Familia y Educación

Noche y juventud, divorcio caro

Escrito por Administrator. Publicado en Adolescencia y juventud.

Tal día, a tal hora, botellón colectivo, con el visto bueno de una sociedad idiotizada. Una vez, al hijo de un amigo con el que me tropezaba a menudo los sábados por la mañana, yo salía para el IESE, él regresaba a casa, le pregunté: ¿Por qué lo hacéis? Nos aburrimos, vitaminas para la noche. Descorazonador, diversión y sobriedad enfrentadas, necesitamos perder el control para extraerle jugo a la vida. Otro ingrediente de la movida, droga a granel. Si la curiosidad, el morbo, la temeridad, la inseguridad o el hastío gobiernan la conducta de los más inmaduros, la espiral se complica, puede ser el inicio de un viaje alucinante.

Noche y juventud, divorcio caro

Autor: Santiago Álvarez de Mon
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 26 de noviembre de 2008

Publicado en: Expansión (Madrid)

Aprovechando la sensibilidad de esta tribuna económica a cuestiones educativas y culturales, y desde el respeto que el dolor de la familia de Álvaro Ussía me inspira, me adentro en un terreno espinoso. Teóricamente alejado de las tareas directivas, nos afecta más de lo que podamos imaginar. Sabiendo que existe una juventud maravillosa y solidaria, para muchos hace tiempo que la noche madrileña –calienta motores el jueves, para alcanzar viernes y sábado su cenit de euforia, desenfreno y mal gusto– dejó de ser divertida. Si piensa que exagero, charle con la policía o con los sufridos servicios del Samur. Sin dramatizar, ¿cuánta mierda beben nuestros hijos ante la pasividad de adultos que miran a otro lado? ¿Quién no se ha cogido una buena cogorza? Recuerdo una de mis resacas. Mi padre, un hermano y un amigo me depositaron inconsciente en mi cama. Al día siguiente, tocó soportar bromas y cachondeo, el peaje del tonto. ¿Atenuante, eximente? No estaba previsto, ocurrió, poca comida, bebida casi en ayunas, buen rollo, el resto lo conoce. Ahora, para mi estupor, muchos estados etílicos responden a un premeditado plan de trabajo. Parecen casos de planificación estratégica de una business school.

Tal día, a tal hora, botellón colectivo, con el visto bueno de una sociedad idiotizada. Una vez, al hijo de un amigo con el que me tropezaba a menudo los sábados por la mañana, yo salía para el IESE, él regresaba a casa, le pregunté: ¿Por qué lo hacéis? Nos aburrimos, vitaminas para la noche. Descorazonador, diversión y sobriedad enfrentadas, necesitamos perder el control para extraerle jugo a la vida. Otro ingrediente de la movida, droga a granel. Si la curiosidad, el morbo, la temeridad, la inseguridad o el hastío gobiernan la conducta de los más inmaduros, la espiral se complica, puede ser el inicio de un viaje alucinante.

¿Responsabilidades a depurar? Primero, las miserables mafias que han encontrado en nuestro permisivo país un chollo y que identifican a los jóvenes como el segmento poblacional más vulnerable a su siniestra oferta. Segundo, las discotecas, antros donde el dinero negro corre desinhibido entre whiskys, garrafas y coca, a costa de un público manipulable. Tercero, los políticos, todo lo procesan en clave de voto. Vista la alarma social provocada, se rasgan las vestiduras y reaccionan con una contundencia inusitada. Prohibido prohibir, primer mandamiento de un político apocado, post-moderno y futurista.

Si acabara aquí el artículo me quedaría tan ancho; demasiado fácil y tentador. El profesor que soy, pregunta: ¿Nuestro sistema educativo es fábrica de talentos cultivados, de ciudadanos libres, de personas completas, o es vivero de mentes arrebañadas? El padre, orgulloso de sus cinco hijos, inquiere: ¿Lo estamos haciendo bien? Todavía recuerdo una contestación de mi hija mayor a un no seas maleducada. Papá, si soy así, es culpa vuestra. Será impertinente la mocosa, pensé en su momento, no le falta razón. ¿Conocen nuestros hijos el significado de la palabra no? ¿Conocen el valor de la renuncia, pueden diferir la gratificación? En clase falta disciplina y autoridad (mis sufridos colegas sufren hasta físicamente), y ¿en casa? ¿No nos enteramos, preferimos no saber? Se ha apoderado de nosotros un silencio sepulcral, la herida escuece. La familia que no tiene un problema de hiperactividad y atención, lo tiene de alcohol, y la que no lo tiene con Internet y sus fauces, lo tiene con el estudio. Y la que no lo tiene con la alimentación y la cárcel del cuerpo, lo tiene con la droga y el tabaco. ¿No se ve reflejado en la lista? Si es así, compruebe que no está en fuera de juego, enhorabuena. Cruce los dedos y siga remando.

¿Discurso conservador, tradicional, alarmista? Paso de etiquetas. ¿Optimista? Faltaría más, sin necesidad de sermones. Creo en el ser humano y, especialmente, en sus años de juventud, proclives para soñar y elevarse por encima de la vulgaridad. Reconocer que las cosas no van bien es el primer paso para enderezarlas. Unos a la cárcel, otros al paro y el resto a hacer nuestros deberes. Nuestros hijos se lo merecen. Ellos son nuestro futuro, los profesionales que trabajarán con usted al servicio de la sociedad.

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