Bioética y Ciencia

Resurge el falso término «pre-embrión» en ámbitos políticos o culturales

Escrito por Claudia Navarini. Publicado en Clonación.

Por un intento de difusión «masiva» de la «píldora del día después» y por el interés por impulsar la investigación en células estaminales (o «madre») embrionales se está utilizando nuevamente el término «pre-embrión», una «falsa fase del desarrollo humano», alerta la doctora Claudia Navarini en declaraciones a Zenit.


«Parecía definitivamente desaparecido, inequívocamente desechado del lenguaje de la ciencia y del común. Y en cambio aquí está de nuevo el término “pre-embrión”», que aparece «de improviso en las revistas científicas y en las divulgativas, en noticias de diarios y en debates televisivos», constata la profesora de la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma.

Por ejemplo, es un término que «aparece una decena de veces en un artículo de la revista científica italiana “Le Scienze”» de este mes --sobre procreación asistida-- «utilizado con descuido –así como “óvulos fecundados”--, con valor científico y “no ético”», cita la doctora Navarini.

Pero el término «pre-embrión» «desde su aparición ha tenido poco que ver con el rigor científico», advierte: «Fue acuñado en 1979 por el embriólogo Clifford Grobstein, especializado en estudios en ranas, quien admitió querer de este modo “reducir el estatus del embrión humano precoz”».

En esa época «el nacimiento de la primera niña probeta, Louise Brown» (1978) «causó la vertiginosa proliferación de centros de fecundación “in vitro”» y por ello, «el entonces secretario de Salud» estadounidense, «Joseph Califano, provocando preocupaciones éticas relativas a la que se presentaba como experimentación humana, pidió públicamente investigaciones sobre el embrión humano precoz», explica

Entonces «Grobstein intentó resolver las preocupaciones declarando al embrión humano precoz un “pre-embrión”, o sea, una “no-persona”» (cfr. C. W. Kischer, «When Does Human Life Begin? The Final Answer»
, 7/04/2004), prosigue.

De acuerdo con la doctora Navarini, «sucesivamente el término fue utilizado en dos importantes sedes internacionales: la Comisión Warnock en Gran Bretaña, orientada a establecer los ámbitos de licitud en la experimentación humana y en las técnicas de reproducción asistida y el Comité ético de la Sociedad Americana para la Fertilidad, del que el propio Grobstein formaba parte».

Entonces «la literatura científica, tanto la especializada como la divulgativa, se apropió del término, que pronto se convirtió en un utilísimo instrumento persuasivo de la opinión pública sobre la inocuidad ética de la manipulación embrional», recuerda.

De hecho, «en todos los documentos favorables a la manipulación del “pre-embrión” --apunta-- se identificaban algunos criterios que justificaban su distinción del “verdadero embrión”, el que aparecería mágicamente desde el decimocuarto día de vida en adelante o incluso más allá».

«Tales criterios se fundaban en la observación según la cual en torno al decimocuarto día de vida sucederían algunas “novedades” sustanciales en el desarrollo del pequeño hombre», tales como que «se completa la implantación en la pared del útero materno, iniciada hacia el día quinto-sexto desde la concepción», o «aumenta la diferenciación celular, como para hacer posible la gemelación monovular», o «aparece la estría primitiva, o bien el “disco embrional” del que se desarrollaría “directamente” el cuerpo del embrión», enumera la doctora Navarini.

Pero según alerta, «en realidad, precisamente la investigación de la biología ha establecido con certeza que tales “progresos” en el desarrollo embrional no representan novedades sustanciales, sino que son parte de la evolución ininterrumpida del organismo desde el primer instante, la fecundación, hasta el último, la muerte de la persona».

Y es que desde el momento de la fecundación en adelante, «el ser humano (todo ser vivo), posee algunas propiedades biológicas fijas: la “coordinación” --o bien el hecho de representar una unidad funcionalmente organizada según un objeto establecido y autónomamente perseguido por el programa genético del organismo--, la “gradualidad” –esto es, el progresivo constituirse a través de las diversas fases del desarrollo de la forma final del individuo, según la propia “identidad”, “individualidad” y “unicidad”».

Estos argumentos «han hallado amplio consenso en la comunidad científica, hasta la casi total prohibición (al menos a nivel internacional) de la expresión ambigua», subraya la especialista en bioética.

Con todo, «en los últimos años, los intentos de difusión masiva de la “píldora del día después” por un lado, y el interés por llevar adelante la investigación con las células estaminales embrionales por otro, han restablecido el viejo debate sobre la individualidad humana del embrión precoz, esta vez ya no a nivel estrictamente científico, sino cultural y político». «En otras palabras: estamos ante una gran y consciente mentira», denuncia.

Y concluye: «Como afirma C. W. Kisher: “el llamado pre-embrión es una falsa fase del desarrollo humano, inventada por un embriólogo de los anfibios sólo por razones políticas. No tiene justificación creíble alguna. Por lo tanto, su inclusión en el lenguaje de la embriología representa un enredo de colosales dimensiones. Adolph Hitler decía: ‘Las grades masas serán más fácilmente víctima de una gran mentira que de una pequeña’”» (Cfr. «The Big Lie in Human Embryology. The Case of the Preembryo»
, 17/9/2004).