Familia y Educación

El arrepentimiento del día siguiente: La problemática iniciación sexual de muchos jóvenes

Escrito por Fernando Rodríguez-Borlado. Publicado en Afectividad-Sexualidad.

Las historias sobre “la primera vez” son presentadas en la televisión y en el cine con altas dosis de romanticismo, pero la realidad es que muchos jóvenes dicen haber sufrido algún tipo de presión externa que ha precipitado sus primeras relaciones sexuales.

Muchos jóvenes lamentan no haber esperado más a tener relaciones sexuales y dicen haber sufrido algún tipo de presión externa.

Varios informes y estudios se han ocupado de preguntar a los jóvenes acerca de sus primeras experiencias sexuales. Además de identificar los principales elementos de presión que en muchos casos precipitan sus comportamientos, estos informes sirven para constatar que una gran proporción de quienes manifiestan haberse iniciado sexualmente se arrepiente de haberlo hecho tan pronto, o de haber mantenido relaciones sexuales más por falta de control sobre sí mismos que por decisión meditada.

 

Tendría que haber esperado

Según el estudio trienal With One Voice 2010, realizado a jóvenes estadounidenses de 13 a 19 años, un 67% de las chicas y un 57% de los chicos desearían “haber esperado más”. Un informe de la Universidad de Navarra –parte del proyecto Yourlife, sobre las tendencias en la iniciación sexual de los jóvenes en todo el mundo– recientemente publicado y centrado, en esta última entrega, en tres países en desarrollo (Filipinas, El Salvador y Perú), muestra también que un 20% lamentan haber tenido esta experiencia. Pero señala al mismo tiempo que más de un 30% dijo haber sentido algún tipo de presión externa para mantener las relaciones sexuales, y casi un 50% reconoció haber perdido el “control de la situación”.

Otro dato interesante del informe es que el arrepentimiento acerca de alguna relación sexual también afectó a aquellas situaciones en las que el origen de la relación, según los encuestados, era “estar enamorado”. El romanticismo no vacuna contra las malas experiencias en el campo de la sexualidad.

De hecho, según una macroencuesta realizada por los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, casi la mitad de las violaciones que denuncian haber sufrido las mujeres norteamericanas han ocurrido en el contexto de la pareja. Por edad, la primera experiencia de violación u otra violencia sexual tuvo lugar cuando la víctima tenía entre 18 y 24 años, más que en ningún otro periodo de su vida. Esto implica que el abusador era probablemente el novio o un amigo.

Cabe preguntarse cuántas de estas agresiones pueden entenderse precisamente como el tipo de relaciones sexuales entre jóvenes en las que existe alguna forma de presión externa por parte de uno de los miembros de la pareja. Esta presión se escuda muchas veces en la idea, muy extendida por los medios de comunicación, de que “si no hay sexo, no hay verdadera relación sentimental”.

Invitando a jugar con fuego

Son varios estudios los que describen la fuerza que ejerce “el ambiente” sobre los adolescentes en el modo de vivir la sexualidad. Cuando se habla del ambiente en este contexto se alude a dos realidades diferentes pero conectadas: los medios de comunicación y los amigos.

Muchas de las series televisivas más de moda entre los adolescentes ofrecen una visión banal del sexo, cuando no fomentan directamente la precocidad sexual, haciendo burla del personaje que a los 16 años aún “no se ha estrenado”. Estos mensajes calan en los adolescentes y provocan un sentimiento de ansiedad por conformarse con el ideal. Muchos adolescentes, además, trasladan el mundo de las teleseries a la realidad y llegan a pensar que la mayor parte de sus compañeros llevan vidas sexualmente activas, cuando no es así.

El informe Under Pressure documenta la presión que muchos jóvenes y adolescentes afroamericanos dicen sentir para iniciarse en el sexo. Es revelador, por ejemplo, que el 40% de los chicos y chicas de entre 13 y 15 años crean que la mayoría de sus compañeros ya han mantenido relaciones sexuales, cuando la realidad –según el mismo informe– es que tan solo lo han hecho el 22% de las chicas y el 29% de los chicos, y eso que la comunidad afroamericana es la más precoz en este aspecto junto con la hispana.

El informe With One Voice 2010 arroja cifras parecidas: el 44% de los encuestados declaraba no haber mantenido relaciones sexuales en el último año, y sin embargo la inmensa mayoría (73%) pensaba que casi todos sus compañeros sí las habían tenido. La falsa percepción de la vida sexual de los compañeros genera una tendencia mimética que termina por consolidar el tópico.

Los jóvenes afroamericanos encuestados para Under Pressure opinan mayoritariamente que las series, películas, shows, etc. transmiten una visión de la juventud negra como promiscua (87%) e irresponsable en las relaciones de pareja (74%). Además, creen que se transmite la idea de que lo más importante en una chica afroamericana es su sex appeal (72%), y de que está bien que un chico tenga varias parejas sexuales (74%). En el caso de las chicas el porcentaje se reduce al 54%.

El daño de la pornografía

El consumo de pornografía es uno de los factores más claramente asociados a experiencias sexuales que luego se lamentan
De los jóvenes de 13 a 15 años encuestados para Under Pressure, el 46% declaraba haberse encontrado con contenidos pornográficos sin haberlos buscado; el 42% reconocía haber consumido pornografía on line que le había facilitado un amigo y otro 42% por iniciativa propia.

En el informe realizado por la Universidad de Navarra en Perú, El Salvador y Filipinas, la razón más repetida por las chicas para haber mantenido su primera relación sexual fue “estar enamorada”. Sin embargo, entre los varones prevalecían otras explicaciones como “quería pasármelo bien”, “quería saber cómo era”, “la mayoría de mis amigos ya lo habían hecho” y también “fue consecuencia de haber visto imágenes sexuales”. Además, el consumo de pornografía es uno de los factores más claramente asociados a experiencias sexuales que luego se lamentan.

De los encuestados para el informe Yourlife, casi la mitad de los que ya se habían iniciado sexualmente declaraban haberse sentido sobrepasados por un momento de excitación, muchas veces provocado por la pornografía.

Muchos programas de educación sexual pretenden atajar los embarazos y abortos de adolescentes promoviendo prácticas sustitutivas de las relaciones sexuales, y no es infrecuente encontrar verdaderas apologías de la pornografía, la masturbación o los encuentros íntimos sin “llegar hasta el final”. Sin embargo, para los investigadores de Yourlife, este tipo de mensajes contradicen la realidad, puesto que está comprobado que estas conductas favorecen las relaciones sexuales y no las sustituyen.

Al menos, los propios adolescentes parecen tener más sentido común que los “educadores sexuales”: según la macroencuesta With One Voice 2010 la mayoría de los jóvenes (71%) y adultos (81%) creen que compartir imágenes sexuales –vía móvil, páginas web o redes sociales– lleva a una mayor actividad sexual en la vida real.

Una educación sexual deficiente

El tipo de educación sexual que se despacha en las escuelas no ayuda a resistir las presiones externas ni a reforzar el autodominio

Las respuestas de los jóvenes sobre la presión ambiental para iniciar relaciones sexuales ponen en cuestión el enfoque de buena parte de los programas de educación sexual que se despachan en la escuela. Por lo general, estos programas dan por supuesto que los jóvenes desean tener relaciones sexuales cada vez más precoces y que de hecho ya las están teniendo. Por eso su única preocupación es enseñar el manejo de los anticonceptivos para evitar embarazos indeseados.

Pero ese tipo de información sexual margina cuestiones importantes.

No ofrece recursos para saber decir que “no” a jóvenes que de hecho preferirían esperar y que después, como ellos reconocen, se arrepienten y piensan que no han actuado con libertad.

No refuerza el autodominio de los jóvenes, frente a situaciones que no han aprendido a controlar.

Les desorienta haciéndoles creer que si no tienen relaciones sexuales tempranas son raros, porque todo el mundo lo hace.

Y ni se plantea la educación de la afectividad, para aprender a controlar los sentimientos y a inculcar el respeto hacia la otra persona.

No es extraño que este tipo de educación sexual haya obtenido tan escasos resultados, aunque una y otra vez las autoridades se empeñen en dar “más de lo mismo”.

Pero están surgiendo grupos de padres que plantan cara a esta educación impuesta a sus hijos. La iniciativa NYC Parents’ Choice Coalition ha surgido en Nueva York como plataforma de oposición al nuevo reglamento que ha introducido en los institutos un módulo de clases de educación sexual que tiene que ser impartido obligatoriamente y que duraría un semestre. Lo recibirían los alumnos de entre 11 y 13 años, y también los de 16 a 18. Bloomberg, alcalde de Nueva York, ya ha precisado que los padres podrán decidir que sus hijos no asistan a esas clases. Los que sí asistan contarán con visitas a clínicas de “planificación familiar”, explicaciones sobre métodos anticonceptivos e incluso una visita a farmacias para evaluar la calidad de los distintos preservativos.

Para los portavoces de Parents’ Choice, no se trata de evitar cualquier tipo de educación sexual, sino precisamente de no poner a las familias en la situación de elegir entre ese tipo de educación o nada. En todo caso, proponen, lo lógico será que sean los padres los que se encarguen de proporcionar a los hijos la información que crean adecuada a su edad y al desarrollo particular de cada uno.

Además, en todos los estudios sobre la educación sexual de los jóvenes, los padres siempre aparecen como la instancia en quien más confianza tienen los adolescentes para resolver este tipo de cuestiones.

Según el estudio With One voice 2010, la opinión de los padres es la que más valoran gran parte de los jóvenes (46%) en lo que se refiere a su conducta sexual, por encima de los amigos (20%), los líderes religiosos (7%), los hermanos (5%), los medios (4%) y los profesores (4%). Las chicas confían más en los padres (51%) y menos en los profesores (2%).

La alternativa de la abstinencia

La nueva reglamentación sobre educación sexual en Nueva York viene precedida por la polémica acerca de la financiación pública de programas de prevención de embarazos y de abortos basados en la abstinencia. Estos programas se han hecho bastantes populares, aunque las presiones políticas hayan provocado que 17 estados los hayan rechazado.

Sin embargo, a juzgar por las encuestas, existe un acuerdo mayoritario en la sociedad norteamericana a favor de los mensajes pro-abstinencia. Según With One Voice 2010, el 87% de los jóvenes y el 93% de los adultos considera importante que los adolescentes y jóvenes reciban un mensaje sólido de que no deben mantener relaciones sexuales por lo menos hasta terminar la educación secundaria (18 años), aunque la mayoría –sobre todo entre los adultos– también desee para los jóvenes algo de formación en materia de anticonceptivos.

Al valorar el mensaje de la abstinencia, se observa en todos los estudios una mayor aceptación entre las chicas que entre los chicos.

Según la misma encuesta, el 93% de las chicas y el 88% de los chicos preferirían tener novio o novia sin mantener relaciones sexuales a lo contrario. Para algunos analistas, este tipo de respuestas marcan la diferencia entre la juventud real y la que presenta la televisión.

Los padres también lo tienen claro: solo el 3% declaran que se sentirían bien si supieran que sus hijos jóvenes (hasta los 17) están manteniendo relaciones sexuales; un 21% “lo aceptaría” pese a no aprobarlo, y un 62% se sentiría disgustado. Cuando se trata de una hija, los que lo aceptarían se quedan en el 13%, mientras que un 69% de los padres se sentiría disgustado.

Si de lo que se trata es de reducir los abortos, objetivo común de todos los que se dedican a la salud sexual de los jóvenes, las políticas centradas en la abstinencia parecen dar más resultados. Según Lifenews –un portal de noticias provida–, un estudio de los CDC de Estados Unidos demuestra que el descenso del aborto entre 2000 y 2005 en los estados que aceptaron los programas basados en la abstinencia fue del 23,1%, mientras que en los demás estados el número de abortos solo se redujo un 7,5%.


Ver artículo original en Aceprensa

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