Familia y Educación

Vida interior: Base para la excelencia

Escrito por Carlos Alberto Rosales Purizaca - Educador. Publicado en Educación-Enseñanza.

Este artículo lo escribí después de una conversación que sostuve con mis alumnos acerca de la distancia que existe entre la voluntad humana y la divina. Danny Martínez, director de consejo de aula, me preguntó, ¿Cómo darse cuenta si lo que quiere uno realmente se ajusta al plan que Dios tiene para nosotros?


Frente a esta trascendental pregunta, le respondí, "Todo depende de que tus decisiones, preocupaciones, y deseos los lleves a esas conversaciones íntimas con Dios, y se las ofrezcas como un medio para ser feliz, poniendo a la vez los medios humanos que dependen de ti, para dejarle el resto a Él". Efectivamente, Dios, por ser nuestro Padre, nos quiere más que nadie en la vida y nunca permitirá que nos pase algo malo. Por tanto si Dios no permite que suceda lo que queríamos, es porque no nos convenía.

La vida interior de una persona se cultiva sobre la base de virtudes y hábitos que permitan arraigar la presencia de Dios en nuestras vidas. Esta vida interior nos permite mirar no con los ojos del cuerpo, sino con los del alma.

He relacionado la vida interior con la excelencia porque están íntimamente unidas. Una es la causa de la otra. En cambio si sólo nos preocupamos por satisfacer siempre nuestro querer humano, lo que conseguimos es sólo el éxito, el cuál a su vez es pasajero y temporal. Si luchamos contra nuestro amor propio estaremos más atentos para captar el Querer divino y alcanzar la excelencia en nuestra vida por medio de la lucha en los detalles pequeños.

Ninguna actitud es más valiosa que la de un hombre que habiendo caído se sabe levantar, corrige sus errores y sigue adelante, abandonándose a la voluntad de Dios.

¿Cómo aplicamos esta reflexión al ámbito empresarial? De algún modo los empresarios han entendido la importancia del trascender en la vida. Frente a ello la Harvard Business School a través de su profesora Zuboff, diseñó un programa denominado Odisea, mediante el cuál se busca alcanzar la autoreflexión, es decir, permite que cada uno examine atentamente su vida y trate de hallar respuestas a preguntas como: ¿Quién soy?, ¿Hacia dónde voy?, ¿Qué deseo?. Yo le añadiría ¿Qué quiere Dios de mí?, ¿Cuál es mi misión en esta vida?

La vida interior es como la dirección de una empresa, si se sale del camino correcto tanto la persona que la dirige, como la empresa se viene abajo y necesitan volver a levantarse para seguir adelante.

Según Garrigon – Lagrange, en Las tres edades de la vida interior, afirma que "las causas que llevan a no progresar en la vida interior y, por tanto, a retroceder y dar cabida al desaliento, pueden ser muy diversas, pero en muchas ocasiones reducen a unas pocas: el descuido, la dejadez en las cosas pequeñas que miran al servicio y amistad con Dios, y el retroceder ante los sacrificios que nos pide". Estas afirmaciones nos demuestran que el descuido en los detalles pequeños nos puede hacer caer en la comodidad, tibieza y poca fuerza de voluntad para ser mejores personas. Es decir, hacemos sólo lo necesario, más no un trabajo con un valor trascendental agregado.

Hugo Sánchez, profesor de la Escuela de Dirección de la Universidad de Piura, afirma que el éxito y la excelencia son como dos ejes cartesianos que se interceptan en nuestra vida. El hombre para ser feliz necesita de ambos factores. En mi opinión, el éxito corresponde sólo a la satisfacción de nuestro querer humano y la excelencia la satisfacción del querer divino. Esto por que el éxito sólo mira a nuestros intereses, en cambio la excelencia se preocupa por el servicio hacia los demás. Por tanto no sólo debemos aspirar al éxito sino también a la excelencia.

Si cultiváramos la vida interior, el querer divino y la excelencia en nuestras vidas ¿Se imaginan la calidad moral que tendría nuestras empresas y nuestra sociedad?