Familia y Educación

Dios y el sexo

Escrito por Pablo Writes. Publicado en Afectividad-Sexualidad.

 Ref. Ideas claras

A nivel humano hay muchos motivos para entender la importancia, la necesidad y el sentido de la ley de Dios respecto a la sexualidad humana. Es muy importante que llegues a entenderlo porque somos seres racionales y Dios no quiere robots sino hijos que sepan por qué hacen las cosas.

De todos modos no podéis olvidar que tu fidelidad a Dios pasa también por este tema: aceptar y vivir sus enseñanzas y su ley. El asunto es con Dios, no con cosas que dice la Iglesia... Es bueno que llegues a entender los motivos de la ley de Dios, pero más allá del entendimiento hay una cuestión de fidelidad personal a Dios.

Rechazar el querer de Dios en materia sexual no representa una infidelidad menor a rechazar su presencia en la Eucaristía o la divinidad de Jesucristo. Rechazar su ley en este tema es rechazar su plan de salvación y a El mismo.

Alguna persona al pensar en la ley moral podría decir "¿por qué tengo yo que...", o "no me convence", "no me gusta", "es demasiado exigente", "no está de moda"... Estaría encarando mal el problema, ya que el punto de partida es "Dios me pide esto", y el segundo paso: "vamos a tratar de vivirlo y de entenderlo, pidiéndole a Dios su ayuda". En este orden se llega a entender, a vivirlo y a disfrutarlo (el hacer lo que Dios quiere llena la vida). En el inverso, casi nunca... porque estoy tomando el lugar de Dios: decidir por mi cuenta qué es bueno y qué es malo.

De manera que incluso cuando no entiendas o no te convenzan razones... hay una razón importantísima: «Dios lo quiere», y esta razón es la más importante y definitiva. Y esto es precisamente la fe: confiar en Dios. Se acepta su palabra o no se la acepta.

Por otro lado, en cuanto pienses despacio, desapasionadamente, lo entenderás. Sólo hace falta apertura de mente y que estés dispuesto a cambiar tu estilo de vida si la verdad así lo mostrará... Porque Dios es lo más razonable que existe: es la sabiduría infinita y perfecta. Además quiere lo mejor: es bueno infinitamente. Y no se puede equivocar. Y, además, el día de nuestra muerte nos juzgará según su ley... no según nuestras opiniones. Es claro que no hacemos un favor a Dios cuando aceptamos y vivimos su ley...

¿Y Dios qué tiene que ver con el sexo?


Mucho...

Partiendo del dato que Dios creo al hombre esencialmente sexuado, de manera que el ser humano sólo existe como varón o mujer, se ve que es algo importante en los planes creadores de Dios.

La premisa previa a toda consideración es que Dios creó el sexo y le dio las funciones que tiene. Le concedió dos cualidades únicas: ser el instrumento para crear nuevos seres humanos y unir dos personas de tal manera que acaban siendo sólo una...

Mirá si tendrá que ver, que se hace presente creando un alma inmortal cada vez que un acto sexual es fecundo. Tanta importancia le atribuyó que quiso que el hombre lo cuidara como un gran tesoro. Que lo usara de modo exclusivo: porque el amor de mutua entrega al que está ligado, o es exclusivo o no existe: así de sencillo.

Siendo que Dios creó el sexo, es razonable suponer que conoce cuál es la mejor manera de vivirlo, qué lo daña, etc.

¿Dios un aguafiestas?


Es pecado, pero ¡no puede ser malo!

Hay personas que aceptan la autoridad de la Iglesia y, por tanto, asumen que el uso de la sexualidad fuera del matrimonio es pecado. Por eso se confiesan cuando meten la pata y experimentan la alegría de recuperar la gracia de Dios. Ahora bien, si preguntas a algunos de ellos si lo que han hecho es malo en sí mismo, a nivel humano, te dicen con plena seguridad que no, que cómo va a ser malo si todo el mundo lo hace y lo acepta y, además, es divertido, te lo pasás bien. El único problema sería el posterior cargo de conciencia debido a la ley de Dios.
No entienden por qué está "prohibido", no ven que tenga algo malo en sí mismo. Si preguntás por qué es malo, la única respuesta será porque es pecado. ¿Y porqué es pecado? "porque Dios lo prohibe".

-Entonces..., te parece que no es algo malo, les respondo
[i].
-No.

-¿Pero es pecado?
-Sí.

-¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Si no es malo, ¿por qué va a ser pecado?
-Porque Dios lo prohibe.

-O sea que es bueno, pero Dios lo prohibe.
-Sí.

-Entonces Dios es un malvado.

Aparece la cara de sorpresa. Y preguntan:
-No es posible, ¿verdad? No parece muy lógico.
-No. Si hacer eso es bueno en el orden humano, no puede ser pecado. O si no, Dios sería un malvado por prohibirte algo tan divertido que El mismo ha creado.

-Entonces no entiendo nada. ¿Por qué es malo? ¿Cómo puede ser malo, si todo el mundo lo hace y dice que es bueno?
-Si algo es malo es porque arruina algo bueno. Por eso, para entender por qué es malo hay que entender cuál es el bien que estropea.

Entonces llega el momento de explicarles cuál es el papel y el sentido de la sexualidad en el conjunto de la persona. Sólo explicando lo positivo se entiende el porqué de lo negativo.

Al final, ni siquiera hace falta extraer las conclusiones: las sacan ellos solitos:
-Luego esto que yo hago está mal, porque se estropea esto otro.

Los mandamientos y la protección de la persona


Dios amó tanto a sus criaturas que quiso proteger sus valores más importantes con los preceptos negativos del Decálogo: unos mandamientos que no admiten excepciones, precisamente porque protegen derechos y valores fundamentales de la persona.

La vida: "no matarás"... Dios les dice a los demás que no pueden matarme, ni ofenderme, ni hacerme daño... porque valgo mucho. No es un capricho que otros no me puedan matar... Es para defender la grandeza de la vida humana.

Sexo, familia, amor: "no cometerás adulterio", "no desearás la mujer de tu prójimo". Dios quiere proteger el amor, los hijos, evitar que la persona sea usada, defender la armonía y la estabilidad de la familia...

Bienes materiales: "no robarás" "no codiciarás los bienes ajenos". Fundamental para la seguridad, la armonía entre las personas, tranquilidad, defender la propiedad privada.

Confianza entre los hombres: "no levantarás falsos testimonio ni mentir". Es básico para la comunicación entre los hombres, para que pueda existir confianza, para que podamos convivir.

Si estudiaras un poco la Teología del Matrimonio, te darás cuenta que Cristo ha elevado la sexualidad humana a la dignidad de sacramento y, por tanto, a camino de santidad. El "problema" con el sexo no es que se trate de algo malo que hay que evitar, sino de algo demasiado grande, divino, sagrado... porque está intrínsecamente relacionado con el amor de entrega y el origen de la vida. Y profanar algo sagrado es un sacrilegio.

Las "reglas" no son arbitrarias...


De forma que lo que está mal, no lo está porque un Papa se haya levantado de mal humor una mañana y lo haya prohibido.

El motivo por el que algo está mal no es que Dios lo haya prohibido sólo para probar nuestra obediencia. Si alguien pensara así concluiría que nos podría haber mandado lo contrario de los que nos mandó... y entonces -si así lo hubiera hecho- matar estaría bien, robar sería meritorio, ser fiel sería un pecado y la infidelidad merecería el cielo.

Pero las cosas no son así. Dios tiene un proyecto coherente. Crea al hombre con una naturaleza concreta, de manera que para alcanzar su plenitud y perfección tiene que obrar de una determinada manera, según esa naturaleza que tiene.

Si el hombre come veneno se muere, pero no porque Dios lo haya dispuesto así caprichosamente, como si la muerte fuera un castigo por desobedecer a su orden de no comer veneno. Se muere porque Dios creó al hombre de tal manera que hay algunos alimentos buenos para su organismo y otros malos: que le hacen daño. Esto depende de leyes químicas y biológicas de la digestión y nutrición que Dios "puso" en su organismo. Decimos "puso" en el sentido que es como funciona: está inscripto en su misma naturaleza corporal, tal como ha sido creado por Dios.

Lo mismo sucede con las leyes morales, que son las que lo conducen a la plenitud de la perfección y por tanto a la felicidad.

El porqué de la visión hedonista de la sexualidad


Según lo que te enseñan muchos medios de comunicación en materia sexual vale todo: antes o después de casarse, incluso sin casarse, sólo o con otras u otros, da igual lo que hagas y con quién lo hagas: todo lo que te satisfaga es válido. Pero te has parado a pensar ¿por qué vale todo?

La respuesta es muy sencilla: porque el sexo no tiene ningún sentido.

El hedonismo es un reduccionismo: reduce el hombre a su cuerpo, ignorando su espíritu. No hay más. ¿Qué es el hombre? Un cacho de carne y punto. Ningún acto, ningún gesto, nada que el hombre haga tiene un significado que vaya más allá de lo corporal. Nada tiene un sentido espiritual y, por tanto, humano, sencillamente porque no hay espíritu. Por eso no hay un sentido profundo en nada. Sólo cuerpo, sólo capacidad de placer. Y nada más.

De manera que la sexualidad es entendida y considerada como mera corporeidad. Desconectada del espíritu, y por tanto del amor... (actividad espiritual de la voluntad...). De ahí que se llame amor a la mera unión física, como si amar fuera algo meramente carnal... identificado con el mero placer.

El "problema" es que el sexo humano es distinto del sexo animal. En los animales es solamente una unión física... y no puede haber más ya que son sólo un cuerpo: ahí se queda todo. El hombre -de aquí su grandeza- es mucho más que un cacho de carne, y su sexualidad tiene un significado muy profundo -expresa amor- que alcanza lo más íntimo de su ser.
(Por favor, no llames amor al placer de pasártelo bien con alguien: ¡amar es otra cosa!).

La banalización del sexo es trágica para el sexo mismo.


Banalizarlo significa degradarlo. Reducirlo en valor. Vaciarlo de significado.

Algo tan grande, unido al origen de la vida y a la mayor entrega posible entre dos seres, rebajado a juego egoísta de placer, en el que una persona usa a otra para "sacarle" todo el jugo de placer que pueda ...

Si el sexo es algo sin valor, intrascendente, banal... entonces su uso o abuso no ofrece ningún problema. Por eso no hay reglas: con quien quieras, como quieras, lo que quiera...: prematrimonial, extramatrimonial, adúltero, homosexual...

El problema comienza cuando uno considera el sexo como algo grande. Cuanto más se lo valore, más se lo cuida, se le atribuye un significado más alto, afecta más íntimamente a la persona...

Paradoja: cuanto más valores el sexo y el amor, más exigente serás


El cristianismo nunca ha considerado el sexo como una realidad turbia, asquerosa, pecaminosa en sí misma. La moral cristiana es exigente precisamente por la grandeza que atribuye a la sexualidad. Aspira a lo mejor. Cree que el hombre es capaz de amar a fondo, de verdad. Espera que podamos tener un amor fiel, exclusivo, total, sin engaños ni traiciones. Lo mejor es posible. Por eso aspiramos a lo mejor. No nos conformamos con menos. Aunque cueste. Vale la pena pagar el precio de la grandeza.

La moral del "vale todo" se funda en que el sexo no tiene ningún valor. Es algo trivial, sin connotaciones personales. Y eso destroza el sexo mismo, degrada a la persona.

¿Qué tiene que ver el sexo con el matrimonio?


Al pensar en el sexo, no te quedes a nivel de "permiso" para hacer cosas placenteras. ¿Se puede o no se puede? ¿Es pecado? ¿Hasta dónde se puede? Andá más lejos... buscá el amor de verdad.

No se trata de permisos. El matrimonio no es un permiso para tener relaciones sexuales.

El matrimonio hace algo increíble: une dos personas en una unidad de vida: "ya no son dos sino una sola carne". Cuando se unen sexualmente, esta unión la expresión corporal de la unidad que ambos son.

Hay una diferencia esencial entre los contrayentes antes y después de casarse: antes eran dos con ganas de ser uno, después son uno. Antes tienen ganas de pertenecerse, después se pertenecen. El matrimonio no es un papel: es una realidad existencial. Quien entiende esto entiende todo (relaciones prematrimoniales, divorcio, anticoncepción, fidelidad, adulterio, homosexualidad...). Quien no lo entiende no entiende nada. Así de fácil.

Una vez casados son una sola carne: la mayor unión posible. Imagen de la unión de Cristo y su Iglesia (cabeza y cuerpo).

No cualquier "uso" del sexo es humano. Dios quiere que el sexo sea vivido de manera verdaderamente humana, es decir, integrado en la totalidad de la persona: sólo así será expresión del conocimiento y del amor -lo más alto de la persona-. Caben dos posibilidades: o desconectado de lo espiritual (mera expresión de placer, lo considera un mero juego: como jugar al truco): es tremendamente egoísta, usa una persona para el propio goce (instrumentalizar) o expresión profunda de la persona. El placer es la explosión corporal de la felicidad del amor de dos personas que son una sola. Es consecuencia de la grandeza que se realiza: la entrega de dos personas.

Pretender usar de la sexualidad sin estar casado es una farsa, una estafa, un engaño. Es como pretender celebrar Misa antes de la ordenación sacerdotal sería una farsa, aunque fuera el día anterior a la ordenación, por el sencillo motivo de que al no ser sacerdote no podría consagrar. La realidad es diferente, muy diferente.

Amar no es amar si atenta contra el Amor...


No cualquier sexo es amor.

Los americanos hacen encuestas para todo. ¿Quienes gozan más del sexo? Aunque te sorprenda: los matrimonios con una visión tradicional del matrimonio. ¿Por qué? Evidente: porque el sexo es algo que va más allá del placer: cuando se ama, cuando se expresa una entrega total, sincera de sí mismo... la satisfacción es mucho mayor. Es que lo grande del sexo no es el placer, es el amor.

No es cuestión de técnicas... sino no habría que concluir que las prostitutas son las personas más felices de la tierra... y la realidad muestra más bien lo contrario...

Es cuestión de amor: en la medida que sea amor real, el sexo es pleno, rico, llena. De otra manera es una mera satisfacción egoísta que no puede llenar ni satisfacer, y deja un gusto amargo...

Es evidente que el sexo es algo esencialmente relacionado con el amor. Sin referencia al amor es prostitución pura. Ahora bien, si tiene mucho que ver con el amor, tiene mucho que ver con Dios. Porque Dios es amor (1 Juan 4,8).

Si cumplir sus mandamientos es la manera más básica de amarlo, la lógica más elemental concluye que incumplir sus mandamientos nunca puede ser una manera de amar.

No pretendas engañarte tontamente. No intentes pasártelo bien en contra del Amor. Lo único que conseguirías sería ofender a tu Creador y destruir tu capacidad de amar.

¿Por qué tiene tanta repercusión en la vida espiritual?


Hay una relación muy estrecha entre el amor a Dios y el uso de la propia sexualidad.

Si lo vemos desde el punto de vista sociológico, por el lado de las consecuencias espirituales de la impureza: ¿cuál te parece que es la principal causa de alejamiento de Dios? Compiten la soberbia, la pereza y la sensualidad. No nos engañemos... Un alto porcentaje de las personas que dejan de practicar su fe... lo hace por problemas de pureza.

Esto no es casualidad: la razón es que pocas cosas separan tanto de Dios como la impureza.

La falta de pureza ciega para las cosas espirituales. Ya lo decía San Pablo hace dos mil años: "el hombre animal no entiende las cosas que son del espíritu de Dios, para él son necedad" (1 Cor 2,14). Y antes Jesús había proclamado: "bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios". La impureza ciega para ver a Dios. Cuando una persona que no vive ordenadamente su sexualidad dice "no lo veo", "no entiendo"... no te sorprendas: es una relación causa-efecto. Se pierde la interioridad: sensibilidad para lo espiritual. Entonces a uno lo aburren las cosas de Dios, no «siente» nada en Misa ni en la oración. Se ha embrutecido el alma: le pasa lo mismo que a una persona tosca humanamente: no puede entender el arte.

Además, produce una dependencia que crece: la sexualidad desordenada se vuelve loca: es adictiva y progresiva. Esclaviza (cfr. 2 Pe 2,18-20).

De lo que resulta que -como es claro en la Sagrada Escritura- la impureza es absolutamente incompatible con la vida cristiana. «Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos. (...) Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, (...) embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios» (Gal 5, 17- 21).

Quien no vive bien su sexualidad -es decir, quien no vive la virtud de la pureza-, no es capaz de amar: se imposibilita, lo suyo será una búsqueda de placer que convierte al otro en un medio -lo cosifica-.

Con Cristo la ley de Dios llega a su perfección


La ley de Dios es exigente porque nos valora mucho y porque en materia de amor no caben los cálculos minimalistas. Se debe a que la pureza es limpieza de corazón, de donde surge el amor. No es una mera cuestión de evitar actos exteriores: ser fieles al amor (de Dios y de los demás).

Hay un pasaje en el que se ve a donde llega la exigencia... Cuando Jesús dice: «Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón» (Mt 5,27-28). Mirar... es la manera más "suave" de faltar a la castidad. Por tanto, no te cuento si hablar, escuchar, desear, tocar, besar...

Lo que pide, lo concede a quien se lo pide y se esfuerza...


Dios no sólo enseña como somos y qué es lo mejor para nosotros: nos da su gracia. La perfección de su ley, consiste en que nos enseña el camino, nos da la fuerza para recorrerlo y nos acompaña en el trayecto.

San Pablo habla de su propia experiencia: "Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte" (2 Cor 12,7-10)

Y ésta es una razón muy importante de optimismo: se puede cambiar, se puede mejorar. Hay quienes admiran la moral cristiana por su perfección, pero piensan que es un ideal imposible de alcanzar: que no se puede aspirar a tanto y hay que conformarse con menso... No es cierto porque Dios no nos pide imposibles: sería injusto si lo hiciera. No estás solo ante un duro juez que mira desde fuera: está a tu lado ayudándote, sosteniéndote, animándote, para que te animes a ser lo que debés ser.

La Sagrada Escritura y la pureza de vida


En la Sagrada Escritura está clarísimo cómo Dios ha previsto que vivamos la sexualidad. Acá te cito algunos pasajes para que los medites.
· Ef 5,3-6: «La fornicación, y toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos. Lo mismo de la grosería, las necedades o las chocarrerías, cosas que no están bien; sino más bien, acciones de gracias. Porque tened entendido que ningún fornicario o impuro o codicioso - que es ser idólatra - participará en la herencia del Reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con vanas razones, pues por eso viene le cólera de Dios sobre los rebeldes».
· Mt 5,8: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios»
· Rom 8,5-8 : «Los que viven según la carne desean lo que es carnal; en cambio los que viven según el espíritu, desean lo que es espiritual. Ahora bien, los deseos de la carne conducen a la muerte, pero los deseos del espíritu conducen a la vida y a la paz. porque los deseos de la carne se oponen a Dios, ya que no se someten a su Ley, ni pueden hacerlo. Por eso, los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios».
· Rom 8,12-13: «Hermanos, no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán».
· Rom 1,24- 32: «Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén. Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío. Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados, los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen».
· Rom 7, 19-23: «Pues si en otros tiempos ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al desorden hasta desordenaros, ofrecedlos igualmente ahora a la justicia para la santidad. Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia. ¿Qué frutos cosechasteis entonces de aquellas cosas que al presente os avergüenzan? Pues su fin es la muerte. Pero al presente, libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna. Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».
· Rom 13, 12-14: «La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Como en pleno día, procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias».
· Gal 5, 17- 21: «Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais. Pero, si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios».
· Col 3, 4-10: «Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él. Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría, todo lo cual atrae la cólera de Dios sobre los rebeldes, y que también vosotros practicasteis en otro tiempo, cuando vivíais entre ellas. Mas ahora, desechad también vosotros todo esto: cólera, ira, maldad, maledicencia y palabras groseras, lejos de vuestra boca. No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador».
· 1 Tes 4,3-7: «...que os dimos de parte del Señor Jesús. Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues el Señor se vengará de todo esto, como os lo dijimos ya y lo atestiguamos, pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad».
· Ef 4,17-19: «Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor, que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente, sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza los cuales, habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas».
· 2 Pe 2,7-10: «Pues si Dios no perdonó a los Angeles que pecaron, sino que, precipitándolos en los abismos tenebrosos del Tártaro, los entregó para ser custodiados hasta el Juicio; si no perdonó al antiguo mundo, aunque preservó a Noé, heraldo de la justicia, y a otros siete, cuando hizo venir el diluvio sobre un mundo de impíos; si condenó a la destrucción las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a cenizas, poniéndolas como ejemplo para los que en el futuro vivirían impíamente; y si libró a Lot, el justo, oprimido por la conducta licenciosa de aquellos hombres disolutos - pues este justo, que vivía en medio de ellos, torturaba día tras día su alma justa por las obras inicuas que veía y oía - es porque el Señor sabe librar de las pruebas a los piadosos y guardar a los impíos para castigarles en el día del Juicio, sobre todo a los que andan tras la carne con apetencias impuras y desprecian al Señorío. Atrevidos y arrogantes, no temen insultar a las Glorias».
· 2 Pe 2: «Tienen por felicidad el placer de un día; hombres manchados e infames, que se entregan de lleno a los placeres mientras banquetean con vosotros. Tienen los ojos llenos de adulterio, que no se sacian de pecado, seducen a las almas débiles, tienen el corazón ejercitado en la codicia, ¡hijos de maldición! Abandonando el camino recto, se desviaron y siguieron el camino de Balaam, hijo de Bosor, que amó un salario de iniquidad, pero fue reprendido por su mala acción».
· 2 Pe 2, 18-20: «Hablando palabras altisonantes, pero vacías, seducen con las pasiones de la carne y el libertinaje a los que acaban de alejarse de los que viven en el error. Les prometen libertad, mientras que ellos son esclavos de la corrupción, pues uno queda esclavo de aquel que le vence. Porque si, después de haberse alejado de la impureza del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan nuevamente en ella y son vencidos, su postrera situación resulta peor que la primera».
· 1 Cor 6,13-20: «El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. (...) No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo? ¿Cómo voy a tomar los miembros de Cristo para convertirlos en miembros de una prostituta? De ninguna manera. ¿No saben que el que se une a una prostituta, se hace un solo cuerpo con ella? (...) Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero en que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que sus cuerpos son templos del Espíritu Santo que habita en ustedes y que han recibido de Dios? Por lo tanto, ustedes no se pertenece, sino que han sido comprados, y ¡a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos».
· 1 Cor 6, 9-11: «¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios. Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios».
· Ap 21, 8: «Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte segunda».
· Judas 7: «También Sodoma y Gomorra, y las ciudades vecinas, que se prostituyeron de un modo semejante a ellos, dejándose arrastrar por relaciones contrarias a la naturaleza, han quedado como ejemplo, sometida a la pena de un fuego eterno».
· Hebreos 13,4: «Respeten el matrimonio y no deshonren el lecho conyugal, porque Dios condenará a los lujuriosos y a los adúlteros».

¿No te alcanza la palabra de Dios? ¿Le creés? ¿Pensás acaso que Dios quiere jorobarte la vida?

Si el 6° y 9° mandamientos no existieran... cuanta menos gente tendría problemas con la Iglesia... objeciones, ... ataques.... Cuántos más practicarían la fe. Pero no hay caso, no podemos renunciar a la verdad y a la grandeza de la vocación cristiana.

Ser cristiano en un ambiente paganizado


No se trata sólo de "sobrevivir" sin contaminarnos, hemos de influir positivamente: mejorar el ambiente que nos rodea: purificar una atmósfera cargada de erotismo. Esa es la tarea, la misión de los cristianos.
En medios saturados de sensualidad, obsesionados con la sexualidad (cfr. 2 Pe 2,14), tiene que notarse la diferencia (cfr. Ef 4, 17-19). Es el primer paso.
Y además, tenemos que saber explicar los motivos de la castidad y el sentido de la sexualidad; desarrollar complejo de superioridad: es verdad que un "amor puro" es mejor: todos lo saben, todos lo valoran.

Conclusión


En este campo se juega nuestra fidelidad a Dios y nuestra misión en el mundo. No te olvides que somos la sal de la tierra. Si la sal pierde su sabor... ¿quién va a preservar de la corrupción? Por eso es vital lo que el Señor nos pidió: "no os conforméis con el mundo".

[i] La idea esencial de este diálogo la he tomado de Mikel Santamaría.

Pablo Writes