Familia y Educación

Sobre la adopción de niños por homosexuales y lesbianas

Escrito por Administrator. Publicado en Afectividad-Sexualidad.

Comunicado de la Federación de Padres de Navarra en relación con la sentencia de una jueza de Pamplona que extiende la patria potestad de la madre de dos niñas a su compañera sentimental


Esta Federación de Padres, que representa a 20.000 familias navarras, quiere dar a conocer a la opinión pública las siguientes consideraciones, ya que en su día fue la primera organización en Navarra (junio 2000) que, en uso de su derecho y por razones que consideramos sólidas, opinó en contra de la Ley de Parejas de Hecho.

1. Estamos desagradablemente sorprendidos y no estamos en absoluto de acuerdo con la sentencia mencionada. Como organización de padres preocupados por la educación, pensamos que al permitir la adopción a los homosexuales y lesbianas no se han tenido en cuenta las repercusiones educativas que esto pueda tener, no sólo en los niños adoptados, sino también en los que se relacionan con ellos. La educación es el instrumento configurador de la personalidad y bastantes dificultades tiene hoy día la educación como para, artificiosamente, poner más obstáculos en el camino. Los experimentos, con gaseosa, no con las personas.

2. Se ha invocado en este asunto un presunto derecho humano a la igualdad por parte de las personas homosexuales. La orientación sexual por sí misma no da derecho a nada y sí puede ser un serio impedimento para el ejercicio de determinados derechos. Y tampoco existe un pretendido derecho de adopción por parte de los adultos. Existe, eso sí, el derecho de los menores a tener padre y madre, derecho primordial orientado a asegurar las mejores condiciones educativas para el niño.

3. No basta el afecto de quienes reclaman la patria potestad sobre él o ella, ya que de acuerdo con la naturaleza humana, que es sexuada y no sólo una cuestión de género opcional, es preciso el doble referente masculino o femenino para el desarrollo equilibrado de la personalidad infantil y adolescente. Y quien no desee tener esto en cuenta, hace prevalecer, simplemente, el deseo del adulto por encima de cualquier razón. Lo que la realidad natural no hace posible no ha de serlo por la adopción, cuya ratio legis es compensar las carencias que dificultan el desarrollo de las personas según el orden natural.

4. La mejores condiciones para el desarrollo de una sana educación familiar son las de contar con un padre y una madre, con sus correspondientes características sexuales y su rica y necesaria complementariedad. Suponemos, y nadie lo niega, que estas parejas, como personas, pueden dar cuidados y cariño a un niño. Pero no se trata de anteponer su necesidad egocéntrica de dar o de tener, sino de las condiciones más adecuadas que el niño necesita para el desarrollo y maduración de su personalidad, que incluye una adecuación entre su identidad y su orientación sexual, definidas en primer término por su constitución psicosomática y por su corporalidad. La visión de un adulto al inclinarse sobre un niño, no es la misma que el niño recibe cuando un adulto se inclina sobre él.

5. En este país hay libertad para tener la orientación sexual que se quiera. Pero nos gustaría que las personas que optan por la homosexualidad como forma de relación, fueran consecuentes con lo que ésta supone. Y una consecuencia evidente de dicha elección es la no reproducción y la no educación paterno-maternal. Forzar la realidad no es sino introducir un serio factor de desequilibrio. Por otra parte, si ya es difícil hoy día que se mantenga la estabilidad en no pocos matrimonios, presumiblemente, al parecer, por deficiencias educativas pasadas, ¿cuánto más no lo será en una pareja de homosexuales que, estadísticamente al menos, es mucho más inestable? Sin olvidar -éste es el punto de partida- que este ente que se formaría de papá-papá- niño/a o mamá-mamá-niño/a de ninguna manera podría calificarse de relación conyugal natural.

6. Independientemente del credo religioso que se profese, es preciso atender a la ley natural de una especie que lucha por la no extinción, y que manifiesta con evidencia palmaria que una relación infecunda a propio intento busca, ante todo, la satisfacción directa y exclusiva de quienes la contraen.

7. Ciertos sectores de esta sociedad ven esta relación como normal, y presionan para que sea cada vez más frecuente. No por mil veces repetida, una falsedad se convierte en verdad. También sería normal, por frecuente, que los menores fumen, se droguen, se emborrachen cada vez más y a más temprana edad, o que se produzcan de hecho gran cantidad de abusos domésticos o de violencias sexuales, por ejemplo, y no por ello eso está bien. Y pretenderlo es una forma de fundamentalismo, el fundamentalismo de la acción, según el cual las acciones se legitiman por su capacidad de imponerse. Si se trata de eso -como parecen perseguir los lobbys homosexuales-, nadie tendría más argumentos que el ejército norteamericano. Y no es eso.

8. La familia es un núcleo esencial formado por unos padres y unos hijos. La concepción de los hijos, utilizando métodos no naturales, en parejas de lesbianas, con donante de semen de un tercero, rompe totalmente con el concepto de familia, es rechazable desde el punto de vista moral, social y antropológico.

9. A través de la adopción se pretende integrar al niño en un nuevo núcleo familiar, bien por haber perdido a su padre y a su madre, bien por incapacidad de éstos para ejercer su función como padres. En el caso que nos ocupa, la madre biológica comete un fraude evidente, dado que renuncia a sus obligaciones para ceder la custodia de las hijas a su pareja, lo cual es algo inaudito. ¿Qué respeto puede merecer una madre que renuncia voluntariamente a la patria potestad sobre sus hijas? Sería más lógico que su pareja alcanzara la maternidad también por inseminación.

10. A tenor de la legislación nacional e internacional, del Convenio de Estrasburgo y de la Declaración Universal sobre los Derechos del Niño, la adopción debe proteger los derechos del menor. Las instituciones públicas, los servicios sociales, la justicia debe entender como marco de adopción la unidad familiar que se entiende como más adecuada para su sostenimiento y educación, y ésta no es otra que la formada por un padre y una madre. Sólo es admisible apostar por otra solución cuando no es posible encontrar esa familia de acogida. No nos parece lógico que habiendo multitud de familias estables, con recursos económicos suficientes, se abra la adopción sin limitaciones a cualquier unión sentimental que se encapriche y quiera educar un hijo. ¿Debemos irnos preparando ya para una ley de tríos estables?

Por consiguiente, instamos al Tribunal Constitucional a que resuelva en justicia los recursos interpuestos contra la Ley navarra de Parejas de Hecho, proceda a la suspensión de dicha ley y se revise en consecuencia el auto judicial emitido por los tribunales navarros. Por más que algunos se empeñen, sentencia en mano, las uniones de hecho no son un matrimonio y, por lo tanto, no pueden asimilarse a él en sus efectos.

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