Bioética y Ciencia

Derecho a la pataleta en la ciencia

Escrito por Natalia López Moratalla. Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular.. Publicado en Clonación.

No hay pruebas de que el “blastocisto de transferencia nuclear” humano, obtenido por el equipo de California, sea un embrión, ni de que la técnica sirva. En el año que ha terminado España se quedó como último reducto mundial donde se sigue una línea de trabajo inútil, gracias a Bernat Soria.  Mientras la comunidad científica avanza con células madre adultas con seriedad y rigor


Publica la revista Stem Cells un artículo más sobre transferencia nuclear a óvulos de tres mujeres jóvenes. Un nuevo fracaso que malgasta, sin consideración alguna, 29 óvulos “sobrantes” de un proceso de fertilidad. Una vez más que no se consigue sacar de ahí ni una sola célula. Lógicamente es una empresa que espera obtener beneficios, la Stemagen Corporation, la que patrocina el trabajo. La única novedad es que por primera vez publican la fotografía de lo que llaman “blastocisto de transferencia nuclear” humano. No hay pruebas de que sea un embrión, ni de que sirva la técnica, y, mucho menos, de que en el hipotético caso de conseguir miles de blastocistos copias de un paciente (a partir de decenas de miles de óvulos) para derivar líneas celulares, éstas sirvan para la llamada “clonación terapéutica”. Es una utopía.

Sin embargo, en el año que ha terminado, España quedó como el último reducto mundial donde seguir esa línea de trabajo. Gracias a los esfuerzos del actual ministro de Sanidad, con la Ley de Investigación Biomédica, Miodrag Stojkovic contratado en el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia, intenta (con Izpisúa en el de Barcelona) que los españoles desconozcan que su proyecto ha quedado desmarcado  de la ciencia. Ni salen los “clones” (y usan para ello inútilmente óvulos humanos con todas sus consecuencias graves paras las donantes) y las células embrionarias que podrían obtener de ellos no curan. Pero Miodrag Stojkovic es co-editor de la revista y, en el editorial, promete que saldrán y que tendrán uso terapéutico en el futuro. Ha hecho un anuncio a grandes voces de un fantasma. Tiene que defender un proyecto inútil.

Mientras tanto la comunidad científica avanza con las células madre adultas con seriedad y rigor. Y esto, lógicamente, sin ir a por clones de cada paciente. Un planteamiento científico, racional y ético, de la investigación en Medicina Regenerativa, llevó a Shinya Yamanaka a empeñarse en conseguir —sin óvulos, sin embriones y sin clones— células humanas “rejuvenecidas” para investigar en enfermedades. Estas células son pluripotentes y con la dotación genética elegida. Se les denomina “células madre pluripotenciales inducidas”, iPS en inglés. Son un hito en la investigación biomédica. No van a sustituir a las células madre de adulto en la Terapia Regenerativa. Estas se bastan por sí mismas.

Hace dos meses escasos que tenemos las iPS humanas y ya aparecen trabajos sobre ellas. El propio Wilmur, que generó la oveja Dolly, abandonó la clonación terapéutica y se pasó a las pluripotenciales. Nos están enseñando mucho del nicho en que maduran las células madre de adulto y se hacen capaces de regenerar un tejido. Se han usado ya en modelos animales como vehículos para corregir genes. Son una buena arma técnica.

¿Es posible que los fondos públicos sigan empleándose en proyectos que destruyen embriones o intentan crearlos incluso como en el Reino Unido con óvulos de coneja? Los investigadores necesitamos (y, tal vez, merecemos) otra política científica.

(Publicado en La Gaceta de los Negocios)