Familia y Educación

El matrimonio entre hombre y mujer y la familia son insustituibles y no admiten otras alternativas

Escrito por Juan Vicente Boo, corresponsal de ABC en Roma. Publicado en Familia-Matrimonio-Vida Conyugal.

“El Papa no hablará contra nadie sino a favor de la familia, nos dirigirá palabras que llegan de Dios”

“El matrimonio no es un proyecto de un parlamento o de instituciones que hoy están y mañana no”

Entrevista con el Cardenal López Trujillo, publicada en ABC

El cardenal Alfonso López Trujillo preside desde hace 15 años el Consejo Pontificio para la Familia, responsable del V Encuentro Mundial de las Familias que se celebra en Valencia. El purpurado colombiano ha organizado los sucesivos Encuentros desde el primero en Roma en 1994, y acaba de visitar la sede de Valencia. Ahora ultima con Benedicto XVI los preparativos de la gran cita que comenzó ayer, y culminará los próximos sábado y domingo con la participación del Papa.

 

-Señor cardenal, ¿qué impresión trae de Valencia?

-El lugar del encuentro es muy hermoso. La gente verá al Papa con facilidad y habrá, además, quizá un centenar de pantallas gigantes. He vuelto de Valencia con la alegría de que la ciudad y la diócesis se preparan muy bien, de que en España hay un gran entusiasmo. Es un gran honor para España que Juan Pablo II la eligiese como sede y que Benedicto XVI confirmase la decisión.

 

-¿Cómo se prepara el Papa?

-Benedicto XVI se está preparando en la oración, en la reflexión sobre sus temas y sus mensajes, en su contacto con el pueblo español, que ama mucho y que conoce porque ha estado varias veces en congresos y reuniones. Conoce la calidad de España y sabe lo que representa en la Iglesia universal de cara a América Latina, que recibió la fe desde el mundo ibérico. Yo también conozco muy bien España, y su capacidad de vibrar con el Papa.

 

-¿Qué nos va a decir Benedicto XVI?

-Nos dirigirá palabras que llegan de Dios. El carisma de Pedro es el carisma de los Pontífices. La gente sabe que va a decirles la verdad. Que va a anunciar la vida y el valor de la familia, con gran claridad, como catequista. Hablará a la Iglesia universal, no sólo a España, sino a todos los países en sus situaciones y su diversidad. No hablará «contra» nadie sino «a favor» de una gran causa: la familia, la vida humana, la felicidad, la fidelidad. Hablará de los fundamentos de la fe, de las cosas «no negociables»: la familia, la paternidad, la maternidad, los hijos. La familia es un gran don para los pueblos, sobre todo cuando se deshacen sin vida y sin esperanza. En el Congreso Teológico Pastoral, de martes a viernes, estudiaremos durante las mañanas el tema de «La transmisión de la fe en la familia», y dedicaremos las tardes a los asuntos de importancia mundial con especialistas del derecho, la economía, la demografía, la bioética, la política, etc. Habrá también testimonios de personalidades de movimientos apostólicos y un programa muy bello de actos culturales para los 7.000 participantes. La fiesta testimonial del sábado por la noche terminará con el mensaje del Santo Padre, que celebrará la Eucaristía final el domingo.

 

-¿El ambiente crispado de España es adecuado para recibir al Papa?

-La decisión de ir a Valencia se tomó hace tres años, y por eso no cuenta si hay un Gobierno u otro. Conociendo mucho a España, sé que habrá una enorme acogida y se notará un gran cariño a quien viene a decir palabras de vida eterna, prestando sus labios, como dicen los profetas, al Señor de la vida. Yo aprovecho para invitar al encuentro a tantas personas de América Latina que viven en España, a que vayan con enorme entusiasmo a este encuentro histórico.

 

-Algunas personas dudan de si es mejor verlo en la televisión...

-Es un planteamiento de comodidad y egoísmo. ¡Qué distinto es ver al Papa personalmente! ¡Verle pasar de cerca! Ha concedido indulgencia plenaria a quienes acudan. Yo le haría una comparación: está bien ver el fútbol en la televisión, pero si puedo ir al estadio ¡es completamente distinto! En ese encuentro se sentirá el corazón de la Iglesia, que en ese momento estará en Valencia y enviará un mensaje de alegría y de entusiasmo a todos los pueblos. Lo necesitan especialmente los pueblos sacudidos por la secularización, por el olvido de las normas morales. La sociedad necesita valores para vivir.

 

-ABC entrega con el diario de este domingo la autobiografía de Joseph Ratzinger, «Mi Vida». ¿Cómo es el Papa visto de cerca?

-Lo he tratado a lo largo de muchos años y he podido conocerle en los campos de la doctrina, el pensamiento y la teología, en que ha prestado un servicio único. Coordinó la elaboración del Catecismo de la Iglesia católica, que es un monumento. Conoce muy bien nuestro tema desde que fue relator general del Sínodo de la Familia, que aportó la base para la exhortación apostólica «Familiaris Consortio» de Juan Pablo II en 1981. Es un Papa de pensamiento, de oración, de profundización, con dos rasgos complementarios muy importantes: profundidad y claridad. La gente le entiende, aun en temas difíciles. Es una de sus características. Sirve a la Iglesia como maestro de la fe. Ese es su carisma. Lo que la gente espera de él es que predique las certezas de Dios. Y lo hace a todos los países, como su predecesor, a quien el mundo entero acudió a decirle «gracias». Benedicto XVI habla el lenguaje de la fe, que es el que vamos a hablar en este V Encuentro Mundial de las Familias. Con serenidad, sin estridencias, pero sin vacilaciones y sin dudas. Por eso el Papa dice que «hay cosas en las que no se puede negociar». Las verdades no son negociables, como no lo es la familia y la vida. Y eso lo dirá a los cuatro vientos.

 

-En la carta que le escribió en mayo de 2005 para confirmar la cita de Valencia, el Papa afirmaba que el matrimonio entre hombre y mujer y la familia «son insustituibles y no admiten otras alternativas»...

-Quiere decir que el matrimonio natural, y el sacramento para los cristianos, no pueden ser sustituidos por nada. Es un modelo original, querido por Dios. Es unión indisoluble de un hombre y una mujer hasta la muerte, con el cemento de la fidelidad, que protege la donación total. El matrimonio es un compromiso integral de vida y amor en que los esposos se otorgan mutuamente de forma total. Si no fuera así, se llegaría a la tragedia de no poder confiar. La fidelidad es la felicidad, la posibilidad de volcarse al don de los hijos. Esto es un evangelio hermoso. Los padres no son víctimas ni mártires del matrimonio, que es fuente de su felicidad como lo son los hijos dando juventud, alegría y felicidad a la familia, no sólo sacrificios y esfuerzos.

 

-Pero en España la ley ha establecido «matrimonios» de otro tipo.

-El matrimonio no es un proyecto de un parlamento o de instituciones que hoy están y mañana no. No es como un proyecto arquitectónico, que puede modificarse o quedar sin terminar. No hay varios modelos, hay uno solo, que viene de Dios y es insustituible. Por eso se equivocan quienes quieren presentar como matrimonio cosas que no lo son. No alcanzan la realidad antropológica del matrimonio, del que no cabe una definición maleable como una gelatina en las leyes o las constituciones. Y estoy hablando a nivel universal.

 

-El problema es que en España ha sucedido ya, y los jóvenes se encuentran ante dos modelos.

-Es una alternativa falsa, porque no tiene esa profundidad humana, psicológica, ese espesor de ley natural. No quiero abordar el caso de España en este momento porque ya se ha hablado mucho. Quiero hablar para muchas naciones, también de América Latina. Se está sembrando una especie de cizaña, de ambigüedad conceptual de pensamiento para la juventud. Los jóvenes pueden pasar momentos de gran confusión, sin saber por lo que hay que optar, sumergidos en la bruma. ¿Cuál es mi futuro? ¿De qué modo puedo ser feliz? Por eso fue tan bien acogida la encíclica del Papa «Dios es amor». El «ágape» es la unión de amor y de ternura, de una sola carne, que sólo se da en un matrimonio vivido con respeto, con sentido de vocación y de aventura, delante de los ojos de Dios. Es un mensaje hermoso y no se lo podemos ocultar a los jóvenes por miedo a cohibir su libertad. Si no, van por atajos donde no encuentran esa verdadera libertad y sí una pobre esclavitud. El Papa, como Juan Pablo II, se lo recuerda con frecuencia.

 

-El pasado 5 de junio el Papa invitó a defender la familia frente a «la confusión de otro tipo de uniones basadas en el amor débil»...

-Es un pensamiento muy conocido del Papa. Es bueno que se sepa que lo ha dicho, y conviene que lo profundicemos. Pero no hagamos de eso el centro del Encuentro Mundial de las Familias. El encuentro de Valencia no va a enredarse en eso, y menos cuando anuncian comportamientos y actitudes... Hay que tener respeto a las personas homosexuales, y ayudarles. Pero no quiero enfatizar ahora ese problema, que pondría en una perspectiva limitada el encuentro de Valencia.

 

-¿Hay pérdida de rumbo en algunos parlamentos?

-Yo he acudido a muchos y me han invitado incluso algunos en que no hay mayoría católica. Y no ha habido ninguna dificultad, pues yo simplemente les digo que «esto es lo que la Iglesia piensa, ésta es la experiencia, etc». La experiencia de la humanidad sobre el modelo único de matrimonio entre hombre y mujer es excelente. Por eso yo le pregunto a los políticos, pacíficamente y sin estridencias, ¿han descubierto estos pocos países, y sólo en los últimos diez años, que la humanidad ha cometido a lo largo de toda la historia el error de creer en el matrimonio?

 

-El encuentro de Valencia es la última cita convocada por Juan Pablo II. ¿La verá «desde la ventana del Cielo», como dijo en su día el cardenal Ratzinger?

-Fue su última convocatoria, y el Papa actual la entiende. Por eso la confirmó. La familia es una columna, un bien común de la sociedad, anterior y superior al Estado como ya señaló la filosofía griega. Por eso el Estado debe respetarla y ayudarla. Hoy se ve que Juan Pablo II tuvo una intuición certera hace 25 años cuando creó el Consejo Pontificio para la Familia. Esperemos que desde esa ventana a la que aludía el cardenal Ratzinger bendiga el V Encuentro y este dicasterio.

 

«Muchos Estados no invierten lo que deberían en la familia»

 

López Trujillo habla de que se «ha caído en modelos de sociedad donde no cuenta el sacrificio, la responsabilidad...».

 

-Ahora trabajan los padres y las madres. El coste económico de un niño y de su educación es hoy mucho mayor. Faltan guarderías en las empresas, sistemas de horario flexible, etc.

 

-Son problemas graves, que abordaba ya la encíclica Laborem Exercens. La Iglesia no va contra el trabajo profesional de la mujer, va contra el trabajo obligatorio, pues se pierde el clima, la cercanía, el tiempo necesario para estar juntos. Y si además la televisión es intrusa...

 

-Algunos Estados son lentos frente a problemas que amenazan la «ecología de la familia»...

-Muchos Estados no invierten lo que deberían en la familia. Incluso algunos con graves problemas demográficos. Hay que abordarlos con políticas familiares de ayuda a la educación de los hijos, a la vivienda, al segundo y al tercer hijo... Comienza a haber la preocupación en Francia, y también en Italia. Si los parlamentos, si los gobiernos no tienen conciencia de que su mejor inversión es la familia están errando en forma muy seria. La familia es esencial, y por eso se discute en todos los pueblos, en todos los parlamentos. Por eso hay ministerios de la familia. Las sociedades que no apoyan a la familia se hacen el haraquiri porque destruyen el futuro de los hijos. Una familia que se diluye en la ficción de las parejas de hecho es una alternativa sin consistencia, sin racionalidad y sin futuro.

 

Un cardenal muy fogueado

 

Entre los cardenales más «veteranos» y fogueados de la Curia vaticana se cuenta Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio para la Familia desde hace 15 años y organizador de los Encuentros Mundiales, que se celebran cada tres años rotando entre continentes.

 

El purpurado colombiano tiene experiencia «continental» desde que en 1972 fue elegido secretario del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), del que sería presidente más adelante. Había sido uno de los obispos más jóvenes del mundo, pues Pablo VI le asignó esa responsabilidad a los 35 años, exactamente la mitad de los 70 que ahora tiene. Alternando con sus cargos en el Celam, fue obispo auxiliar de Bogotá y arzobispo de Medellín, dos territorios nada fáciles como todo el mundo sabe.

Juan Pablo II le llamó a Roma como presidente del Consejo Pontificio para la Familia en 1990, y le elevó a la púrpura cardenalicia en 1983, cuando tenía 47 años. López Trujillo es un lector incansable y autor de numerosos artículos y libros, la mayor parte sobre la familia.

Uno de los purpurados más veteranos de la Curia

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