Familia y Educación

Defender a la familia

Escrito por Jose Ramón Losana. Presidente Federación Española de Familias Numerosas. Publicado en Familia-Matrimonio-Vida Conyugal.

Defender a la familia, es defender la vida, es defender el progreso, es defender el futuro, es defender la justicia, el bien común. No podemos relativizar a la familia, sería tanto como relativizar nuestra existencia.

 

La familia, y especialmente en España, es la institución más valorada por el conjunto de todos los ciudadanos con indiferencia de su nivel económico, social y cultural. También es la familia el fundamento y origen de cualquier civilización, el núcleo de solidaridad más intenso, el ámbito de formación y educación de la persona y en donde los valores fundamentales de tolerancia, de generosidad, de servicio a los demás, de respeto a la libertad y a la dignidad que nos corresponde a los seres humanos, son adquiridos. La familia es también el garante del desarrollo armónico, sostenible de nuestra sociedad. Familias estables darán como resultado una sociedad estable, familias desestructuradas darán lugar a inestabilidad social. Nadie cuestiona el carácter cohesionado de la familla, nadie cuestiona que en los momentos alegres, pero sobre todo difíciles, es la familia quien acoge, quien disculpa, quien atiende con generosidad sacrificada a los miembros de su familia. La mejor terapia para inseguridad, para la injusticia sufrida, para la soledad, para la falta de medios….es la familia.

Todos sin excepción debemos proteger, defender y promocionar la familia. Los recursos económicos que deben ponerse a disposición para que cada proyecto familiar pueda ser una realidad gozosa, que no quiere decir fácil, ni cómoda, ni ajena a problemas y renuncias y en ocasiones sacrificios importantes, deben facilitarse. Cuando digo facilitar no quiero decir regalar. Cada uno de nosotros, en el ejercicio de nuestra libertad y también de nuestra responsabilidad, cuando decidimos poner en marcha nuestro proyecto familiar debemos tener la seguridad de que podremos hacerlo con unas garantías mínimas de seguridad, económica, jurídica y hasta cultural y social.

Creo que cuando decidimos constituir una familia no podemos hacerlo en un marco hostil, en una sociedad indiferente a la realidad familiar y mucho menos en la ausencia de una legislación positiva para la familia.

He dicho públicamente y seguiré haciéndolo, al igual que la inmensa mayoría de las personas, que la familia, como institución, requiere una protección económica real y justa que permita poder decidir con absoluta libertad el numero de hijos que se desean tener, y para ello deben darse las circunstancias objetivas que hagan posible el ejercicio de nuestra libertad. En caso contrario, somos libres sólo en teoría, puesto que los condicionamientos eliminarían nuestra capacidad de decisión voluntaria.

También he manifestado la necesidad, hoy más urgente que nunca, de prestar la protección jurídica que la familia necesita. Evidentemente estoy hablando de la familia natural, es decir aquella que está basada en el matrimonio de un hombre con una mujer contraído con libertad y responsabilidad. Este modelo de familia es el que, al margen de cualquier ideología, necesita el bien común, es el que dará estabilidad a la sociedad, es el que confiere derechos y obligaciones entre los esposos y de los padres e hijos, es el que asegura el relevo generacional y todo en base a un compromiso duradero, un compromiso de amor, de servicio entre los miembros de la familia.

Existen otras realidades convivenciales que merecen no ser discriminadas ni penalizadas, pero son realidades diferentes y por ello distintas, y todos coincidiremos en que justicia no es dar a todos lo mismo, sino a cada uno lo que le corresponde. No existen varios modelos familiares, no existen varios tipos de familias. Existen, y por ello habrá que regular sus obligaciones y derechos, realidades convivenciales y personales que siempre han existido. Siempre ha habido, y habrá, madres y padres solteros, y esta realidad tiene ya su protección jurídica; siempre ha habido y habrá, personas de distinto sexo que conviven juntas, sin contraer matrimonio, en el ejercicio de su libertad, que todos debemos respetar, pero no son matrimonio, porque así lo desean; siempre ha habido y habrá personas del mismo sexo que conviven juntas, tienen derecho hacerlo y nadie lo debe poner en duda, pero tampoco son matrimonio. No debe ser esta capacidad fisiológica, propia de todo ser animal, también del hombre, la que otorgue carta de naturaleza a los deberes y derechos que les son propios y debidos al matrimonio, defendido en la casi totalidad de las Constituciones, incluida la nuestra.

Defender a la familia, es defender la vida, es defender el progreso, es defender el futuro es defender la justicia, el bien común. No podemos relativizar a la familia, sería tanto como relativizar nuestra existencia.

 

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