Bioética y Ciencia

Fecundados n vitro, los otros santos inocentes

Escrito por Joseluis García - piensaunpoco.com. Publicado en Reproducción asistida.

En el debatido asunto de la joven marroquí y el pañuelo, me parece que las voces más sensatas y preocupadas realmente por el problema, han sido quienes han visto cómo una chica de trece años se convertía en víctima de ese absurdo y desproporcionado montaje mediático y político. El padre, los colectivos diversos, las instancias políticas, "todos" parecen olvidarse de que "el pañuelo" lo lleva puesto una persona de carne y hueso, una chica de trece años a la que tiene que afectar necesariamente esta especie de Operación Triunfo que se ha cernido sobre ella sin haberse presentado voluntariamente a ningún concurso. Casi siempre estas "benditas causas" -muchas veces teóricas: sus compañeros de clase la han recibido con la mayor naturalidad y tolerancia- olvidan las víctimas humanas que dejan en el camino.


Ayer informaba la prensa de otras víctimas similares, "santos inocentes" de la necedad humana. El caso es que una madre de alquiler británica que dio a luz mellizos, hijos genéticos de un abogado estadounidense, ganó el lunes la primera ronda de una batalla jurídica transatlántica para quedarse con los niños. Según la Justicia, la decisión de permitir que los mellizos permanezcan en Gran Bretaña es sólo una victoria temporal. Las cortes aún tienen que sentenciar finalmente sobre dónde y con quién vivirán los niños.

La mujer estuvo de acuerdo en portar el embrión de un matrimonio residente en California, EEUU, que no podía tener hijos. El embrión surgió de un óvulo de una donante anónima y fue fertilizado con el esperma del abogado. Según el acuerdo, la mujer entregaría el bebé a la pareja de EEUU cuando naciera, pero cambió de opinión al descubrir que esperaba mellizos. El matrimonio americano llevó a la mujer a los tribunales acusándola de secuestrar a sus hijos bajo la Convención de La Haya, alegando que no tenía relación genética con los bebés.

Mientras los distintos participantes en el proceso natal se ponen de acuerdo -vaya usted a saber cuándo puede resolverse el asunto- bien vale la pena preguntarse qué va a ser de los pobres niños, utilizados como objetos de tan miserable pacto mercantilista. Pleitos similares se llevan a cabo en Australia, en Toronto, en Vancouver y en muchas otras partes del mundo con cientos de miles de víctimas inocentes provocadas por estos marasmos legales.

Comprendo el dolor de unos padres que no pueden tener hijos, angustia que por otra parte me ha resultado bien cercana en varios parientes y amigos. Pero cuando los objetivos que pretendemos, por muy laudables que nos parezcan, pueden acarrear tremendos males a terceros, precisamente a los más débiles, hemos deducir que algo no estamos haciendo bien y que hemos abandonado la senda elemental de la justicia y del sentido común. ¿Es posible una vez más que "los adultos" seamos tan insensatos de marcar de por vida a unas criaturas de esta forma? ¿Cuál está siendo el resultado de todo esto? Ahora que muchos están dejando de lado las consideraciones éticas, corren el riego de perderse en un laberinto de dilemas morales y legales.

El aumento en la utilización de la fertilización in vitro está dando como resultado un creciente número de niños aislados de uno o de los dos padres biológicos. El deseo de tener hijos a cualquier coste da como resultado tensiones psicológicas y emocionales del más vulnerable: la prole traída al mundo en las clínicas de fertilización in vitro.

En este sentido, preguntaba la feminista Naomi Wolf en el Sunday Times de Londres el pasado 28 de octubre:

"¿Se han mejorado las vidas de las mujeres y se ha elevado su status cuando el nacimiento de un niño, y el niño en sí mismo, se convierten simplemente en un producto que se puede comprar en un banco de genes?"

"¿Se refuerza la maternidad cuando se convierte en parte de una economía de mercado en la que las mujeres ricas utilizan los cuerpos de las pobres?" escribía Wolf.

"¿Son las mujeres libres definitivamente por el hecho de que no tengan que interactuar con los hombres en el más íntimo de los niveles para crear una familia?".

Esta reconocida feminista defiende que las nuevas técnicas reproductivas, algunas de las cuales incluso prometían quitar de en medio la necesidad de hombres en la generación de una nueva vida, son un peligro para la vida familiar y el concepto de maternidad. Ponía en guardia contra el hecho de que los "atajos" de la tecnología crean libertades que son, de hecho, "rebajas del diablo".

"Rebajas del diablo" para la mujer y la familia, pero desolación para el pequeño que nace en los nuevos hospicios del siglo XXI. Son "los santos inocentes" de esta nueva era que llorarán día a día su orfandad. El número adjudicado en los bancos de semen será posiblemente todo lo que conozcan algunos acerca de su origen. Estos son los logros de una civilización que se ufana de ser superior a las otras y que pone el grito en el cielo porque una joven marroquí lleve un "pañuelo" en la cabeza.

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