Familia y Educación

Cinco suspensos

Escrito por Fernando Chornet. Publicado en Educación-Enseñanza.

La semana pasada vino una vecina a verme muy alterada. «Fernando, tienes que ayudar a mi hijo, me ha traído cinco suspensos, estoy desesperada y no se qué hacer». Traté de tranquilizarla diciéndole que eso no era el fin del mundo y le pregunté cómo creía que podría ayudarle, ya que yo no me dedico a dar clases de recuperación de asignaturas. Me ofrecí, sin embargo, a recomendarle algún centro especializado en estos temas. «Pues con eso del coaching - me contestó-. Eso que haces tú y que sirve para ayudar a todo el mundo. ¿O es que el coaching ese no puede ayudar a mi hijo?». Me armé de paciencia y expliqué a mi enojada vecina que el coaching, efectivamente, puede ayudar a cualquier persona, estudiantes incluidos, a mejorar sus habilidades y, por tanto, su rendimiento académico o profesional, pero que para poder efectuar un proceso de coaching, es imprescindible que el coachee o cliente tenga voluntad de hacerlo y esté dispuesto a afrontar el esfuerzo que le va a ocasionar abandonar su actual zona de confort hasta llegar a conseguir la meta deseada. También le dije que, por lo que conocía a su hijo, creía que ése no era su caso. «Tienes razón - contestó - es un vago que no quiere estudiar, ni esforzarse, ni hacer su cuarto, ni nada. Me tiene como una esclava y... ya sabes cómo es su padre, que se lo consiente todo. Entonces ¿no me puedes ayudar?. Habla con él, por favor, a ver si a ti te hace caso». Le prometí que así lo haría y cumplí mi promesa. El caso del hijo de mi vecina era como el de tantos otros fracasados escolares. Falta de motivación, de disciplina y de otras muchas cosas que no voy a enumerar en esta ocasión. El éxito o fracaso escolar no es cosa de un curso. Normalmente se produce a lo largo de los años y no hay remedios «milagrosos» para evitarlo. El coaching no puede hacer nada si no hay voluntad de cambio. El coachee debe tener unos valores éticos que le animen a esforzarse para conseguir sus metas. Mientras permitamos a los niños que vivan sin asumir responsabilidades y les demos «todo hecho», sin que tengan que esforzarse para conseguirlo, seguiremos propiciando que, un día, traigan los «cinco suspensos».

La Razón 28/06/10