Familia y Educación

Familia-Matrimonio-Vida Conyugal

Homilía del cardenal Rouco en la misa de las Familias de Europa en Madrid

Escrito por -. Publicado en Familia-Matrimonio-Vida Conyugal.

 
Sin las familias, "Europa se quedaría sin el futuro del amor"

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Una vez más, una Plaza madrileña, la Plaza de Lima, nos ofrece un bello marco para celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia públicamente ante la sociedad y ante el mundo como "una Misa de las Familias": de las familias de Madrid y de toda España. Así sucedió el pasado año. Hoy, además, como una Eucaristía de las familias de toda Europa. Me es muy grato, por ello, saludar con afecto fraterno en el Señor a los Sres. Cardenales, Arzobispos y Obispos de las Diócesis de España, pero, especialmente, a los hermanos venidos de Roma y de diversos países europeos. En un lugar destacado quisiera hacerlo con el Sr. Cardenal Prefecto del Pontificio Consejo para las Familias, que subraya con su presencia el valor pastoral que le merecen al Santo Padre y a sus colaboradores más próximos nuestra iniciativa a favor de la familia. El luminoso y siempre certero mensaje del Papa Benedicto XVI no nos ha faltado tampoco en esta ocasión en que la Eucaristía de las familias cristianas de España se abre a las Iglesias particulares de Europa. Mi saludo muy cordial se dirige también a los innumerables hermanos sacerdotes españoles y europeos, cercanos siempre a las familias que ellos atienden y sirven con cuidadoso celo y caridad pastorales. Nuestro más efusivo saludo va dirigido, sin embargo, a las innumerables familias - abuelos, padres, hijos, hermanos... - que se han sacrificado para venir a Madrid y poder celebrar en esta fría mañana madrileña, unidos en una extraordinaria asamblea litúrgica con los fieles de nuestra diócesis, la Acción de Gracias eucarística con alegría jubilosa por el inmenso don de la familia cristiana: familia que se mira en la Sagrada Familia de Nazareth como el modelo insuperable y decisivo para poder vivir en plenitud la riqueza de la gracia del matrimonio cristiano en el día a día del crecer y del quehacer de la propia familia. La familia cristiana sabe, además, que en Jesús, María y José, encuentra el apoyo sobrenatural necesario que le ha sido preparado amorosamente por Dios para que no desfallezca en la realización de su hermosa vocación.

Vuestra multitudinaria presencia, queridas familias, y vuestra participación atenta, piadosa y activa en esta celebración eucarística habla un claro y elocuente lenguaje: ¡queréis a vuestras familias! ¡queréis a la familia!; ¡mantenéis fresca y vigorosa la fe en la familia cristiana!; estáis seguras, compartiendo la doctrina de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, de que el modelo de la familia cristiana es el que responde fielmente a la voluntad de Dios y, por ello, es el que garantiza el bien fundamental e insustituible de la familia para sus propios miembros -los padres y los hijos en eminente lugar-, para toda la sociedad y, no en último lugar, para la Iglesia. La Iglesia es, en definitiva, la "construcción de Dios", "en la que habita su familia", como enseña el Vaticano II; y la familia en ella es "Iglesia doméstica" (LG 6 y 11). Queridas familias cristianas: sois muy conscientes, incluso en virtud de vuestras propias experiencias de la vida en el matrimonio y en vuestra familia, de que ese otro lenguaje de los diversos modelos de familia, que parece adueñarse, avasallador y sin réplica alguna, de la mentalidad y de la cultura de nuestro tiempo, no responde a la verdad natural de la familia, tal como viene dada al hombre "desde el principio" de la creación y de que, por ello, es incapaz de resolver la problemática tantas veces cruel y dolorosa de los fracasos materiales, morales y espirituales que afligen hoy al hombre y a la sociedad europea de nuestro tiempo con una gravedad pocas veces conocida por la historia. Queridas familias: porque queréis vivir vuestra familia en toda la verdad, la bondad y la belleza que le viene dada por el plan salvador de Dios, estáis aquí como protagonistas del nuevo Pueblo y de la nueva Familia de Dios, que peregrina en este mundo hacia la Casa y la Gloria del Padre, celebrando con la Iglesia el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, culmen y fuente de toda la vida cristiana -y consecuentemente ¡de la verdadera vida de vuestras familias!- como una Fiesta, iluminada por la memoria, hecha actualidad, de la Sagrada Familia de Nazareth.

Con la Sagrada Familia, formada por Jesús, María y José, se inicia el capítulo de la nueva y definitiva historia de la familia: el de la familia, que, fundada por el Creador en el verdadero matrimonio entre el varón y la mujer, va a quedar liberada de la esclavitud del pecado y transformada por la gracia del Redentor. Acerquémonos pues con la mirada de la fe, clarificada por la palabra de Dios, a la realidad de esta familia, sagrada y entrañable a la vez, que abre a las nuestras el tiempo nuevo del amor y de la vida sin ocaso. Llama la atención desde el primer momento de su preparación y constitución que lo que guía y mueve a María y a José a desposarse y acoger en su seno al Hijo, a Jesús, es el cumplimiento de la voluntad de Dios sin condiciones; aunque, humanamente hablando, les cueste comprenderla. María dice "Sí" a la maternidad de su Hijo, que era nada menos que el Hijo del Altísimo. Lo concibe por obra del Espíritu Santo, siendo Virgen y permaneciendo Virgen. José acepta acoger a María en su casa como esposa, castamente, sabiendo que el Hijo que lleva en sus entrañas no es suyo, ¡es de Dios! Se abandonan a su santísima voluntad, sabiendo que responden así a los designios inescrutables, pero ciertos, del amor de un Dios que quiere salvar al hombre por caminos que le sobrepasan por la magnitud infinita de la misericordia que revelan. Son cada vez más conscientes de que a ellos se les ha confiado la vida y la muerte terrena de un niño, que es el Hijo de Dios, el Mesías, el Señor. Sí, sobre todo, lo sabe su Madre María que lo acompaña, a veces desde la distancia física, pero siempre desde una inefable cercanía del corazón hasta el momento de la Cruz: ¡la hora de la expropiación total del Hijo y de la Madre en aras del Amor más grande! En la escena del adolescente Jesús, perdido y hallado por sus padres en el Templo de Jerusalén, que nos relata hoy el Evangelio de San Lucas, se confirmaba y se preludiaba hasta qué grado de entrega y oblación de la vida conllevaba la aceptación amorosa de la voluntad del Padre: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?". Y, aunque ellos no comprendieron del todo lo que les quería decir, su angustia precedente quedó enternecedoramente compensada por el Hijo: Jesús bajó con ellos a Nazareth y, bajo su autoridad, "iba creciendo en sabiduría, estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres". Y "su madre conservaba todo esto en su corazón". De aquel amor de María y José, amor de total entrega a Dios, y, por ello, de una fecundidad humanamente inimaginable, ¡sobrenatural!, surge la familia en la que nace, crece y vive el Salvador del hombre, el Autor de la Nueva Vida, el Cabeza del Nuevo Pueblo de Dios, el Primero entre una incontable multitud de hermanos, que habrían de configurar la nueva familia humana.

Queridas familias cristianas de España y de toda Europa: miraos a vosotras mismas como esposas y esposos, padres e hijos, en el límpido espejo de ese prototipo de la nueva familia querida y dispuesta por Dios en su plan de salvación del hombre, que es la familia de Jesús, María y José. ¿Verdad que también vosotros podéis certificar que, cuando todo ese edificio de íntimas relaciones personales entre vosotros y con vuestros hijos se fundamenta en la vivencia fiel y siempre renovada de vuestro compromiso contraído sacramentalmente en Cristo, ante Dios y ante la Iglesia, os es posible e incluso sencillo y gratificante configurar vuestra familia como esa íntima comunidad de vida y amor donde se va abriendo día a día, "cruz a cruz", el camino de la verdadera felicidad? Entonces os sentís "como elegidos de Dios, santos y amados, para revestiros "de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión". Sabéis pedir perdón y perdonáis. Sabéis sobrellevaros y ¿os santificáis mutuamente? Colocáis por encima de todo "el amor" que "es el ceñidor de la unidad consumada". ¿En quién y en dónde podrán encontrar los niños, que van a nacer, los discapacitados, los enfermos, los rechazados... etc., el don de la vida y del amor incondicional sino en vosotros, padres y madres de las familias cristianas? ¿Hay quien responda mejor y más eficazmente a las situaciones dramáticas de los parados, de los ancianos, de los angustiados por la soledad física y espiritual, de los rotos por las decepciones y fracasos sentimentales, matrimoniales y familiares, que la familia verdadera, la fundada en la ley de Dios y en el amor de Jesucristo?

En esta madrileña Plaza de Lima, el día 2 de noviembre de 1982, el inolvidable Juan Pablo II, declarado Venerable el pasado día 19 de diciembre por nuestro Santo Padre Benedicto XVI, celebraba una Eucaristía memorable, convocada como "la Misa para las familias" en el tercer día de su largo primer viaje por toda la geografía de las Diócesis de España ¡Viaje Apostólico inolvidable! En su vibrante homilía se encuentra un pasaje, cuya vigorosa fuerza profética no ha perdido ni un ápice de actualidad. Permitidme que os lo recuerde:

"Además, según el plan de Dios, -afirmaba el Papa- el matrimonio es una comunidad de amor indisoluble ordenado a la vida como continuación y complemento de los mismos cónyuges. Existe una relación inquebrantable entre el amor conyugal y la transmisión de la vida, en virtud de la cual, como enseñó Pablo VI, "todo acto conyugal debe permanecer abierto a la transmisión de vida". Por el contrario, -como escribí en la Exhortación Apostólica "Familiaris Consortio"-"al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal.

Pero hay otro aspecto aún más grave y fundamental, que se refiere al amor conyugal como fuente de la vida: hablo del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o institución, privada o pública, puede ignorar. Por ello, quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad."

Benedicto XVI nos enseña hoy, en medio de una crisis socio-económica generalizada, un cuarto de siglo después de la homilía de la Plaza de Lima, en su Encíclica "Cáritas in Veritate": "La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica... Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad".

El panorama que presenta la realidad de la familia en la Europa contemporánea no es precisamente halagüeño. El preocupante diagnóstico del estado de salud de la familia europea, que hacía en octubre de 1999 la II Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos y que, después, Juan Pablo II recogía, detallaba y confirmaba en la Exhortación Postsinodal "La Iglesia en Europa", se ha ido agravando más y más. La actualidad del matrimonio y de la familia en los países europeos está marcada por la facilitación jurídica del divorcio hasta extremos impensables hasta hace poco tiempo y asimilables al repudio; por la aceptación creciente de la difuminación, cuando no de la eliminación, primero cultural y luego legal de la consideración del matrimonio como la unión irrevocable de un varón y una mujer en íntima comunidad de amor y de vida, abierta a la procreación de los hijos; por el crecimiento, al parecer imparable, de las rupturas matrimoniales y familiares con las conocidas y dramáticas consecuencias que acarrean para la suerte y el bien de los niños y de los jóvenes. A esta situación se ha añadido la crisis económica, con la inevitable secuela del paro y el desempleo como factor sobrevenido a la situación ya muy extendida de la crisis del matrimonio y de la familia. El derecho a la vida del niño, todavía en el vientre de su madre -del "nasciturus"-, se ve lamentablemente suplantado en la conciencia moral de un sector cada vez más importante de la sociedad, y en la legislación que la acompaña y la estimula, por un supuesto derecho al aborto en los primeros meses del embarazo. La vida de las personas con discapacidades varias, de los enfermos terminales y de los ancianos, sin un entorno familiar que las cobije, se ve cada vez más en peligro. Un panorama a primera vista oscuro y desolador. Sólo a primera vista. En el trasfondo alumbran los signos luminosos de la esperanza cristiana: ¡Aquí estáis vosotras, las queridas familias cristianas de España y de toda Europa, para dar testimonio de esa esperanza y corroborarla. Con el "sí" gozoso a vuestro matrimonio y a vuestra familia, sentida y edificada cristianamente como representación viva del amor de Dios -amor de oblación y entrega, ofrecido y fecundo también en "vuestra carne"- y con vuestro "sí" al matrimonio y a la familia como "el santuario de la vida" y fundamento de la sociedad, estáis abriendo de nuevo el surco para el verdadero porvenir de la Europa del presente y del futuro. Europa, sin vosotras, queridas familias cristianas, se quedaría prácticamente sin hijos o, lo que es lo mismo, sin el futuro de la vida. Sin vosotras, Europa se quedaría sin el futuro del amor, conocido y ejercitado gratuitamente; se quedaría sin la riqueza de la experiencia del ser amado por lo que se es y no por lo que se tiene. El futuro de Europa, su futuro moral, espiritual e, incluso, biológico, pasa por la familia realizada en su primordial y plena verdad. ¡El futuro de Europa pasa por vosotras, queridas familias cristianas!

Habéis recibido el gran don de poder vivir vuestro matrimonio y vuestra familia cristianamente, siguiendo el modelo de la Familia de Nazareth, y, con el don, una grande y hermosa tarea : la de ser testigos fieles y valientes, con obras y palabras, del Evangelio de la vida y de la familia en una grave coyuntura histórica de los pueblos de Europa, vinculados entre sí por la común herencia de sus raíces cristianas. Unidas en la Comunión de la Iglesia, alentadas y fortalecidas por la Sagrada Familia de Nazareth, por Jesús, María y José, la podréis llevar a un buen y feliz término. ¡Sí, con el gozo jubiloso de los que han descubierto y conocen que en Belén de Judá, hace dos mil años, nos nació de María, la Virgen y Doncella de Nazareth, el Mesías, el Señor, el Salvador, lo podréis!

Amén.

 

 

Palabras del Papa a las familias reunidas en Madrid

Escrito por -. Publicado en Familia-Matrimonio-Vida Conyugal.

Intervención durante el Ángelus a los peregrinos congregados en el Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 27 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que pronunció Benedicto XVI desde la ventana de su estudio a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo del Ángelus. Las palabras del Papa, dirigidas en parte en español, fueron transmitidas en directo en la plaza de Lima de Madrid, donde se encontraban reunidas miles de familias de Europa con motivo de una celebración eucarística convocada en el día de la Sagrada Familia.

* * *

[En italiano]

Queridos hermanos y hermanas:

Se celebra hoy el domingo de la Sagrada Familia. Podemos seguir poniéndonos en el lugar de los pastores de Belén que, nada más recibir el anuncio del ángel, acudieron de prisa a la gruta y encontraron a "María, José y al niño, acostado en el pesebre" (Lucas 2,16). Detengámonos también nosotros a contemplar esta escena, y reflexionemos en su significado. Los primeros testigos del nacimiento de Cristo, los pastores, se encontraron no sólo ante el Niño Jesús, sino también ante una pequeña familia: la mamá, el papá y el hijo recién nacido. ¡Dios quiso revelarse naciendo en una familia humana, y por este motivo la familia humana se ha convertido en imagen de Dios! Dios es Trinidad, es comunión de amor, y la familia, con toda la diferencia que existe entre el Misterio de Dios y su criatura humana, es una manifestación que refleja el Misterio insondable del Dios amor. El hombre y la mujer, creados a imagen de Dios, se convierten en el matrimonio en "una sola carne" (Génesis 2, 24), es decir, en una comunión de amor que engendra nueva vida. La familia humana, en cierto sentido, es imagen de la Trinidad por el amor interpersontal y por la fecundidad del amor.

La liturgia de hoy presenta el famoso episodio evangélico de Jesús, a los doce años, que se queda en el Templo, en Jerusalén, sin que se dieran cuenta sus padres, quienes, sorprendidos y preocupados, vuelven a encontrarlo tres días después discutiendo con los doctores. A su madre que le pide explicaciones, Jesús le responde que tiene que estar "en la propiedad", en la casa de su Padre, es decir de Dios (Cf. Lucas 2, 49). En este episodio, el muchacho Jesús se nos presenta lleno de celo por Dios y por el Templo. Preguntémonos: ¿de quién había aprendido Jesús el amor por las "cosas" de su Padre? Ciertamente, como hijo, tuvo un íntimo conocimiento de su Padre, de Dios, una profunda relación personal permanente con Él, pero, en su cultura concreta, ciertamente aprendió las oraciones, el amor por el Templo y por las instituciones de Israel, de sus propios padres. Por tanto, podemos afirmar que la decisión de Jesús de quedarse en el Templo era sobre todo fruto de su íntima relación con el Padre, pero también fruto de la educación recibida de María y de José. Podemos entrever aquí el sentido auténtico de la educación cristiana: es el fruto de una colaboración que siempre hay que buscar entre los educadores y Dios. La familia cristiana es consciente de que los hijos son don y proyecto de Dios. Por tanto, no los puede considerar como una posesión propia, sino que, sirviendo en ellos al designio de Dios, está llamada a educarlos en la libertad más grande, que consiste precisamente en decir "sí" a Dios para hacer su voluntad. De este "sí" la Virgen María es ejemplo perfecto. A ella le encomendamos todas las familias, rezando en particular por su misión educativa.

Y ahora me dirijo, en lengua española, a los que participan en la fiesta de la Sagrada Familia en Madrid.

[En español]

Saludo cordialmente a los pastores y fieles congregados en Madrid para celebrar con gozo la Sagrada Familia de Nazaret. ¿Cómo no recordar el verdadero significado de esta fiesta? Dios, habiendo venido al mundo en el seno de una familia, manifiesta que esta institución es camino seguro para encontrarlo y conocerlo, así como un llamamiento permanente a trabajar por la unidad de todos en torno al amor. De ahí que uno de los mayores servicios que los cristianos podemos prestar a nuestros semejantes es ofrecerles nuestro testimonio sereno y firme de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, salvaguardándola y promoviéndola, pues ella es de suma importancia para el presente y el futuro de la humanidad. En efecto, la familia es la mejor escuela donde se aprende a vivir aquellos valores que dignifican a la persona y hacen grandes a los pueblos. También en ella se comparten las penas y las alegrías, sintiéndose todos arropados por el cariño que reina en casa por el mero hecho de ser miembros de la misma familia. Pido a Dios que en vuestros hogares se respire siempre ese amor de total entrega y fidelidad que Jesús trajo al mundo con su nacimiento, alimentándolo y fortaleciéndolo con la oración cotidiana, la práctica constante de las virtudes, la recíproca comprensión y el respeto mutuo. Os animo, pues, a que, confiando en la materna intercesión de María Santísima, Reina de las Familias, y en la poderosa protección de San José, su esposo, os dediquéis sin descanso a esta hermosa misión que el Señor ha puesto en vuestras manos. Contad además con mi cercanía y afecto, y os ruego que llevéis un saludo muy especial del Papa a vuestros seres queridos más necesitados o que se encuentran en dificultad. Os bendigo a todos de corazón.

[Al final del Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. En este domingo de la Sagrada Familia, invito a todos a poner los ojos en el hogar de Nazaret, escuela incomparable de virtudes humanas y cristianas, para aprender de Jesús, José y María a vivirlas personalmente y dar ejemplo de ellas ante los que os rodean con humildad y convicción. De nuevo os deseo que, en estas fiestas de Navidad, la alegría del Señor Jesús, nacido en Belén, sea vuestra fortaleza. En su Nombre os bendigo con gran afecto.

 

El matrimonio duradero es la familia sostenible

Escrito por The Family Watch. Publicado en Familia-Matrimonio-Vida Conyugal.

Los padres casados y sus hijos están, por término medio, en mejor situación que las familias que han experimentado un divorcio, las parejas de hecho y los hogares monoparentales. Tienen mejor salud, menos pobreza y tasas más bajas de alcoholismo y otras adicciones; los chicos presentan menores índices de fracaso escolar y delincuencia juvenil, así como menor frecuencia de relaciones sexuales precoces y embarazos no deseados; en sus hogares hay menos violencia doméstica. Estas son algunas de las principales conclusiones de un informe elaborado por The Family Watch, que se presentó el 5 de noviembre en Madrid.

El amor en el matrimonio

Escrito por Carlos Rodríguez Amez. Publicado en Familia-Matrimonio-Vida Conyugal.

A mi me encanta la figura del Papa actual Juan Pablo II. En su encíclica "VERITATIS SPLENDOR" sobre la moralidad de los actos humanos dirigida a los católicos y a toda la humanidad, empieza diciendo que " El esplendor de la verdad brilla en todas las obras del Creador y, de modo particular, en el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, pues la verdad ilumina la inteligencia y modela la libertad del hombre, ya que el poder de decidir sobre el bien o el mal no pertenece al hombre sino a Dios. Inteligencia iluminada por la ley natural que "no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Dios ha donado esta luz y esta ley en la creación." (Definición de ley natural de Sto Tomás de Aquino).

Vamos a dejar durante toda la charla este concepto contenido en la Encíclica y sacado del GÉNESIS: brilla especialmente en el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios...

 
Cuando a Dios se le ocurre crear al hombre, lo deja solo en el Paraíso y estaría vagando, cansado y aburrido de tantas cosas buenas y llegaría un momento en que se dormiría y cuando nuestro Padre Dios Creador le vio en esa situación pensaría "esto no puede seguir así".. sacó la costilla e hizo la mujer.. creó la historia, porque el hombre unido a la mujer creó una familia, se pone a trabajar... la aventura de la manzana que nos permite esforzarnos sino sería la beatitud desde el principio hasta el final. Lo bonito de la creación es que cuando Dios crea a Eva lo hace en igualdad de condiciones: igual a.. igualmente amada por si misma, por Dios, acto de amor y para que sea compañera de Adán. Es un regalo que Dios da a Adán: Te doy una mujer, no otra cosa. La mujer el regado del hombre. Adan cuando despierta se queda asombrado, admirado.. Ah! esta si que es carne de mi carne y hueso de mi hueso.. Esta es igual a mi, con esta sí puedo hablar.. comunicación.

Adán la coge, la recibe como lo que es, como un regalo y cuando a una cosa, a una persona se la ve, se la acoge como un regalo SE LA ESTA VALORANDO, se la está aupando y Eva que siente esta admiración hace suyo el don de Dios y ella responde a la acogida de Adán YO QUIERO SER TU REGADO. Es un modelo de amor humano: Adán ama a Eva y Eva ama a Adán y antes Dios amó a Adán y a Eva.

Lo primero en el AMOR es la DONACIÓN, la salida de sí, lo segundo la espera de que tú me des tambien, te me des tambien. Es el dialogo del amor que empieza por dar y sigue por recibir pero no a la inversa. Si se hace a la inversa ocurre como a los malversadores, los defraudadores que pasan al cobro letras sin haber hecho previamente provisión de fondos.

Esta es la raíz del amor. El primer amor humano fue en la historia un amor conyugal: está en la raíz del amor humano.

Amor CONYUGAL: está presente en el GÉNESIS, en la creación del Genero Humano, en la creación del primer hombre y que Dios eligió como modelo para simbolizar la unión de Cristo con la Iglesia. Un amor ESPONSAL y que los hombres eligiéremos como modelo para expresar la intimidad del hombre con Dios: Así las bodas místicas, el cántico del esposo de San Juan de la Cruz.Semejanza del amor conyugal con el amor de Dios:

Un ser espiritual tiene dos operaciones: conocer y querer. La 1ª operación vital de Dios es el acto del conocimiento: por este acto Dios produce un concepto perfecto de lo que El conoce perfectamente, es decir de El mismo. El acto de la voluntad produce en el que quiere una nueva realidad y en Dios la 3ª Persona: el amor, los frutos del Espiritu Santo. Dios se reconoce en el Hijo y del amor del Padre y del Hijo procede el Espíritu Santo.

Pues en el hombre, cuando Adán ve a Eva: esta si que es... se reconoce a si mismo y del acto de amor del hombre y la mujer nacen los hijos, los frutos.

Matrimonio= Munus matris= don de la madre, pero en realidad viene a significar que en esa conjunctio de los esposos, es el quehacer fundamental de la mujer como madre, como cuidado de los hijos, del marido, de la casa...Hay dos expresiones, dos conceptos en el texto bíblico que van a marcar desde el momento inicial a la primera pareja:

Que no estén solos...comunicación

Creced y multiplicaos... procreación, apertura a la vida

Podríamos decir que es como la estructura de lo que Dios nos dejó explícitamente instruido. Sin embargo nada nos ordenó sobre si esa unión debería ser permanente o podría variar a gusto del consumidor. El Creador se calla por una razón muy sencilla y es que en aquel momento ni Adán ni Eva tenían posibilidad de elegir y no es costumbre descubrir problemas en circunstancias en que aún no existen y parece que tampoco se vislumbran.

Se me ha ocurrido pensar, para empezar, en algo que ya es muy conocido de todos: el principio. A veces cuando a uno le dicen, por donde empezamos? Y se queda sin saber qué responder. Pues una vez más ese por donde va a ser de nuevo el principio. Vamos a echar un vistazo a los orígenes.

Si hojeamos la Biblia nos encontramos con expresiones o situaciones que nos pueden hasta sorprender y eso es verdad porque gran parte de su contenido se recibió por tradición, es decir, de viva voz, (que esto significa tradición: del verbo latino trado, entregar) hasta que alguien, no recuerdo quien, se puso a escribir y lo hizo con el mismo criterio y para las mismas personas en que se venía haciendo oralmente: para el pueblo de Israel, que eran nómadas, gitanos.

Y así para entender una gran parte de su contenido se necesita de técnicos, exégetas para que nos expliquen qué es lo que quieren decir de-terminados textos, teniendo en cuenta la idiosincrasia del pueblo que lo recibía y, por supuesto, el ambiente social.

Pues bien hay un pasaje en el Génesis que nos habla de la Creación y nos cuenta como Dios va creando las cosas y a medida que va apareciendo la obra creada, como si Dios no tuviese bastante consigo mismo, se va como deleitando de lo que van viendo sus ojos y da la impresión de como si Dios cambiase de expresión a medida que se le aparecen las cosas: "y vió Dios que era bueno", dice el autor sagrado y así se va repitiendo en cada escena de la creación hasta que llega al hombre, a quien crea a su imagen y semejanza, dotándole de inteligencia, un chispazo de la inteligencia divina: de ahí nuestra soberbia, de ahí la soberbia de los Ángeles que son más inteligentes que el hombre: quien como Lucifer / quien como Dios (Referencia igualmente al MAGNIFICAT: "Quia respexit humilitatem"... y está ante el Trono de Dios "ut loquaris pro nobis bona". A su vez le dota de libertad, poder de tomar decisiones, para que se gobierne a su libre albedrío. Y, llegado este momento, retomamos el estribillo: y vio Dios que bueno...¡Pues no! No es bueno que el varón esté solo, vamos a darle una compañera. (He hecho esta introducción para tener como un plano de guía, para saber las características iniciales de aquello de que vamos a tratar). Llegado a este punto, podríamos decir que este es el motivo de encontrarnos aquí: el que Dios en su plan de la creación decidiese que el hombre y la mujer no estuviesen solos, que fuesen el uno para el otro. El misterio de la razón de ser el hombre y la mujer, como pareja: capaces de establecer relaciones sociales y cooperadores de Dios en la creación del genero humano, de tal forma que a partir de ese momento, Dios se ha atado las manos a la voluntad del hombre para el nacimiento futuro de nuestros congéneres.

A mi me resulta chocante el comprobar que cuando se acaba la creación del hombre y la mujer, el autor sagrado no repite "y vio Dios que bueno". Da la impresión de que llegado a esta fase de la creación y habiendo dotado a los seres humanos de inteligencia y libertad pospusiera el juicio de lo bueno o malo en cuanto a la creación del hombre para el final de los tiempos y en función de lo que el genero humano fuese a conseguir, así queda abierto un paréntesis que se cerrará individual-mente arrancándole a Dios el "qué bueno" si al final nuestro quehacer se ha adaptado al plan de Dios.

¿Como es este proyecto divino? ¿Se trata de una pareja con posibilidad de desparejarse y volverse a emparejar según su libre albedrío y capricho o por el contrario es para un hombre y una mujer concreta para que se desarrollen como tales en esa unión durante toda la vida?

El texto sagrado nada nos dice al respecto pero da la impresión de que ese proyecto de Dios está como gravado en la propia naturaleza, pues no tenemos más que fijarnos en otras culturas no cristianas para ver con que respeto, veneración y misterio sienten hacia el matrimonio y por otra parte con qué solemnidad lo celebran y festejan.

Pero aunque el texto bíblico no desarrolla expresamente el proyecto de Dios, el comportamiento de la sociedad refleja lo que se transmite en esa tradición y que en el recorrer de la historia y después de muchos siglos lo vamos a tener perfectamente explicitado en el N. Testamento por boca de San Marcos (10,1-12) y San Mateo (19,1-9): Le preguntan los fariseos al Señor, para tentarle, si le está permitido al marido repudiar a su mujer. Jesucristo no les responde, les devuelve la pregunta:

¿Qué os mandó Moisés? Moisés permitió prescribir el libelo de repudio, contestaron. Pero Jesús les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió Moisés este precepto, pero al principio de la creación, Dios los hizo varón y hembra....de manera que ya no son dos, sino una sola carne, etc... el texto es bien conocido.

Por consiguiente el tema ha quedado perfectamente definido: ese hombre es para ésa mujer y esa mujer es para ése hombre. No es algo que se ha inventado Jesucristo, que se haya sacado de la manga, aunque podía haberlo hecho perfectamente pues es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad hecha Hombre, es decir Dios mismo; NO! se limita a restaurar en toda su pureza la indisolubilidad original del matrimonio como institución natural de origen divino, REPITO, institución natural de origen divino, no de origen eclesiástico o de cualquier otro derecho positivo. Lo que quiere decir que el matrimonio es así por voluntad expresa de Dios y además lo es en su aspecto sexual:(creced y multiplicaos...)

Por consiguiente en ese buscar el proyecto de Dios para esa pareja: hombre y mujer, por si antes quedaba flotando alguna nebulosa, el texto del Evangelista Marcos, ha venido a aclararnos las posibles dudas o deformaciones que la transmisión verbal de generación en generación hubiese producido en la interpretación del criterio divino.

Pero este proyecto divino había que coronarlo y esta acción corresponde a Jesucristo institucionándole con categoría de sacramento.

Bien es verdad que en el Evangelio no aparece clara y expresamente definido (para los no expertos, para los exégetas sí pues aparece determinado por varios Padres de la Iglesia) pero bien: para nosotros, los profanos, que si es en las bodas de Caná... que si en los textos de San Marcos y San Mateo citados... Pero lo que si está claro es que San Pablo lo llama SACRAMENTUM MAGNUM, Sacramento Grande, (en su carta a los Corintios) no un sacramento cualquiera ¡NO! un sacramento grande. Posiblemente se viese obligado a enfatizar la grandeza de este sacramento por el carácter pagano de la sociedad en que vivía y en la que los primeros cristianos trabajaban.

San Pablo no participó visual y auditivamente de las enseñanzas de Jesucristo, sino que lo que enseñó lo recibió por revelación divina, como él mismo dejó escrito. Pero como hombre cauto y prudente, llegó a pensar si lo que él creía que era revelación divina, no podría ser deformación personal y para salir de dudas, se fue a Jerusalén a consultar a Pedro, el primer Papa, la autoridad de la Iglesia, el que ostenta la prerrogativa de no equivocarse en asuntos de fe y de moral. San Pablo regresa contento a Roma y lo escribe: contrastado lo que yo enseño con lo de Pedro, la doctrina es la misma.

Pues bien de este acto de relación de hombre y mujer que Dios constituyó y que proyectó como forma de vida solamente quiere una sola cosa: que seamos felices. Es imposible, iría contra el ser mismo de Dios, pensar lo contrario o tan siquiera algo distinto. No podemos afirmar, como quieren los filósofos pesimistas alemanes del siglo pasado, que este mundo es obra de un demonio que goza viendo sufrir a sus súbditos o que es un paréntesis entre dos nadas. Es la maravilla divina plasmada en el hombre y la mujer como los seres más perfectos de la creación con capacidad de relacionarse y con orden de continuar la creación empezada por Dios. (Hacer alusión al único medio para la procreación pues cuando vienen fuera del matrimonio se avergüenzan y dentro se enorgullecen).

Recapitulando en breves palabras: Dios constituye a la mujer y al hombre para que vivan en sociedad, juntos y este proyecto queda abierto al transcurrir de los siglos para ser completado por los millones y millones de hombres y mujeres que van a decir sí a ese plan de Dios, hasta la consumación de los siglos, un sí que implica unidad de pareja y que como consecuencia de su elevación al carácter sacramental van a recibir la gracia especifica de su estado a través de ese signo sensible eficaz de la gracia para santificación de nuestras almas, como se define el sacramento. Sacramento matrimonial que siendo uno en cuanto sacramento, no puede existir si no se da la confluencia de dos voluntades en el mismo acto de aceptación (y sin embargo cada contrayente lo recibe integro, no la mitad). Alguien ha dicho que si por un momento nos fuesen quitados los ojos físicos y sustituidos por los ojos del espíritu, veríamos las almas de los que han recibido el matrimonio, tan unidas entre sí y tan entremezcladas, que más que dos nos parecerían una sola alma.

Así eso que anda por ahí y que está en la mente de todos, ese ente que se llama matrimonio, cuando yo lo asumo para vivir la vida con la mujer o el hombre que he elegido, pierde el carácter general y se convierte en mi forma de vida, de tal manera que "mi matrimonio" es mi vocación y tendré que luchar con todas mis fuerzas para defender y conservar esa unión anímica que se ha visto antes porque es mi llamada, mi forma de vida. Las expresiones: "Mi matrimonio, mi mujer, mi marido", yo diría que son sinónimos, afirman algo que está dentro de mí, algo que me pertenece como siendo yo mismo.

¿Como se constituye este matrimonio? Solo y exclusivamente por amor, a través de amor y con amor y es que su procedencia es un acto de amor de Dios, y que siendo Amor, transmite hacia afuera. De ahí que todo matrimonio que no sigue estos pasos, se dice matrimonio de conveniencia. El amor matrimonial es la expresión humana del amor que Dios tiene a las criaturas en cuanto acto de creación. Por eso el amor entre hombre y mujer, dentro de ese proyecto de Dios, no solamente es bueno, querido y deseado por Dios, sino también un medio para darle gloria, cuando se despoja del egoísmo personal y la entregase proyecta fuera de sí y queda abierta a la vida (véase el caso de Yolanda y peligros para el hombre cuando la mujer se niega). E N T R E G A

Todos hemos oído decir que hay que amar y posiblemente tengamos muy claros los conceptos, pero también corremos el riesgo de que a fuerza de oír con criterio adulterado tanto el sustantivo AMOR como el verbo AMAR quedamos atrapados en esta vorágine que, como una magma, va invadiendo la sociedad y como por ósmosis entrando en nuestras conciencias. El amor no es la sexualidad y esto debe de estar tan claro y es tan verdad esa negación como lo es el decir que el hombre, el ser humano, no es un animal. La sexualidad en el hombre/mujer es un acto humano y como tal debe de ser libre e inteligente. Libre, en cuanto a su capacidad de elegir e inteligente por lo que se refiere al conocimiento de su obrar. Ser humano: un espíritu animalizado o un animal dotado de espíritu. Esa unidad cuerpo + espíritu = hombre, no podemos desligarla de la sexualidad porque la diferencia entre hombre y mujer radica en la sexualidad hasta tal punto que si pudiésemos trasladarnos al acto de concepción del ser humano, podríamos preguntarnos, una mujer o un hombre por qué es mujer u hombre, porque Dios infundió sobre un cuerpo ya varón un alma masculina o ha sido exactamente al revés? Se configura un cuerpo hembra porque Dios ha infundido ya un alma femenina? Y como el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto para ser feliz, quiere decir que para la mayoría de mujeres/hombres será el medio normal de alcanzarla aquí y en la otra vida.

Cuenta un Nóbel californiano, neurocirujano, que no se explicaba por qué el cerebro del hombre reaccionaba de distinta forma al de varios animales, cuando en realidad eran prácticamente iguales. Solamente hay una respuesta: la frontera de la fe y la no fe y que enseña la existencia del alma que vivifica a ese ser.

Si prescindimos del alma, lo convertimos en un ser que busca el placer por el placer con lo que le embrutecemos, le degradamos y le desviamos del camino propio como ser humano. Y si nos olvidamos de su cuerpo tenderíamos a convertirlo en un ángel. He aquí otro de los enigmas del ser humano: sintiéndose "animal" en el cumplimiento de su naturaleza, tiene que escuchar el dictado de su razón para encaminar sus actos hacia el bien, que es el único motivo por el cual actúa la voluntad (del verbo latino volo, querer). (Se puede hacer referencia a S. Juan, cuando de viejecito y en la isla de Patmos decía a sus discípulos "non diligatis lingua sed opere et veritatis". Nosotros decidimos hacer una cosa porque pensamos que es buena y esa cualidad de bien es el entendimiento quien se lo presenta a la voluntad. El entendimiento alumbra y la voluntad decide en función de lo que se la muestra. De ahí la gran importancia y responsabilidad de que nuestra conciencia (consciencia= cum scientia) esté ajustada a la realidad objetiva de las cosas y no a lo que a nosotros nos conviene o nos gusta en cada momento (igual que la moral que no puede ser subjetiva).

Recuerdo en una conferencia a la que yo asistí siendo un muchacho y que se hablaba del amor matrimonial, que uno de los ponentes, apuntaba que un matrimonio tendría humanamente asegurada su continuidad superando los problemas que la convivencia lleva consigo si había un buen entendimiento en su aspecto afectivo-sexual, pues a su juicio el 80% de los conflictos solían estar en ese entorno. Yo no tengo opinión sobre esta idea, pero siempre me ha parecido digno de tenerla en cuenta y con ese criterio se lo transmito.

Pero este concepto de sexualidad que se está tratando se contrapone radicalmente al que se "ve" y se "oye" en los medios de comunicación y que yo me atrevería a calificar de una autentica agresión sexual.

Lo que está invadiendo continuamente nuestros sentidos e imaginación es la expresión hecha realidad en el quehacer diario del significado de la palabra inglesa "feeling" y que los americanos, que son los grandes experimentadores, han comercializado muy bien y que tiene su origen remoto en el psicoanálisis de Freud: "Si siento te amo, si no siento no te amo" "Como ya no tengo feeling, te abandono". Traducción del silogismo cartesiano "Pienso luego existo" "Siento luego te amo".Esto nos lleva de la mano a los conceptos de enamorarse y amar.

Evidentemente nadie debe de casarse si no está, si no se siente enamorado, pero también es verdad que enamorarse NO ES AMAR. Yo diría que el estar enamorado es razón imprescindible pero no suficiente para casarse.Hay gente que está enamorada y está incapacitada para amar porque no saben dar.
Cuando alguien se enamora (con independencia de la edad: poner ejemplo de GENTE MAYOR) se le revuelven todas sus fibras nerviosas: es algo que entra por mis sentidos, algo externo y con frecuencia incrementado por el sentido interno de nuestra imaginación.

Esta situación produce un efecto de cegar la inteligencia, de ahí que es frecuente oír la expresión: "cuando se le abran los ojos...". En la persona que están ocurriendo estos procesos se está desarrollando lo comentado anteriormente: la inteligencia muestra el bien a la voluntad y ésta solo se decide por el bien, pero ahora como por efecto del enamoramiento se ciega el entendimiento, la parte sensitiva de nuestro ser pisotea al intelecto, no le deja funcionar y, sin ser correcto pero para mejor aclaración, nuestra parte sensible física y material sustituye a la función del entendimiento y ese es el bien que a la voluntad se le presenta.

El enamorarse facilita el amor, pero NO ES EL AMOR, de la misma forma que la moda y el ver creaciones artísticas desarrollan más el gusto de quien de por sí tiene propensión para esas actividades.

El amor es UN ACTO DE LA VOLUNTAD que tiene su origen y razón de ser en la LIBERTAD. Solamente el ser que es libre ama: Yo puedo amar en tanto en cuanto soy libre. Un animal no ama, actúa por instinto y sensibilidad.

Esta forma de ser libre, esta manera de obrar que un día nos guió para decir: me caso contigo porque te quiero, será la misma que en el transcurso del tiempo nos haga decir: te quiero porque me he casado contigo. Expresión que conlleva la madurez de dos personas que han sido consecuentes del compromiso que un día adquirieron y que a través del tiempo han defendido el "mi matrimonio". Caso de Yolanda, le pregunta a su marido inválido: ¿Cuanto valgo? Un valer Por quien estás? Por ti: busca su matrimonio.

Lamentablemente hoy existe poco el compromiso, prometer con..., y la consecuencia de ello es la falta de consecuencia (perdón por la tautología). Hoy privan las expresiones: "vamos a probar", "ya veremos", "deja a ver"...dijo el ciego y nunca vio, que dirían en mi pueblo ¡Bendita sabiduría de nuestros antepasados!

La persona madura se compromete con un compromiso que se traduce en hechos y esa madurez es fruto de la virtud de la fortaleza que sigue el mismo proceso que la fruta en el reino vegetal: para madurar necesita sol, pero también agua, frío, vientos, heladas, etc. y cuando solo recibe calor esa fruta se "agosta".

Pues la madurez en el matrimonio la conseguiremos si luchamos para defender contra viento y marea "eso" que un día nos hemos comprometido a constituir. Recuerdo que un día me contaron lo que un novelista de la generación del 98 y ya siendo anciano decía respecto a su mujer (no sé si era Pío Baroja o quien): "no siento nada por mi mujer, pero si a ella le pasara algo, como cortarla un brazo, tendría yo más dolor que ella misma, sentiría que es mi brazo el que cortaban en vez de ella.

Amando porque soy libre, en ese momento estoy cediendo mi libertad, estoy renunciando a mi libertad y es que el don mas grande que tiene el ser humano solamente puede ser cambiado por otro de una jerarquía superior, que es el amor: A mi entender comete una gran equivocación quien pretenda amar o decir que ama y no sepa renunciar a determinados grados de libertad. El precio de amar y ser amado es la renuncia al yo para convertirse en nosotros y esa renuncia irá igualmente dirigida a la defensa de "mi matrimonio", porque en último término es mi vocación, mi llamada principal en esta vida a través de la cual debo desarrollarme. Es difícil de entender que defendamos en un muchacho/a, con ahínco, lo que quiere ser en la vida, su profesión, su trabajo y que no hagamos lo mismo con el matrimonio. Yo tengo vocación de casado, no de padre. No existe vocación de padre/madre y no conozco a nadie que tenga tal vocación. Yo me caso porque amo y como consecuencia de ese amor, como fruto de ese amor puedo ser padre/madre y seré tanto mejor padre cuanto más y mejor cuide "mi matrimonio". No se pueden trabucar los términos o invertir los conceptos: en donde hay que poner verdadero énfasis es en hacer progresos en el matrimonio porque si éste madura, los hijos serán una maravilla. Cuando se ven algunas cosas raras en la relación matrimonio/hijos yo pienso inmediatamente: que le pasaría a las peras de un peral, por ejemplo, si el agricultor en vez de regar el árbol, podarle, etc. se dedicase a hacer esos menesteres con las peras Iríamos corriendo a decirle: Oiga! riegue Ud. el árbol porque si lo hace con las peras, éstas en vez de crecer se van podrir.

Esto nos lleva a los derechos del matrimonio y lo que a mí en términos muy corrientes de la calle, me gusta llamarlo robos y ladrones. Cuando el amor de uno de los cónyuges pasa por encima del otro para dárselo, incluso a un hijo: se produce un robo y mirad cuando se roba el amor tiene el mismo efecto que un hurto físico: no se perdona si no se devuelve. No es cuestión de extenderse en detalles en este tema, pero Uds. mismos pueden repasar su experiencia personal: las relaciones entre los esposos y los padres políticos...es un dolor que va con uno, hasta el final de la vida; solo si se restituye se perdona y olvida. Piensen en el caso de Yolanda, Oscar la robó el derecho de pasar la tarde juntos y no hubo reconciliación hasta que Oscar la buscó, se rindió ante ella, se presentó con sus mejores galas: su flamante coche y la demostró que ella estaba por encima de sus amigos y ella lo recordará toda su vida y con gozo como un gran gesto del que un día sería su marido.

Es una cuestión de principio por partida doble: a) el matrimonio me pertenece, es algo mío (nuestro), soy el propietario. Los hijos son una consecuencia de.., no son propiedad mía, solamente tengo una responsabilidad y b) la caridad empieza por un mismo y por consiguiente el matrimonio tiene que estar por encima de todo lo que está a mi alrededor.

La entrega en el matrimonio tiene que ser total y entonces es sinónimo de felicidad, pero cuando se habla de entrega, por favor, no se trata de entregar el cuerpo, el cuerpo es una parte del yo, hay que entregar la persona y solo cuando la donación es de la persona, se produce en profundidad el amor. Claro que hay que dar el cuerpo, pero si nos limitamos a esto convertiríamos el amor en la dulce expresión que le han dado los franceses, han copiado los ingleses y nosotros que somos tan modernos no nos quedamos atrás llamándolo "hacer el amor" que si lo tuviésemos que incluir en el diccionario de la Real Academia quizás lo definiríamos diciendo que es un acto mecánico-fisiológico entre dos personas que las produce placer: NO MAS.

Así pues lo que se entrega es la persona, es ese yo inmanente, es ese subsistir distinto del otro de naturaleza racional, es ese "yo" que a todos y a cada uno nos suena y nos remite a un sentido trascendente de la vida: Yo.. Cuando era niño, yo… cuando era joven, yo… cuando soy adulto maduro, yo...cuando físicamente me voy sintiendo menos joven. Y sin embargo es el mismo yo, pero con vivencias distintas porque se va enriqueciendo. Y cuando lo que se entrega es este yo (y en ello está incluido la sexualidad), se produce una comunicación, un hacer común de algo que siendo de uno se le da al otro y a su vez el otro al uno. Esto nos lleva de la mano a la sinceridad. Infinidad de veces se ha dicho y hemos oído que los funerales del matrimonio son la falta de comunión. Yo disiento totalmente y al mismo tiempo respeto con el mismo grado la opinión en contra, pero pienso que la falta de comunicación es una consecuencia de la falta de sinceridad y en este sentido no se puede decir a un matrimonio: es que no os comunicáis, hay que buscar el origen.

Leyendo el libro RELATOS DE UNA MADRE de la inglesa VICTORIA GILLICK, yo casi me estremecía con la sencillez y diría que brutal sinceridad con que contaba sus sentimientos y me parece que en una ocasión se expresaba más o menos de la siguiente forma: "John, vamos a la cama porque tengo ganas de revolcarme contigo". (Perdonen la expresión).

La sinceridad es una virtud humana (virtus= fortaleza, hábito de algo que se ha conseguido con esfuerzo) y como toda virtud requiere una lucha, un esfuerzo por conseguirla. La sinceridad está totalmente entroncada con la lealtad: ser fieles, leales a unos principios en determinados momentos, cuesta mucho; porque ser sinceros es desnudarse un poco ante los demás, día a día, hora a hora, requiere una heroicidad, una virtud. Claro que ese desnudarse interior que exige la sinceridad tiene unos límites que vienen dados por la práctica de otra virtud también humana que se llama doña Prudencia y también la caridad. No se puede ser brutalmente sinceros, sino prudentemente sinceros. La prudencia es el fiel de la balanza, es como el director de orquesta que con su batuta va indicando por donde tiene que ir ese conjunto armónico. Cuando no hay sinceridad, cuando no hay lealtad, se produce la falta de comunicación que es lo que aparentemente vemos, pero el origen viene de atrás y entonces entra el demonio mudo y a éste tipo de "caballeros" son los más difíciles de echar porque ni se les ve ni se les oye ni se les siente, solamente se notan sus consecuencias.

Cuando al Fundador de la Obra, en las diferentes tertulias públicas o semipúblicas, alguien le preguntaba: Padre, ¿cual es la virtud que Ud. prefiere para sus hijos? Siempre respondía lo mismo ¡LA SINCERIDAD! Si sois sinceros perseverareis porque es señal de siempre estaréis dispuestos a que se os ayude en vuestros problemas.

Así pues se producen una serie de hechos concatenados: la sinceridad produce la comunicación, ésta la confianza y entre ambas la comprensión y engrasándolo todo con el mismo efecto que el aceite del motor de un coche en todos sus elementos, se encuentra la entrega que es fruto de la lucha, del sacrificio, del dolor.. y tiene una compensación que es la alegría, no como algo humano sino como virtud típicamente cristiana es el premio de haber renunciado a nosotros, del yo para pensar en el tú. (Se puede dibuja esto como pirámide de base cuadrangular, en cada punto: S=sinceridad, C1=comunicación, C2=confianza y C3=comprensión, una circunferencia tocando a los cuatro vértices y que representa la entrega y en el vértice de la pirámide una A= alegría, virtud cristiana que tiene sus raíces en "forma de cruz": el dolor que supone la lucha de la sinceridad,... de la entrega.

Evidentemente hay cosas que están fuera de nuestro alcance por éso hay que introducir determinados factores constantes a los que recurrir. Esos factores no los llamo constantes en el sentido matemático sino en el aspecto armónico y dinámico de la vida de tal forma que sean como el cauce a través de cual se desarrolla nuestro quehacer diario. Mi mujer no puede, yo no puedo, nosotros no podemos, pero Dios si puede. Si la mujer reza por el marido y éste por su mujer y ambos ponen a Dios en su conversación… ocurrirá que nos acostumbraremos a ver como los milagros se volverán a realizar cada día, porque éstos se dan, pero no los vemos porque no tenemos silencio en nuestras almas y llamamos Dios a nuestro trabajo profesional, a nuestros conocimientos científicos... hemos dado una patada a Dios y le hemos dicho "yo soy mi dios", este es mi "becerro de oro".

He empezado haciendo una apología de la mujer en el concepto del matrimonio, me gustaría terminar transmitiéndoles las palabras del Cardenal RATZINGER y rematadas por la frase de una teóloga alemana GERTRUD VON LE FORT que además de teóloga debía ser piadosa o si quieren mejor: utilizaba sus conocimientos teológicos para la piedad. Porque si un teólogo no es piadoso de poco le sirven sus grandes conocimientos… a veces para hacer daño a las gentes sencillas. Habla de la crisis de la feminidad...... el Cardenal RATZINGER.

"Todo lo cual tiene como telón de fondo que algunas mujeres no quieran ser tales, que es lo que son y en cambio pretendan ser hombres, que es lo que no son ni podrán ser nunca. El resultado no puede ser más trágico: se avergüenzan de ser lo que son, quieren ser lo que nunca podrán llegar a ser y en consecuencia en el plano personal se encuentran inmersas en un clima de frustración, de inquietud... en el plano social, tanto civil como eclesiástico, las consecuencias no pueden ser más funestas porque, añade la teóloga alemana, cuando cae el varón, cae el varón; pero cuando cae la mujer cae todo un pueblo. . . 

Carlos Rodríguez Amez; Orientador Familiar por la Universidad de Navarra, miembro fundador y primer presidente del Centro de Estudios y Orientación Familiar de Tenerife (CEOFT), S/C. de Tenerife (Islas Canarias) España

http://www.encuentra.com/articulos.php?id_art=4279&id_sec=100

SI A LA VIDA CONYUGAL, A PESAR DE LOS PESARES

Escrito por Enrique Rojas. Publicado en Familia-Matrimonio-Vida Conyugal.

El amor debe ser el primer argumento de la vida. Casi todo lo bueno y lo malo de la existencia humana, se vertebra en torno a los aciertos y a los errores en el amor comprometido. Equivocarse en las expectativas de la relación conyugal es grave y produce unos efectos que se alargan en el tiempo. Las expectativas son ideas previas, esperanzas, ilusiones, sobre lo que se entiende a nivel general que debe ser este tema.

Aquí cuenta desde la información que hemos ido recibiendo desde jóvenes, la educación sentimental, los referentes familiares, las circunstancias personales, nuestro estilo de vida, las ideas y creencias que se han ido hospedando en nosotros. Todo ello forma el subsuelo en donde nos apoyamos.

Lo que es evidente es que amor y trabajo, afectividad y profesión constituyen los dos ejes decisivos sobre los que se consolida el ser humano.

Leemos estos días en la prensa el aumento del número de rupturas de pareja y divorcios.

Quiero llamar la atención sobre 5 errores frecuentes que se producen en los que se embarcan en la vida en pareja. Quiero poner sobre el tapete cinco avisos para navegantes:

Pues bien, ¿cuáles serían esos errores mas frecuentes hoy en el manejo indiscriminado de la palabra amor?

Hacer del amor algo divino Esto conduce a hacer del amor tal elogio, alzaprimarlo tanto que nos deslumbre y pensemos que las cosas han de ser siempre así. En el amor inteligente hay una visión inmediata y otra mediata, una próxima y otra lejana; en el primero la mirada se concentra en el aquí y ahora , y en el segundo en el allíalláallende.

En la divinización del amor entramos en un mundo mágico y excepcional que es la poesía. Que nos ofrece solo una parcela de la realidad sentimental, la mejor.

Aquella menos difícil y más desproblematizada.

Lope de Vega en su célebre soneto Varios efectos del amor lo termina resumiendo así: "beber veneno por licor/olvidar el provecho, amar el daño/creer que un cielo en un infierno cabe/dar la vida y el alma a un desengaño:/esto es amor. Quien lo probó lo sabe". Y un siglo antes, en el XV, Juan de la Encina en uno de sus villancicos nos dice:"No te tardes, que me muero, carcelero. /Sácame de esta cadena/ que recibo muy gran pena/pues tu tardar me condena/carcelero". El gran poeta romántico Bécquer nos pone delante del enamoramiento y nos deslumbra con sus certeros dardos expresivos, al ofrecernos lo mejor de si mismo.

Con la esfinge de la palabra amor se acuñan muchas monedas falsas. Uno se emborracha de ella y puede perder incluso la cabeza Amar a alguien. Amar a alguien es decirle tu estarás siempre conmigo e intentaré darte lo mejor que tengo. Luchare por ello. Me esforzare. Pero sabiendo que mantener ese fuego encendido depende de que se vaya alimentando a base de cosas pequeñas, diarias, menudas, que le dan esas llamas permanentes El amor es divino y es humano, el amor es espiritual y terrenal. Tener una concepción correcta evita muchas andaduras negativas...

2 Hacer de la otra persona un absoluto Sería como una prolongación del concepto de cristalización que describió Stendhal, pero con algo más de fundamento.

Decía este autor francés que enamorarse es idealizar al otro, con todo lo que ello significa.

El príncipe azul no existe, existe desde fuera, desde los aledaños de la convivencia .

Pero no existe desde dentro: nadie es un gran señor para su mayordomo Aquí se mantiene al otro en una posición excesivamente elevada, lo que lleva a ponerlo en un pedestal psicológico. En la convivencia diaria, la visión que se va a ir que se va a ir teniendo de él es milimétrica, codo a codo, hay mil y una ocasiones de que esta imagen superlativa caiga y se desplome. No de un día para otro, sino de forma gradual. El otro, de cerca, pasa de ser absoluto a ser relativo, de magnificar sus capacidades positivas a verlas con un cierto espíritu critico. Por eso para mantenerse enamorado hay dos cosas esenciales, seguir admirando al otro y mantener un buen nivel de comunicación Pero es una seria equivocación no ver los defectos de esa otra persona y saberlos aceptar como condición sine quanom de lo que es el ser humano. Eso es tener los pies en la tierra.

Hoy tenemos mucha información respecto a las rupturas de pareja en medio mundo, lo que esta llevando a un miedo enorme al compromiso conyugal, al ver los datos de la realidad sobre la mesa. La inteligencia es capacidad de síntesis. También es tener esquemas mentales, que nos ponen en la realidad.

El verdadero amor consiste en luchar por sacar lo mejor de la otra persona (por supuesto lo mejor de uno mismo). Tener el arte, la gracia y el oficio de que lo más positivo que el otro tiene salga en la vida ordinaria.

En nuestra cultura el hombre se enamora por la vista y la mujer por el oído. Al principio, en el enamoramiento casi todo se mueve en el juego de las apariencias.

Después de los primeros lances va apareciendo la verdad de cada uno. Conocer al otro en sus cosas positivas y negativas es tener un buen equilibrio psicológico

Es un fallo bastante generalizado pensar que solo con estar enamorado es suficiente para que el amor funcione. Es ese el principio, el empujón que pone en marcha toda la maquinaria psicológica de los sentimientos y que los comienzos tienen una enorme fuerza. Pero eso tiene validez solo al principio. El amor es como un fuego que hay que alimentarlo día a día. Si no se apaga. Hay que nutrirlo de cosas pequeñas, en apariencia poco relevantes pero que están en la falda de lo diario. Cuando se descuidan, antes o después, esa relación se va enfriando y acaba por llevarse las mejores intenciones.

Dicen los economistas, que en los negocios hay que estar muy pendiente de los más mínimos detalles, para que no se den sorpresas. Cuidar los detalles pequeños es amor inteligente. La afectividad se parece también a un negocio, en el que la cuenta de resultados es subjetiva y se mide por unos termómetros privados que nos dicen si el tema va bien o uno se desvía de la ruta.

En el hombre light, todo esta centrado en lo material: dinero, éxito, poder, triunfo.

Dicho de forma más académica: hedonismo, consumismo, permisividad y relativismo.

Placer por encima de todo, acumular, darlo todo por válido si a uno le apetece y tener una visión de la realidad tan amplia que se borran los límites geográficos entre lo bueno

y lo malo, lo correcto y lo incorrecto.... Con esos presupuestos es muy difícil mantener una relación sentimental estable, salvo que la otra persona sea capaz de doblegarse, desaparecer psicológicamente y someterse a fondo. Pero eso no es matrimonio, ni relación conyugal, ni vida de pareja. Eso es otra cosa.

La inteligencia afectiva nos lleva a saber plantear lo que son los sentimientos compartidos y a buscar soluciones. Anticiparse y resolver. Prever y solventar. Facultad para dominarse a si mismo e ir entendiendo la geografía sentimental en su diversidad.

Mapa del viaje exploratorio hacia la arqueología afectiva, espacio donde radica lo más humano del hombre. Desde esos parajes, uno debe esmerarse en concretar planos y aristas y territorios a modificar, enmendar y rehacer lo que no va como es debido.

La vida conyugal necesita ser aprendida Es de una gran inmadurez pensar que una vez que dos personas deciden compartir su vida, todo irá circulando más o menos bien, por el solo hecho de la decisión recíproca de estar el uno de acuerdo con el otro. Se necesita un consenso sobre lo básico bien hilvanado. . La convivencia es un trabajo costoso de comprensión y generosidad constantes, en donde no se puede bajar la guardia. Para mi no hay nada tan complejo como esto. Tiene muchos ángulos y vertientes. Sus lenguajes son físicos, sexuales, afectivos, intelectuales, económicos, sociales, culturales, espirituales. La integración de todos esos engranajes, su acoplamiento y el que las piezas rueden con cierta fluidez, es una operación en donde hay que poner los mejore esfuerzos. Tarda uno mucho tiempo en entenderse con otra persona. La madurez conyugal es serenidad y benevolencia. Pero esa madurez necesita tanto de la pasión como de la paciencia

En la psicología del aprendizaje hay todo un conjunto de reglas que se van a ir cumpliendo para que esa información se archive en la mente y de lugar a respuestas eficaces y certeras, que solucionen conflictos y apacigüen problemas. La inteligencia y la voluntad deben estar aquí especialmente presentes. La primera como ilustración, perspicacia, percepción integradora, lucidez reflexiva, vivacidad que mueve a la experiencia y la trae a primer plano para aportar soluciones operativas. La segunda, la voluntad, no es otra cosa que la herramienta para luchar deportivamente por vencernos en pequeñas escaramuzas, en batallas afanosas donde se pone el acento en puntos de mira concretos, específicos, en donde el empeño insiste para superar el capricho y el antojo del momento. La inteligencia y la voluntad potencia la libertad y aseguran la diana de los propósitos Una muestra pequeña de ello: compartir cosas positivas juntos, evitar la incontinencia verbal negativa (decirle cosas fuertes y negativas al otro, siendo demasiado directo) , controlar el no sacar la lista de agravios del pasado (la colección de atranques y roces de atrás) Capacidad para perdonar (no hay autentico perdón sin esfuerzo para olvidar); evitar discusiones innecesarias (rara vez de la discusión sale la verdad, porque hay mas desahogo y querer ganarle al otro en la contienda); Evitar malos entendidos, que a veces están a la vuelta de la esquina.

Algunas personas tienen muy pocas habilidades en la comunicación conyugal y necesitan adquirir recursos psicológicos en esa área. Las expectativas demasiado idealistas, ignoran la importancia de estos aspectos. Luego vendrá la vida con sus exámenes y esas asignaturas no preparadas no pueden ser superadas. Ahí se va a establecer una reciprocidad positiva, una especie de círculo de satisfacciones bilaterales.

Intercambio de conexiones y vínculos que hacen mas fácil y agradable la vida del otro.

Nadie puede dudar que esto se aprenda. No es posible que uno se embarque en una relación y todo funcione por una especie de automatismo innato. Verlo así implicaría un error de base que se pagaría muy caro a la larga. Porque no hay que perder de vista que en la gran mayoría de los casos, los motivos desencadenantes de un conflicto o de una tensión suelen ser fútiles, irrelevantes, nimios, detalles de poca importancia que se acumulan a otros cansancios o frustraciones y producen reacciones de irritabilidad y/o descontrol. .

Otra equivocación muy reiterada consiste en desconocer que a lo largo de cualquier relación conyugal, por estable y positiva que sea, han de darse algunas crisis

psicológicas., por estable y positiva que esta sea. Unas serán fisiológicas o normales, es decir, que son tránsitos necesarios, inevitables, por donde hay que pasar sin más remedio forman parte de lo que es la condición humana, en lo que atañe a la comunicación y convivencia. Otras, relativamente fisiológicas, suceden con etapas propias del paso de los años, el crecimiento de los hijos, el paso de las generaciones, las alternativas psicológicas, familiares y económicas.... unas y otras deben ser superadas sin dificultad, salvo que la pareja no encuentra mínimos apoyos en su cercanía o se produzca la intervención desafortunada de algunos miembros de la familia, que con escasa fortuna psicológica hacen daño y su labor tiene un efecto contraproducente.

No hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncias. El amor entre dos personas es alquimia y complicidad y estar pendiente del otro. Para estar bien con alguien hace falta primero estar bien con uno mismo. La cultura sentimental es necesaria para alzarnos sobre la mediocridad del entorno. Por ahí nos acercamos a la vida lograda. Suma y compendio de la vida autentica. Si no puedo cambiar el pasado si puedo dirigir el futuro.

 

 

Enrique Rojas

Catedrático de Psiquiatría

Autor de Remedios para el desamo

El Mundo. 17/11/2007

 

 

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