Familia y Educación

La enseñanza de la homosexualidad en las escuelas

Escrito por e-Cristians. Publicado en Afectividad-Sexualidad.

Editorial de la revista electrónica e-Cristians.net, del día 27de febrero de 2003 referente a la aprobación de una proposición no de ley sobre el respeto a la diversidad de orientaciones sexuales en el Parlamento de Cataluña


¿Qué sucedería si un parlamento autonómico o el Congreso de los Diputados aprobase una proposición que encargase al Gobierno introducir "en los currículums escolares el conocimiento de la religión católica", o bien formar "a los maestros y profesores dando prioridad, en el caso de los que tienen que ejercer la tutoría en grupos de alumnos, al descubrimiento en sí mismo de su opción religiosa", y que esto se aplicara a cualquier ciclo educativo empezando por la educación infantil?

Naturalmente se montaría un escándalo de proporciones extraordinarias y se acusaría a sus promotores de totalitarios al intentar generalizar un hecho personal (pero que tiene una dimensión colectiva reconocida por la propia Constitución). Con la proposición, esta generalización y este "descubrimiento en sí mismo" de cualquier sentido religioso se estaría aplicando a niños de 4, 8 y 10 años, es decir, estadios de crecimiento donde la influencia de la escuela puede ser definitiva a la hora de acabar moldeando su criterio.

Pues esto, que movería a escándalo si se hubiese tratado de un hecho positivo como es la religión, ha sido aprobado por una comisión del Parlamento de Cataluña sin ningún voto en contra, pero aplicado al conocimiento de la homosexualidad en las escuelas con carácter obligatorio, con un texto que incluye la necesaria introducción en los libros de texto de esta cuestión y la formación de tutores que ayuden a descubrir la opción sexual en niños y niñas.

No es ninguna broma. Se aprobó el pasado 20 de febrero con el título de "proposición no de ley sobre el respeto a la diversidad de orientaciones sexuales". Esta proposición fue presentada por el grupo socialista y contó con el voto unánime de los restantes partidos y la abstención del Partido Popular, que debió de opinar que no era un tema suficientemente importante como para pronunciarse.

Una vez más, se está jugando a la confusión entre dos conceptos que nada tienen que ver. Y lo lamentable es que jueguen a esta confusión no los grupos de presión, que lógicamente defienden sus intereses, sino los diputados que hemos elegido. Eso es lo grave. Porque una cosa es el respeto y la defensa de la dignidad personal de todo homosexual, cosa que compartimos y promovemos, y otra muy distinta otorgar a un comportamiento privado derechos sociales, derechos públicos. Una cosa es asumir a la persona homosexual y otra muy distinta pretender que se eduque a nuestros hijos en la homosexualidad, que existan tutores que enseñen la descubierta en este terreno.

El respeto al homosexual nace del respeto a la persona en su totalidad, al reconocimiento de la diferencia, al respeto del "otro", y para ello no es necesario penetrar en ningún particularismo, precisamente porque se trata de un principio general. Es un absurdo brutal, que conduce a nuestra sociedad a un callejón sin salida, el hecho de que, por una parte, se pretenda reducir el hecho religioso a la privacidad más estricta y, por otra, se introduzca en la enseñanza la homosexualidad con carácter general y obligatorio. En éste o en otros terrenos, el Estado o los gobiernos autonómicos no tienen el más mínimo derecho a imponer nada. Somos los padres quienes tenemos el derecho a educar a nuestros hijos y el Estado, el deber de proporcionar los medios más adecuados, pero en ningún caso suplantarnos.

Éste es un precedente grave que exige una respuesta de todos aquellos que no quieren ver suplantado su papel paterno por nuevos tutores del sexo, y de una manera especial de las autoridades religiosas y las organizaciones cristianas, en primer término de Cataluña porque ahí es donde empieza todo, pero seria un error que no se plantease, desde ahora mismo, una respuesta en el plano español, porque o mucho nos equivocamos o, como ha sucedido con otras normas de este estilo, esta propuesta se repetirá en otras comunidades autónomas.

Para que acabemos de entendernos, si la proposición se cumpliese, incluso las escuelas religiosas deberían aplicar esta medida; a mayor abundamiento, el Catecismo de la Iglesia Católica no sería un libro homologable, ni siquiera para la clase de religión.

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