Familia y Educación

Los medios no se fijan en la normalidad de la familia

Escrito por www.en zenit.org. Publicado en Medios de Comunicación y Ocio.

Al analizar los medios de comunicación puede ser más importante lo que no se dice que lo que se ve y se dice, especialmente cuando el tema es la familia, revela un nuevo estudio.  (Entrevista con Norberto González Gaitano, decano de la Facultad de Comunicación Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz )

 

El libro «Familia y medios. Lo dicho y lo no dicho» (Famiglia e media. Il detto e il non detto, Edusc 2008) constituye un estudio multidisciplinar y internacional coordinado por el profesor Norberto González Gaitano, editor del libro y profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Varias universidades del mundo han participado en este proyecto en el que se analiza la manera en que los medios de comunicación presentan a la familia.

 

 

Un estudio sobre la familia en los medios de comunicación tiene el riesgo de ser muy negativo. ¿O es un prejuicio?

Es verdad que la mayor parte de los estudios sobre la familia y los medios son alarmistas, de denuncia, y tienden a dejarnos una sensación de impotencia ante lo que va mal.

 

Sin caer en el extremo opuesto, un irreal y acrítico irenismo, me parece que el problema de algunos de esos estudios es de método. La novedad conceptual de este proyecto tiene que ver con la dimensión antropológica de la representación de la familia. En nuestro caso, además, el estudio tiene una finalidad «operativa»: encontrar recursos para la acción a través del discurso público de las asociaciones de radio-telespectadores y familiares.

 

¿Cuál es la hipótesis que guía esta investigación?

Lo que no se dice es, a veces, más importante que lo que se dice. Los medios prestan más atención a las patologías sociales y de la familia que a la normalidad. Esto no puede sorprendernos.

 

Ahora bien, necesitamos interpretar lo dicho a partir de lo supuesto. Por ejemplo, que la unidad familiar es un bien a riesgo, no asegurado desde el principio y que no se vive mecánicamente y que, en consecuencia, es un objetivo de dura conquista, es un presupuesto antropológico que hace posible las historias. Por ejemplo, si el parricidio fuera normal, los medios no hablarían de ello. Por otra parte, los medios deben contar la anormalidad sin falsos neutralismos, sin estimular la fascinación por el mal.

 

¿Por qué los medios deberían promover una imagen «positiva» de la familia? ¿No es justo que ofrezcan la pluralidad de posibilidades que acechan hoy al núcleo familiar?

La información y, especialmente, la crítica tiene la función de señalar el mal social para corregirlo. Si la comunicación social olvida sus fines, se queda en un ejercicio lúdico de denuncia, sin sentido. Los médicos, si se me permite la comparación, también se ocupan de enfermedades pero no olvidan jamás que el enfermo no es un cadáver.

 

En el proyecto de estudio sobre familia y los medios de comunicación, ¿han pensado incluir universidades no católicas?

En el centro del proyecto está el interés por el hombre. Por tanto el proyecto está abierto a todo tipo de universidades que compartan este interés.