Familia y Educación

Mujeres invisibles

Publicado en Mujer,Tabajo y Familia.


La lucha por la igualdad empezó en plena Revolución Francesa, cuando Olympe Marie de Gouges fue guillotinada por pedir que la Declaración de los Derechos del hombre se aplicara también a las mujeres. A mitad del siglo XIX, Concepción Arenal accedió a las aulas de Derecho de la Complutense vestida de hombre. Clara Campoamor, en la II República Española, para lograr el derecho al sufragio femenino, renunció expresamente a su condición de mujer.

 

María trabaja en una tienda de ropa. Tiene 28 años, un trabajo y un novio. Se siente afortunada porque tiene un trabajo. El horario es de diez de la mañana a ocho y media de la tarde, de lunes a sábado.

Está pensando en tener un hijo, porque “no quiero que se me pase el arroz”, pero por otro lado está aterrada de quedarse embarazada. Si su jefe se entera, la pone de patitas en la calle, con una indemnización ridícula. A su jefe le conviene que sea mujer, joven y guapa. Así vende más.

Pero lo que le conviene de verdad es que siga así muchos años. Que no ascienda en la empresa, que no sea madre porque pediría jornada partida, ¿y que pasaría entonces con las otras empleadas? Vaya ejemplo. Un caos.

No ha cambiado casi nada. La lucha por la igualdad empezó en plena Revolución Francesa, cuando Olympe Marie de Gouges fue guillotinada por atreverse a pedir que la Declaración de los Derechos del hombre se aplicara también a las mujeres. A mitad del siglo XIX, Concepción Arenal accedió a las aulas de Derecho de la Complutense vestida de hombre, para poder estudiar esa licenciatura.

En 1931, Clara Campoamor, para lograr el derecho al sufragio femenino, renunció expresamente a su condición de mujer: “Señoras y señores diputados: yo antes que mujer soy ciudadano”.

Y así llegamos hasta hoy, rodeados de leyes que defienden a la mujer, pero que en la práctica no han cambiado la organización de la vida profesional y social en absoluto, porque tratan a las mujeres 'de a pie' como si no fueran madres, y a los hombres como si no tuvieran obligaciones familiares, impidiendo un cambio de mentalidad a pie de calle. Para esas obligaciones, piensan algunos ya está esa ONG llamada 'Abuelos Sin Fronteras'.

Ni siquiera Zapatero se lo cree: ¿han visto ustedes que nombrara alguna ministra gordita y bajita? Rubias, altas y monas. Lo del feminismo viste mucho, pero pocos hombres aceptan que para que la sociedad funcione mejor, es fundamental que el hombre entre en el día a día del hogar y que la mujer ocupe el lugar que le corresponde en el espacio público. Todos saldríamos ganando.

Mientras tanto, la solución que se le da a María es la de ampliar sus derechos reproductivos para abortar y de negarle en la práctica un derecho reproductivo muy reaccionario: su derecho a la maternidad.

El que María pueda ser madre perturba demasiado la tranquilidad del complejo comercial-industrial capitalista, causa tensiones en la oferta de mano de obra barata, y claro, eso va contra la productividad, el empleo y no se cuantas cosas más.

La mayoría de las mujeres siguen siendo invisibles, sobre todo si cometen esa imprudencia de ser madres. Todavía no hemos aprendido a sumar. Seguimos restando mujeres, y así nos luce el pelo.

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