Bioética y Ciencia

Contra las nuevas penas de muerte (aborto, suicidio, eutanasia): Derecho a vivir dignamente

Escrito por Administrator. Publicado en Eutanasia y Eugenesia.

Un diario de tirada nacional ofrecía recientemente en sus páginas un reportaje sobre una enferma de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que decidió suicidarse, en lo que parece ser otra campaña mediática más para legalizar el suicidio asistido -mal llamado eutanasia- en España. Las siguientes páginas muestran el esfuerzo de multitud de enfermos y de profesionales de la Medicina por salir adelante


Enfermos con ganas de vivir.

 

¡Siempre hay algo positivo!

Emilio Ferreres tiene la misma enfermedad que Madeleine; la conocía de la Asociación Valenciana de Enfermos de ELA ¿Cómo recibió la noticia de la muerte de Madeleine?
Muy mal, porque el trabajo que está haciendo mucha gente se cae por tierra en el momento en que aparece esta noticia. Entonces, te das cuenta de que sólo se nos valora por el morbo, cuando pasa algo así. Las cosas importantes que hacemos día a día se desvanecen completamente.

¿Cómo es su vida con la enfermedad?
Tengo 44 años, y dos hijos, uno de 19 y otro de 12. Yo llevo nueve años enfermo. Tengo afectados los dos brazos y la voz; puedo andar y llevar una vida medianamente normal, pero cada día voy renunciando a una pequeña cosa de mi vida. Verdaderamente, es algo muy duro, porque es muy difícil aceptar que tu hijo vea cada día cómo te tienen que dar de comer, o cómo te bañan. Pero, al mismo tiempo que me sucede una cosa negativa, busco cada día algo positivo, y siempre lo hay. Siempre hay algo positivo.

¿Se puede vivir con ELA?
Se puede vivir; yo estoy en un momento de mi enfermedad en el que todavía puedo andar. Pero también hay que plantearse qué es lo que uno entiende por vivir, con qué se conforma. En el último caso, se trataba de una persona que todavía andaba medianamente bien, y hablaba perfectamente. Ha sido bastante duro, porque hasta hace poco teníamos contacto con ella; ella pertenecía a mi asociación. La conocíamos; nos pedía vídeos y películas. Puedo comprender a la gente que termina con su vida, porque todo el mundo -incluso los que están sanos- lo ha pensado alguna vez. Es verdad que, en una enfermedad de este tipo, hay momentos en que a uno se le baja la moral; estaría pasando por un momento difícil, y no lo ha podido superar, o no ha querido superarlo.

El tratamiento psicológico parece muy importante.
Ella tenía tratamiento psicológico ofrecido por la asociación; lo que pasa es que es una enfermedad muy dura. Lo que ocurre es que desde fuera, a veces, no se puede comprender bien. El momento más duro que he pasado fue el día en que no pude abrocharme los botones de la camisa y atarme los cordones de los zapatos, porque comprendí que, desde ese momento, no podría vestirme solo. Hay gente que lo supera más fácilmente, y gente que no lo pude superar. El apoyo psicológico es fundamental. Yo llegué a la asociación gracias al psicólogo. Yo respeto a quien no quiere luchar. Lo único que pido es que se valore a la gente que decidimos seguir adelante. Lo fácil es sentarse y no hacer nada; lo difícil es levantarse y seguir luchando cada día. A todos los enfermos, no sólo a los de ELA, hay que decirles que la vida no es tan oscura; hay que vivir la vida. Hay momentos difíciles, pero hay que superarlos.

 

Vale la pena seguir trabajando

 

El sacerdote don Luis de Moya quedó tetrapléjico a causa de un accidente. Desde entonces, ha luchado no sólo por aliviar su situación, sino que también ha trabajado para llevar, desde su experiencia, algo de esperanza a muchos otros enfermos

Hace ya más de 15 años que usted sufrió el accidente. ¿Le costó mucho aceptar su situación?
Me costó, es innegable. Pero no supuso para mí una hecatombe. Siempre consideré que los valores importantes de mi vida permanecían inalterables. Afianzado en ellos, se trataba de seguir adelante con lo que todavía me quedaba, que era y es casi todo.

¿Pensó alguna vez que esta vida no merecía la pena?
En absoluto, porque los ideales no habían cambiado para mí: la dignidad de hijo de Dios no se pierde aunque ya no se pueda caminar. Por lo demás, mi destino en Dios seguía corriendo en mi cuenta: tenía todavía mucho por hacer. Intentarlo cada día -www.fluvium.org- me ha confirmado en que vale la pena seguir trabajando, y que el trabajo fructifica y reconforta. Los momentos duros -que los hay, indudablemente- también vienen acompañados de la seguridad indudable de que Dios, Padre bueno y omnipotente, no permite que me sienta en una situación insufrible.

¿Qué se puede aprender de la enfermedad?
Que la limitación y el sufrimiento vienen con el hombre mismo, y que no hay que dramatizar, como si fueran algo extraordinario y sobrehumano.

Muchos se preguntan por qué permite Dios la enfermedad.
No me parece proporcionado hacerse esa pregunta, como si debiéramos entender todo, como si nuestra inteligencia pudiera ser la medida de toda realidad. No entender y, sin embargo, no perder por ello la paz, me parece que es lo razonable de quien se sabe criatura. La enfermedad es una escuela permanente. Me parece que nos sitúa en nuestra justa realidad: saber lo que verdaderamente somos y lo que no somos, lo que podemos y lo que no podemos, a qué tenemos derecho y a qué no, considero que es una gran lección, pendiente hoy como nunca.

En países como Holanda o Suiza, se está generalizando el suicidio asistido. ¿No cree que se corre el riesgo de ayudar a suicidarse a personas que lo que tienen, en realidad, es una terrible depresión?
La relación suicidio-depresión se estudia en psiquiatría. Todavía recuerdo aquella clase cuando estudiaba Medicina. Y la depresión es una enfermedad que tiene tratamiento médico, según han recordado más de una vez los psiquiatras. Y, aunque tal vez no sea así en todos los casos, sí lo es en la mayoría.

¿Qué recomendaría al enfermo que quiere suicidarse?
Que no lo haga y no se arrepentirá.

¿Y a los familiares de un enfermo que abogan por acabar con su vida?
Éste es el problema. Porque las leyes no las hacen los enfermos. Además, es impensable que se quiera morir una persona que se sabe querida. Pero amar -amar de verdad- es lo que más cuesta. Les diría, por tanto, que quieran a sus enfermos. Que no regateen en gastos, sobre todo humanos, que pueden ser los más costosos.

 

¡Se puede disfrutar mucho de la vida!

 

Memé Alsina quedó tetrapléjica cuando sólo contaba con dos años de edad. Escuchar sus palabras es oír la voz de la sabiduría en medio de la esperanza

¿Cómo, y cuándo, comenzó tu enfermedad?
Tengo 26 años, y estoy tetrapléjica desde los dos años y medio, a causa de un virus desconocido que me afectó a la médula. Desde entonces estoy así. Yo estudié Biblioteconomía y documentación, y ahora estoy trabajando en una librería, a cargo de la tienda on-line. Lo llevo muy bien, porque tengo una adaptación al teclado y la pantalla.

¿Qué te pareció la noticia de la muerte de Madeleine?
Lo he seguido por las noticias, y me parece un caso más de manipulación. A estas personas les comen la cabeza para que piensen que no hay otra salida más que morir, en vez de ayudarlas, de darles la mano, de sacarlas a la calle, hacerles ver que pueden hacer otras muchas cosas. Es verdad que no pueden hacer lo mismo que hacían antes, pero otras muchas cosas sí que pueden seguir haciéndolas, y pueden descubrir otras muchas que no conocían. Pueden disfrutar de la vida de otra manera. Sin embargo, no se les da otra posibilidad que la de morir; les comen la cabeza hasta que piensan que se quieren morir. Para mí, hoy en día, lo único que quieren es sacarse a esta gente de encima; creo que se trata de una manipulación de estas personas, que no tienen al lado a alguien que quiera ayudarlas.

¿Qué dirías a los enfermos que están en situación similar la tuya, o a la de Madeleine?
Es verdad que, en un primer momento, es muy duro; pero, una vez que te haces a la idea y te recuperas un poco del susto, tienes que empezar a pensar que la vida no se acaba ahí, que puedes seguir disfrutando de otras muchas cosas, que tienes a tu familia a tu lado, que conocerás a mucha gente que te querrá ayudar -cada vez hay más gente dispuesta a ayudarte, porque para ellos es bueno y les hace verse útiles, y están encantados-. Lo que no puedes hacer es encerrarte en un rincón y ponerte a llorar. Y también, a quien sea religioso, puedes rezar y pedir a Dios que te dé fuerzas; pero, si no eres religioso, también encontrarás mucha gente que te querrá ayudar.

¿Merece la pena entonces luchar y no tirar la toalla?
Por supuesto, y se puede disfrutar mucho de la vida, tanto desde una silla, como desde una cama, como desde cualquier sitio. Aprenderás a hacer muchas otras cosas que, seguramente, la gente que está normal no puede hacer. Aprenderás a vivir y valorar pequeños detalles que la gente no suele apreciar, y tú sí podrás hacerlo. Se puede disfrutar de la vida tanto o más que la gente sana.

Testimonios recogidos por
María S. Altaba y Juan Luis Vázquez

La vida, un bien que vencerá

La encíclica Evangelium vitae, de Juan Pablo II, es una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús. Por la unión permanente que la vida humana tiene con el Creador y por la referencia que recibe del acto creador en la unión con Cristo, la vida humana es siempre un bien, también en la condición de sufrimiento, de fragilidad o de limitación.
Juan Pablo II exhorta a tener confianza ante las realidades negativas que se presentan en la cultura de la muerte y en las sociedades. En la alocución dirigida a la Academia Pontificia para la Vida en 2001, afirmaba: «La vida vencerá, es ésta para nosotros una esperanza segura. Sí, vencerá la vida, porque del lado de la vida están la verdad, el bien, la alegría, el verdadero progreso. Del lado de la vida está Dios, que ama la vida y la da con generosidad».
La fuerza de la cultura de la muerte, que todo lo invade, no ha disminuido tras la muerte del Siervo de Dios Juan Pablo II, más bien ha aumentado, pero nuestra confianza no puede disminuir, porque Él nos ha dado y nos ha indicado cuanto basta y es necesario para que se pueda realizar su profecía: ¡La vida vencerá!

Monseñor Elio Sgreccia
Presidente de la Pontificia Academia
para la Vida. (De su reciente intervención en la Universidad CEU San Pablo)

Desde el otro lado de la enfermedad

Dos médicos y una enfermera aportan sus opiniones sobre el suicidio asistido. El doctor Álvaro Gándara trabaja en la Unidad de Cuidados Paliativos de la Clínica Ruber. Además, es subdirector del Máster en Cuidados Paliativos, que imparte la Universidad Autónoma de Madrid. La doctora Yolanda Vilches es médico en el Equipo de Soporte Hospitalario de Cuidados Paliativos, de La Paz, una unidad de reciente creación. La enfermera Encarna Pérez trabaja en el Centro de Cuidados Laguna, el primer centro integral de cuidados paliativos, con centro de día, hospitalización y atención domiciliaria.

Se está confundiendo la dignidad con la calidad de vida

* El 95% de los pacientes quiere vivir. Sólo necesita estar cómodo, sin dolor.
* En Holanda, donde la eutanasia es legal, un requisito es descartar que hay un cuadro depresivo. Pero pocas veces se valora.
* Muchas veces para los enfermos lo más importante es sentirse queridos. Lo peor es sentirse un estorbo, una carga.
* La familia es la que, a veces, demanda que se acabe el sufimiento. A veces es difícil encontrar personas dispuestas a cuidar a los enfermos.
* La sociedad debería dar más facilidades a los que tienen que cuidar a un enfermo.
* España ha avanzado muchísimo en cuidados paliativos en los últimos 20 años.
* El cuidado paliativo no es ni alargar la vida ni adelantar la muerte.

Yolanda Vilches

La mejor solución: que no se sientan solos

* Los enfermos, solos o con dolor, no quieren vivir. Pero si los escuchas y los cuidas, siempre quieren vivir.
* Toleran muy mal la soledad, sobre todo si se sienten una carga.
* Normalmente, tras la eutanasia hay una depresión.
* Hay un sentido utilitarista en la legalización de la eutanasia. Matar es muy cómodo. Los cuidados del enfermo requieren un esfuerzo.
* Una sociedad es mejor cuanto más se dedica a los débiles.
* Se aprende mucho del trato con enfermos. La mayoría lleva muy bien su enfermedad. El sumum es cuando piensan más en los demás que en ellos mismos.
* Los enfermos valoran mucho lo que es importante y aprenden a diferenciarlo de lo contingente.
* Les importa la familia, la amistad, Dios
* Los casos publicados en la prensa los hunde. Ven a personas a las que han empujado al suicidio, y ellos, muchas veces, están al límite, sólo necesitarían un empujón.

Encarna Pérez

Son enfermos incurables, no incuidables

* Nos hacen creer que los enfermos piden la eutanasia cada día, y no es así. Es una campaña como la del aborto.
* Llevo 15 años trabajando con enfermos, y sólo he recibido dos peticiones de eutanasia.
* En Holanda, donde se ha legalizado la eutanasia, hay menos desarrollo de los cuidados paliativos.
* Puedo comprender que un enfermo me pida la eutanasia, pero lo que realmente me está pidiendo es ayuda, no quiere morir.
* Todos los suicidas están deprimidos. Si alguien les empuja a hacerlo, está favoreciendo ese suicidio.
* Morir no es digno o indigno, forma parte de la vida. Lo digno es vivir.
* Creo que se habla de la eutanasia por un criterio economicista. Es más barato matar que atender a un enfermo.
* La eutanasia forma parte de esta sociedad hedonista donde no hay que sufrir, todo es placer.
* En las Facultades de Medicina se nos enseña a los médicos que somos como dioses. Pero es un error. El 100% de nuestros pacientes morirá, y no estamos preparados para ello.
* Detrás de los médicos partidarios de la eutanasia se esconde, en mi opinión, el miedo al fracaso.
* Los cuidados paliativos son especialmente baratos, sólo hace falta estar bien formados. Las medicinas son muy baratas.

Álvaro Gándara

 

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