio paciente, lo que ha evitado cualquier tipo de rechazo.


Esperanza para los diabéticos


Aunque hasta ahora esta enfermedad no tiene cura, los investigadores argentinos consideran que el nuevo método abre una puerta a la esperanza de los millones de enfermos que hay en todo el mundo. 


La diabetes se produce cuando el organismo humano no puede producir insulina o produce una cantidad insuficiente de esta hormona, generada por el páncreas para mantener constante el nivel de glucosa en la sangre y regular así el metabolismo de los hidratos de carbono. Al salir del páncreas, la insulina pasa a la corriente sanguínea y facilita que el azúcar resultante de la digestión de los alimentos penetre en las células y se transforme en la energía que demanda nuestro organismo.


Cuando la glucosa no puede entrar en las células, debido a la falta de insulina, se acumula en la sangre y provoca los síntomas de la diabetes: fatiga, irritabilidad, aumento de la sed, mucha orina, calambres en las manos o pies y úlceras.


Más expertos a favor


Tal como han confirmado recientemente tres expertos en medicina regenerativa, la ventaja de la utilización terapéutica de células madre adultas sobre el uso de las embrionarias radica en hechos constatados. Las células obtenidas de embriones, que posteriormente son destruidos, son incontrolables por dos motivos: En primer lugar, al ser indiferenciadas, hay que saber cómo dirigirlas para poder obtener el tipo concreto de célula que se necesita en un tratamiento terapéutico determinado. Y ese conocimiento no está todavía al cien por cien al alcance de los científicos. En segundo lugar, las células embrionarias se multiplican más rápidamente que las adultas y sin control, por lo que suelen ocasionar tumores que son rechazados por el organismo como cancerosos al tratarse de células distintas a las del propio paciente.


Según publicaba el pasado 15 de diciembre ACEPRENSA, el cirujano cardiólogo Christof Stamm, de la Universidad de Rostov, en Alemania, ha trasplantado con su equipo en más de 200 ratones un tipo concreto de célula madre adulta sin que se produjeran tumores en ningún caso; y el mismo resultado se obtuvo cuando se aplicó esta técnica a 40 pacientes humanos.

Por otra parte, la doctora Catherine Verfaille, directora del Instituto de Terapia Celular de la Universidad de Minnesota (Minneapolis, Estados Unidos), descubridora de las células MAPC (Multipotent Adult Progenitor Cells), ha afirmado que entre el trasplante y la aparición del tumor utilizando células embrionarias transcurren como máximo seis semanas. En cambio, cuando se emplean células madre adultas como MAPC, los experimentos en ratones confirman que no se producen tumores durante un período superior a dos años, lo que en los humanos vendrían a representar unos 80 años. Estos resultados coinciden con los efectuados en 2003 en el Instituto Max Planck de Colonia, en Alemania.


Las ventajas de las células estaminales adultas sobre las embrionarias son confirmadas también por la doctora Claudia Navarini, profesora de la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolarum (Roma). Según información de ZENIT, publicada el pasado 6 de diciembre, esta experta constata que “mientras las estaminales embrionales no han dado resultados –por razones técnicas (y no económicas) que son bien conocidas por la comunidad científica-, la terapia con las estaminales adultas es una reconfortante realidad que va enriqueciéndose casi a diario con nuevos descubrimientos y nuevas aplicaciones”. Además, Navarini opina que la extracción de células madre embrionarias no sólo no conduce a éxitos en las investigaciones, sino que “causa directamente la muerte de los embriones”. Sin embargo, “el embrión es un ser humano, susceptible de derechos y dotado de dignidad personal”, afirma la doctora italiana.


¿Por qué las embrionarias?


Siendo esto así, cabe hacerse la misma pregunta que plantea Navarini: ¿Por qué, entonces, se quieren enfatizar prácticas que causan directamente la muerte de los embriones sin ninguna ‘necesidad’ de hacerlo, dado que tales prácticas no funcionan?


Para la especialista la razón está en “la tendencia cultural actualmente difundida que considera al embrión un objeto de consumo, cuyas cualidades para el consumidor son adecuadamente publicitadas y perfeccionadas… El objetivo, de hecho, no es tanto usar el embrión, sino poderlo usar a placer, o sea, favorecer en toda forma su reducción a ‘cosa’, a producto”.


Tal como informa también ACEPRENSA, “el mayor desarrollo de las investigaciones con células madre adultas se reconoce en el hecho de que 19 de los 20 proyectos de medicina regenerativa que financia la Comisión Europea utilizan estas células y sólo uno de embrionarias”. ¿Por qué se trabaja entonces con las células extraídas a embriones? La respuesta es doble: por un error inicial y porque tienen un valor incuestionable para conocer el proceso de diferenciación de las células madre. 


En cuanto al error inicial, “cuando estas experiencias se iniciaron en Estados Unidos, la industria financió lo que el mundo científico estimaba que podría a corto plazo producir mayor información, mayor rendimiento y agilizar la formación de cultivos que se pudieran utilizar en terapéutica humana”. Pero los resultados obtenidos con las adultas han roto este esquema y la industria biotecnológica no acaba de decidirse a cambiar toda una larga línea de investigación. En cuanto a la segunda cuestión, se estrella de momento con los dos problemas descritos anteriormente, el no poder “dirigirlas” adecuadamente y la proliferación descontrolada de células.

Los medios reaccionan


Ante los avances que están demostrando los estudios con células estaminales adultas, los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de los éxitos terapéuticos obtenidos y reconocen sus ventajas sobre las embrionarias. Así lo hacía el pasado 8 de enero EL MUNDO, con un artículo en el que afirmaba que, aunque en España empiezan a “rodar los tres principales proyectos nacionales para investigar con células madre de origen embrionario… las mayores alegrías podrían venir de las progenitoras celulares obtenidas de tejido adulto, una fuente de material ajena a la polémica ética”.


En el artículo se reconoce que todavía hoy de las que más se habla es de las embrionarias: “Aunque son de las que más se habla, sería un error grave no referirse a las células madre adultas, porque están mucho más cerca de la aplicación clínica y, en 2005, veremos sin lugar a dudas los primeros ensayos en los que se utilizarán para reparar el corazón, los huesos y el cartílago”, dicen los expertos.

En realidad, hace unos dos años que ya están dando resultados en algunas de esas aplicaciones terapéuticas y, a la vista de la situación actual, haría bien el Gobierno español en tomar buena nota.

 

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