Familia y Educación

La Educación Sexual de los hijos: educación para el amor

Escrito por Ideas claras.com. Publicado en Educación-Enseñanza.

“Les enseñamos los más diversos conocimientos. Les proporcionamos los maestros más eminentes. Pero en lo que se refiere a este instinto sagrado que nace en ellos y que gobernará su vida de hombres, de maridos y de padres, callamos vergonzosamente. Dejamos que se instruyan entre sí. Dejamos a un chiquillo de 14 años, más precozmente informado que nuestro hijo, el cuidado de ilustrarlo acerca del más grande de los misterios de la vida.

Introducción es aplicable también en nuestro país. Una encuesta del Dr. Carlos Alcalde, catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Salamanca, llevada a cabo hace algunos años entre jóvenes de 61 colegios de secundaria de toda España revelaba que el 81,6 por 100 de los muchachos y el 82,4 por 100 de las jóvenes habían recibido sus primeros conocimientos sobre sexualidad a través de medios inadecuados: amigos, lecturas, informaciones callejeras, conversaciones oídas a los mayores... Y aunque en los últimos años hayamos avanzado las jóvenes generaciones de padres son mucho más abiertas, nos queda aún mucho camino por recorrer, tanto a padres como educadores, para encontrar el punto medio exacto, porque o bien seguimos sin prestar la atención debida al tema de la educación sexual, o bien nos vamos al extremo opuesto confundiendo educación sexual con una instrucción naturalista que bordea la pornografía. Tratar de hallar ese punto medio exacto es el objeto de este artículo".

El párrafo anterior de  Maxence van der Meersch, el conocido escritor holandes

1. Parte:

1. El problema: importancia, causas y criterios para su solución.

No dar a los hijos una adecuada educación sexual puede significar que crezcan con una mentalidad deformada sobre estos temas, que vivan momentos de angustia que se les debería evitar, que desconfíen de unos padres incapaces de aclararles sus dudas...

¿Y cuáles son las causas de que haya problema?

¿Cómo extrañarnos de que surjan problemas si este tema, tan importante para ellos, se considera 'tabú' por padres y educadores?

Pero hay más: los padres son los primeros que no han recibido una adecuada educación sexual, ¿cómo van a dársela a sus hijos?, ¿cómo extrañarse de que caigan en una pudibundez excesiva o, por el contrario, en una abierta falta de tacto?

Dejamos a la consideración del lector el análisis de esa serie de circunstancias que se dan en la sociedad de nuestros días y que contribuyen a agravar el problema:

Ambiente: que se erotiza cada día más a través del cine, de las revistas, de la televisión. Lo sexual está de moda, sobre todo lo sexual deformado.

Sociedad: con su confusionismo de ideas sobre la familia, con su crisis de fe, con su adoración a todo lo que signifique placer.

Hogar: los padres disponen cada vez de menos tiempo para los hijos, para escucharles, para atenderles. No se dan cuenta de que ellos, más que tal o cual comodidad para conseguir la cual no ahorran tiempo ni esfuerzo precisan el calor de su presencia y amistad.

Vistas la importancia y las causas del problema, entremos en el análisis de los criterios para su solución:

a. La educación sexual ha de ser clara

Claridad en la explicación: Que el niño no se quede, después de que se le haya hablado, con más dudas de las que antes tenía. La ignorancia no es buena. Puede ser, incluso, causa de problemas al llegar al matrimonio. Escribe la Dra. Fischle Carl: Aún no hace mucho se está refiriendo a Chile estaba vedado emplear en sociedad palabras como parto, amamantar embarazo y sexualidad, porque eran consideradas indecorosas. Las adolescentes no eran educadas para convertirse en mujeres, sino en seres indefinidos. Debían vivir en una absoluta ignorancia patológica hasta el matrimonio, para luego asustarse el día de la boda. Estas criaturas, conservadas artificialmente infantiles, eran consideradas puras y especialmente dignas. No se reconocía que muchas se tornaban frígidas y problematizadas.

Claridad sin mojigatería: Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron. Pocas alabanzas tan exultantes y tan poco ñoñas se hicieron a la Madre de Jesús, a aquella Virgen que siendo adolescente tendría unos 17 años al recibir el anuncio de que habría de tener un hijo exclamó: ¿Cómo puede ser eso si no conozco varón? Y luego se apresuró a ir a casa de su prima Isabel para atenderla en el parto. No: no hay mojigatería en el Evangelio. Y esa Edad Media, tan injustamente menospreciada por nosotros, no tenía inconveniente en pintar Madonnas que dan el pecho al niño Jesús y en llamar por su nombre, sin eufemismos a los órganos sexuales. Proceder muy lógico por otra parte, pues como bella y concisamente escribe Clemente de Alejandría: ¿Por qué vamos a avergonzarnos nosotros de nombrar aquello que Dios no se avergonzó en crear?

Claridad llena de sencillez: No transferir a la ingenua alma del niño el doble fondo de muchos de nuestros pensamientos. El pequeño pregunta sobre estas cosas de la misma forma que lo hace sobre cómo se podrá coger la luna y cuántas son las estrellas. Y con esa misma sencillez, aunque adaptando nuestra explicación a su mentalidad, se le debe referir el plan maravilloso de Dios al incorporar al padre y a la madre a la tarea de la procreación dentro del cálido ambiente familiar.

b. La educación sexual ha de ser gradual

El que la educación sexual deba ser clara no quiere decir que sea total desde el primer momento. El conocimiento sexual ha de ir adquiriéndose paulatinamente al compás del desarrollo corporal y espiritual, desde los cuatro o cinco años hasta el momento del matrimonio. De ese modo irá evolucionando armónicamente toda la personalidad, primero del niño y después del adolescente. Cuando vaya recibiendo la instrucción correspondiente a cada etapa ni más ni menos de la que entonces le es conveniente el muchacho tiene que sentir la impresión de que todo eso lo había vislumbrado y que encaja maravillosamente en lo que ya conocía.

Dedúzcase de esto que debiendo ser la instrucción diversa según la edad, o, mejor aún, según el grado de desarrollo corporal y anímico de cada muchacho, deberá realizarse de modo individual, pues lo que convenga decir a éste, acaso aquél, aunque tenga la misma edad, no está todavía en condiciones de comprenderlo.

En este ir cubriendo gradualmente las diversas etapas de la instrucción sexual, el verdadero peligro está en llegar demasiado tarde. Los compañeros la televisión, las revistas, el ambiente, en definitiva, hacen que, mucho antes dé lo que se sospecha, los hijos tengan ocasión de ser iniciados incorrectamente. Por ello se ha de estar atento, y si por algo se ha de pecar, hacerlo más bien por adelantarse que por llegar demasiado tarde.

c. La educación sexual ha de ser completa

Completa en cuanto a los temas a tocar y en cuanto a la extensión y profundidad con que se tocan. Maternidad, con los detalles, en su momento referentes a la menstruación, al embarazo, al parto, etc. Paternidad, y, en el caso de los jóvenes, fenómenos de erección y polución espontáneas. La fuerza del instinto sexual y su finalidad. Su dominio (educación de la pureza), sus abusos (masturbación), sus desviaciones (homosexualismo, prostitución).Tendrá en cuenta lo biológico y lo propiamente genital sin olvidar los aspectos de higiene y ha de extenderse al espíritu, a las grandes razones del verdadero amor.

Precisamente porque ha de ser completa, no se puede concebir una verdadera educación sexual separada de la educación general del joven. Educación en la que hay aspectos que, aunque directamente se hagan referencia a lo sexual, tienen decisiva influencia sobre este campo: ambiente familiar, armonía entre los padres etc. Muchas veces las faltas en materia de sexualidad son como el escape a la compensación que el joven busca, ansioso de una felicidad que no encuentra en casa.

Educación sexual, pues, clara. Educación sexual gradual. Educación sexual completa. He ahí los tres criterios que deben señalar, en cada momento, el camino a seguir.

2. Quién debe dar la educación sexual

La respuesta es obvia: los padres o quienes hagan sus veces.Lo dice la Iglesia: La educación sexual que es un derecho básico de los padres, leemos en el artículo 5 de la Carta de los Derechos de la Familia debe ser impartida bajo su atenta guía, tanto en casa como en los centros educativos.

Lo dice la Ciencia: Son las manos infinitamente cuidadosas de los padres y no ningunas otras, por sabias que sean escribe el Dr. Marañón las que tienen la máxima eficacia para llevar a cabo la iniciación sexual.

Lo piden los mismos muchachos: Todos los padres deberían comprender dice uno de los adolescentes encuestados por el Dr. Alcalde el bien que nos hacen cuando nos hablan claramente de todas estas sosas que tenemos derecho a saber de una manera limpia y no como algo morboso.

Sin embargo, sólo uno o dos de cada diez niños reciben esta iniciación de sus padres o educadores. Lo normal, indicábamos antes, es la iniciación callejera, deformada, del amigo que vive parecidos problemas y tiene análogas dudas. Y lo que el amigo enseña será completado consultando libros, escuchando a hurtadillas conversaciones, atando cabos de esa película y de aquella revista...

¿Y el colegio? ¿Qué papel está llamado a desempeñar?

Se podría resumir en estos tres puntos:

Instrucción propiamente dicha: de forma análoga a como conocen el aparato digestivo, por ejemplo, los muchachos deben conocer el aparato reproductor. Y es esa una labor propia del colegio. Labor realizada, por supuesto, con la delicadeza que no excluye la claridad que el tema requiere.

Suplencia de los padres: La iniciación sexual como toda educación requiere un ambiente de paz, de confianza, de cariño. . . Al faltar esto en muchos hogares, la iniciación sexual se realiza, si es que se realiza, a contrapelo y de modo forzado: es instrucción, si acaso, pero no verdadera educación. Y es en esos casos donde el puesto de los padres debe ser ocupado por el profesor o profesora, que conoce al muchacho o a la muchacha, que posee su confianza y afecto y que sabrá encontrar el momento oportuno y las palabras adecuadas para una correcta iniciación. ¡Qué labor más bella se presenta aquí al educador verdaderamente preocupado por el bien de los niños y jóvenes a él confiados! ¡Y cuántas veces es algo que, si el educador no realiza, nadie realizará jamás!

Organización de charlas sobre estos temas: charlas que tienen su lugar adecuado en los últimos años de Bachiller y en las que, por ejemplo, un médico un psicólogo, unos padres de familia y un sacerdote o religioso hablen a los jóvenes, cada uno desde sus respectivos ángulos, de lo que más puede interesarles tanto en cuanto a información como en lo relativo a formación de criterios. Cara a la Universidad o al trabajo que se avecinan esta labor del colegio la consideramos importantísima como complemento de la de los padres. Únase a todo lo dicho cuánto puede hacer el colegio estimulando a los padres para que cumplan debidamente esta tarea de la que son responsables.

3. Cómo debe darse la educación sexual

No hay fórmulas prefabricadas. Cada hijo es un caso particular al que hay que atender de acuerdo a sus personales circunstancias de edad, temperamento conocimiento que ya posee, etc. Pero en todos los casos se han de respetar estas dos normas:

No engañar nunca. Consecuencia: destierro definitivo de los niños que vienen de París y de leyendas de cigüeñas y de repollos. ¿Cómo habrán preferido las pasadas generaciones de padres y educadores estas ridículas historias a la infinitamente más bella que encierra la verdad? Porque, ¿puede haber para un niño una verdad más bella que el saber que antes de que fuera suficientemente fuerte para nacer estuvo no en el pico de una cigüeña o entre las hojas de un repollo, sino resguardado dentro de esa madre que tanto significa para él?

Hablar de esto con gran sencillez con la misma naturalidad que sobre cualquier otro tema que despierte la curiosidad del niño, aclarándole desde el primer momento:

·                                 Que es bueno que quiera saber estas cosas y pregunte sobre ellas a papá o mamá.

·                                 Que en el cuerpo no hay partes buenas y partes malas o feas, sino que todas las partes son buenas porque las hizo Dios y tienen su fin.

·                                 Que los órganos sexuales tienen su nombre pene, testículos, vagina, matriz, exactamente igual que los oídos, los dedos y el ombligo. Y que él debe conocer esos nombres y emplearlos con naturalidad, en lugar de las groseras expresiones que circulan entre esos mozalbetes que se las dan de saber todo.

 2ª Parte

Esto supuesto, veamos ya con cierto detalle cuándo y cómo se ha de actuar en la infancia, en la adolescencia y en la juventud.

1. En la infancia
En la infancia se ha de responder a tres preguntas que el pequeño, a medida que crece, se va planteando: ¿de dónde vienen los niños?, ¿cómo nacen?, ¿cómo llegan al vientre de la madre?

He aquí una posible fórmula: Entre los 4 y los 6 ó 7 años, la madre, aprovechando una pregunta del niño, el embarazo de una señora, el nacimiento de un hermanito, etc., le coge cariñosamente y le dice más o menos: Tú sabes que todos los niños tienen una mamá. Sin mamá no puede nacer ninguno. Dios ha puesto como un nidito en el lugar más hermoso del mundo, dentro de la misma madre, para que el niñito esté seguro y protegido. Tú también has estado aquí dentro. Primero eras tan pequeño que apenas se te notaba, pero luego te fuiste haciendo mayor, y papá y yo nos alegramos mucho porque podíamos sentir las palpitaciones de tu corazón y notar los movimientos de tus piernas y brazos. Y así fueron pasando los nueve primeros meses de tu vida desde que tú eras tan diminuto como la cabeza de un alfiler hasta que te hiciste un bebé que ya podía nacer. Ahora comprendes por qué cuando una señora va a tener un hijo tiene el vientre abultado: es que allí dentro está creciendo un niñito hasta ser suficientemente grande para poder nacer. Se ha apaciguado el primer afán de conocimiento del niño.

Pero acaso ya en aquella primera conversación o bien algunos días más tarde el pequeño ha vuelto a pensar sobre todo esto, se pregunta por dónde y cómo pueden salir los bebés del vientre de la madre. En otras palabras: ¿cómo nacen? Y esto es conveniente aclarárselo, porque entre ellos suelen circular las ideas más peregrinas: unos piensan que los niños nacen por el ano, otros por el ombligo, otros que operando a la madre...

La conversación, en el mismo ambiente de intimidad, puede continuar así:

Después de estar nueve meses dentro de la madre, los niños son ya suficientemente fuertes como para nacer. ¿Y sabes cómo nacen, por dónde salen del vientre de la mamá? Es muy sencillo, fíjate: tú sabes que los niños tienen una colita que les sirve para orinar y las niñas orinan por un agujerito. Pues bien: al lado de ese agujerito tienen las niñas como una rendijita que se puede ir haciendo cada vez más grande. Cuando una niña se hace mayor es ya una señora y va a nacer su hijito, esa rendija se hace más grande, más grande, estirándose como si fuera de goma, y el chiquitín nace por ahí. Casi siempre sale primero la cabeza para que el bebé pueda respirar enseguida dentro respiraba la madre por los dos después salen los hombros, los bracitos y al fin las piernas. Y entonces se vuelve a cerrar poco a poco la rendija.

¿Ves? Así nacen los niños; así naciste tú. Puedes imaginar la alegría que papá y mamá tuvimos ese día. Hablábamos de lo guapo que eras, del nombre que te íbamos a poner... Y dábamos a

Dios gracias porque nos había hecho el gran bien de que estuvieras ya con nosotros y fueras nuestro hijo.

Ya sabe el hijo de dónde vienen los niños y cómo nacen. Pero entre los 7 y los 9 ó 10 años el niño se plantea, o se la plantean los padres, una pregunta que hasta entonces estaba como latente y dormida en él. Se quedó tranquilo al saber que los niños están dentro de la madre y que cuando ya pueden vivir solos, nacen.

Pero más pronto o más tarde surge una nueva cuestión: ¿Y cómo entran en el vientre de la madre? El haber tenido con ellos la anterior iniciación hará ya muy fácil el camino para esta tercera etapa:

Ya sabes que cuando el niño es muy pequeñín tiene un rinconcito resguardado en el vientre de su madre pero alguna vez te habrás preguntado cómo llegó hasta allí. Hoy te lo voy a explicar. En el padre hay como un poder especial que puede hacer surgir en la madre un nuevo niño. Habrás visto que los chicos y los hombres tienen junto a la colita por donde orinan como una bolsa pequeña. Dentro de esa bolsa hay unas semillas semen.

Al unirse estas semillas del padre con un pequeño huevecito ovulo que produce la madre, dan origen a un nuevo niño. Cuando papá y mamá se quieren, duermen juntos y se abrazan, el semen del padre puede penetrar a través de su colita en el vientre de la madre, juntarse con el óvulo y así comenzar a existir un niño. ¿Ves? La colita de los hombres pene es su verdadero nombre además de servir para orinar, sirve cuando son papás para acercar el semen al óvulo y que un nuevo niño comience a vivir. El pene entra en el vientre de la madre por aquella misma rendijita, ¿recuerdas? por la que después nace el niño. ¿Ves ahora por qué tienes que querer mucho a papá? ¡Sin él nunca hubieras existido!

Así concluye esta primera iniciación, fundamental y decisiva sobre los dos grandes enigmas que preocupan al niño: papel de la madre y papel del padre en la procreación. Obsérvese que todos estos conocimientos, fieles a la verdad aunque adaptados a su mentalidad, el niño los va a poseer antes de los 10 años es decir, bastante antes de la época en que las pasiones se despierten en él. Su adolescencia no se verá, pues, perturbada por el deseo de saber lo que ignora, porque no ignora nada de lo que en su día y según lo que pedían sus años le fue dado a conocer.

2. En la adolescencia
Consideremos dos etapas: la preadolescencia y la adolescencia propiamente dicha.

En la preadolescencia, de los 11 a los 12 años, se ha de prestar especial atención a las niñas. Es muy importante que la hija esté debidamente iniciada antes de que le ocurra del hecho de la menstruación. Y es la madre la persona más indicada, por lo general, para informarla:

·                                 Aclarándole los hechos

Quizás hayas oído puede decirle aprovechando un momento de intimidad que al llegar a cierta edad, las chicas tienen como un flujo de sangre. Te voy a explicar qué es esto para que no te asustes el día que te suceda.

Dios puso en tu cuerpo todos los preparativos necesarios para que, cuando seas mayor, puedas tener un hijo. Para eso en tu interior hay dos ovarios que son como los estuches de la vida, pues en ellos se forma el óvulo que al unirse con la semilla del hombre que se case contigo esa semilla se llama espermatozoide va ha formar el nuevo niño.

Pues bien: desde que se es un poco mayorcita cada mes se desprende un óvulo de los ovarios y se dirige a la matriz. La matriz se llena de sangre y de sustancias alimenticias formando como un cojín mullido donde se recostará el óvulo fecundado por el espermatozoide ya será un nuevo niño y allí irá creciendo durante nueve meses, hasta nacer. Pero el óvulo de la mujer, cuando no se une con la semilla del hombre, como ocurre cuando no se está casada, deja de vivir sin fecundar sólo vive unas horas y no se llega a formar el niño. Entonces, al no haber niño sobra la cuna que le estaba preparada y el cuerpo expulsa toda la sangre y las sustancias que había almacenado. Esto es el flujo de sangre que dura varios días y que se llama período o regla. El día que notes que te comienza a ocurrir, no te inquietes: dímelo y yo te diré lo que debes hacer. Quizás tengas algo de desgana y como mal humor, pero te sobrepondrás a ello porque es un día muy hermoso en tu vida: es como la señal de que ya eres mujer, de que ya podrías tener hijos.

·                                 Tranquilizándola

A veces, al comienzo, estas reglas son muy irregulares. No te preocupes: a unas chicas les viene antes y a otras después. Luego duran hasta que se tiene cuarenta o cuarenta y cinco años. Entonces los ovarios dejan de producir óvulos, y cesan las reglas. Por eso no tienen hijos las mujeres a partir de cierta edad. Y de paso fíjate que bien lo hace Dios: dejan de poder ser madres cuando ya van siendo mayores y tienen menos fuerzas para sacar adelante y cuidar a sus hijos.

Así pues, no te asustes el día en que te lleguen esas reglas. Luego, las tendrás todos los meses hasta que te cases y vayas a ser madre. Porque entonces, cuando el óvulo de la mujer se une al espermatozoide del varón, se forma el niño y, al haber niño, ya tiene razón de ser la cuna que en la matriz se había preparado, y no es expulsada fuera. Por eso durante el embarazo cesa el período, porque esas reservas de la matriz se emplean para alimentar al pequeño que ya comenzó a vivir. Y las reglas sólo volverán a tenerse cuando ya el niño haya venido al mundo.

De modo análogo a como se ha aclarado a la hija el hecho de la menstruación, se debe hablar al hijo, al llegar a los 12 o 13 años, de la polución nocturna:

·                                 Aclarando los hechos

Algunas noches despertarás sobresaltado puede decirle el padre en una de esas conversaciones que de hombre a hombre tiene con su hijo porque has tenido una emisión de semen. Acaso ha sido durante un sueño con escenas incitantes. O quizás estabas medio dormido y no has podido hacer nada por evitarlo.

No te preocupes, ni te creas anormal. Esto les pasa a todos los chicos cuando comienzan a hacerse hombres. Se trata sencillamente de la eliminación del semen sobrante que el organismo no reabsorbe.

·                                 Tranquilizándole

No pienses que esto perjudica tu salud. En modo alguno. Lo que sucede es que el líquido espermático que el organismo no cesa de producir se acumula como en un estanque. Y algunas veces, con excitaciones inconscientes contacto con la ropa, calor de la cama, sueños etc. se produce más del normal y por ciertos mecanismos nerviosos se abren esas compuertas dando lugar a la salida del semen salida que se llama eyaculación, o polución nocturna. Este fenómeno comienza unas veces antes y otras después, pero en torno a los 13 ó 14 años, si no antes, es seguro que lo observarás en ti mismo. Estate preparado para ello y recíbelo con toda tranquilidad incluso con la satisfacción que te supondrá el saber que tu cuerpo comienza a estar preparado para ser padre.

¡Cómo agradecerá el hijo o la hija el interés que se les muestra y cómo se les predispone favorablemente para que acudan a los padres en las dudas que les vayan surgiendo! Estar, pues, atentos tratando de encontrar el momento más oportuno para darles esta información y como indicamos anteriormente si se ha de pecar por algo, que sea más bien por adelantarse que por llegar demasiado tarde.

Pero sería equivocarse pensar que, con esa instrucción a las hijas de 11 a 12 años sobre la menstruación y a los hijos de 12 a 13 años sobre la polución nocturna, se ha cumplido ya con la tarea. Educación sexual es algo más que mera instrucción. Y precisamente porque los años que se avecinan van a ser escenario de graves tensiones emocionales y psíquicas, además de fisiológicas, se impone una labor preparatoria que les permita afrontar, con probabilidades de éxito, las dificultades que van a surgir. Esta labor no es de instrucción sexual propiamente dicha, pero va ha tener una importancia decisiva en la educación sexual de los hijos.

¿En qué consiste?

Sencillamente en esforzarse en conseguir:

Una relación de auténtica amistad con el hijo o la hija, en la medida en que los padres pueden ser amigos de los hijos... Las relaciones padrehijo o madrehija van a pasar por un período de crisis en los años siguientes, pero esta crisis será tanto más pasajera cuanto más, en los años anteriores, el niño o la niña se hayan sentido comprendidos por sus progenitores.

Un gradual fortalecimiento de su voluntad, que ha de írseles inculcando paulatinamente a través de las circunstancias más corrientes de la vida ordinaria: desde el acostumbrarse a horas fijas de acostarse y levantarse hasta respetar el tiempo de estudio, pasando por el esfuerzo que han de realizar para conseguir su paga semanal, la ayuda de las tareas de casa, limpiarse los zapatos, poner la mesa, tener ordenadas sus cosas, etc.

Finalmente, un progresivo afianzamiento de su fe religiosa. En ella encontrarán los hijos las razones más poderosas para dominar su instinto. Y si tropiezan, esa religiosidad hallará el amigo que les levante y les haga reemprender el camino recto. Dedúzcase de esto la importancia que tiene por su repercusión en la fe del adolescente el ambiente familiar y del colegio, el ejemplo de sus padres, los grupos juveniles en que se integre, etc. Llegan los 13, 14, 15 años... y con ellos un fenómeno que, aunque acaso iniciado en la niñez, cobra aquí especial importancia, sobre todo en los muchachos: la masturbación. No exagerar pensando en que la masturbación es segura fuente de graves enfermedades, y menos aún emplear argumentos terroríficos falsos por otra parte para desterrar este vicio de los jóvenes.

Tampoco minimizar el problema: las estadísticas dan que del 20 al 25 por ciento de las muchachas y del 85 al 90 por ciento de los adolescentes caen, más o menos intensamente, en prácticas masturbatorias. Y las consecuencias son éstas: En el campo psicológico: debilitamiento de la voluntad, falta de confianza en sí mismo, melancolía, excesiva introversión... En el campo intelectual: falta de entrega al estudio, atención dispersa no pocas veces tienen el libro delante y la imaginación Dios sabe dónde padezca, desinterés por cualquier tipo de actividad... En el campo religioso y moral: abandono de los sacramentos, debilitamiento de una fe con la que no es compatible tal proceder, vivir para el placer...

Se trata, pues, de un problema real y no sólo desde el punto de vista religioso al que padres y educadores han de hacer frente, desde la misma niñez y prepubertad, con aquella labor preparatoria de que hemos hablado, y actuando, a lo largo de la adolescencia, sobre su inteligencia, su corazón y su voluntad.

·                                 Sobre su inteligencia

Nuestra acción sobre la inteligencia del muchacho debe salir al paso de ideas erróneas que, no raras veces, circulan entre ellos:

Es necesario decir a los jóvenes advierte el Dr. Marañón y es necesario que sean los médicos y no los curas los que se lo digan, que la castidad no sólo no es perjudicial a la salud, sino ahorro de la vitalidad futura, y que la condición del hombre no se mide por el garbo con que ejecute el acto sexual. Por el contrario, si hay una virtud específica de esa condición del hombre es la virtud de la renunciación.

Los argumentos que se aducen en contrario necesidad de expulsión del esperma, enfermedades, etc. no son sino débiles justificaciones a una evidente falta de voluntad y control:

¿Necesidad de expulsión del esperma?: la naturaleza ha atendido ya con las poluciones nocturnas y sin necesidad de provocación artificial a esa evacuación.

¿Enfermedades provenientes de la abstinencia sexual?: recordarles el caso de tantos religiosos y religiosas célibes, con una salud envidiable y una duración media de vida superiora los casados pese a traba os agotadores en misiones, hospitales, enseñanza, etc...

¿Males psíquicos originados por la castidad?: ciertamente que el autodominio supone una tensión. Pero esa tensión es positiva. Lo malo es precisamente el abandono, el caer en ese debilitamiento de la voluntad, en esa pereza intelectual, en esa melancolía y pesimismo, en ese desequilibrio nervioso, etc. a que lleva la masturbación. ¡Esos sí que son males psíquicos!

Finalmente, en este actuar sobre su inteligencia, ocupa un lugar importante la lectura. Los libros no suplen a los padres, pero lo que acaso éstos no fueron capaces de aclarar puede hacerlo un buen libro. De ahí la conveniencia de que en esa pequeña biblioteca que los hijos van formando junto a las biografías los libros de aventuras, de viajes o de ciencia ficción, haya también lugar para obras especialmente dirigidas a los jóvenes y que contribuyen a formar su carácter y a educar su pureza.

·                                 Sobre su corazón

En estos años el joven comienza a interesarse por las chicas. Tímido con ellas, siente a la vez su atracción. Y ve nacer en su corazón el primer amor.

Pues bien: ese primer amor puede ayudar al adolescente en la lucha por la pureza. Se trata de algo que pasará como una nube de verano, pero que contribuye, no raras veces, a elevar el espíritu del joven.

No oponerse, por tanto, a estas relaciones entre ellos y ellas, aunque tampoco favorecerlas en exceso. Unos padres discretos sabrán, con mirada atenta, aprovechar todo lo que en esto puede haber de bueno y evitar lo menos conveniente. 

·                                 Sobre su voluntad

Fijarse en tres puntos de especial interés:

Una distribución bien meditada del trabajo diario, distribución en la que el tiempo de estudio tiene lugar de honor, pero también hay lugar para el juego, el descanso, la familia, etc.

El deporte, medio importantísimo tanto para el desarrollo físico como para el fortalecimiento de la voluntad, exige salir de sí, dominarse, someter el cuerpo a una disciplina, etc.

Pertenecer a algún grupo cultural, apostólico, deportivo.... Aparte del enriquecimiento que supone para su espíritu, el descubrimiento de la amistad le hará salir de su egoísmo, superar su introversión y abrirse nuevos horizontes, polarizando su interés en campos distintos del sexual.

Adviértase, finalmente, que, aunque los padres hayan conseguido ganar su confianza, hay aspectos muy personales, muy íntimos, de los que el joven difícilmente les hará partícipes. De ahí las ventajas que supone para él encontrar en un sacerdote amigo en tal Padre del colegio, en el capellán del grupo scout la persona que le pone en paz con Dios y con su propia conciencia, que le aclara dudas, que le aconseja sobre tal o cual aspecto delicado, etc. Poner al hijo o a la hija, de manera discreta y respetando su libertad, en vías de que se encuentre a tal persona, es una de las más bellas y eficaces misiones como padres y educadores.

3. En la juventud

Aunque las relaciones entre ellos y ellas, primero, y los criterios sobre el noviazgo, después, deben formar parte de una verdadera educación para el amor, sólo nos ocuparemos, por referirse directamente a lo sexual, de las relaciones sexuales prematrimoniales:

Las relaciones sexuales prematrimoniales escribe el Dr. Angel Sopeña Ibáñez tienen vigencia progresiva y real en todos los medios sociales. Enorme número de parejas de novios de todos los niveles económicos y sociales, con proyecto matrimonial civil o religioso, acuden a la consulta médica en petición de medios de control de natalidad hasta que su situación, universitaria o laboral, les permita una mayor liberalización económica para soportar un embarazo.

Esta opinión del Dr. Sopeña concuerda con los resultados de una encuesta llevada a cabo entre las alumnas de determinada Facultad madrileña. Según dicha encuesta, el 70 por ciento de ellas tomaban anticonceptivos, habitual o esporádicamente.

Tratemos de buscar las causas de estos hechos:

La crisis familiar, reflejada en la mayor libertad de los hijos y en el debilitamiento de la autoridad de los padres. Cada vez es más frecuente el caso de jóvenes de distinto sexo que pasan lejos de los suyos los fines de semana. ¡Cuántos jóvenes tienen experiencias prematrimoniales en el propio domicilio de sus padres mientras éstos pasan los días festivos en el campo! ¡Cuántos coches, que los padres dejan a los hijos para darse una vuelta con los amigos, han sido testigos en lugar apartado y solitario de escenas cuyo sitio adecuado era el lecho conyugal!

La píldora. Para una juventud sin convicciones religiosas carente del freno de la familia tradicional y respirando un ambiente hipersexualizado, la píldora constituye una liberación. La usará la joven que desea vivir esa experiencia nueva que es el placer sexual, y la que ve en su entrega el medio de atraer al muchacho que le gusta, y la que busca la seguridad de sentirse deseada al menos en su cuerpo y la que quiere evadirse de una realidad que le hastía... El placer sexual, separado mediante la píldora de sus posibles consecuencias generativas, viene a ser como la droga que transporta a mundos maravillosos... sin tener que preocuparse de que después se presenten efectos nocivos.

La hipersexualidad dominante. La relación sexual normal o desviada, fuera o dentro del matrimonio es asunto de moda. En los cines, en los teatros en las revistas y periódicos, en la misma televisión, están al orden del día las escenas más íntimas relacionadas con la sexualidad. Mostrar sobre esto ideas 'poco avanzadas' equivale a ser tachado de ñoño y de criterios trasnochados. ¡Los mayores insultos que se pueden hacer a un joven!

Estos son los hechos, el ambiente con el que se encuentran los hijos en la Universidad o en el trabajo. Y les puede asaltar la duda: si los demás lo hacen, si no causamos daño a nadie, si con la píldora se evita un posible embarazo, ¿por qué no ofrecernos esta prueba de amor?, ¿por qué no comprobar previamente el matrimonio si nos vamos a completar en un aspecto tan importante como el sexual?

¿Qué pensar de estos argumentos?
Aún sin entrar en consideraciones de carácter religioso, hay razones válidas para todos y que se deben dar a los hijos que llevan a rechazar las experiencias sexuales prematrimoniales:

Las relaciones sexuales prematrimoniales conducen a decisiones equivocadas. Para que dos experiencias sean comparables, han de realizarse en circunstancias semejantes. Ahora bien:si se consulta a los esposos sobre su vida sexual matrimonial, indicarán que han necesitado varios años, en la mayoría de los casos, para ir conociéndose y acoplándose; incluso que sólo han conocido una perfecta compenetración después de la llegada de los hijos. Hablarán de la influencia de aspectos de tipo psíquico y de la importancia de su paz y del sosiego para que el acto sexual se realice a plena satisfacción de ambos. Compárense esas situaciones con las de los novios que quieren conocerse sexualmente: la tensión emocional derivada de la circunstancia de que aún no están casados, la posibilidad de que ella quede embarazada, el peligro de ser descubiertos, el temor de que puedan defraudarse mutuamente, etc., les conduce a experimentar, en mayor o menor grado, sentimientos de ansiedad y de culpa. Por ello es fácil que la chica se muestre frígida y el muchacho parcialmente impotente.

Esto supuesto, si como consecuencia de ese fracaso renuncian a unirse en matrimonio, ¿no están exponiéndose a causa de esas relaciones a una decisión equivocada?, ¿quién les dice que pasado cierto tiempo como en tantos matrimonios ocurre no iban a tener una vida sexual perfectamente lograda?

Pero supóngase que la experiencia fue positiva. ¿Quiere eso decir que ya pueden ir tranquilos al matrimonio? En modo alguno. No pocos cónyuges comienzan bien su vida íntima y después a consecuencia de problemas de carácter, desconocimiento de las peculiaridades del otro sexo, dificultades originadas por la vida familiar o profesional, etc. desembocan en una verdadera inadaptación sexual. Se ve, pues, que ni en caso de ruptura ni en caso de continuar el noviazgo, es conveniente tomar como dato fiable lo que ocurre en la experiencia prematrimonial.

Las relaciones sexuales prematrimoniales darían el amor. Los jóvenes que ya consiguen en el noviazgo lo que deberían alcanzar en el matrimonio, no tendrán el afán de llegar a una boda que, en este aspecto, nada nuevo les va a dar. Y si llegan a casarse, ¿lo harán con la ilusión de quienes, habiéndose respetado en el noviazgo, esperan la gran revelación, el completo conocimiento y total entrega atados ya por un lazo que sólo la muerte podrá romper? Es claro que no. Por otra parte, el saber que no fueron capaces de esperar hasta el matrimonio, ¿no les llevará a dudar después el uno del otro? Porque también, una vez casados, se presentarán ocasiones en que hayan de dominarse por fidelidad al cónyuge, y el precedente que tienen el uno y el otro no es precisamente positivo.

Las relaciones sexuales prematrimoniales perjudican al hijo que puede llegar. Porque esa posibilidad siempre existe. Y acaso los novios no están preparados para poder atenderle. Aparte de que la angustia en que viven los meses anteriores al nacimiento no es el mejor ambiente para recibir al niño, y puede dejar en él una triste huella. Todo esto, en el supuesto de que no se inclinen por la fácil solución del aborto con todo el trauma que supone para una mujer joven el haber destruido a su primer hijo.

Las relaciones sexuales prematrimoniales conducen pues, a decisiones equivocadas, dañan el amor y perjudican al hijo qué puede llegar. Sin embargo, difícilmente se les pondrá freno mientras la obsesión por lo sexual y la crisis de la familia continúen siendo el pan nuestro de cada día en esta sociedad que ha olvidado los valores morales fundamentales.

¿Cuál sería la solución a este problema?
Tener un sentido espiritual del matrimonio, convencidos de que, siendo importante en él el aspecto sexual, en modo alguno es el único, porque los cónyuges, además de varón y mujer, han de ser el uno para el otro amigos compañeros y colaboradores en la gran tarea de construir un hogar y sacar adelante a unos hijos; poseer criterios claros sobre el noviazgo, periodo de conocimiento y preparación al matrimonio pero no matrimonio anticipado, tiempo en que se promete todo pero no se da todo; evitar los peligros, porque de poco valen las razones de la inteligencia cuando el corazón tiene otras razones. La atracción del hombre y la mujer busca su plenitud en la unión física, y, si no se evitan las ocasiones próximas, los resultados no se harán esperar: quien ama el peligro en él perecerá.

Siendo fieles a estos tres puntos, el problema, aunque nunca se solucione totalmente, se mitigará en gran parte, y el período de noviazgo se situará en un verdadero lugar cumpliendo aquellas palabras del Fausto, de Gounod: 'Nunca entregues tu amor ligeramente hasta que lleves el anillo de la boda'.

Y llega el gran día en que la educación sexual deja paso a través del matrimonio a la experiencia, a la integración en el amor conyugal, mucho más amplio, de esa parte importante que se llama vida sexual.

Aquí ya en esa vida matrimonial que estrenan los hijos salvo que sean consultados expresamente, la actitud de los padres debe ser de una delicada prudencia. Es algo tan íntimo de los nuevos esposos, que la discreción sobre este punto se impone. Lo cual no es obstáculo para que, con anterioridad a que el matrimonio se haya contraído, se procure:

·                                 Que los hijos realicen cursos prematrimoniales, en los que se les oriente sobre aspectos que abarcan desde el sentido y fin del matrimonio hasta economía doméstica, relación con la familia del cónyuge, fisiología relacionada con la vida matrimonial, primeros tiempos de ajuste y rodaje, etc. Piénsese que, aun cuando sólo fuera para dar ocasión a los futuros esposos de que comenten entre ellos estos temas, ya habría razón suficiente para seguir tales cursos.

·                                 Que lean en común libros que completen su formación sobre la vida matrimonial. Libros que, después, en los primeros tiempos de casados, cuando aún no hay niños que absorben todo el tiempo, podrán seguir contribuyendo a formar sus criterios y a encauzar debidamente su proceder, tanto en el aspecto sexual conyugal, como en los de comprensión mutua, fidelidad, relación con terceros, etc.

·                                 Que se dejen aconsejar. La experiencia de otras personas y concretamente de los padres puede enriquecerles evitándoles muchos traspiés. Escuchar cuando todavía no es demasiado tarde: aún están a tiempo de considerar si aquella persona es el padre o la madre que conviene den a sus hijos. Escuchar sobre su situación económica: el amor necesita un soporte de bienestar material razonable. Escuchar sobre aquella compra que van a realizar: aunque de momento les proporcione las cuatro paredes de un piso, acaso les tenga los primeros años de vida matrimonial ¡tan decisivos! atados a deudas y con angustia de ver llegar el fin de mes sin dinero suficiente. Que la prudencia y el buen sentido de los padres atemperen la ilusión razonable y bella, por supuesto, pero que debe armonizarse con un sano realismo de los jóvenes que van a casarse.

¿Que conseguir todo esto es difícil? Más que difícil diríamos que es algo que no se puede improvisar que requiere todo un proceder habitual en la misma línea. Pero si a lo largo dé las etapas anterioresniñez, adolescencia, juventud se les aclaró puntualmente cuanto se refería a los problemas más íntimos de la vida, en vísperas del matrimonio, cuando se les hagan todas estas reflexiones escucharán también gustosos, pues se darán cuenta de que, ahora como antes, sólo su bien es lo que se busca.

Algunos libros de interés para padres y educadores

a) De carácter general, para leer y comentar entre los esposos:

Reimprecht, Hamsheinz: Educar con optimismo a la juventud, Editorial Herder, Barcelona, 1974.

Courtois, Gastón: El arte de educar a las niñas de hoy. Sociedad de Educación Atenas, Madrid, 1968.

Osterrieth, Paul: Psicología infantil, Morata, Madrid, 1979.

b) Para dar a los hijos y comentar con ellos sobre educación sexual:

Castaño Bautista, Adolfo: Cómo nace una familia, Editorial Fontenella, Barcelona,1966. (Para niños de 5 a 7 años).

Artus, Andrés: Los misterios de la vida al alcance de las niños, Nova Terra, Barcelona 1967. (Para niños de 7 a 10 años).

Torres, Alberto: Enséñenos la verdad, Sal Terrae. Santander,1969. (Para muchachos de 11 a 13 años).

Pereira, Clemente: Díganos la verdad. Sal Terrae. Santander, 1969. (Para muchachos de 11 a 13 años).

Quoist, Michel: Dar, el diario de Ana María, Herder. Barcelona,1965. (Para chicas de 14 a 17 años).

Quoist, Michel: Amor, el diaria de Daniel. Herder. Barcelona,1965. (Para chicos de 14 a 17 años).

Doctor Carnot: El libro del joven y el Libro de la joven. Studium, Madrid, 1972. (Para jóvenes de 18 a 21 años).

c) Algunas obras de Luis Riesgo Ménguez y Carmen Pablo de Riesgo:

La familia ahora, Rialp. Madrid, 1980.

Lo que Dios ha unido, EAPSA. Madrid, 1975. (Prodein, Zurbano 20, 2).

Los derechos de los hijos. Prensa Española, Madrid, 1979 (CEPE, Gral. Pardiñas 95).

Los puntos clave de toda educación, Narcea. Madrid, 1982

Los padres ante la adolescencia de las hijos, Narcea, Madrid, 1983.

Infancia y educación familiar, Narcea. Madrid, 1985.

Fuente: Club Juvenil Cyara
Por: Luis Riesgo Ménguez y Carmen Pablo De Riesgo

Para padres con hijos de 6 a 8 años

Algunas características de la educación en esta edad tomadas de la Instrucción "Sexualidad humana. Verdad y significado", desde la edad de seis años hasta la prepubertad, cuyo inicio se coloca en la manifestación de las primeras modificaciones en el cuerpo del muchacho o de la muchacha efecto visible de un creciente influjo de las hormonas sexuales.

Ha desaparecido la sexualidad instintiva rudimentaria del niño pequeño. Los niños y las niñas de esta edad no están particularmente interesados en los problemas sexuales y prefieren frecuentar a los de su mismo sexo. Una prudente formación al amor casto ha de ser en este período indirecta, en preparación a la pubertad, cuando sea necesaria la información directa.

Acepta la necesidad de la modestia en la manera de vestir y en el comportamiento.

Aun siendo consciente de las diferencias físicas entre ambos sexos, muestra en general poco interés por las funciones genitales.

El descubrimiento de las maravillas de la creación, propio de esta época, y las respectivas experiencias en casa y en la escuela, deberán ser orientadas hacia la catequesis y el acercamiento a los sacramentos, que se realiza en la comunidad eclesial.

Este período de la niñez no está desprovisto de significado en términos de desarrollo psicosexual. El niño o la niña que crece, aprende, del ejemplo de los adultos y de la experiencia familiar, qué significa ser una mujer o un hombre.

No se han de despreciar las expresiones de ternura natural y de sensibilidad por parte de los niños, ni, a su vez, excluir a las niñas de actividades físicas vigorosas.

En algunas sociedades sometidas a presiones ideológicas, los padres deberán cuidar también de adoptar una actitud de oposición exagerada a lo que se define comúnmente como «estereotipo de las funciones».

No se han de ignorar ni minimizar las efectivas diferencias entre ambos sexos y, en un ambiente familiar sano, los niños aprenderán que es natural que a estas diferencias corresponda una cierta diversidad entre las tareas normales familiares y domésticas respectivamente de los hombres y las mujeres (que incluye también la colaboración de los niños en la buena marcha del hogar).

Para el niño es un período oportuno para establecer una buena relación con el padre. En este tiempo, ha de aprender que su masculinidad, aunque sea un don divino, no es signo de superioridad respecto a las mujeres, sino una llamada de Dios a asumir ciertas tareas y responsabilidades. Hay que orientar al niño a no ser excesivamente agresivo o estar demasiado preocupado de la fortaleza física como garantía de la propia virilidad.

En el contexto de la información moral y sexual, pueden surgir en esta fase de la niñez algunos problemas.

Una dificultad aparece cuando los niños reciben una información sexual prematura por parte de los massmedia o de coetáneos descarriados o que han recibido una educación sexual precoz. En esta circunstancia, los padres habrán de comenzar a impartir una información sexual limitada, normalmente, a corregir la información inmoral errónea o controlar un lenguaje obsceno.

Los padres deben proteger a sus hijos de posibles violencias sexuales -sin olvidar las agresiones visuales sobre sus hijos, educándolos en la modestia y la reserva ante personas extrañas; además, impartiendo una adecuada información sexual, sin anticipar detalles y particulares que los podrían turbar o asustar.

Cómo informar entre los 6 y los 9 años

Los niños son curiosos y por eso, ya desde pequeños, pueden demostrar curiosidad por las cosas relacionadas con el origen de la vida y hacer preguntas en ese sentido. Pero no tienen ninguna intención sexual. Somos los mayores quienes proyectamos en su pregunta nuestra sexualidad y si no obramos con naturalidad el niño caza al vuelo que su pregunta tiene algo raro, que no se le contesta de la misma manera que otras veces, incluso que no se le contesta. Entonces la curiosidad aumenta y como sabe que en sus padres no va a encontrar respuesta, pregunta por otro sitio. Le llega el descubrimiento a través de otras personas ajenas que, casi siempre, lo hacen de forma brutal, soez, causándole una impresión que será difícil borrar y que, en muchos casos, puede influir para siempre en su vida afectiva y moral. Por eso es necesario contestar a todas las preguntas de los niños. La catequesis familiar desarrollada por el padre es muy adecuada para que la orientación sea siempre personalizada y gradual, sin pretender agotar el tema en una sesión.

Entre los seis (y antes) y los diez años de edad los niños preguntan de todo y, respecto al sexo, sus preguntas más frecuentes son:

¿De dónde vienen los niños?
Dice don Víctor García Hoz: «Es propio de la naturaleza humana aspirar a la verdad; el niño, por pequeño que sea, tiene derecho a ella, con lo cual está dicho que los cuentos de los nenes viniendo de París o traídos por la cigüeña deben ser desterrados absolutamente, porque los niños tienen derecho a la verdad. »

A una madre de familia le hicieron esta pregunta: Oye mamá, a ver si me explicas cómo nacen los niños, pues eso de que los traen las cigüeñas es rarísimo habiendo aviones...

Damos a continuación algunas respuestas que se pueden dar a esa pregunta tan frecuente:

Los niños los manda Dios y al principio están en una especie de cunita que las madres tienen en su cuerpo.

Los niños vienen de Dios que es quien les da su alma. El alma hace que el niño viva. Y Dios prepara en el interior del cuerpo de las madres, muy cerca del corazón, un sitio calentito (parecido a un nido) donde el pequeñín pueda crecer poco a poco. Allí está nueve meses y, cuando ya se ha hecho bastante grande, el bebé deja el nido y viene al mundo.

Los niños nacen de una semilla que se desarrolla dentro de la madre lentamente. En ese ser, ya desde el principio. Dios infunde el alma. Cuando ya se ha hecho grande el niño nace. Las mamás se van a la clínica y el médico ayuda a que el niño nazca.

¿Por qué engorda tanto mamá?
A veces los niños hacen la pregunta y otras veces no. Pero siempre la llegada de un nuevo hermano es una circunstancia adecuada para decirles que el vientre de la madre va aumentando conforme crece el hermanito. Incluso algunos niños, como ya saben de dónde vienen, al ver a su mamá engordar preguntan: «¿Voy a tener otro hermanito?", o «¿El hermanito está ahí dentro? »

Lo pregunten o no, conviene decírselo de alguna manera que puede ser parecida a éstas:

Ya te dije que Dios, después de dar un alma a los niños que van a nacer, los confía a su mamá para que los lleve dentro de sí hasta que se hagan grandes. A medida que crece el niño, también va aumentando de tamaño del vientre de la madre. Ahora vas a tener un hermanito y mamá se irá abultando poco a poco. Mamá se cansará un poco más y tú le puedes ayudar siendo muy obediente y cariñoso, ¿lo harás?

¿Sabes que vas a tener un hermanito? Ahora es un niño muy pequeño que está dentro de mamá, quien lo va alimentado con su propia sangre. Igual que tú vas creciendo poco a poco, el hermanito crece también dentro de mamá, que le va haciendo sitio, aumentando la capacidad de su vientre. ¿No te da alegría pensar que vas a tener otro niño en casa con quien jugar? Papá y mamá están también muy contentos porque Dios les ha hecho colaboradores suyos en la obra de la creación.

Has oído que pronto habrá un hermanito o hermanita en casa. Ya te dije cómo Dios confía a los niños a sus mamás después de darles un alma. Pues Dios ha concedido otra vez a mamá la alegría de ser madre. También cuando viniste tú, mamá se sintió muy, muy feliz. Durante nueve meses el niño va creciendo en su interior. Le alimentará y le ayudará a desarrollarse. A mamá le aumentará el tamaño del vientre y tendrá menos facilidad para moverse y andar deprisa. Necesitará que tú la ayudes, que la quieras y que te portes bien. También a ti te llevó dentro de ella. Por eso las madres quieren tanto a sus hijos y los hijos quieren tanto a sus mamás.

¿Cómo se sabe que es niña?

La diferenciación de sexos la adquieren fácilmente los niños de familia numerosa desde muy pequeños. Corrientemente el momento del baño es la circunstancia adecuada para que los niños se den cuenta de que son distintos. También puede ser ocasión el baño primero del hermanito que acaba de nacer. O al jugar con muñecos y muñecas.

Algunos padres hablan de la "colita" de los niños, otros prefieren decir "pene", el nombre que se le da en Biología. Quizá sea esto preferible porque al ser la información progresiva, puede ser positivo que los hijos se den cuenta de que siempre han sabido bien las cosas.

Eso que tiene el hermanito es el pene, un órgano que distingue a los niños de las niñas.

Un padre escribe: «Durante una conversación con mi hijo de ocho años, le pregunté en que se diferencia un niño de una niña. El motivo de esta pregunta era conocer los términos que usaba.

Mi hijo, con expresión de ingenuidad y candidez, me contestó:

En que las niñas tienen el pelo largo y los niños corto.
Me reí a gusto con la respuesta. Luego, más serio, le dije:
Eso era antes. Contéstame sin rodeos, pues sabes cómo hacerlo.
Es que me da un poco de vergüenza dijo él.
Le corté tajante:
¡La vergüenza, para pecar! Para hablar con tu padre, naturalidad. Y con toda naturalidad respondió:
Los niños tienen colita y las niñas, un agujero. Pero... pregúntame algo de gramática, que la llevo muy bien.
Acepté el cambio de tema, pero me propuse reanudarlo.»

Si los niños no preguntan y no hablan de estos temas puede ser porque no tienen curiosidad, puede ser también porque han captado ya la carga de sexualidad que ponen los mayores y les da vergüenza hablar con sus padres de ello. Será bueno, por si acaso, imitar a este padre y plantear las preguntas que parezcan convenientes. Es una forma de iniciar una charla con los hijos.

¿Cuál es el papel del padre?

En algún momento los niños preguntarán la función del padre en la familia. Puede contestarse así:

El padre posee una fuerza que es el camino que Dios utiliza para la formación de los hombres. Esa fuerza la deposita y es como una semilla muy pequeña de un niño, que crece en el vientre de la madre, hasta que se hace grande y es capaz de vivir fuera de mamá.

Dios dispuso que también los padres tomaran parte en el nacimiento de los niños. Para que un niño venga a la vida el padre deposita en la madre una fuerza vivificadora. Entonces el bebé empieza a formarse en el vientre de la madre. Primero es muy pequeño, luego la mamá le alimenta y va creciendo poco a poco hasta el día de su nacimiento.

Para que los padres puedan colaborar con Dios en la obra de la creación, Dios estableció que sus cuerpos pudieran unirse. Ya sabes las diferencias que hay entre los cuerpos de los niños y el de las niñas. La mujer tiene un órgano que sirve para que el padre deposite en él esa fuerza vivificadora. Ese órgano sirve también para que luego salga el niño en el momento de nacer.

Por eso los papás también aman mucho a sus hijos y se preocupan de trabajar para que cuando nazcan los niños tengan una casa y una familia donde vivir felices. ¿Verdad que Dios ha dispuesto todo muy bien?

El padre, al poner una semilla en el seno de la madre, da lugar a que empiece una vida nueva. La semilla del padre pasa a través del pene al organismo de la madre, por el mismo orificio por el que luego nacerá el hijo. Ese acto es bueno y. santo, pues Dios interviene creando el alma del nuevo ser que se concibe bendiciendo así e1 amor de los padres que han fundado una familia al unirse en matrimonio.

El hijo sólo nace de la unión de un hombre con una mujer, porque las mujeres son las que tienen en su vientre un lugar que se llama matriz para albergar al hijo y los hombres no. En cambio, las mujeres no disponen de semilla y los hombres sí. Así lo ha hecho Dios, para que luego el padre y la madre, juntos también, sean los que cuiden, alimenten y eduquen a los hijos.

Por dónde nacen

Entre los seis y siete años, una pregunta que suelen hacer los niños es cómo. o por dónde nacen o salen los niños del vientre de su madre. En general la curiosidad se despierta porque o en la familia o entre sus amiguitos va a nacer, o acaba de nacer un niño.

Como siempre, se actúa con naturalidad y con verdad:

Dios ha creado el cuerpo de las madres para que, cuando el niño está en su vientre y ha crecido lo suficiente, pueda abrirse y sacar a luz dar a luz, se llama el bebé que estaba dentro. Para que pueda suceder eso, Dios ha puesto en las mujeres un órgano especial, con tejidos elásticos que pueden ensancharse en el momento necesario para dar paso al bebé.

Este órgano tan flexible tiene una abertura que, en el momento del nacimiento, se abre lenta y suavemente para que salga el niño.

Las madres en esta obra de dar a luz sufren y, por eso, después del nacimiento de un niño pasan unos días en la cama, en la clínica, o en su casa. Pero no les importa sufrir un poco porque, como aman tanto a sus hijos, son muy felices cuando nacen. Por esa misión tan importante que Dios ha confiado a las mujeres de engendrar, alimentar y traer al mundo a los hijos, todo el mundo guarda respeto a las mujeres, aunque sean jóvenes, porque están llamadas a ser madres.

Los niños nacen por el mismo sitio por el que el padre sembró la semilla y que sirve y se abre para eso. Dios ha dotado al cuerpo de la mujer de unos tejidos elásticos que se ensanchan cuando tiene que nacer el niño. Es igual que cuando uno saca la cabeza por un jersey de cuello elástico, se ensancha hasta que sale la cabeza y luego se encoge otra vez. Para dar a luz, generalmente, las mamás van a una clínica, porque allí ayudan a nacer al niño unas personas que saben hacerlo muy bien.

Las madres sufren algunos dolores, pero los pasan con alegría porque quieren mucho a sus hijos. Hasta que se recuperan pasan unos días en la clínica y luego ya vuelven a casa a cuidar de toda la familia.

Es preciso que siempre haya una explicación cierta y realista: que, por tanto, no falte nunca una alusión a la acción de Dios. Suprimir la intervención de Dios sería faltar a la verdad, lo mismo que cuando se dice que los niños vienen de París.

Por otra parte, quizá sea conveniente, cuando se da alguna de estas explicaciones a los niños, advertirles que los que sus padres les dicen no lo cuenten a otros hermanos o lo hablen con otros niños, porque a los papás les gusta decírselo ellos mismos a cada hijos.

Ocurre que los niños se olvidan de las contestaciones que se les dieron a sus preguntas. Por eso, cuando hacen otra pregunta del mismo tema, puede ser conveniente recordarles los que se les dijo antes y, luego, ampliarlo con la nueva respuesta.

Detalles de higiene

Lo mismo que no resulta higiénico que un niño se quite los calcetines y se hurgue en los pies, o se meta el dedo en la nariz o se haga pis en la cama y llegue eso a convertirse en un hábito o en una manía, de la misma manera los padres deben evitar que los niños se toquen los órganos genitales. No tiene, en esa edad, ni mejores ni peores consecuencias que las otras manipulaciones que hemos citado. Pero no son buenas costumbres y si se adquiere ésa, al despertarse la sexualidad en la pubertad puede llevarles a usar mal del sexo y a tener dificultades... Por eso, sin darle más carácter de inconveniencia, ni menos, que a tocarse los pies o a meterse el dedo en la nariz, se debe acostumbrar a los niños, desde pequeñines, a esa higiene elemental de no tocarse esos órganos. » (Engracia Jordán, Cómo dar la información sexual, Folletos MC 267)

Tomado de: Club Juvenil Cyara

 Para padres con hijos de 9 a 10 años 

En 4º de Primaria (9 años), coincidiendo con el tema de Conocimiento del Medio sobre el aparato reproductor humano, pero adelantándose ligeramente a él, y a lo largo de los cursos siguientes, es necesario que los padres tengan una actividad específica de formación hacia su hijo, además de hacer referencia a la información que ya se les ha proporcionado anteriormente, especialmente en dos direcciones:

I. El contexto humano y moral de la enseñanza que van a recibir sobre biología humana:

a) Hacer ver junto con la semejanza la diferencia de la reproducción humana con la del resto de los animales superiores: cada hombre es una criatura querida por sí misma por parte de Dios, no se ordena al bien del universo sino a una unión personal con Dios.

b) Hay una especial intervención de Dios en la creación del alma espiritual en el inicio de la vida de cada persona humana.

c) El contexto de la procreación humana es una colaboración amorosa del padre y la madre, unidos por la alianza de amor del matrimonio, con la acción creadora de Dios, en el seno de la unidad amorosa de la familia: la misión de los padres se continúa en la procreación espiritual que colabora con Dios para que los niños crezcan como hijos de Dios y no sólo como miembros adaptados de una singular especie animal.

d) Los aspectos tanto biológicos como afectivos, que tocan más de cerca su intimidad, deben serles comunicados a través de un diálogo personalizado: ya que los aspectos biológicos están incluidos en el currículo, es conveniente que el padre se adelante ligeramente en la explicación de este tema, en sus aspectos sustanciales, en continuidad con otros aspectos ya tratados en etapas anteriores de la infancia.

e) Toda esta actividad está encaminada a que sientan una gran admiración y gratitud por el plan de Dios sobre el matrimonio y el amor humano, un gran agradecimiento a sus padres y un deseo de poder vivir también ellos, cuando hayan crecido, el misterio del amor en toda su grandeza divina y humana, y que sepan que toda la educación que recibe está orientada a que puedan ser personas verdaderamente amorosas en todas las dimensiones de su vida (familiar, amistades, profesional, cívica) según la vocación concreta de cada uno (es muy importante que oigan relacionar la inclinación humana al amor con la vocación divina del hombre).

f) Tiene importancia también la educación del carácter; durante la niñez, los padres han de fomentar en los hijos el espíritu de colaboración, obediencia, generosidad y abnegación, y favorecer la capacidad de autoreflexión y sublimación. En efecto, es característico de este período de desarrollo, la atracción por actividades intelectuales: la potencia intelectual permite adquirir la fuerza y la capacidad de controlar la realidad circundante y, en un futuro no lejano, también los instintos.

g) El niño indisciplinado o viciado tiende a una cierta inmadurez y debilidad moral en el futuro, porque la castidad es difícil de mantener si la persona desarrolla hábitos egoístas o desordenados y no será entonces capaz de comportarse con los demás con aprecio y respeto. Los padres deben presentar modelos objetivos de aquello que es justo o equivocado, creando un contexto moral seguro para la vida.

II. También a esta edad conviene ayudarles a comprender, valorar y cultivar el innato sentido del pudor que experimentan:

a) Tiene que ver mucho con la limpieza de la mirada ("lámpara de tu cuerpo es tu ojo"). Los niños pequeños no tienen pudor aún porque tienen muy poco desarrollada su intimidad. Pero después las cosas íntimas se rodean de pudor: no se habla de asuntos de la familia, o de los amigos íntimos, con extraños curiosos, no porque sean malas, sino al contrario porque son un tesoro; alegrías, sufrimientos, dificultades, proyectos compartidos con los miembros de la familia o los amigos íntimos. Algo parecido pasa con el cuerpo humano en sus valores sexuales: se rodean de pudor porque sólo se compartirán con la persona amada en el matrimonio, y no son objeto para la curiosidad de cualquiera ni para la exhibición.

b) La pérdida del pudor propio, o su falta de desarrollo, es un empobrecimiento humano. Y por eso es necesario educar lo que ya es un movimiento natural: el acto conyugal no se realiza en público no porque sea malo sino porque es íntimo. Los muchachos tienen que ver respetada su intimidad corporal, como sus hermanas. Hay que cuidar este aspecto especialmente en las actividades de verano y agrupaciones deportivas. Como es importante el modo de vestir en el hogar que no es el mismo de la piscina o el campo de deportes (ni el de asistir a la Santa Misa).

c) Hay representaciones de actos sexuales o del cuerpo humano, en la publicidad o en fotografías y películas, que utilizan el reclamo de los valores sexuales como un medio de captar la atención o fijar el interés, apelando a reacciones instintivas y no racionales del hombre. En esos casos, se ofende la dignidad de las personas representadas y la dignidad del que mira, y se envilece el ambiente degradando el sentido verdadero del amor. Cuando se seleccionan las revistas, vídeos y programas de televisión hay que tener estos valores en cuenta. Y si es necesario interrumpir un programa, es también muy conveniente explicar las razones de esa elección: no se trata de defender tabúes irracionales sino de vivir al nivel de dignidad propio de la persona, sin dejarse manipular. El arte ha sabido tratar todos los temas humanos -buenos y malos sin necesidad de esos reclamos. Igual que ha sido capaz, no pocas veces, de representar la belleza del cuerpo desnudo reflejando la gloria de la criatura humana, sin que provoque un mal deseo más que en mentes pervertidas. Pero la mercancía pornográfica que circula no pretende reflejar la gloria de la criatura humana, sino que la envilece.

d) Quienes difunden esas representaciones vendiéndolas, enseñándolas a compañeros, etc. cometen un pecado de escándalo que obliga a reparar el daño causado (lo mismo que los traficantes de droga o quienes la difunden). Y cualquier persona normal puede y debe, en lo que esté en su mano, evitar que se difunda esa corrupción: ver la tele con los hijos, no fijarse solo en los impactos visuales sino también en la concepción del matrimonio, la familia, el noviazgo, etc., que se presentan en series de televisión supuestamente familiares, con tono de comedia humorística, y que no hace ningún bien seguir con frecuencia, pero sobre cuyo contenido hay que dialogar con los hijos porque el mensaje difuso les llega por la cultura ambiental: no se trata de ser reactivos, sino de hacer planteamientos superadores, sin complejos y sin negarse a enfrentarse con la realidad.

Tomado de: Club Juvenil Cyara

Padres con hijos 11 a 12 años

Alrededor de los 11 años, al generalizarse el proceso incipiente de desarrollo, conviene que el padre tenga algunas conversaciones con su hijo (no se trata de agotarse en una sesión) que les ayude a comprenderse, a saberse comprendido, y a descubrir la relación de la nueva etapa que comienza con los planes amorosos de Dios y con la tarea de educarse.

Conviene comentar este guión, elaborado para padres de este curso, con el preceptor, para recibir ayuda, no perderse en consideraciones ajenas a las preocupaciones de los chicos, comentar las medidas prácticas que conviene adoptar para hacer más efectiva la educación del pudor en relación con los modelos y criterios que llegan al alumno, saber adelantarse ligeramente y no llegar tarde a proporcionar la orientación que necesitan en cada momento de su crecimiento.

La situación

A diferencia de las niñas cuyos cambios, al llegar la pubertad, obligan a las madres a prestarles atenciones y explicaciones, en el caso de los varones sigue siendo infrecuente que su padre se adelante a realizar la misma tarea.

Unos piensan que a los 1011 años es innecesario y que su hijo carece de cualquier interés o preocupación por ese tema. Que el problema afecta a hijos de otras familias que no tienen casi nada que ver con el estilo de la suya.

Además, piensan muchos padres las clases de conocimiento del medio y de religión proporcionan conocimientos científicos y morales suficientes para esa edad. Y olvida que una cosa es lo que los niños estudian en los libros y otra los que experimentan en sí mismos o en el ambiente que les rodea.

Todos tienen una gran curiosidad, que es ya indicio del profundo influjo que la condición sexuada del ser humano varón o mujer ejercerá en la formación de su personalidad: están muy atentos a las conversaciones de los padres que tratan, aunque sea incidentalmente, estas cuestiones; buscan palabras en los diccionarios; y, por desgracia, siguen llegándoles interpretaciones antropológicamente reduccionistas y moralmente degradantes.

Tienden a adoptar conductas imitativas; y a experimentar con juegos y ficciones, que revelan la profunda fascinación que empiezan a sentir. Por desgracia, algunos adquieren prácticas viciosas, con una responsabilidad moral limitada, pero que lastran la formación de una personalidad integrada.

Cambios corporales

Empiezan a experimentar el crecimiento y la erección del pene. Es muy infrecuente que un padre explique que se debe a la acumulación de sangre en esos tejidos como un globo hinchado de agua que deja de estar flácido, para permitir un día que el esposo deposite la semilla de la vida en el interior del cuerpo de la esposa.

Hay que hacerles ver que, muchas veces, se produce espontáneamente como parte de su proceso de crecimiento y maduración. Les ayuda mucho escuchar a su padre que esos cambios corporales y otros, tienen que ir acompañados también por una maduración de su carácter. Dios les prepara largamente para que lleguen un día a ser capaces de un amor tan grande que, con su futura esposa, puedan colaborar con Dios en el aparecer de la novedad más maravillosa de la creación: una nueva persona humana llamada a ser hijo de Dios, y del amor que puede ser su origen. Por eso se aprende a crecer de quienes les aman y les pueden ayudar: Jesús y sus padres; y también el sacerdote y el preceptor. Cuando uno no se educa bien, después es muy difícil que pueda amar bien. Y si se fracasa en amor se sufre y se hace sufrir mucho. No hay que tener ninguna vergüenza de preguntar nada sobre la sexualidad porque lo que Dios ha hecho bueno no es vergonzoso.

También conviene explicarles que esos movimientos corporales pueden causarles una pequeña incomodidad, y que no es indecoroso colocar bien los órganos corporales, ni practicar la necesaria limpieza higiénica. Aunque algunas veces pueden despertarse imaginaciones impuras o inducirse por la advertencia de los valores sexuales de otra persona real o imaginada. En esos casos hay que aprender a no pasar del ver inevitable al mirar voluntario, o apartar una imaginación obscena centrando la atención en lo que hacen o en algo que les gusta y es bueno: charlar, cantar, leer, recordar un gran partido o película, pensar planes atractivos, etc. Siempre es una buena ocasión para pedir la protección de la Virgen María Madre del amor hermoso que les ayudará a triunfar en su educación para el amor. Hay que dejarles muy claro que sólo puede ser pecado grave lo que se advierte y consiente plenamente (y no las ocurrencias que no se admiten, los sueños, las poluciones nocturnas que aparecerán más adelante, aunque vayan acompañadas de imágenes, etc.).

Cuando han hecho algo que les inquieta, lo mejor que pueden hacer es consultar al sacerdote que les enseñará a distinguir lo que está bien y está mal, lo que es más o menos grave. Y si han hecho o sufrido de otros, sobre todo si son del mismo sexo algo que les da mucha vergüenza, con más razón hay que consultarlo porque se quedarán muy tranquilos y contentos para siempre.

Cuando han adquirido alguna costumbre viciosa, aunque no se exagere su responsabilidad moral ya les ayudará el confesor , tampoco conviene quitarle importancia (como si no fuera más que un erupto), ayudándoles a rechazar con energía, y con la ayuda de Dios, las ocasiones asociadas a esas prácticas. Así aprenderán a integrar su sexualidad en su libertad y se harán capaces un día de la entrega amorosa de sí mismos.

Conviene hacerles ver que como el hombre es capaz de utilizar de modo antinatural sus facultades (la inteligencia para hacer daño, la lengua para insultar) también puede usar mal los órganos sexuales. Lo que llaman una "paja" (masturbación) es una conducta antinatural, que ni siquiera practican los animales, salvo las conductas imitativas de los monos: pueden responder a quienes les invitan a esos "experimentos" que eso es ponerse por debajo de ellos.

Se puede y se debe hablar bien de lo que Dios ha hecho bueno: del sexo, de la belleza femenina de las chicas: Pero ni ellos son cerdos ni las chicas son vacas, y tienen que saber cortar conversaciones de otros que tienen una visión exclusivamente zoológica de estas realidades. Pero también conviene ayudarles a comprender la diferencia entre una conversación impura, un taco, un chiste picante. Aunque suenen mal en la boca de un chico bien educado, no todo tiene la misma relevancia moral. No todo es "impuro" en la misma medida. Gravemente impuro es la expresión o la incitación del deseo de realizar un acto sexual -"hacer el amor" con una chica (con chicos no suelen decirlo), porque ese acto es verdadero y bueno cuando es la expresión corporal del amor del esposo a la esposa. Y no cuando utiliza simplemente a una persona como objeto de placer: ofende a la dignidad del amor, a la dignidad de quien habla así y de la persona de quien se habla.

(Al explicar la sexualidad conviene evitar un enfoque utilitarista ("es para procrear hijos") o hedonista ("es para experimentar placer"). La sexualidad es una dimensión de la persona orientada a un amor específico y muy profundo: el amor esponsal. Y el amor esponsal entre varón y mujer, cuando es verdadero es una donación comprometida, fiel - unión matrimonial indisoluble y abierta al don de los hijos. El placer que acompaña la unión conyugal es mucho más que un goce físico, es la alegría de una comunión personal y total).

El Pudor

Todo esto tiene que ver mucho con la limpieza de la mirada ("lámpara de tu cuerpo es tu ojo" "más te vale entrar tuerto en la vida eterna" "el que mira deseando ya adulteró en su corazón"). Los niños pequeños no tienen pudor aún porque tienen muy poco desarrollada su intimidad. Pero después las cosas íntimas se rodean de pudor: no se habla de asuntos de la familia, o de los amigos íntimos, con extraños curiosos, no porque sean malas, sino al contrario porque son un tesoro alegrías, sufrimientos, dificultades, proyectos compartidos con los miembros de la familia o los amigos íntimos. Algo parecido pasa con el cuerpo humano en sus valores sexuales: se rodean de pudor porque sólo se compartirán con la persona amada en el matrimonio, y no son objeto para la curiosidad de cualquiera ni para la exhibición.

La pérdida del pudor propio, o su falta de desarrollo, es un empobrecimiento humano. Y por eso es necesario educar lo que ya es un movimiento natural: el acto conyugal no se realiza en público no porque sea malo sino porque es íntimo. Los muchachos tienen que ver respetada su intimidad corporal, como sus hermanas. Hay que cuidar este aspecto especialmente en las actividades de verano y agrupaciones deportivas. Como es importante el modo de vestir en el hogar que no es el mismo de la piscina o el campo de deportes (ni el de asistir a la Santa Misa).

Hay representaciones de actos sexuales o del cuerpo humano, en la publicidad o en fotografías y películas, que utilizan el reclamo de los valores sexuales como un medio de captar la atención o fijar el interés, apelando a reacciones instintivas y no racionales del hombre. En esos casos, se ofende la dignidad de las personas representadas, la dignidad del que mira y se envilece el ambiente degradando el sentido verdadero del amor. Cuando se seleccionan las revistas, vídeos y programas de televisión hay que tener estos valores en cuenta. Y si es necesario interrumpir un programa, es también muy conveniente explicar las razones de esa elección: no se trata de defender tabúes irracionales sino de vivir al nivel de dignidad propio de la persona, sin dejarse manipular. El arte ha sabido tratar todos los temas humanos -buenos y malos sin necesidad de esos reclamos. Igual que ha sido capaz, no pocas veces, de representar la belleza del cuerpo desnudo reflejando la gloria de la criatura humana, sin que provoque un mal deseo más que en mentes pervertidas. Pero la mercancía pornográfica que circula no pretende reflejar la gloria de la criatura humana, sino que la envilece.

Quienes difunden esas representaciones -vendiéndolas, enseñándolas a compañeros, etc. cometen un pecado de escándalo que obliga a reparar el daño causado (lo mismo que los traficantes de droga o quienes la difunden). Y cualquier persona normal puede y debe, en lo que esté en su mano, evitar que se difunda esa corrupción.

Otras cautelas

Los jóvenes tienen tendencias imitativas que les llevan, a veces, a experimentos (con objetos sustitutivos de una chica, o entre ellos). Hay que saber no hacer tragedias de comportamientos infantiles y, a la vez, poner de relieve su anormalidad (igual que es anormal la bestialidad).

Por eso, lo que más les ayuda en la educación para el amor es ver el ejemplo de sus padres fieles y enamorados: eso puede más que toda la presión de un ambiente neurotizado por una visión reductiva del hombre y de la sexualidad separada del verdadero amor que les llega en múltiples mensajes.

Sería ingenuo temer herir su sensibilidad y dejar que la destroce ese ambiente. Es preferible no preguntar directamente sino dar por supuesto lo que es normal ("a tu edad, a los chicos les pasa..."); o adelantarse a encontrar una salida a lo que no es tan normal ("hay chicos que, a tu edad, por afán de experimentar y por ignorancia hacen..."). "Cuando a ti te pase -o si ha ti ha pasado lo que tienes que hacer es..." Les ayuda mucho comprobar que sus padres les comprenden y les ayudan a comprenderse, y les enseñan a poner en relación lo que van a experimentar, y su luchas, con el amor en toda la belleza que tiene según el plan de Dios.

Además, la educación para el amor se va alcanzando por otros muchos caminos en los que aprenden a adquirir el dominio de sí característico de la libertad, y en los detalles de generosidad propios del amor. Y con la confianza en la gracia de Dios de quien procede todo amor verdadero y la fuerza para vivirlo.

Si parece manifestarse alguna confusión sobre su identidad sexual o sobre la atracción sexual que empiezan a experimentar (que puede parece homosexual), quizá por algunas manifestaciones externas de su conducta, aficiones, o bromas que reciben de compañeros, conviene tratar este tema con el preceptor y poner los medios oportunos para que no se creen un falso problema y reciban la ayuda que necesitan para reforzar su identidad sexual.

Son plenamente aplicables todas las sugerencias que se hacen para edades anteriores, especialmente las que se refieren a la formación del criterio ante mensajes sobre el matrimonio, la familia, la paternidad/maternidad, el noviazgo, la amistad, etc., que se difunden en series de TV supuestamente familiares, salpicadas de humor, sin imágenes sexuales explícitas, y que forman una atmósfera inconsciente en la que se van decantando las valoraciones y orientaciones de los espectadores, máximamente a esta edad en que tienen que desarrollar el sentido crítico, con los comentarios de sus padres y evitando que sea más o menos frecuente entretenimiento de sus ratos de ocio.

Fuente: Club Juvenil Cyara

Padres con hijos 13 a 15 años

La adolescencia en el proyecto de vida

La adolescencia representa, en el desarrollo del sujeto, el período de la proyección de sí, y por tanto, del descubrimiento de la propia vocación. Los padres cristianos deben «formar a los hijos para la vida, de manera que cada uno cumpla en plenitud su cometido, de acuerdo con la vocación recibida de Dios». Se trata de un empeño de suma importancia, que constituye en definitiva la cumbre de su misión de padres. Si esto es siempre importante, lo es de manera particular en este período de la vida de los hijos: «En la vida de cada fiel laico hay momentos particularmente significativos y decisivos para discernir la llamada de Dios... Entre ellos están los momentos de la adolescencia y de la juventud».

A partir de esta edad se generaliza más la atracción por las chicas, el deseo de frecuentar su trato y, unido a la aspiración de ser mayores y a la presión comercial que se ejerce sobre ellos como buen nicho de mercado, el deseo de frecuentar locales de baile y música orientados hacia gente de su edad y ligeramente mayores, de ambientes familiares y sociales conocidos o similares (discotecas light).

Hay cuatro aspectos que los padres tienen que tener en cuenta:

1. A la etapa de crecimiento de la libertad le compete la integración de las tendencias y sentimientos para llegar a ser capaz del don de sí en un compromiso amoroso definitivo, en un proceso gradual de madurez que es la pedagogía de la virtud de la castidad;

2. El desarrollo de la progresiva relación de amistad con chicas presidido por un gran sentido del respeto hacia ellas (en el modo de hablar entre ellos, en los pensamientos, en la conducta) y del sentido de responsabilidad de la propia virilidad orientada hacia el amor futuro; hay que tener en cuenta que la referencia a las personas del otro sexo va acompañada también de cambios en la estructura y relaciones dentro de los grupos de amigos;

3. Es la etapa del crecimiento del sentimiento de autonomía, con todos los fenómenos, a veces contradictorios que lo acompañan; debe estar orientada al don no sólo en la futura relación amorosa, sino en todas las dimensiones de la vida: la propia familia, los amigos y compañeros, la formación intelectual y del carácter, las responsabilidades en la vida social;

4. Es una etapa importante en el descubrimiento de la propia vocación como proyecto de Dios, conocido en la lectura sabia de los propios talentos, de las circunstancias en las que se vive y de las necesidades de la acción de los cristianos en el mundo, para la que se capacita con todo lo anterior y con una mayor amistad con Jesucristo. El inmediatismo -y la disminución de la esperanza de la cultura ambiental tiende a confinar las aspiraciones al próximo fin de semana; los padres con el tono de su ejemplo, de sus valoraciones y orientaciones tienen que despertar ideales nobles, ilusionantes, asequibles con la gracia de Dios y el empeño perseverante, de servicio a Jesucristo, a la sociedad, a su futura familia, de convertir la propia vida en una obra de arte, pacientemente elaborada, pese a algunos fracasos parciales y provisionales.

Es un momento importante de desarrollo del proceso de socialización, además de un momento decisivo de la maduración personal; necesitan la cercanía y paciencia, la firmeza y el ejemplo de sus padres, como creyentes prácticos y consecuentes, como personas enamoradas en el matrimonio, como profesionales y ciudadanos responsables, como personas fieles en el trato con sus propios amigos, que se alegran del crecimiento de sus hijos, para los que saben crear espacios de desarrollo de las nuevas dimensiones de su personalidad.

Durante este período son muy importantes las amistades. Según las condiciones y los usos sociales del lugar en que se vive, la adolescencia es una época en que los jóvenes gozan de más autonomía en las relaciones con los otros y en los horarios de la vida de familia. Sin privarles de la justa autonomía, los padres han de saber decir que no a los hijos cuando sea necesario y al mismo tiempo, cultivar el gusto de sus hijos por todo lo que es bello, noble y verdadero. Deben ser también sensibles a la autoestima del adolescente, que puede atravesar una fase de confusión y de menor claridad sobre el sentido de la dignidad personal y sus exigencias.

Hay que ayudarles a ser pacientes en el proceso de su propio crecimiento sin quemar etapas (infantiles "noviazgos" prematuros) y en el ejercicio responsable de su progresiva autonomía: horarios propios de su edad -poniéndose de acuerdo con los padres de los amigos, planes y lugares de descanso y encuentro verdaderamente adecuados; en este campo, además de la fortaleza para prohibir frecuentar discotecas, hace falta ayudarles a ser creativos en la búsqueda de modos de diversión y de relación progresiva con otras personas, incluidas las amigas.

Durante la pubertad, el desarrollo psíquico y emotivo del adolescente puede hacerlo vulnerable a las fantasías eróticas y ponerle en la tentación de experiencias sexuales. Los padres han de estar cercanos a los hijos, corrigiendo la tendencia a utilizar la sexualidad de modo hedonista y materialista: les harán presente que es un don de Dios, para cooperar con Él. De esta manera los hijos aprenderán el respeto debido a la mujer.

Necesidades educativas en esa edad

(No se trata de actuaciones puntuales sino de orientaciones educativas de fondo que se traducirán en acciones circunstanciadas: aunque corresponde un papel específico al padre, también la madre conviene que conozca, sugiera y colabore en este proceso en el que su aportación es también insustituible)

Al responder a las preguntas de sus hijos, los padres deben dar argumentos bien pensados sobre el gran valor de la castidad, y mostrar la debilidad intelectual y humana de las teorías que sostienen conductas permisivas y hedonistas; responderán con claridad, sin dar excesiva importancia a las problemáticas sexuales patológicas ni producir la falsa impresión de que la sexualidad es una realidad vergonzosa o sucia, dado que es un gran don de Dios, que ha puesto en el cuerpo humano la capacidad de engendrar, haciéndonos partícipes de su poder creador.

Ya que durante la pubertad los adolescentes son particularmente sensibles a las influencias emotivas, los padres deben, a través del diálogo y de su modo de obrar, ayudar a los hijos a resistir a los influjos negativos exteriores que podrían inducirles a minusvalorar la formación cristiana sobre el amor y sobre la castidad. A veces, especialmente en las sociedades abandonadas a las incitaciones del consumismo, los padres tendrán que cuidar -sin hacerlo notar demasiado- las relaciones de sus hijos con adolescentes del otro sexo. Aunque hayan sido aceptadas socialmente, existen costumbres en el modo de hablar y vestir que son moralmente incorrectas y representan una forma de banalizar la sexualidad, reduciéndola a un objeto de consumo. Los padres deben enseñar a sus hijos el valor de la modestia cristiana, de la sobriedad en el vestir, de la necesaria independencia respecto a las modas, característica de un hombre o de una mujer con personalidad madura.

Es fundamental que los jóvenes no se encuentren solos a la hora de discernir su vocación personal. Son importantes, y a veces decisivos, el consejo de los padres y el apoyo de un sacerdote, o de otras personas adecuadamente formadas, capaces de ayudarlos a descubrir el sentido vocacional de la existencia y las formas concretas de la llamada universal a la santidad. Es necesario que no falte nunca en la formación impartida dentro y fuera de la familia, no sólo la enseñanza de la Iglesia sobre el valor eminente de la virginidad y del celibato, sino también sobre el sentido vocacional del matrimonio.

Los padres deben prepararse para dar, con la propia vida, el ejemplo y el testimonio de la fidelidad a Dios y de la fidelidad de uno al otro en la alianza conyugal. Su ejemplo es particularmente decisivo en la adolescencia, período en el cual los jóvenes buscan modelos de conducta reales y atrayentes. Como en este tiempo los problemas sexuales se tornan con frecuencia más evidentes, los padres han de ayudarles a amar la belleza y la fuerza de la castidad con consejos prudentes, poniendo en evidencia el valor inestimable que, para vivir esta virtud, poseen la oración y la recepción fructuosa de los sacramentos, especialmente la confesión personal. Deben, además, ser capaces de dar a los hijos, según las necesidades, una explicación positiva y serena de los puntos esenciales de la moral cristiana como, por ejemplo:

·                                 La indisolubilidad del matrimonio.

·                                 Las relaciones entre amor y procreación.

La inmoralidad de las relaciones prematrimoniales, del aborto, de la contracepción y de la masturbación. Conviene recordar además que «las dos dimensiones de la unión conyugal, la unitiva y la procreativa, no pueden separarse artificialmente sin alterar la verdad íntima del mismo acto conyugal». En este punto, será una preciosa ayuda para los padres el conocimiento profundo y meditado de los documentos de la Iglesia que tratan estos problemas.

La masturbación constituye un desorden grave, ilícito en sí mismo, que no puede ser moralmente justificado, aunque «la inmadurez de la adolescencia, que a veces puede prolongarse más allá de esa edad, el desequilibrio psíquico o el hábito contraído pueden influir sobre la conducta, atenuando el carácter deliberado del acto, y hacer que no haya siempre falta subjetivamente grave». Se debe ayudar a los adolescentes a superar estas manifestaciones de desorden que son frecuentemente expresión de los conflictos internos de la edad y no raramente de una visión egoísta de la sexualidad, que es un don orientado a la donación personal; al ayudarles, hay que explicar las razones por las que esa conducta no debe ser elegida libremente (el placer sexual separado del amor no me interesa porque no merece la pena; es una acción incorrecta: repugna porque desconecta el placer del fin y significado de ese placer; es un gesto de inmadurez sexual, de falta de integración de la imaginación y las tendencias en la libertad; es tan obsesivo que esclaviza; es un gesto individualista y egoísta que dificulta o incapacita para el amor, aparta del amor de donación y no se sabe mirar al otro más que bajo el aspecto de objeto de placer) y diferenciarla de fenómenos fisiológicos inconscientes durante el sueño, aunque vayan acompañados de fantasías sexuales.

Proporcionarles los medios para vencer

Hay que enseñar a la vez los medios que conducen, con paciencia y confianza en la gracia de Dios, a la integración de sus tendencias en su libertad:

La comprensión de las dimensiones corpóreas (a esa edad, frecuentemente no están satisfechos de su aspecto físico: a la vez que cuidan su desarrollo y el deporte, hace falta enseñarles a ser agradecidos por su realidad humana concreta y a no valorarse por apariencias y comparaciones).

La aceptaciónreforzamiento de la identidad sexual (positivamente en la afirmación como varones y negativamente, ayudándoles a no confundirse por estados transitorios de definición sexual no concluida totalmente).

La integración de la espontaneidad sexual en la libertad (especialmente a esta edad, la fantasía y la mirada).

Desarrollar la confianza en el buen éxito: Jesucristo ha enseñado a millones de jóvenes antes que ellos, en condiciones parecidas, a madurar en su libertad y su capacidad de amar; además de la confesión les ayuda mucho la comunión frecuente ("Cuerpo de Cristo, sálvame") y la amistad con el Señor y el saberse acompañados siempre por tan buen Amigo, así como la devoción a la Santísima Virgen.

Despertar ya la alegría ilusión del amor futuro.

Desarrollar el ser ya persona amorosa: cultivar todo lo que les ayuda a salir de sí mismos y darse, en la vida de familia, en el sentido de servicio que dan a su estudio, en la amistad y el compañerismo, en la entrega a personas necesitadas ya ahora de la ayuda de su tiempo y de su compañía, etc.

Ser firmes en no dejarse manipular por modelos neurotizados de pornografía, que les llegan por medio de la televisión, páginas de internet, el contenido de canciones, etc.; tienen que desarrollar un sano complejo de superioridad frente a formas tan pobres y frustrantes del deseo de amar y ser amado, pero también una extrema firmeza para no ser ingenuos y evitar las luchas innecesarias (localización adecuada en el hogar de esos aparatos, filtro en internet, compañía y horarios en el uso de la TV).

El configurar una personalidad rica en intereses y actividades (científicos, culturales, altruistas, estéticos, deportivos, etc.) les alejará del aburrimiento y el empobrecimiento interior que suele ser su causa. A través de los consejos, que brotan del amor y de la paciencia, los padres ayudarán a los jóvenes a alejarse de un excesivo encerramiento en sí mismos y les enseñarán a caminar en contra de los usos sociales que tienden a sofocar el verdadero amor y el aprecio por las realidades del espíritu. A la vez, hay que provocar, facilitar y orientar que encuentren ambientes adecuados para las nuevas dimensiones de su personalidad que van desarrollándose.

Hay que evitar que el modo de vivir cristiano se presente simplemente como una reacción al modo de vivir mundano. El cristianismo no es ni siquiera en segundo o tercer término un sistema de valores de eficacia probada. Es, ante todo, una revelación. Y más concretamente una revelación personal ("No, no será una fórmula la que nos salve. Pero sí una Persona" Novo Millennio Inneunte, III, 29). La conciencia del significado positivo de la sexualidad, en orden a la armonía y al desarrollo de la persona, como también en relación con la vocación de la persona en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, representa siempre el horizonte educativo. No se debe olvidar que el desorden en el uso del sexo tiende a destruir progresivamente la capacidad de amar de la persona, haciendo del placer en vez del don sincero de sí el fin de la sexualidad, y reduciendo a las otras personas a objetos para la propia satisfacción.

Una vez que el hombre comprende su propio ser por la revelación divina, está en condiciones de seguir camino moral el ejemplo que se le ofrece: JesucristoHombre. Este camino es, en realidad, simultáneo. Fruto de la fe, de la caridad y de la esperanza. Sólo a partir de la Encarnación del Verbo se entiende del todo la esencia de la unión sexual como donación (Cf. Mt 19, 6). Por esa misma naturaleza recién revelada del amor, aparece en el mundo un nuevo don, más sublime incluso, que es el de la virginidad. Este es el motivo por el cual, desde el punto de vista ascético y moral, San Josemaría afirma que la santa pureza es un don, un regalo de Dios: "la da Dios cuando se pide con humildad" (Camino, 118).

La hermosura y la "sacralidad" del cuerpo humano han dado lugar a maravillosas obras de arte. Pero cuando desaparece la persona, y con ella la donación recíproca, se da paso a la pornografía y la obscenidad. Es decir, el amor sin sujetos sino con objetos. O sea, la caída de la persona a la categoría de cosa (pasa de ser alguien a ser algo).

De ahí la importancia de que los cristianos sepamos ilusionarnos e ilusionar a otros con nuestro hallazgo: el tesoro escondido, la perla, etc. El amor -también en su faceta corporal es un don. Todo lo que frena y contraría este "hallazgo" rompe el plan divino y da paso al pecado entendido como desorden, como rebeldía y, en el fondo, como frustración.

No en vano enseña Juan Pablo II que el que peca ofende a Dios en la medida que también se ofende a sí mismo. El Santo Padre pide que la familia y la vida sean puestos "en el centro de la nueva evangelización", de manera que seamos más exigentes a la hora de anunciar la novedad y la belleza de la «verdad divina sobre la familia»

El planteamiento de la verdad sobre el hombre, lleva incluido el aspecto vocacional, pues el hombre es un ser con un destino. Hay que hacer referencia a "las dos vocaciones fundamentales de la vida cristiana, la de la virginidad y la del matrimonio, y su recíproca relación; y a las dos dimensiones de la unión conyugal, la unitiva y la procreativa, las cuales no pueden separarse artificialmente sin alterar la verdad íntima del acto conyugal"

El camino del cristiano es un camino de amor. A los adolescentes hay que ayudarles a que entiendan en qué consiste la "civilización del amor" de la que habla el Papa y se comprometan en su realización. Aprender a querer a Cristo es, para el cristiano, el camino para aprender a querer sin más.

Padres con hijos 16 a 17 años

La primera necesidad educativa: convencerse de la necesidad de aprender a amar, de contar con quien les quiere, quiere su bien, tiene experiencia para ayudar en el largo proceso de aprendizaje.

No se sabe amar simplemente por nacimiento y crecimiento espontáneo, y los padres pueden y quieren ayudar, sin sustituir su propio camino de crecimiento).

El amor es la vocación fundamental del hombre: El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. El hombre sólo se realiza en la entrega sincera de sí mismo a los demás.

La vocación al amor en el matrimonio o en el celibato apostólico es universal. Dios da a todos esa inclinación muy profunda a salir de sí mismo, darse y llegar a formar una verdadera comunión interpersonal amorosa. Pero la capacidad amorosa necesita un cultivo, una educación (que empieza ya en la infancia) y se acentúa en el final de la adolescencia y en la juventud, pero no termina nunca.

La causa más frecuente y más profunda de los fracasos amorosos está en la ausencia de una educación positiva y continuada, por falta de referencias y ayudas y más frecuentemente por una concepción insuficiente y pasiva del amor: Pensar que todo consiste en encontrar la persona adecuada; Que todo consiste en aumentar el atractivo; Que el amor consiste en algo que nos arrastra y no en un poder activo.

Amar es una actividad, no un estado emocional, e incluye:

Respeto: (admiración, valoración, comprensión, veneración del misterio de la persona, no querer dominar o subordinar, alegrarse de su riqueza personal, dar espacio para su propio desarrollo).

Cuidado: sentir como propio lo que afecta al otro, ayudar al crecimiento.

Dar: no es un intercambio de intereses y equilibrio de donaciones, sino una generosidad con lo que uno posee.

Darse: más que lo que posee, el amante busca darse a sí mismo para hacer aún más maravillosa a la persona amada, para hacerla feliz compartiendo un proyecto de vida en común: el don de sí es don irreversible, compromiso de las libertades en una alianza públicamente celebrada (no se puede amar a prueba, el amor matrimonial no busca la clandestinidad); don fielmente vivido; el don de sí es expresado corporalmente en el acto conyugal (que efectivamente sólo tiene sentido humano entre los cónyuges: no con miembros de la familia aunque se amen mucho, ni con amigos o novias) en la verdad del ser viril/femenino (no manipulado física, química o quirúrgicamente con voluntad anticonceptiva).

La educación para el amor antes del matrimonio requiere la integración de:

La atracción física que debe existir entre los futuros esposos (la falta de integración en el compromiso conduce a la trivialización de las relaciones sexuales).

Los estados emocionales (frente a la idea romántica del amor como "enamoramiento" está la realidad de "vivir enamorado").

En el compromiso de las libertades: que asume, integra y orienta la personalidad amorosa (frente a una concepción del "amor libre", infantil e inmaduro, que equivale a la negación del amor).

El Noviazgo

La educación para el amor antes del matrimonio requiere la integración de la atracción física, que debe existir entre los futuros esposos, y los estados emocionales en el nivel de la libertad personal, de la capacidad voluntaria de decidir sobre sí mismo y sobre el propio futuro en un compromiso de vida.

El noviazgo es una etapa importantísima para:

Conocerse en profundidad (convicciones fundamentales, ideales, proyectos vitales, relaciones familiares, amigos: no aislarse artificialmente ni dar la espalda al entorno de cada uno o de los dos); superar la tendencia a aparenta, etc.

Mejorarse (alegría, laboriosidad, generosidad, humildad, comprensión; mejorarse en el propio hogar y ambiente: seremos como somos donde nos mostramos con espontaneidad, no "cuando salimos").

Desarrollar el amor de entrega, no el de utilización (para ello: vivir en la verdad como novios, no falsificar la relación anticipando donaciones corporales antes de la donación personal irrevocable, "como si ya fuéramos esposos", porque esperamos llegar a serlo; las situaciones confusas son clima ideal para que se pierda clarividencia y libertad y crezca el autoengaño, en una etapa de la vida en que conviene ser máximamente lúcido y máximamente generoso: el sacrificio de saber esperar, de recorrer las etapas de preparación y maduración; el amor se cultiva pacientemente y no se puede anticipar en sus expresiones definitivas, (que, de hecho, son caricatura de la verdadera unión conyugal, requieren la evitación de sus consecuencias mediante falsificaciones del gesto amoroso con el empleo de preservativos); para esto compartir las convicciones fundamentales de lo que es el matrimonio y el noviazgo, ayudarse a estar cerca de Jesucristo y a evitar situaciones en las que es fácil dejarse arrastrar por la pasión; "Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad".

Requiere una edad adecuada: la de la completa maduración psíquica, a partir de los veinte años; conviene adquirir antes una experiencia amplia en el conocimiento del mundo femenino y en el conocimiento de sí mismo; pero no es deseable que por inmadurez se multipliquen las rupturas y se cree un fondo de desconfianza en el amor.

Hace falta dedicarle una duración suficiente pero no excesiva: las condiciones de trabajo, el precio de la vivienda impone, a veces, noviazgos prolongados que tampoco son muy deseables, aunque una duración mínima es imprescindible: pero en esto, la clave no es la duración cuantitativa sino la lucidez y generosidad cualitativa.

La actuación de los padres

Es necesario que no falte nunca en la catequesis y en la formación impartida dentro y fuera de la familia, no sólo la enseñanza de la Iglesia sobre el valor eminente de la virginidad y del celibato, sino también sobre el sentido vocacional del matrimonio, que nunca debe ser considerado por un cristiano sólo como una aventura humana: «Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia », dice san Pablo (Ef 5, 32). Dar a los jóvenes esta firme convicción, trascendental para el bien de la Iglesia y de la humanidad, « depende en gran parte de los padres y de la vida familiar que construyen en la propia casa».

Los padres deben alegrarse si ven en alguno de sus hijos los signos de la llamada de Dios a la más alta vocación de la virginidad o del celibato por amor del Reino de los cielos. Deberán entonces adaptar la formación al amor casto a las necesidades de estos hijos, animándolos en su propio camino.

Los padres deben prepararse para dar, con la propia vida, el ejemplo y el testimonio de la fidelidad a Dios y de la fidelidad de uno al otro en la alianza conyugal. Su ejemplo es particularmente decisivo en la adolescencia, período en el cual los jóvenes buscan modelos de conducta reales y atrayentes. Como en este tiempo los problemas sexuales se tornan con frecuencia más evidentes, los padres han de ayudarles a amar la belleza y la fuerza de la castidad con consejos prudentes, poniendo en evidencia el valor inestimable que, para vivir esta virtud, poseen la oración y la recepción fructuosa de los sacramentos, especialmente la confesión personal. Deben, además, ser capaces de dar a los hijos, según las necesidades, una explicación positiva y serena de los puntos esenciales de la moral cristiana como, por ejemplo, la indisolubilidad del matrimonio y las relaciones entre amor y procreación, así como la inmoralidad de las relaciones prematrimoniales, del aborto, de la contracepción y de la masturbación. Respecto a estas últimas, contrarias al significado de la donación conyugal, conviene recordar además que « las dos dimensiones de la unión conyugal, la unitiva y la procreativa, no pueden separarse artificialmente sin alterar la verdad íntima del mismo acto conyugal ».En este punto, será una preciosa ayuda para los padres el conocimiento profundo y meditado de los documentos de la Iglesia que tratan estos problemas.

En el período que lleva al noviazgo y a la elección de aquel afecto preferencial que puede conducir a la formación de una familia, los padres deberán, sobre todo, ayudar a los hijos a discernir aquellas condiciones necesarias para que nazca un vínculo serio, honesto y prometedor, y les apoyarán en el camino de un claro testimonio de coherencia cristiana en la relación con la persona del otro sexo.

La conciencia del significado positivo de la sexualidad, en orden a la armonía y al desarrollo de la persona, como también en relación con la vocación de la persona en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, representa siempre el horizonte educativo que hay que proponer en las etapas del desarrollo de la adolescencia. No se debe olvidar que el desorden en el uso del sexo tiende a destruir progresivamente la capacidad de amar de la persona, haciendo del placer en vez del don sincero de sí- el fin de la sexualidad, y reduciendo a las otras personas a objetos para la propia satisfacción.

Otros momentos particulares y significativos para los jóvenes son su ingreso en el mundo del trabajo o en la escuela superior. En modo particular, se deberá tener cuidado que los hijos no disminuyan, antes intensifiquen, la relación de fe con la Iglesia y con las actividades eclesiales; que sepan escoger maestros del saber y de la vida para su futuro; y que sean capaces de comprometerse en el campo cultural y social como cristianos, sin temor a profesarse como tales y sin perder el sentido y la búsqueda de la propia vocación.

En la última adolescencia, los jóvenes deben ser introducidos primero en el conocimiento de los indicios de fertilidad y luego en el de la regulación natural de la fertilidad, pero sólo en el contexto de la educación al amor, de la fidelidad matrimonial, del plan de Dios para la procreación y el respeto de la vida humana.

Bibliografía: P.C. Familia, Sexualidad humana. Verdad y significado; MIKEL SANTAMARÍA, Saber amar con el cuerpo; A. LÉONARD, Moral sexual explicada a los jóvenes; U. BORGUELLO, Las crisis del amor; K. WOITILA, Amor y responsabilidad, P.E. CHARBONEAU, Noviazgo y felicidad.

Tomado de: Club Juvenil Cyara

Ref Ideas claras.com

 

 

 

El instinto sexual se impone al hombre para perpetuar la especie, del mismo modo que el instinto de conservación se impone para perpetuar el individuo. Es algo con lo que hemos de contar, querámoslo o no. Pues bien: ese instinto que en forma de curiosidad comienza a aparecer en la segunda infancia, se despierta con especial intensidad en la adolescencia, cuando el matrimonio está aún lejano, cuando la voluntad es todavía débil, cuando es incompleto el conocimiento de las cosas... Todo lo que a esto se refiere es recibido por el muchacho o la muchacha como una experiencia grata y turbadora a la vez como algo ante lo que no puede quedar insensible como si se tratara de un teorema de matemáticas. Su misma existencia y el futuro que se sienten llamados a protagonizar encuentran ahí su explicación...