Familia y Educación

Los adolescentes, además, también piensan

Escrito por GEA - Valencia. Publicado en Adolescencia y juventud.

Esta vez hablan los hijos a los padres.
En un seminario sobre el estudio, los adolescentes llegaron a conclusiones muy ricas y que dan mucho que pensar a los padres y educadores.
Por una vez no pusieron su punto de mira en las notas, ni en el botellón, sino en la posibilidad que tiene como persona.


La pregunta era de esas que hacen pensar: ¿Por qué no somos mejores los adolescentes y, sobre todo, por qué no rendimos más y mejor en el trabajo?

Y salieron, entre otros, varios antivalores actitudinales que gastan y envejecen a la comunidad educativa y familiar: la prisa en primer lugar, el ruido como compañero del estudio y del ocio en segundo lugar, y en tercer lugar salió el éxito que se busca con tanto ahínco y a costa de todo.

Impresionó la explicación de estos antivalores de Rosa cuando intentaba encontrar el valor, pues se dio cuenta de que lo que educa y fomenta el bien no es el antivalor, sino el valor, lo positivo. , decía, frente a la prisa necesitamos la paz, la tranquilidad, la serenidad para leer y disfrutar del texto. Y eso no lo hacemos, siempre vamos con prisa. Damos más importancia al antivalor (prisa) que al valor (la serenidad, la tranquilidad). Por todos lados nos agobian y nos agobiamos. Y por si fuera poco, vamos y cuando estamos tranquilas en nuestras casa, en la habitación de estudio, va y nos ponemos los cascos y la música. Y de fondo, la televisión. La prisa y el ruido conforman una urdimbre que provocan una sensación de impotencia. Es como un ocultamiento y recato de nuestra impotencia, como un engaño, aunque con música. Es como si quisiéramos encerrar en el ruido y en la prisa nuestra insuficiencia de pensamiento, pobreza de razonamiento y demacrada maduración.

Y añadió, y como colofón de estos dos antivalores crece el éxito como finalidad de todo. Si no sabemos, si no hemos estudiado y va, y por azar nos cae un notable, entonces afirmamos: todo va bien. Y es que llegamos a confundir el bien con la nota. La prisa y el ruido traen consigo una desvalorización del valor, de la realidad, de la persona. Si aprobamos, ya todo va bien. Lo que debiera ser es que pensamos, que dominamos la situación y en consecuencia nos gozamos y disfrutamos, más allá del éxito externo, de la nota, del aplauso. El mejor éxito es el crecimiento humano y moral. Es el premio por antonomasia.

El profesor, para corroborar esta peculiar visión de la realidad les contó que una vez en un torneo de tenis, fue preguntando a los deportistas que cómo iba el juego. Y todos, invariablemente, afirmaban que iban bien si el resultado les era favorable, que muy mal si perdían. Todo esto desconexionado de la realidad. No valía para nada si jugaban bien, si habían realizado una excelente volea, un servicio ganador. La excelencia la marcaba aquí, no el juego bien realizado, sino el resultado. No podían disfrutar ni de lo bueno. Al confundir éxito con ganar vivían en una tristeza prolongada que les impedía gozar de lo bueno.

Y Juan, que moderaba al grupo apuntaló: a ver si sacamos consecuencias y ponemos orden en nuestro esfuerzo. El éxito nos interesa mucho, pero mucho más la verdad y el bien de la persona. Y Susana exclamó: el ruido se combate con el silencio creador y la prisa con aquello de sin prisa, pero con pausa. ¿O es que no hemos visto que el éxito convierte la vida en algo duro, insensible y lleva a los hombres a despreciar a los que fracasan? La prisa en el comer, la prisa en el estudio, la prisa en dar opiniones, la prisa en interrumpir el diálogo y conversación nos lleva, ni más ni menos, que a lo que llamaba Juan Ramón Jiménez crisis de identidad.

Estamos en una continua huida de nosotros mismos. Es muy importante saber responder a la pregunta quién soy, y a dónde voy. La prisa nos lleva a la alucinación, a la conversión de las personas en espectros como diría José Hierro, y la serenidad y el bien pensar nos conduce a la madurez de las personas, a una excelente civilización donde lo que importa es la persona en cuanto persona.

Bienvenidas estas breves vacaciones para pensar, madurar, rezar, encontrarse con la resurrección de la naturaleza y del hombre-Dios después de mostrarnos su vulnerabilidad y su solidaridad con el sufrimiento humano. ¿O es que también la prisa y el ruido ahogarán estos deseos íntimos que tanto ayuda a humanizar la vida?

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