Familia y Educación

Televisión : Escuela de valores

Escrito por José Pardo - Aula de Cultura y Humanidades de A Coruña (GEA-Coruña). Publicado en Ocio y TV.

Mucho se habla en contra de la televisión, por su escasa calidad o bien por sus limitaciones en cuanto a la falta de creatividad. Puede ser que haya bastante razón para afirmar lo anterior, pero nadie puede negar que la televisión es una escuela de valores. Veamos algunos de ellos y saquemos consecuencias positivas y operativas.


La televisión nos ayuda a los telespectadores a la solidaridad con otras personas lejanas en cuanto a la distancia, pero cercanas en el dolor o sufrimiento. La televisión nos acerca, a los pueblos y a las gentes en cuestión de unos minutos. Todos tenemos experiencias de ver y escuchar telediarios donde se manifiesta el dolor de alguien -un país en guerra, una catástrofe de la naturaleza misma u otro acontecimiento- para que conectemos nuestros sentimientos hacia esa personas que sufren en su interior el golpear de los acontecimientos. Y no es preciso llegar a la consabida frase "una imagen vale por mil palabras", porque no es cierto del todo: ¿qué sería de un mensaje de un telediario mudo?. Tan necesario es ver como escuchar al mismo tiempo.

La televisión nos lleva a comprender la necesidad de trabajar más y mejor por los nuestros y los demás. Un buen documental donde se analiza y se expone, de alguna forma, lo que supone el trabajo de un profesional de la medicina para obtener un nuevo producto o una técnica novedosa en su quehacer en bien de la sociedad, es algo que impele al joven estudiante y espectador a seguir en sus monótonos ó estudios, cuando quizás estaba para dejarlos por una diversión de fin de semana.

La televisión -un buen documental, realizado con rigor científico- ayuda al ser humano a la laboriosidad. Aún recuero hoy cómo quedaron en mi mente y retina las imágenes -entonces era una buena película, hoy sería la televisión- del inventor y descubridor Tomas Alva Edison, cuando se esforzaba una vez y otra hasta que consiguió el filamento preciso para la primera bombilla que alumbraba. Habían sido más de cuatro mil pruebas, una tras otra.

¿No es acaso la televisión la encargada de llevarnos a contemplar la maravilla del núcleo familiar? A través de la pequeña pantalla podemos adentrarnos en el ambiente de una familia, donde reina el amor y comprensión, gracias no sólo a un buen guionista sino, también es preciso tenerlo presente, a la dirección y puesta en escena de unos profesionales.

Preciso es que se preparen estas personas y que sean capaces de tomar la determinación de llevar a buen fin la idea madre. En Italia, no hace muchas fechas, tuvo un gran éxito un programa donde el centro del rodaje era la vida corriente de unas familias, de unas personas, con sus valores y fallos. Eran humanos, sacados de la vida misma. Ahí está la gran dificultad y el problema del quehacer televisivo.

Hace poco en una entrevista de radio me preguntaban si la televisión ofrecía lo que demandaban los telespectadores. La respuesta es no, ya que las cadenas hacen sus programas y a ellos se suelen adaptar los gustos y mentes de los telespectadores. Propugnaría para que muchas veces se nos preguntara desde la misma televisión qué programas desearíamos contemplar -biografías, conciertos de música, buenas obras de teatro, intriga, etc- y tal vez daríamos con alguna novedad.

Por último, la televisión nos hace vivir y mejorar el espíritu y las vivencias religiosas. De todos es conocido el éxito de una monja de clausura americana que tiene una cadena de televisión en propiedad. Desde ella, con escasas imágenes, más bien con sus palabras fluidas y directas, ha conseguido captar en el mundo estadounidense la atención de una gran cantidad de telespectadores, que se acercan noche tras noche al televisor para encontrar respuesta a sus ansias de Dios. Y empezó la monja de clausura con unos pocos medios.

Nadie debe pensar que la televisión sea nefasta. Es una escuela de valores. Claro que sí.