Familia y Educación

Educación-Enseñanza

Educar en la fe: ¿Qué es la unidad de vida?

Escrito por Ref. Ideas Claras. Publicado en Educación-Enseñanza.

Tomado del libro: " El valor de la Fe", del P. Javier Abad Gómez

La unidad de vida es la unión indisoluble de nuestro trabajo con la oración, el sacrificio y la acción apostólica. De tal manera que cada actividad nuestra sea a la vez y simultáneamente obra de amor sacrificado a Dios, anuncio del Evangelio, punto de encuentro con los demás, entrega.

Mediante la unidad de vida todo trabajo se hace oración y todo rato de oración esforzada es labor apostólica. El apostolado, la oración y el trabajo forman una sola cosa: la vida contemplativa, en la que se procura cumplir la voluntad de Dios en el trabajo, contemplar su presencia, trabajar por amor a Dios y a los demás, convirtiendo todo en ocasión no sólo de un encuentro con Jesucristo, sino también en ocasión de apostolado.

El drama de la sociedad actual está marcado por una crisis de unidad de vida de los cristianos. Lo afirma el Concilio Vaticano II: "La ruptura entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerada como uno de los más graves errores de nuestra época". Se percibe en la corrupción moral de tantos que se proclaman católicos practicantes; es la razón por la que un sicario lleva varios escapularios al cuello, se encomienda a la Virgen, va al templo a dar gracias por el éxito de su 'trabajo'; o que se prendan velas y se hagan altares en la misma casa donde se tiene un secuestrado; o que cristianos 'piadosos' traten con injusticia a sus empleados. Toda dicotomía entre la fe y la vida, la falta de coherencia, es una señal clara de que la unidad de vida se ha roto.

Lo primero en lo que pensamos al hablar de unidad de vida es que con ella se llega a tener intimidad con Dios en las cosas ordinarias, a lo largo de todo el día. Lo enseña el libro del Eclesiastés, cuando alaba a aquel que en todas sus ocupaciones, en cualquier actividad, levanta el corazón a Dios.

Cada acción, acto de amor

Se trata de intentar que todas las acciones, en cualquier circunstancia de la vida, se conviertan en ocasión de amar a Dios, de hacer su Voluntad: que todo esté dirigido hacia la gloria de Dios. En sentido contrario, iría orientado hacia el amor propio, aunque se disfrace con afanes más nobles. Unidad de vida implica comportarse siempre como hijo de Dios; de este modo todas las acciones, aún las más sencillas, adquieren una impronta clara, una coherencia sin fracturas.

"Os aseguro, hijos míos, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo con la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria". Conversaciones, n 114

Cuando hay unidad de vida, el trabajo es oración; el estudio es oración; el amor humano, el sufrimiento, la diversión, las alegrías. Todo es oración, todo puede llevar a Dios y conducir hacia los demás en ademán de ayudarles a encontrar también a Dios en su trabajo o en su hogar. Trabajo y hogar, que deben vivirse con la mayor perfección posible, cuidando los detalles, porque para que sea agradable a Dios, la obra tiene que ser sin defecto. Por eso, un cristiano no puede llevar como una doble vida, separada, sino que tiene que integrarlo todo en la única realidad de su filiación divina: saberse hijo de Dios y vivir como tal.

El esfuerzo por adquirir la unidad de vida

Esta unidad implica:

  • Unidad interior: Armonía consigo mismo.
  • Unidad social: Armonía con la realidad circundante y con las personas.
  • Unidad trascendental: Armonía con el destino trascendente.

Para lograrla se requieren principios sólidos, fines bien definidos, valores altos. La armonía entre lo presente, lo pasado y lo futuro; entre lo que parece pequeño y lo que se tiene como demasiado grande; lo que se vive en la inmediatez de un instante y lo que parece durar toda la vida; entre la realidad afectada por la contingencia y la que tiene repercusiones eternas. Porque el ser humano es todo eso: espíritu y materia, cuerpo y alma, sentidos y potencias intelectivas, temporalidad y eternidad; dolores y placeres, tristezas y alegrías.

Vivir de acuerdo con esta condición humana es madurez, riquísima de significados y de realidades, para darle a lo temporal, valor de eternidad; conducir todas las cosas con amor; llenar de trascendencia lo que se hace. De este modo, todo adquiere valor y sentido. Y, si se mira desde el balcón de la fe como debe ser la mirada de un cristiano, la unidad de vida conduce inexorablemente a la santidad Los valores y virtudes humanas, sirven de base para los sobrenaturales.

La fe no aniquila lo humano, sino que lo sana y eleva, restituyéndole su plenitud. Por eso, el hombre de fe encuentra la cúspide del proceso de maduración personal en la posibilidad de entregar su vida a Dios, que es la expresión más acabada de la unidad de vida. Es entonces cuando puede, con natural sobrenaturalidad, hablar de Tú a Dios, mirarle lleno de confiada sencillez a los ojos, amarle sin medida, sabiéndose igualmente amado, hasta la locura de Belén, de la Cruz, de la Eucaristía. Y de la Gloria.

Ref. Ideas Claras

Enseñar a rezar

Escrito por Ref. Ideas Claras. Publicado en Educación-Enseñanza.

Muchos niños esperan con ilusión las últimas horas del día cuando hablan un rato con papá y mamá y rezan juntos antes de dormirse. No perder esta costumbre ayuda a que los niños afiancen su vida de piedad.

Una familia creyente plantea como uno de los cometidos principales enseñar a rezar a sus nuevos miembros. Por esto, el autor del libro "Cómo educar a niños de 6 a 12 años" José Manuel Mañú, repasa los momentos más significativas en la vida de un niño para inducirlo a una vida piadosa:

Bautizo: El bautizo de un hermano es una estupenda ocasión para enseñar a los mayores lo que significa el primer sacramento de la iniciación cristiana: cuando entienden la profundidad de este hecho, surge natural el festejarlo, también materialmente, pero sin que eso sea el centro del acontecimiento.

Primeras oraciones: Algunos padres rezan a los pequeños algunas oraciones antes de que ellos puedan hablar. Entre los primeros y más grandes recuerdos de una persona está el haber aprendido a rezar de labios de sus padres.

Rezar unos momentos por la mañana y por la noche con su madre o con su padre, le ayudará al niño a comenzar y a terminar el día con un pensamiento sobrenatural.

La primera Confesión y la primera Comunión: Para los chicos es un gran día el de su primera confesión y es bueno celebrarlo sobriamente, de tal modo que valore la recepción de dicho sacramento. No es verdad que la conciencia del pecado le lleve a agobiarse, sobre todo si se le explica la hondura del corazón misericordioso de Jesús y los efectos de la confesión en el alma.

La preparación para la primera Comunión tiene dos facetas: doctrinal y de piedad. La preparación colectiva tiende más a cuidar la primera, y la personal la segunda.

La Misa dominical: Un niño de 7 años está en condiciones de seguir la Misa, siempre y cuando se le haya preparado convenientemente. Sin embargo una Misa especial para niños puede facilitar la tarea. Enseñarles el significado de cada una de las partes, de algunos gestos de los sacerdotes o sugerir alguna jaculatoria (frase breve y cariñosa) para el momento de la Consagración, son parte de la preparación progresiva que pueden dar unos padres cristianos. Por tanto, no se trata solo de llevarle a Misa, sino de ayudarle para que la aproveche con el mayor fruto posible.

Si los padres han perdido o no han adquirido la costumbre de ir a misa los domingos, esta es una oportunidad para volver a vivir ese principio básico de la vida cristiana. De la respuesta favorable o desfavorable de los padres, derivará posiblemente el futuro de la práctica religiosa del hijo.

Algunas prácticas familiares: Si los recién casado empiezan a rezar unidos, cuando llegan los hijos estas prácticas serán parte de los rituales familiares. Pos supuesto que cuando los niños son pequeños, estas oraciones deben ser breves.

Algunas costumbres para empezar pueden ser por ejemplo, un misterio del rosario, poner flores a una imagen de la Virgen, bendecir la mesa y dar gracias la final de cada comida.

Ref. Ideas Claras

¿Por qué ir a misa el domingo?

Escrito por Ref. Ideas Claras. Publicado en Educación-Enseñanza.

 

Extractos del documento escrito por el Pbro. Dr. Eduardo Volpacchio

Este artículo es una respuesta para aquellos que desean encontrar el sentido de la Santa Misa, y un estímulo para quienes la Eucaristía es el centro de su vida espiritual.

¿Para quién son estas líneas?

Posiblemente usted pertenece a una de estas tres categorías de personas:

  1. Católico que iba a Misa con sus padres cuando era chico y un día durante la adolescencia dejó de ir.
  2. Católico que nunca fue a Misa de modo constante. Quizá ni siquiera sabía de la obligación de asistir todos los domingos. Le parece hasta curioso o exagerado que la Iglesia pretenda esa práctica para todos.
  3. Católico que va a Misa y, siguiendo el llamado del Papa, quiere ayudar a muchos a volver a sentir la necesidad de esta práctica tan esencial de la vida cristiana. Es consciente de que si cada católico consiguiera por año que un católico no practicante volviera a la práctica de los Sacramentos, haríamos una verdadera revolución en la Iglesia.

Los motivos básicos para ir a Misa

Sentando la base de que casi siempre el comenzar a faltar a Misa el domingo responde a una actitud caprichosa, a la que es muy difícil refutar -precisamente por su falta de racionalidad- describo unas

consideraciones sobre el precepto dominical y la importancia de la Misa en la vida de un cristiano.

  1. Primariamente hay que considerar que a Misa se va a dar, no a recibir: Se recibe mucho, pero no se va por motivos egoístas, ni comerciales una especie de intercambio con Dios: mi atención y dedicación de tiempo a cambio de ciertos gustos, bienes, ya sea espirituales o materiales, temporales o eternos. Este primer punto desvaloriza de raíz todos los motivos para no ir basados en una línea egoísta de pensamiento: me aburro, no siento nada, no tengo tiempo, estoy cansado, etc.
  2. Porque Dios es su Creador y debe dedicarle un tiempo semanal a El: Es la manifestación de vivir centrado en Dios y en la salvación: vivir el año centrado en la Pascua; la semana, en el domingo; el domingo, en la Misa. No importa cuánto se aburra, su Creador ha dispuesto que un día de la semana sea para El: "Acuérdate de santificar el día sábado. Los seis días de la semana trabajarás y harás todas tus labores. Mas el séptimo es sábado, consagrado al Señor tu Dios" (Éxodo 20,8-10).
  3. Porque como miembro de la familia de Dios, se debe rendir culto a Dios de acuerdo a su naturaleza, junto a sus hermanos: Esto exige que el culto a Dios no sólo sea interior sino también exterior (que los demás vean su fe) y comunitario (dar culto unido a sus hermanos). Es decir, que se reúna con otros para adorar juntos a Dios.
  4. Porque hay que obedecer a la Iglesia: No es cuestión de un capricho del Papa, sino de una necesidad. En el siglo IV, la Iglesia se vio obligada a imponer este precepto para garantizar a sus fieles el mínimo de vida eucarística que necesitan.
  5. Porque si no se va. Se comete un pecado mortal: Hay un precepto que obliga a los bautizados a asistir a Misa los domingos y fiestas. Es una obligación grave, de manera que su incumplimiento es una falta grave.
  6. Porque necesita de la Eucaristía para vivir una vida realmente cristiana: Es una necesidad vital, de manera que sin la Eucaristía semanal, no te darían las fuerzas espirituales para vivir como un hijo de Dios.
  7. Porque sin la Eucaristía no tendría acceso a la vida eterna: Jesús no dejó lugar a dudas: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre"; "en verdad os digo, si no coméis la carne del Hijo de Dios y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros"; "el que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna" (cfr. Juan 6,30-58)
  8. Porque Jesús le invita a su mesa y sacrificio: El lo mandó explícitamente a sus discípulos al instituir la Eucaristía: "Haced esto en memoria mía". Asistir a Misa no es más que cumplir este mandato del Señor. Y no es sólo una memoria histórica, es una memoria que lo hace presente.

   9.  Porque viviendo en una sociedad que en muchos aspectos no es cristiana, la Misa  es la primera manera de defender, robustecer y manifestar nuestra fe: Es necesaria para "proteger" tu espíritu del materialismo sofocante que nos rodea: que tu espíritu pueda al menos una vez a la semana "respirar" un aire espiritual. Además es el primer testimonio cristiano: los demás necesitan tu ejemplo. ¿Te das cuenta qué testimonio de fe da a los que no creen... quien dice creer y muestra no valorar lo que cree?

  10. Porque es mucho mejor ir que no ir: Puede parecer tonto... pero para quien aspira a lo mejor... alcanzaría solo este motivo. Yo no creo que haya un plan más santo y santificante para el domingo.

Excusas comunes para no ir a Misa

  1. Pereza: "Prefiero quedarme durmiendo". En realidad los motivos que siguen son sólo excusas para cubrir este primero. No parece que sea un motivo muy racional, meritorio o valioso.
  2. No tengo ganas/No me nace: ¿Desde cuándo las ganas son ley que hay que obedecer? ¿Es que las ganas son más importantes que la voluntad de Dios? Además a Misa no se va porque nos guste, sino para agradar a Dios. Se va a Misa a honrar a Dios y no a honrarse a sí mismo.
  3. Me aburro: La acusación más frecuente contra la Misa es que es aburrida. Refleja bastante superficialidad, ya que a Misa no vamos para divertirnos... Y es un problema personal, en cuanto que no parece que Dios sea aburrido -es la perfección absoluta-. Además si tanta gente va a Misa con gusto, algunos incluso todos los días... será que algo le ven.
  4. Es siempre lo mismo: Si se tratara de una obra de teatro o de una película, estaría absolutamente de acuerdo. Pero no es una representación teatral... Es algo vivo, que pasa ahora. No se es un espectador. Se es partícipe y actor.
  5. Desinterés: Las cosas de Dios no me interesan. Si Dios le resbala, está en problemas. Habrá que ver cómo solucionar la falta de apetencia de lo divino.
  6. No tengo tiempo: No parece que lo que le pide Dios (1 de las 168 horas de la semana) sea una pretensión excesiva. En concreto, quien os ha creado, os mantiene en el ser y os da lo que os queda de vida.
  7. Otros planes mejores: No parece que a Dios le interese competir con el fútbol, hockey, cine... No se olvide que el primer mandamiento es "amar a Dios sobre todas las cosas"... Si tiene otros planes que le importan más que Dios... quizá el problema más que en el tercer mandamiento está antes en el primero...
  8. Tengo dudas de fe: La fe es un don de Dios, el cual hay que pedirlo. Alejarse de Dios dejando de ir a Misa, no parece el mejor método para resolver dudas. La frecuencia de sacramentos confesión y comunión es la más efectiva manera de aumentar la fe.

   9.   Estoy peleado con Dios: "Hubo algo que pasó en mi vida (la muerte de un ser muy querido, un fracaso muy doloroso, una enfermedad... o cualquier otra tragedia) que me hizo enojar con Dios: si El me hace esto... ¿por qué yo voy a ir a Misa? Es la manera de mostrarle a Dios mi disconformidad con la forma de tratarme". Hay quienes dejan de ir a Misa como una manera de vengarse de Dios. Pero, en los momentos de dolor ¿no será mejor refugiarnos en Dios y buscar su fortaleza más que reaccionar como un chiquito caprichoso de tres años?

  10. "Hay gente que va y después se porta mal": "Yo no quiero ser como ellos". "Además, hay otros que no van, y son buenos". Es evidente que ir a Misa sólo no basta. Pero, no se puede mezclar la física nuclear con el dulce de leche, ya que las dos cosas no tienen nada que ver.

  •  11.   No me he confesado y entonces no puedo comulgar: No es necesario comulgar, ni hay ninguna obligación de hacerlo. No comulgar no es pecado; no ir a Misa, sí. Además el problema se solucionaría bastante fácilmente con una breve confesión...
  •  12.  Llevarle la contraria a mis padres: Ofender a Dios para hacer sufrir a tus padres no parece una actitud muy inteligente...

      13. El cura me cae mal: No se va a Misa para darle gusto al padre, ni para hacerle un favor. El no gana ni pierde nada con su asistencia o ausencia. El que gana o pierde, es usted. Además... estoy seguro de que la ciudad en que vive es lo suficientemente grande como para que pueda encontrar alguno que le caiga más simpático...

    Ref. Ideas Claras

    Educar a los hijos en la fe

    Escrito por Ref. Ideas Claras. Publicado en Educación-Enseñanza.

    Los padres de familia, antes que nadie, son los verdaderos protagonistas de la educación cristiana de sus hijos. Por lo tanto, es necesario que las primeras prácticas religiosas que se enseñan a los chicos reúnan dos condiciones: Que sean fruto de una piedad sincera por parte de los padres y que estén adecuadas a la capacidad y edad del niño.

    Una de las primeras actitudes que hay que despertar en el niño es la confianza en Dios. Esto se logrará cuando los padres reflejan en los chicos su confianza en el Todo Poderoso ante los pequeños y grandes sucesos de la vida ordinaria.

    Puede servir repetir verbalmente pequeñas oraciones como "Dios mío eres bueno. Tú nos amas. Tenemos confianza en Ti"; hacerlo no solo en momentos angustiosos, sino en la vida cotidiana del hogar. Ello ayudará a despertar lo que es el verdadero fundamento espiritual de la vida cristiana: el sabernos ante todo y sobre todo, hijos de Dios.

    Para ayudar a los padres a educar en la fe, los autores Pedro de la Herrán y Fernando Corominas sugieren una serie de metas según la edad de los niños:

    Pautas para educar la fe de los niños

    Entre lo 0 y los 3 años

    Desde que nace el niño, debe sentir a Dios en la vida de sus padres. Los autores citan a un niño de 2 años que al levantarse decía esta oración aprendida de su madre: "Buenos días Jesús, buenos días María, os doy el corazón y el alma mía" .

    En esta etapa, la vivencia religiosa se debe transmitir dentro de la máxima claridad y con actos concretosen un clima de intensa afectividad. Conviene por lo tanto, que el niño vea desde su cuna o cama una imagende Jesús y de la Virgen y que se le enseñe a besar alguna imagen o medalla con la misma naturalidad que besa a sus padres.

    Es bueno aprovechar la Navidad y otras ocasiones cristianas durante el año para narrarle historias sencillas sobre la vida de Jesús y la Virgen.

    Entre los 3 y los 6 años

    Más importante que enseñar oraciones vocales, es desarrollar en los niños la capacidad de diálogo sencillo y espontáneo con su Padre Dios, con Jesús y con María. Es muy importante fomentar que recen cada día al levantarse y al acostarse. Sin embargo hay algunas oraciones que se pueden enseñar no de forma mecánica, como el "ángel de la guarda" o el "Jesús, José y María".

    Es también el momento de enseñar al niño a expresar esos sentimientos religiosos como arrodillarse para rezar ante una imagen, persignarse o besar un crucifijo.

    Esta es la etapa en que el niño comienza a comprender el valor de la Santa Misa y por lo tanto es bueno llevarlo, cuando sea posible, a misas dominicales especiales para chicos. Esto les ayudará a tomar la Eucaristía no como un compromiso obligado, sino como un diálogo con Dios a través de esta ceremonia.

    Entre los 6 y los 10 años

    Esta es la edad en la que los padres deben convertirse en los primeros catequistas de sus hisjos. Es la edad del razonamiento y por lo tanto conviene tener en cuenta lo siguiente:

    • Elegir un buen colegio
    • Continuar con el ejemplo
    • Consolidar su formación religiosa
    • Prepararlos para la primera Confesión (en sintonía con la parroquia o colegio)
    • Prepararlos para la Primera Comunión (idem)
    • Ayudarles a formar su conciencia.
    • Continuar con las virtudes humanas y sociales.

    (Espere un próximo artículo en LaFamilia.info sobre la preparación para la primera Confesión y para la Primera Comunión)

    Esta es la llamada "Edad de Oro" y es el momento en el que los padres pueden ganar en buena parte la batalla de la adolescencia.

    Entre los 10 y los 12 años

    En esta etapa los consejos son una continuación de la etapa anterior, pero con una clara orientación a preparar para la edad de la crisis: la adolescencia. Por esto conviene cuidar, entre otras cosas, las siguientes:

    • Seguir orientando la vida de piedad.
    • Dar criterios claros y asegurarse que se han entendido bien.
    • Ayudarle a intensificar la vivencia de las virtudes, especialmente la caridad (virtud principal), la sinceridad, la laboriosidad y la reciedumbre.
    • Darle una información sexual adecuada a su edad y a las circunstancias del ambiente en que se mueve.
    • Ayudarle a usar su libertad responsablemente.
    • Resaltar la necesidad y el valor de ayudar a los demás.
    • Enseñarles a descubrir el valor de una buena amistad.
    • Mantener con los hijos un clima de amistad, confianza y alegría.

      Fuente: "Urgencias de la Catequesis Familiar" de Pedro de la Herrán y Fernando Corominas

    Ref. Ideas Claras

     

     

    Educar en la fe: "10 consejos para formar hijos piadosos"

    Escrito por - Ref. Ideas Claras. Publicado en Educación-Enseñanza.

    Las relaciones entre Dios y el Hombre son la clave de la felicidad humana. Por esto, como padres de familia cristiana, tenemos el deber y la alegría de enseñarles a nuestros hijos a amar a Dios.

    Para formar niños piadosos, es importante ante todo dar ejemplo. Padres piadosos, hijos piadosos.

    A continuación sugerimos algunas pautas para ayudar a los padres en la tarea de la formación de hijos piadosos:

    1. Mostrar a Dios como Padre amoroso.
    2. Cuidar que las devociones y actos de piedad, desde pequeños, tengan un contenido teológico que van entendiendo poco a poco.
    3. Enseñar a rezar, pero explicar también a quién se reza y por qué se reza.
    4. No abandonar nunca el "seguimiento" de los niños en las oraciones diarias, tales como las plegarias al acostarse y al despertarse.
    5. Que el rezo en familia se haga con respeto. Cuidar las posturas. No es lo mismo rezar que jugar o ver la tele. La actitud debe ser otra.
    6. Explicarles desde pequeños el significado de las distintas fiestas litúrgicas.
    7. Ayudarles cuando llegan a los 11-13 años a superar los respetos humanos, la vergüenza a que les vean rezar.
    8. Hacerles notar que la piedad se debe mostrar en la conducta de todo el día. Rezar y mal comportamiento no deben ir juntos.
    9. Animar a ofrecer a Dios las clases y las tareas. Es otra forma de hacer oración.
    10. Bendecir los alimentos, antes de comer por ejemplo, acudir al Ángel Custodio al salir en coche.

    La Misa Dominical, una ocasión especial

    Acudir en familia a la Santa Misa debe convertirse en una de las ocasiones más importantes de la semana. Haga de este momento algo especial: es la oportunidad para darle gracias a Dios por la semana que ha pasado y pedirle por la que vendrá. Es una ocasión tan importante, que merece vestirse bien para alabar a nuestro Padre por todas sus bondades.

    Si sus hijos son pequeños, vaya explicándoles, poco a poco, los fines de la Misa para que se acostumbren y aprendan a valorarla. Cuide especialmente la compostura en la Iglesia. Hágale notar a sus hijos que el Señor está real y verdaderamente presente. Preocúpese de que los niños guarden el ayuno eucarístico. Enséñeles a prepararse para ir a comulgar, con actos de contrición y de amor de Dios, y a dar gracias después de la comunión. Permanecer dando gracias un rato, ya que el Señor está todavía dentro de nosotros realmente. Dar ejemplo.

    Oraciones para antes y después de la Sagrada Eucaristía El Rosario en familia

    El rezo del Santo Rosario en familia es una forma eficaz de fomentar la piedad en los niños. Es esa media hora del día en la que toda la familia deja a un lado sus labores cotidianas y se recoge en torno a la oración.

    Se debe buscar la manera, sin ahorrarse sacrificios, de rezar el Rosario en familia. Para encontrar el momento apropiado es bueno organizar horas para el estudio, para el descanso y la tertulia, para comer y por supuesto, para el rezo del Rosario.

    Una forma de hacer de este momento algo atractivo para los más pequeños, es invitarlos a rezar algunos misterios, de acuerdo con su edad y contarles brevemente la historia de cada misterio.

    Ref. Ideas Claras

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