Familia y Educación

Educación diferenciada. Un derecho de los padres

Escrito por A. Rubiera. Publicado en Educación-Enseñanza.

«Si mi colegio fuera un instrumento de discriminación, un sindicato debe preocuparse por su existencia, no por si le dan o no subvención»
Entrevista con
Guillermo Suárez Noriega, publicada en La Nueva España de Gijón


-¿Qué opina del fallo del Supremo y su declaración de que la educación separada por sexos no es discriminatoria?

-Pues que es lógico y natural. Desde el punto de vista jurídico no puede ser de otra manera. La escuela diferenciada es una opción pedagógica y organizativa. A veces se solemniza mucho al decir que es un modelo de enseñanza, pero no lo es. Seguimos el mismo modelo de educación que todo el mundo, pero sólo optamos por dedicarnos a chicos o chicas exclusivamente.
-También deja claro que, dado que no hay discriminación, no ve ninguna traba a que sea financiada con dinero público.

-No entiendo a quien dice que respeta a nuestros centros, pero va contra nuestros conciertos. Si mi colegio fuera un instrumento de discriminación, es decir, que separa por sexos para perjudicar a una de las partes, el problema es que lo que hace sería anticonstitucional. Con lo cual, el problema no se solucionaría simplemente anulando la subvención. Y, por otra parte, si la educación separada sólo es una opción pedagógica propia del carácter de los centros lo que sí sería inconstitucional es que los conciertos sean una herramienta para inmiscuirse en ese carácter propio y en el ideario. Cualquier sindicato debería preocuparse por evitar no sólo la subvención, sino la propia existencia de cualquier modelo educativo que consideren inconstitucional. Pero no es lógico pedir sólo que les retiren la subvención.
-¿Qué peso tiene en España la escuela diferenciada?

-Es enormemente minoritaria, apenas un 1%, pero en ciudades como Madrid está creciendo especialmente. De ahí el debate que se originó hace unos meses.
-¿Dónde tiene más tradición este tipo de modelo?

-En los países anglosajones. Aunque en los últimos años está resurgiendo ese debate y esa opción en muchas partes del mundo. Y se plantea de dos formas: abriéndose más centros, o aceptando que en algunos colegios mixtos se introduzca parcialmente -por ejemplo, para asignaturas concretas- el esquema diferenciado, porque es una forma de afrontar problemas concretos.
-¿Qué tipo de problemas?

-En EE UU, en Alemania y otros países se está usando para luchar contra los estereotipos de género en la elección profesional, especialmente de las chicas. Se está comprobando, con éxito y buenos resultados, que las chicas eligen con mucha más facilidad opciones científico-técnicas cuando se les dan clases específicamente adecuadas a su forma de aprendizaje y con profesoras. En suma, es plantear que la generalización de la educación mixta no ha respondido a las expectativas, sino todo lo contrario. Porque tanto en la conducta en el aula como en la elección profesional los estereotipos de género han aumentado.
-Si es tan claro, ¿cómo interpreta que el discurso de quienes manifiestan dudas hacia la educación separada por sexos no haya perdido fuerza?

-Frente a lo que mucha gente quiere creer, el debate sobre este asunto en Europa y Occidente no está alineado con la línea de conservadurismo frente a progresismo. No tiene nada que ver. De hecho, una línea de defensa muy fuerte de la educación diferenciada -y no la única- surge de gente enormemente preocupada con la igualdad de oportunidades y con la igualdad entre sexos, en el campo feminista y en otros. Por ejemplo, han manifestado cosas en este sentido feministas como Guilligan o el asesor francés de Educación Michel Fizé, un hombre que procede de la izquierda. Y lo que plantean es eso: que la escuela mixta no ha respondido a las expectativas de la igualdad. Y que la educación diferenciada permite a los dos sexos profundizar mejor en sus características y, por lo tanto, aunque parezca paradójico, disminuir los estereotipos. En Suecia, donde existe una comisión para la mejora de la enseñanza, se determinó que hay que conocer, profundizar y asumir mejor las diferencias entre sexos, porque la mejor manera de que se consoliden las diferencias es ignorarlas.
-O sea, que sostiene que de fondo sólo hay un debate ideológico.

-Yo diría que cuando el debate no es ideológico y se pasan a manejar datos y estudios, hay muchos que hablan de las ventajas de la educación diferenciada y que yo conozca ninguno que apunte contraindicaciones. Y si alguien los tiene, me gustaría saberlos.
-¿En qué se basa el trabajo de educación diferenciada?
-En que cuando uno trabaja desde las diferencias, se aprovechan mejor las destrezas y las disposiciones naturales de cada sexo, lo que nos permite diversificar la dedicación y atajar las consecuencias no deseables. Unos ejemplos: es mucho más fácil que en las escuelas diferenciadas las chicas hagan más deporte y se centren más en actividades científico-técnico, y que los chicos se presten más a dirigir los clubes o las asociaciones, o se dediquen al arte o los idiomas.
-Pero es un modelo que los centros del Opus no contemplan en Infantil, ni en Universidad, donde se trabaja en mixto.

-Porque se recurre a ese sistema en los momentos en que las diferencias madurativas son más acusadas, tanto en la cuestión psico-afectiva como en la puramente intelectual. No sólo es un problema del momento de maduración de chicos y chicas, sino también de la diversidad, de unas maneras y estilos de aprendizaje que son distintos en niños y niñas.
-¿Y no se pierde con ese modelo el conocimiento mutuo que aportan las aulas mixtas?

-Esa fue la tesis por la que se generalizó la coeducación. Pero no parece, con los datos recogidos en estos años, que se confirme esa idea. No hay que olvidar que los jóvenes pasan en la escuela un 15% de su tiempo. Hay que educar en la convivencia entre sexos pero ¿es necesariamente la escuela el sitio idóneo?
-¿Cree que no lo es?

-Lo que creo es que hay muchos más ámbitos. Los problemas de discriminación, de violencia, no son fundamentalmente un problema de escuela. Las actitudes sexistas se aprenden de una manera más acusada en el ámbito familiar y en otros. Y también hay estudios sobre esto que indican que no mejora el respeto en la educación mixta. Tampoco ha funcionado especialmente bien la idea preconcebida de que la mayor tranquilidad de las chicas serviría para moderar el espíritu más desordenado de los chicos. Y frente a todo eso sí hay estudios que dicen que la convivencia y el orden mejora en la educación diferenciada.
-¿Por qué cree que mejora la convivencia en sus centros?

-Porque facilita establecer una frontera entre la cultura de la calle y la del centro educativo. Buena parte de los conflictos actuales en la escuela es por la exportación de los conflictos o peleas del fin de semana al centro educativo. Y la educación diferenciada parece que le pone límites a ese ámbito.
-¿Sabe lo que opinan sus alumnos de no tener chicas en clase?

-Tras un «Informe semanal» que se grabó a final del curso pasado en nuestro centro se montó un debate en el propio colegio y quisimos saber lo que opinaban. Descubrimos, para nuestra sorpresa, que los alumnos mayores confiesan en gran medida que se sienten cómodos con el sistema, aunque dicen que si se lo llegan a preguntar a los 13 años no hubieran dicho lo mismo. Y repetían insistentemente la palabra «paz» como característica del centro, asociada a la facilidad en la convivencia. En una escuela diferenciada las chicas no tienen que estar preocupadas por agradar, y pueden dedicarse a aspectos que les interesan más, y los chicos no tienen que estar preocupados por defender, a como dé lugar, su estatus, atacado sobre todo por la mayor destreza académica de las chicas.
-Hay estudios que apuntan que su modelo puede paliar los peores resultados académicos de los varones. ¿Qué opina?

-Precisamente es uno de los temas que a mí, como educador de alumnos varones, más me interesa. En todo Occidente estamos teniendo un grave problema de bajo rendimiento de los varones que yo me temo que o nos lo tomamos en serio o nos explotará en las manos.
-Determine el problema.

-El fracaso escolar español es mayoritariamente masculino; este año en Asturias se presentó a la selectividad un tercio más de chicos que de chicas y estoy convencido que los resultados han sido mejores los de las chicas. En algunos países ese tema ya ha empezado a preocupar. Tras la revisión educativa que hizo el Reino Unido se vio que las chicas mejoraban en los resultados de sus exámenes en todos los campos educativos -fundamentalmente en el área científico-técnica, porque en el lenguaje históricamente van casi un año y medio o dos por encima de los varones-, pero los chicos no sólo no mejoran, sino que van perdiendo puntuación. Y no hablamos sólo de educación: en Asturias por cada chica que se suicida lo hacen ocho chicos; los problemas de alcohol y drogas de los chicos son cuatro veces los de las chicas; el síndrome de hiperactividad con déficit de atención también se multiplica por cuatro en varonesÉ Todo esto es un tema en el que hay que incidir.
-¿Y para eso tiene claves la educación diferenciada?

-No sería la única respuesta, pero puede aportar algo. Yo defiendo este sistema, pero no lo plantearé nunca como el único, porque no creo que deba ser así.
-¿A partir de ahora, qué espera?
-Que nos dejen trabajar y que se utilice el debate de fondo, no el ideológico, y los estudios que ya existen para avanzar en algunos de los problemas educativos que están emergiendo. Concretamente ya hay líneas de pensamiento que denuncian ese problema que se viene encima que es el de la discriminación educativa de los varones. A mí me parece que lo verdaderamente progresista es que se oferte educación pública diferenciada. Lo sensato, cuando hay un tratamiento médico que es minoritario pero que ofrece alguna expectativa de calidad de vida y sin contraindicaciones, es que se fomente aunque sólo sea para hacer estudios más serios y equilibrados.
-¿Está convencido de que no lleva años educando varones con déficit de relación con las chicas?
-¿Sabe de un solo dato que pueda relacionar la educación diferenciada con algún problema de ese tipo, de falta de comprensión a las mujeres, o de violencia? Yo no tengo ni un sólo dato. Sólo oigo comentarios peregrinos. Y me deja perplejo pensar que si tenemos en cuenta que muchas familias asturianas mandan a sus hijos a Los Robles y a sus hijas al Peñamayor ¿a quién estarían discriminando?