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Cine actualidad

Escrito por Fernando Gil Delgado. Publicado en Ocio y TV.

El crítico de cine de GEAWEB hace un repaso rápido a las películas estrenadas desde el comienzo del año, entre las que se encuentran buena parte de las candidatas a los Oscar.

 

En lo que va de año ya se han estrenado casi cincuenta filmes con fortuna e interés muy diferente. En los últimos días ha habido suerte y han llegado las películas que van a competir por los Oscar de la academia. La mayoría son obras de calidad.

 

De los primeros estrenos del 2005 sobreviven La importancia de llamarse Ernesto, de Parker y Alejandro Magno, de Stone. Alejandro es una de las películas más caras (170 millones de dólares) y peores de la historia. Tiene un guión penoso por caótico, una interpretación lamentable en casi todos sus actores, una dirección errática y un metraje larguísimo. A pesar de todo en España el publico se ha empeñado en comprobarlo personalmente y ha dado buenos dividendos. En cuanto a la nueva versión de la obra de teatro de Oscar Wilde, es agradable y correcta. (Ver crítica larga)

 

Siguen en pie también Conversaciones con mama, nueva comedia argentina del equipo habitual de El hijo de la novia, siempre amable, con el oficio adquirido pero sin aportar nada nuevo; y El aviador, película que va a durar y a la que la noche de los Oscar sonreirá el próximo fin de semana. Scorsesse ha realizado una buena película, su mejor en mucho tiempo. No es redonda, es una cinta de larga duración que conoce una bajada de tensión tras una hora y media, pero que vuelve a remontar el vuelo. Una buena película con algunos momentos antológicos.

 

Closer, El grito y La vida es un milagro se estrenaron el 21 de enero. La primera es un a sonada desilusión ya que nadie puede imaginar, ante un reparto sobresaliente, que se trata de trama sórdida y caótica de parejas intercambiando parejas. Trama poco creíble por otra parte. Desaconsejable. La segunda, de gran popularidad entre adolescentes, es un remake norteamericano, mejor decir un calco, de la saga japonesa titulada La maldición. Terror oriental, limpio pero no menos horrible que el occidental. Sólo para los amantes del susto.  En cuanto a la película de Emir Kusturica, se trata de una buena película de este autor. Quienes conozcan su obra dirán “más de lo mismo” para los que no lo conozcan es una buena iniciación: alocado, divertido, tragicómico, duro; no faltan ni el sexo ni la violencia. Pero es llevadera, interesante y un buen alegato contra la guerra.

 

La ultima semana de enero nos trajo varios estrenos interesantes y alguno que no lo era tanto, pero que ahí sigue. La memoria de los muertos, Largo domingo de noviazgo, Old boy, Ray, Elektra

 

La memoria de los muertos (The final cut), de Omar Naim. Con Robin Williams (Alan Hakman), Mira Sorvino (Delila) y Jim Caviezel  cuenta como en un futuro próximo la mayoría de las personas tienen un chip de memoria implantado en el cerebro. Cuando alguien muere se edita un video de recordatorio. Los montadores son respetados y temidos. Ellos eligen las imágenes que van a ser recordadas para siempre, ellos tienen acceso a toda la vida de una persona. El último trabajo que han encargado Alan Hakman, un montador excepcional, le hace replantearse su vida y también el sentido real de su trabajo.

La memoria de los muertos, una producción germano canadiense, es una pequeña pero muy interesante película que evoca continuamente el ojo de Dios y la responsabilidad de nuestra vida ante los demás, el deseo de perdón, la autenticidad y la hipocresía.

 

Largo domingo de noviazgo (Un long dimanche de fiançailles), de Jean-Pierre Jeunet, con Audrey Tatou.  Es la película que inspiró Amelie a Jean-Pierre Jeunet. Basada en la novela homónima, cuenta la historia de una joven francesa que se niega a admitir que su novio ha muerto en las trincheras en diciembre de 1916 y hace lo imposible por recuperarlo. La película, al igual que la novela que le inspira, cuenta con una narrativa ágil, con una protagonista encantadora y con buenas dosis de humor para hacer tragar un relato salvaje y atroz como fue la guerra de trincheras durante la Primera Guerra Mundial. Un par de escenas picantes apenas empañan una gran película.

 

Old boy es un thriller coreano de Park Chan-Wook y cuenta con gran elegancia y con un vigoroso estilo visual una de las venganzas más atroces que puedan darse. Gran película pero difícilmente recomendable.

 

Ray, de Taylor Hackford, con Jaime Foxx.  La biografía del celebre músico ciego de color Ray Charles, su lucha por justicia y la no discriminación racial junto con su ascenso a la fama como músico y sus problemas de faldas y de droga. Una buena película, excesivamente larga y con tendencia a caer en el panegírico.

 

Elektra, de  Rob Bowman, con Jennifer Garner  es otra tonta película de acción basada en un comic. Llega a la pantalla grande tras el relativo éxito que alcanzó Daredevil hace un par de años. Elektra, que había muerto, resucita y esto da la clave del fracaso de esta cinta. La historia de una justiciera urbana, tipo Spiderman, se convierte en una historia místico-New Age, sobre el sentido de la vida y de la muerte, del bien y del mal, en una señora que figura en la guía como “asesina a sueldo”.  Un auténtico caos, pero no es demasiada larga y termina justo antes de que el espectador decida abandonar la sala.

 

El cuatro de febrero se estrenaron una tontería llamada Los padres de él (ver reseña larga), Sueño de una noche de invierno, Million dollar baby, y Miércoles de ceniza

 

Finalmente, entre los estrenos de esta semana, cabe destacar Spanglish, que también busca algún oscar. (Ver reseña larga)

 

Sueño de una noche de invierno, del serbio Goran Paskaljevic, es una bella y dura película que cuenta la historia de Lazar, un cincuentón que regresa a casa después de 10 años; Lazar es un pobre hombre recién liberado de la cárcel y de la guerra, sin amigos, sin fortuna, sin saber que hacer, su vida cambia cuando ayuda a salir adelante a una niña autista y a su madre. Cuando parece que el destino le iba a dar otra oportunidad para ser feliz, se prepara para darle un nuevo y definitivo golpe. Buena película, bien narrada, interesante, dura, nihilista.

 

Million dollar baby, de Clint Eastwood, va por siete Oscars y es, muy probablemente, la mejor realización del año.

Director:    Clint Eastwood. Intérpretes:     Clint Eastwood (Frankie Dunn), Hilary Swank (Maggie Fitzgerald), Morgan Freeman (Scarp). País:   Estados Unidos. Año: 2004. Distribuidora en cine:    Warner. Duración: 137 minutos. Género:    Drama. Público adecuado:    Adultos. Contenidos especiales: V

La película número 25 de Clint Eastwood es un gran filme. Cuenta una historia dura, pero entrañable, y lo hace con el pulso de los grandes clásicos, sin artificio. Tiene todo lo que tiene que tener y nada más que eso. No le sobra ni le falta nada.

Tal vez recuerden Cadena perpetua.  En esta ocasión Morgan Freeman vuelve a hacer de narrador que cuenta de principio a fin la triste historia de Frankie y Maggie, y la suya propia. Una historia de boxeo, o mejor, de boxeadores. El boxeo es una metáfora de la vida. Frankie tiene un gimnasio y entrena boxeadores. Freeman, llamado Scrap, fue boxeador y lleva treinta años, desde que se retiró –destrozado-, ayudando a Frankie en el gimnasio. Maggie es una camarera de treinta años, casi analfabeta, lleva sirviendo mesas desde los trece. Le gusta el boxeo, es su ilusión, su modo de mejorar en la vida. Inicialmente Frankie no quiere entrenar a Maggie, al final estará dispuesto a darlo todo por ella.

En Million dollar baby se dan cita los temas favoritos de Eastwood: padres e hijos, una conciencia atormentada, culpa y perdón. Sorprende que Frankie sea católico y vaya a Misa todos los días, y hable con un sacerdote. Sorprende también que, por una vez, este sacerdote sea una persona normal, inteligente, buena, y que llegado el caso, sepa aconsejar sin llevar un martillo de herejes en la mano. A pesar de todo, al final, como en el caso de Mar adentro, acabamos en la eutanasia. Lástima porque se trata de una cinta magistral, y la interpretación del trío protagonista es antológica.

 

Carta de una mujer desconocida  (Yi ge mo sheng nu ren de lai xin)

Director : Xu Jinglei. Intérpretes : Xu Jinglei (Mujer), Jiang Wen (Hombre), Lin Yuan (Chica), Sun Feihu (Sirviente), Su Xiaoming (Madre). Pais : China. Año : 2004. Distribuidroa en cine : Barton Films. Duración : 90 min. Género : Drama.

Carta de una desconocida es una pequeña pero gran novela de Stefan Zweig. Consiste en una larga y apasionada carta en la que una mujer, antes de morir, revela a un hombre que él fue el gran y único amor de su vida. Que cuando era niña  se enamoró de él y toda su vida se ha dedicado a amarle en silencio sin que él  lo supiera. La carta cuenta todos los encuentros  y desencuentros que tuvieron y cómo su frialdad, su inconstancia  e indiferencia provocaron su ruina. La carta empieza con un  « cuando leas esto ya estaré muerta ». La acción transcurre a finales del siglo XIX. En 1948 Max Olphus realizó  una obra maestra. La versión que se ofrece ahora en panalla tiene el doble interés de ser una adaptación al mundo oriental y a una época  diferente.

La acción, en todo similar a los dosmodelos que utiliza Xu Jinglei, la dirctora-guionista-intérprete del filme, comienza en Pekín, en 1948. La carta sitúa su primer encuentro cuando ella era niña, en 1930. La película atraviesa la ocupación japonesa, la segunda guerra mundial  y llega al comienzo de la revolución. La historia en China es perfecta, y es la misma que en Ophuls o en Zweig : una joven y un artista, en este caso el hombre es escritor, una mujer que tiene que abrirse camino en la vida en circunstancias difíciles, cuando la mujer todavía tiene una situación inferior al hombre. La misma manera de entregarse ciegamente al amado y de guardar silencio.

La película de Xu Jinglei da a su desconocida mayor iniciativa que los europeos a la suya : existe la fatalidad,  existe la ruina a causa del hombre, pero ella no es una mujer pasiva, tomó decisiones, hizo cosas con toda conciencia, aceptó las consecuencias de sus actos de un modo más activo que las mujeres de Ophuls y de Zweig. Esa es toda la diferencia. En relación a Olphus hay que decir que esta película habla menos y deja ver más, y esa fotografía es de gran belleza y expresivodad.

Pocas veces el remake de un clásico se aproxima al valor del original. Este es uno de esos afortunados casos.

 

Los padres de él (Meet the Fockers)         

Año 2004 País : EE UU Fecha de estreno 04-02-2005 Género Comedia

Duración 115 m. Dirección Jay Roach Reparto : Robert De Niro (Jack Byrnes), Ben Stiller (Greg Focker), Dustin Hoffman (Bernie Focker), Barbra Streisand (Roz Focker), Blythe Danner (Dina Byrnes). Guión : Jim Herzfeld y John Hamburg. Fotografía: John Schwartzman. Música : Randy Newman. Montaje : John Poll y Lee Haxall

 

Si ustedes recuerdan Los padres de ella, no hace falta comentar esta cinta. En aquella película Greg logra declararse a Pam y va a conocer a sus padres. El resto consiste en mostrar las caras de extrañeza de Robert de Niro ante el idiota que se ha buscado su hija y las de Ben Stiller demostrando que de Niro tiene razón al no quererle como yerno. Los padres de él no es una secuela, es la misma película en la que el mismo equipo, director, guionistas y reparto, repite exactamente lo que hizo dos años antes: presentar a los padres,  de los contrayentes, hacer alarde de humor escatológico, chistes verdes, y las inevitables muecas de Robert de Niro y la estupidez infinita de Ben Stiller.

 

Greg tiene miedo de la impresión que pueden producir sus padres, una excéntrica y extrovertida pareja,  en su futuro  suegro.   Bernie es un abogado que dejó de trabajar para dedicarse a su hogar y Roz es consejera sexual para parejas de edad avanzada. Los comentarios picantes y las situaciones embarazosas no van a faltar. Y la película avanza, entre sonrisas más o menos fáciles, hacia el final previsto, sin arrancar nunca una franca carcajada. 

Sólo para los que pasaron un buen rato con la primera parte.

 

El vuelo del fénix

Dirección: John Moore Intérpretes: Dennis Quaid, Giovanni Ribisi, Tyrese Gibson, Miranda Otto, Hugh Laurie, Tony Curran, Kirk Jones, Jacob Vargas, Scott Michael Campbell, Kevork Malikyan, Jared Padalecki, Paul Ditchfield Distribuidora: Fox

 

El vuelo del Fénix es un remake de la película homónima de Robert Aldrich (1965), basada en una novela que sólo puede interesar a los amantes de la aviación.

Un avión se estrella en el desierto del Gobi y el grupo de supervivientes está perdido en el desierto, sin posibilidad de rescate y con la perspectiva de una difícil supervivencia por la dureza del entorno y la escasez de comida y bebida. Sólo les queda intentar lo que parece imposible, construir un nuevo avión con los restos del estrellado para poder salir del desierto.

La película no pasa de discreta porque han modificado la historia original: inicialmente El vuelo del Fénix es una obra angustiosa de supervivencia y de lucha contra los elementos esperando conseguir lo imposible, construir un avión y lograr que vuele. El enemigo es el tiempo, el calor y la falta de agua. El otro enemigo es la falta de confianza en la empresa. Aquí tenemos una película de aventuras donde todo transcurre con facilidad, apenas sudan, apenas les cuesta unos minutos construir un avión, de modo que se han sacado de la manga unos beduinos asesinos que convierten esta historia en un carnaval.

 

La película White noise es una producción británica de Geoffrey Sax que cuenta con Michael Keaton, Deborah Kara Unger, Chandra West, Ian Mcneice en el reparto. El guión se basa en los experimentos paranormales con los que juegan ricos occidentales para comunicar con los muertos. El EVP (Electronic Voice Phenomenon), un sistema electrónico que permite grabar imágenes y voces de los muertos. Michael Keaton ha perdido a su mujer y un desconocido le muestra cómo comunicarse con ella. Añade que no cobra nada ya que “el placer de ver la cara de felicidad de las personas que encuentran la paz a saber que sus seres queridos están bien es suficiente recompensa”. Lógicamente, en cuanto Keaton comienza a comunicar son los muertos la película se convierte en un thriller, modo divertido de pasar este bonito mensaje New Age. O, como decía Chesterton, cuando uno no cree en nada, lo que sucede es que cree cualquier cosa.

La película es entretenida, angustiosa en ocasiones y no falta algún respingo sobresaltado de la butaca.

 

La importancia de llamarse Ernesto (The Importance of Being Earnest)

Director:    Oliver Parker. Intérpretes:     Rupert Everett (Algernon Moncrieff), Colin Firth (Jack Worthing), Reese Witherspoon (Cecily Cardew), Judi Dench (Lady Bracknell), Frances O'Connor (Gwendolen Fairfax), Tom Wilkinson (Rev. Chasuble), Anna Massey (Miss Prism), Edward Fox (Lane). País:   Gran Bretana-Francia-Estados Unidos. Año: 2002. Guión:  Oliver Parker.

 

La importancia de llamarse Ernesto, probablemente la mejor obra de teatro de Oscar Wilde, cuenta la doble vida de Jack Worthing y de Algernon Moncrieff, dos jóvenes que utilizan el nombre de Ernesto para sus momentos de frivolidad. Jack es un respetable, ocioso y acaudalado caballero que vive en el campo, cuya única ocupación es ser tutor de una jovencita adorable llamada Cecily. Para combatir el aburrimiento Jack pasa largas temporadas en Londres con el falso nombre de Ernesto, pero a Cecily le ha contado que Ernesto es su disoluto hermano a quien debe vigilar. En Londres, bajo el nombre de Ernesto, conoce y se enamora de la bella Gwendolen, y conoce a Algy, su frívolo primo, un aristócrata sin dinero que mantiene una doble vida similar a la suya. Cuando comienza el filme Jack/Ernesto se declara a Gwendolen y es aceptado por la joven pero la madre de ésta, Lady Bracknell, se opone al matrimonio. Mientras tanto, Algy descubre la existencia de la protegida de Jack y acude a conocerla presentándose como Ernesto, su disoluto hermano.

 

Da la impresión de que Oliver Parker (Otelo, Un marido ideal) deseaba filmar esta película desde hacía tiempo, y que Un marido ideal, otra gran obra de Wilde le serviría de entrenamiento. Tras el éxito de aquella se lanzó de cabeza a este filme y entregó al libreto lo mejor que tenía a su disposición: un reparto perfecto, una fotografía esmerada y  una ambientación de lujo. En cuanto a su trabajo, también da la impresión de que ha vigilado que todo se desarrolle con la máxima corrección posible, lo que no es poco, pero no basta. En efecto, el texto de Wilde está magníficamente envuelto y adornado, pero le falta algo; es probable que el respeto a las palabras del dramaturgo le hayan restado vida. La versión de esta obra de 1952, dirigida por Anthony Asquith, era mucho más primitiva, menos cinematográfica, pero tenía más fuerza.

 

Con todo la obra es tan ligera, tiene tanto encanto y un ingenio tan chispeante que supera la seriedad con que es declamada y el publico sigue riendo y reflexionando ante el aparente cinismo de que hacen gala los protagonistas, sus sangrantes réplicas y su elegante modo de desollar, a golpe de ironía, la sociedad y costumbres de su tiempo.

 

Descubriendo Nunca Jamas (Finding Neverland)

País: Reino Unido/EE.UU. Dirección: Marc Forster Intérpretes: Johnny Deep, Kate Winslet, Julie Christie, Radha Mitchell, Dustin Hoffman, Eileen Essell, Freddie Highmore, Joe Prospero Distribuidora: Buena Vista

Marc Foster (Monster's ball) se acerca a la figura de Barrie con una adaptación de la obra teatral The man who was Peter Pan, de Allan Knee, una personal recreación de la Inglaterra imperial, el mundo eduardiano y de la creación de la obra que dio fama inmortal al autor de Peter Pan.

Película de ambiente, género en el que los británicos son maestros, y película de imaginación en la estela, por no decir escuela, de Tim Burton. No en vano la protagoniza el actor fetiche de este director, Johnny Depp, y el mundo dual que representa tiene mucho que ver con el de Big Fish.

Depp hace un gran trabajo, como suele ser costumbre cuando le dan un personaje fuera de lo normal. Su Barrie tiene esas cualidades mágicas que le convierten en alguien especial, el hombre que sigue siendo niño, el que ve una realidad distinta a lo que ven los demás. Junto a él están la viuda Davies (Kate Winslet) y sus hijos quienes serán los encantadores inspiradores de su mejor obra dramática.

Una obra deliciosa que va a competir por seis oscars.

           

La casa de las dagas voladoras (Shi mian mai fu)

País: China Dirección: Zhang Yimou Intérpretes: Takeshi Kaneshiro, Andy Lau Tak Wah, Zhang Ziyi, Song Dandan Distribuidora: Columbia

 

China, año 859. La dinastía Tang está en declive. Malestar es general. Corrupción. Sublevación. El principal ejército rebeldes lleva el nombre de La casa de las dagas voladoras. Dos capitanes, Leo y Jin, deben localizar y capturar a su líder que, sospechan, es una bella bailarina ciega que llevan a prisión. Jin se hace pasar por un para lo que cuentan con un elaborado plan. El capitán Jin se hará pasar por un solitario guerrero y rescata a la bella y ciega revolucionaria, con el fin de que le conduzca a la sede de las dagas voladoras. El plan funciona pero la pareja protagonista se enamora profundamente y la historia bélica pasa a segundo plano.

 

Yimou sigue en la estela de su Hero, y nos ofrece otro espectáculo de luces y sonidos. Hay menos aparato pero no menos cuidado en la elección de vestuarios, colores, musica y coreografía, tanto de combates como de danza clásica. La historia es un pretexto para un fastuoso despliegue de belleza.

 

Spanglish

Director:    James L. Brooks. Intérpretes: Adam Sandler (John Clasky), Téa Leoni (Deborah Clasky), Paz Vega (Flor), Cloris Leachman (Evelyn), Shelbie Bruce (Cristina). País:   Estados Unidos. Año: 2004. Producción:  James L. Brooks, Richard Sakai, Julie Ansell,  para Gracie Films. Presentada por: Columbia Pictures. Guión:    James L. Brooks. Música:   Hans Zimmer. Fotografía:    John Seale. Dirección artística:   Ida Random. Montaje:   Richard Marks. Distribuidora en cine:   Columbia. Distribuidora en vídeo y DVD:   Columbia. Duración: 130 minutos. Género: Comedia dramática. Premios principales: .  Público adecuado:    Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: X-

La película de James L. Brooks cuenta la historia de Flor (Paz Vega), una joven madre mejicana que emigra a Estados Unidos con su hija de seis años, logra sobrevivir en ese país durante un lustro sin haber aprendido una sola palabra de inglés y finalmente, por el bien de su hija, se obliga a “pisar el extranjero”: se pone a trabajar en casa de una ¿típica? familia norteamericana. La historia de Flor en casa de los Clasky viene a ser la de una marciana entre terrícolas, o algo similar. Esa familia tiene muchos problemas de comunicación que no tienen nada que ver con el lenguaje; la abuela Evelyn (Cloris Leachman) es una adorable pero excéntrica y alcoholizada mujer; la madre Deborah (Téa Leoni), una neurótica que no logra hacer las cosas como querría, políticamente correcta y en plena crisis de madurez; los hijos, un niño y una niña,  adolecen de las deficiencias familiares, en cuanto a John Clasky (Adam Sandler) es el hombre ideal, chef de prestigio, buen marido y padre, que se encuentra incómodo en la jaula de grillos en que se ha convertido su hogar. Inicialmente, Flor quería mantener su independencia, pero no puede evitar implicarse en la vida familiar y contribuye a salvarla de un naufragio seguro.

 

La película de Brooks (La fuerza del cariño, Mejor imposible) trata de dificultades de comunicación, de choque cultural entre norteamericanos anglosajones y latinos recién llegados a Estados Unidos, de relaciones  entre padres e hijos, de la familia y el trabajo, de modas pasajeras y sentido común. Todo ello se muestra con facilidad gracias a una brillante galería de personajes, todos ellos creíbles, humanos y entrañables, encarnados por unos actores que se lucen cada minuto que ocupan la pantalla. Brooks ha apostado por una visión capriana de la vida, realista, amable y respetuosa de las diferencias; y ha tomado la arriesgada decisión de mantener la versión original, en Spanglish, de modo que todo el mundo pueda seguir la película, pero unos capten más matices que otros, según su nivel de comprensión del otro idioma. 

 

Arranca la cinta con la voz de una narradora, Cristina, a punto de entrar en la universidad. Pretende hacer un elogio de su madre, una mujer que dedicó su vida a sacarla adelante y que no consideró esa tarea un sacrificio, sino lo más normal del mundo. El relato en off corre veloz en un primer tiempo hasta llegar a casa de los Clasky, convertido en terreno de conflicto entre dos familias, dos culturas, dos mujeres principalmente. El triángulo formado por Flor y el matrimonio Clasky refleja a las claras el problema de comunicación: Deborah y John no se entienden a pesar de hablar el mismo idioma, Flor y John sí, porque comparten los mismos sentimientos hacia los hijos. Esta relación provocará dos escenas difíciles y una brillantísima escena cómica: la primera protagonizada por el matrimonio en su alcoba, de tono erótico, humorística pero soez; la segunda entre John Clasky y Flor en el restaurante donde él trabaja, donde  los sentimientos se desbordan, admirablemente resuelta; la tercera también protagonizada por ellos dos y, para entenderse bien, la joven Cristina haciendo de intérprete, imitando a los mayores.

 

Se puede reír de buen grado, y también reflexionar muy en serio sobre los temas que surgen de la manera más natural del mundo, temas que son universales y todos entienden. Empezando por el primero, el alma de la película, la dedicación  a los hijos, educar en los valores que uno cree, aunque haya que tomar decisiones difíciles, aunque cueste, aunque los hijos no lo entiendan en ese momento.

 

Entre copas (Sideways),  de Alexander Payne es un plato de gourmet, una deliciosa tragicomedia que sorprende, divierte y encanta a la vez.  Sorprende en primer lugar porque ya habíamos olvidado que los norteamericanos fueran capaces de hacer un cine diferente, de calidad, con cabeza e imaginación. Divierte por un guión más que notable, que recuerda, una vez más, que no hay que buscar el Mediterráneo, que la gran película del éxito pasa por hacer bien cosas sencillas, que enfrentar a dos amigos a situaciones normales puede ser absolutamente innovador. Encanta porque los personajes son, a todas luces, encantadores.

 

Miles (Paul Giamatti), escritor frustrado, hombre sensible, tímido, acomplejado, acompaña a su amigo Jack, para una atípica despedida de soltero, sin juergas ni francachelas, solo una semana para disfrutar del paisaje, del buen vino y de la buena comida, por las carreteras de California que Miles conoce bien. Y allá van entre viñedos y copas, paladeando buenos caldos y gustando de una excelente cocina –algo que no sorprendería en un filme francés-, examinando su vida pasada y haciendo proyectos de futuro, que ponen en cuestión a cada minuto. Entre copas se dicen cuatro verdades, se enamoran de unas camareras, pretenden cambiar de vida, ... y dan una lección de cine, para saborear sin prisas.  

 

Constantine, de Francis Lawrence es una inofensiva majadería que protagoniza Keanu Reeves, actor encargado desde hace años de encarnar héroes de cara de piedra que pactan con el diablo o hacen de casimesías.  Constantine es una especie de exorcista que persigue al diablo y a sus criaturas a tiro limpio. Historia de pensamiento débil y teología incierta, si se toma con un mínimo de seriedad puede resultar nauseabunda. Si se toma en broma, que es la única manera en la que se puede tomar, resulta un tebeo (comic) de acción cuyos protagonistas son algo extraños. Grandes efectos especiales para reconstruir el infierno, ángeles, demonios y explosiones y una vaga sensación de que es mejor ir al cielo que al infierno.

 

El hundimiento, de Oliver Hirschbiegel, protagonizada por Bruno Ganz, cuenta los últimos días de Hitler. Esta es una de las películas que optan por el Oscar al mejor filme en lengua extranjera. El final de la guerra contemplado por los perdedores, los suicidios finales y un Hitler que no es un loco sino un ser frío y calculador es un espectáculo interesante y duro, y una buena cita con la historia. Recordemos que hace treinta años la película  Hitler, los diez últimos días, mostraba a un paranoico rodeado de aduladores que le ocultaban la realidad, casi daba pena. Hirschbiegel sigue la corriente moderna y realista que aporta un nuevo enfoque al personaje y a la crónica de la caída de Berlín y el Reich. El trabajo de Bruno Ganz es admirable...

 

F. G-D.