Sociedad

Islam, islamismo, terrorismo islámico y manipulación de Dios

Escrito por Manuel CRUZ.- GEA-Madrid. Publicado en Islam - Islamismo.

El fenómeno terrorista internacional que conmocionó al mundo el 11 de septiembre, ha significado, entre otras cosas, la estrepitosa caída del "nuevo" orden mundial, tan solemnemente proclamado por George Bush padre a raíz de la guerra del Golfo en 1991 y que explica solo en parte el odio que en amplios sectores islámicos suscita Estados Unidos.

Afirma el historiador británico Paul Johnson ("Tiempos modernos. La historia del siglo XX desde 1917 hasta nuestros días ". Ediciones Vergara) que la historia de los tiempos modernos es, en gran parte, la historia del modo en que se colmó el derrumbe del impulso religioso que había configurado el viejo orden basado en el derecho y en la moral tradicional Esta percepción de vacío, consecuencia de la "muerte de Dios" decretada por los ilustrados, movió a uno de los principales "deicidas", Federico Nietszche, a profetizar que ese vacío sería ocupado por la "voluntad de poder" que abriría las puertas de par en par a los políticos totalitarios, un nuevo mesianismo ideológico con un apetito ingobernable de controlar a una humanidad sin guía ya la deriva. Lenin, Hitler y Stalin y su cortejo de millones de víctimas, serían los ejemplos más llamativos del triunfo del relativismo moral en que se instaló el mundo.

El acertado pronóstico de Nietszche, que trataba de explicar las nuevas tendencias de la conducta humana a partir del siglo XIX, podría tener validez al menos hasta la desintegración de la Unión Soviética y la aparición de un nuevo "orden" mundial basado en la hegemonía de Estados Unidos como única potencia. Ahora bien, el fenómeno terrorista internacional que conmocionó al mundo el 11 de septiembre, ha significado, entre otras cosas, la estrepitosa caída de ese orden, tan solemnemente proclamado por George Bush padre a raíz de la guerra del Golfo en 1991 y que explica solo en parte el odio que en amplios sectores islámicos suscita Estados Unidos.

Como consecuencia, se hacen necesarias nuevas explicaciones que nos hagan entender hacia donde va el mundo a partir de un hecho que sorprendería al propio Nietszche: el aparente "renacimiento" de Dios decrecido por los ideólogos islamistas que quieren someter el mundo a Alá y, curiosamente, por el propio George Bush hijo que, como presidente de Estados Unidos casi se proclamó un nuevo mesías en los primeros momentos emocionales de la tragedia al hablar de "cruzada" contra los terroristas musulmanes, de guerra entre el Bien y el Mal, y de justicia infinita sin dudar siquiera en apropiarse del "copyright" evangélico de "quien no está conmigo está contra mi"...

 Pero no nos equivoquemos: el Dios que "reaparece" en la historia es un Dios desfigurado y manipulado por estos dos frentes visibles, el de un mundo occidental secularizado y materialista que se sirve una religión "a la carta" para lavar su conciencia y que ha elevado a valores absolutos la libertad sin el límite moral de la responsabilidad y el de un mundo islámico que interpreta la voluntad divina a capricho de quien se erige en autoridad religiosa, sin que exista una autoridad única que pueda ofrecer una exégesis aceptada por la "umma".

Hay un tercer "frente" pseudorreligioso que participa de lleno en esta asombrosa e incongruente guerra en la que se convierte a Dios en beligerante de sí mismo: el "frente judío" que se ha dejado intencionadamente fuera del conflicto siendo como es el más comprometido y generador de la violencia islamista. La violenta ocupación de Palestina a raíz del final de la II Guerra Mundial por el movimiento sionista y la llegada masiva de supervivientes del holocausto, es el principal factor de todos los desequilibrios que vive el Cercano Oriente. Esa ocupación, no puede olvidarse, se basa en un principio teológico: la tierra prometida al pueblo de Israel que, desde el siglo VII, estaba habitada, en buena parte, por los descendientes de Ismael, el hijo de la esclava Agar y que la legítima mujer de Abraham, Sara, rechazó una vez que engendra a Isaac. Lo más llamativo de esta "reconquista" tardía de la tierra de la promesa es que, en su mayoría, los judíos que retornan son agnósticos que no dudan en actualizar derechos divinos de propiedad que la minoría integrista judía se encarga de recordar en un permanente ejercicio de coacción - recuérdese el asesinato de Isaac Rabin - cada vez que ven amenazadas sus colonias.

Puede que sea tarea fácil entender las primeras reacciones de Bush como creyente de una de las centenares de "iglesias" protestantes que proliferan en Estados Unidos y como líder humillado del primer mundo, aunque resulte escasamente cristiana la idea de venganza. Al fin y al cabo, parte de la cultura norteamericana, tan difundida por su industria cinematográfica, se alimenta con la legendaria idea del "far-west" en el que eran lícitos los linchamientos y la voluntad justiciera incansable de vengar a las víctimas inocentes de los pistoleros. Bush la recordó complacido con el lema del cartel más divulgado en las legendarias películas del Oeste: "Se busca a Ben Laden, vivo o muerto".

Otra cosa es entender el fenómeno del islamismo que, como ideología política de fundamento religioso, había iniciado ya su declive en el propio mundo islámico después de tantos años de violencia extrema, pero que ha derivado en la organización de grupos incontrolados que reclaman el restablecimiento de la "ley de Dios" (la "charía") y de la "umma" (la comunidad islámica) no solo en los países musulmanes sino en el mundo entero. Un error que puede observarse entre nuestros políticos es el intento de definir el terrorismo en su conjunto como un fenómeno de violencia que no tiene la menor justificación y que, por lo tanto, no merece la pena el esfuerzo de intentar entenderlo. Sin embargo, mal haríamos, como potenciales víctimas del terrorismo islamista, si no tratásemos de conocer al enemigo, al menos para defendemos mejor.

En este sentido, otro historiador británico, Timothy Garton, se preguntaba días pasados en Madrid, qué pasaba por la mente de un terrorista musulmán que después de una esmerada formación de corte occidental, es capaz de asaltar un avión y morir al estrellarlo contra las Torres Gemelas. Entender esto exige un esfuerzo intelectual que, a juicio de Garton, todavía no se había emprendido. En realidad, Garton se equivocaba porque, al menos en los últimos veinte años, han aparecido centenares de ensayos y estudios de reconocidos arabistas que han explicado con profundidad un fenómeno que ahora parece sorprender y que no tiene nada de nuevo en la historia del Islam. El fenómeno terrorista, concretamente, dura ya más de treinta años y en este tiempo han sido numerosos los aviones secuestrados o derribados, los atentados, los asesinatos, etc.

Bien distinto es que, desde la perspectiva de la cultura occidental, se tenga capacidad intelectual suficiente para introducirse en la cultura islámica y entender las mil y una sutilezas de este mundo que, pese a la unicidad aparente de su religión, es tan plural y contradictorio como pueda ser el nuestro. Sobre todo si el esfuerzo intelectual necesario no va acompañado de otro espiritual. Si a la sociedad occidental secularizada le cuesta ya entender la moral católica, mucho más difícil resultará comprender a esa otra sociedad que hace de Dios la razón única de su existencia.

En todo caso, el horror y la conmoción suscitados por los atentados terroristas contra los grandes símbolos del poder occidental, empieza a tener como consecuencia un interés renovado por el mundo islámico, ese magma impresionante que va desde Marruecos en el Atlántico a Indonesia en el Pacífico y que ocupan más de mil millones de musulmanes. Hasta ahora podía decirse que ese interés era cosa de unos pocos intelectuales, arabistas o islamólogos, que ofrecían sus saberes a grupos reducidos de estudiosos mientras el gran público, pasada la curiosidad por la revolución de Jomeini en Irán, asistía más menos indiferente a las luchas internas que se desarrollan al otro lado del Mediterráneo con su sangriento cortejo atentados y de víctimas.

En realidad, el integrismo islámico o, mejor dicho, los movimientos ideológicos islamistas que ahora se han manifestado de manera tan feroz en Estados Unidos, están golpeando al mundo desde hace más de treinta y cinco años y los intereses norteamericanos han sido sus blancos preferidos, en Beirut, en Arabia Saudita, en Somalia, en Adén, en Tanzania, en Kenia. Ahora bien, donde más se ha concentrado ha sido en los propios países islámicos, sobre todo a partir de la primera "yihad" de los tiempos modernos, la de Afganistán contra el invasor soviético y que se convirtió en el vivero de los más sangrientos activistas de la "renovación" islámica que llegaron a contar, como es bien sabido, con la simpatía de la propia Norteamérica. De alguna forma podría afirmarse que los atentados de Nueva York y Washington han sido los coletazos póstumos de la "guerra fría", en la medida que Afganistán fue el último escenario del enfrentamiento ideológico de las dos potencias con el efecto impensado del "despertar" belicista de las corrientes más extremistas del Islam.

Puede que todavía no se haya estudiado en profundidad el tremendo cambio psicológico que se produjo entre los "muyahidines" afganos una vez derrotado el Ejército soviético. Como explicación no basta el hecho de que Estados Unidos retirase su ayuda militar y económica a los triunfadores, envueltos inmediatamente después en una virulenta guerra civil que ha costado ya más de un millón de muertos y lo que aún queda por venir. En realidad, los "talibán" de origen "pashtum", etnia mayoritaria en el país aunque divididos en diversas tribus, se alzaron con la victoria provisional sobre las demás etnias enfrentadas gracias al apoyo decisivo de la vecina Pakistán, a su vez aliada de Arabia Saudita y Estados Unidos y que estaba -y está- interesada en contar con un aliado seguro en Afganistán para asegurar una futura explotación de los recursos energéticos de Asia Central cuya evacuación se haría por territorio pakistaní. Obviamente, esta estrategia, que forma parte del "Gran Juego" petrolífero, cuenta con el respaldo de Estados Unidos, hasta ahora interesado en evitar el paso de los futuros gaseoductos y oleoductos por territorio iraní.

Esto quiere decir que Estados Unidos no ha dejado de mantener su atención en la estabilidad que podía ofrecer un Afganistán pacificado y con un régimen aliado de Pakistán. Sin embargo, la guerra del Golfo vino a introducir una variable significativa en el "despertar" islamista, al aparecer Usama Ben Laden como financiero de los "talibán" y declararse enemigo de Arabia Saudita por su alianza con la coalición occidental, materializada en la instalación de bases norteamericanas en los Santos Lugares, todo un sacrilegio que se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para la familia real saudita. El caso es que, a partir de ese momento, una vez despojado de su nacionalidad saudita, Ben Laden activa la organización " Al Qaaida" y emprende la guerra contra su antigua patria y los Estados Unidos al tiempo que se desencadena una gran ofensiva ideológica de los islamistas, fogueados en Afganistán, para ocupar el poder en sus países, a imagen de la revolución iraní. El caso más emblemático y que en un principio no utilizó la violencia sino la vía democrática de las urnas, es el de Argelia donde ya se han registrado más de cien mil muertos desde que el Ejército impidió la victoria del FIS en las primeras elecciones libres del país. Pero no puede olvidarse la violencia desencadenada en Egipto, patria de los "Hermanos Musulmanes" y el "golpe" islamista en Sudán, único que ha triunfado fuera de Irán.

El único país que ha sabido combatir con éxito el terrorismo islámico ha sido Túnez, que, en 1991, puso fuera de la ley, con centenares de penas de muerte, al movimiento de "renovación" "En Nahda", alentado desde Arabia Saudita, Egipto y Argelia. A este respecto, el presidente Ben A1í puso ya en guardia al mundo occidental sobre los riesgos que corría al dar cobijo como refugiados políticos a numerosos dirigentes islamistas. Y afirmaba que el terrorismo se engendraba en el oscurantismo religioso como un virus opuesto a todos los valores democráticos. "El integrismo islámico -decía- es la negación de la democracia, de la libertad y del progreso. Nosotros lo hemos liquidado ya. Pero el problema está en París, en Londres, en Washington. Francia, el Reino Unido y Estados Unidos se han convertido en el cobijo de los terroristas integristas".

Un salto ideológico de siete siglos

A lo largo de la historia islámica han sido frecuentes los movimientos de "renovación" del espíritu religioso de la "Umma", amenazada de desvío por el "descuido" de los califas, más ocupados en los asuntos temporales que en su función principal de velar por el Islam. La inmensa mayoría de los movimientos modernos que han elegido la vía de la violencia para imponer la "sharía" o ley coránica, están inspirados en el pensamiento de un eminente seguidor del rito "hanbal1"' del siglo XIII: Sus escritos fueron recuperados por los primeros resistentes al imperio británico en la ciudad india de Deoband. Allí surgieron, a mediados del siglo XIX, las primeras "madrasas" que enseñaban a sus discípulos una estricta interpretación del Corán para no perderlas señas de identidad religiosa de la comunidad musulmana y que en Arabia Saudita prendió con el nombre de "wahabismo" por su fundador Abdel Wahab, a mediados del siglo XIX. En estas enseñanzas se alimentó Al Maududi, un jeque indo-pakistaní que, sin pasar ala acción política, destacó como el más carismático de los renovadores del pensamiento islámico, entendiendo "renovación" como la vuelta a los orígenes. De ahí parten los millares de escuelas coránicas que se multiplicaron en Pakistán con la ayuda económica de Arabia Saudita y de las que, pasados los años, se formaron los "talibán", (de "talib, estudiante).

En ese caldo de cultivo, sobresale la escuela "salafista-yihadista" (de "salar', adepto al Islam de los primeros tiempos del Corán y "yihad", guerra santa) acaudillado por Ben Laden que, primero con los "muyahidines" afganos y, desde 1996 con los "talibán" ha impulsado el sueño de liberar no solo Afganistán sino a todos los países islámicos de sus sistemas corruptos, empezando por su patria adoptiva, Arabia Saudita, a la que acusó de "desviacionismo" por su alianza con Estados Unidos. Bueno es recordar en este contexto que el rey Fahd tomó a Ben Laden por un idiota que no merecía siquiera tener en cuenta aunque luego decidiera tomárselo más en serio hasta desposeerlo de la nacionalidad saudí. Un dato menos conocido de la actividad de Ben Laden es la fundación, en 1998, de un "Frente Islámico Internacional contra los Judíos y los Cruzados" que suscribió el movimiento egipcio " Al Yihad" del doctor Zauahiri, adepto del omnipresente Ibn Taymiia, inspirador también del otro gran ideólogo de la renovación, Hasan Al Bana, fundador en 1928 de la cofradía de "Los Hermanos Musulmanes" en Egipto y que fue condenado a muerte por el rey Faruk. Entre sus discípulos sobresale el antes citado Said Qobt que, a su vez, fue condenado a muerte por Gamal Abdel Naser.

Nos encontramos así con el principal trío de pensadores islamistas modernos que, muertos de manera violenta, tienen seguidores en todo el mundo islámico, entre otras razones porque la monarquía saudita se ha ocupado, a lo largo de los últimos decenios, de subvencionar sus petrodólares las escuelas coránicas y las mezquitas donde se imparte una enseñanza estricta del Corán. Obviamente, uno de los discípulos más aventajados, fue el propio Ben Laden, doctorado en derecho coránico en Yedda junto a otros príncipes de la familia real que tuvieron por maestro a Mohamed Qobt, hermano de Said. Por cierto, nadie se ha preguntado todavía qué se predica en las mezquitas españolas construidas con los donativos saudíes y dirigidas por "imanes" adictos al wahabismo. Una pista nos la pueden dar las redes desmanteladas en España de presuntos terroristas relacionadas con Ben Laden entre los cuales figura un español converso llamado Yusuf Galán, que dirigía en Asturias una supuesta asociación cultural islámica cuyo nombre no es ninguna casualidad: el del piadoso pensador islámico del siglo XIII Ibn Taimíia.

A este mundo del integrismo ideológico se inscriben prácticamente todos los movimientos que, financiados por Arabia Saudita en su momento o por Irán a partir de la revolución jomeinista, llevan el apelativo inequívoco de "Yemaa", (asamblea o agrupación), "Islami" "Hamas", "partidos de Dios" (hezbolah), incluido el FIS y el GIA argelino con sus múltiples escisiones y que tienen en el punto de mira la "purificación" de sus países además de la guerra a Israel y sus protectores. Curiosamente, la OLP de Yaser Arafat, que antaño se benefició de la ayuda económica saudita hasta que la perdió por su apoyo a Saddam Husein, no ha contado nunca con la simpatía de Ben Laden que ve en esta organización laica una copia de los demás regímenes árabes que considera corruptos. ..

No puede perderse de vista en este contexto un dato fundamental: una vez que la "umma" perdió su carácter unitario y las potencias europeas se repartieron los despojos del califato otomano, fue el nacionalismo árabe, más pasional que racional, el que abanderó la lucha contra los colonizadores si bien contó pronto con el respaldo de las corrientes islamistas. El gran pretexto de esta unión estratégica entre las "elites" de formación occidental y las hermandades musulmanas fue la lucha contra Israel desde el momento mismo de su fundación en 1948. Tras el estrepitoso fracaso del nacionalismo, cuyo caudillo indiscutible fue Gamal Abdel Naser, los movimientos islámicos, impulsados por la inevitable Arabia Saudita y por los menos inevitables Estados Unidos, pretendieron asumir el relevo de las clases dirigentes. Fue el momento de la división del mundo árabe en "progresistas" y "moderados" en uno de los escenarios más calientes de la "guerra fría".

La reacción de los dirigentes políticos en Egipto fue rápida, brutal y significó el rápido declive de los Hermanos Musulmanes como hipotética alternativa de poder. Por una parte, Egipto, que había jugado a aprendiz de brujo en sus coquetos con la URSS, cambió el signo de sus alianzas exteriores y, por otra, se fortalecieron los regímenes socialistas de Siria e Irak, inspirados en un partido, el "Baas", cuyo principal ideólogo fue, curiosamente, un cristiano llamado Michel Aflak. En este contexto se inscribe también el nacimiento de la Organización para la Liberación de Palestina, de corte laico y los demás grupos de liberación de Palestina de tendencia comunista, enfrentados por tanto a las corrientes islamistas. Sin embargo, a medida que el islamismo como corriente ideológica era arrinconado por las clases dirigentes en Egipto, Argelia o Túnez, en Afganistán se consolidaba el poder "talibán" y se extremaba la violencia de la organización de Ben Laden " Al Qaaida" junto a otros grupos centrados en el terrorismo contra Israel que tanto ha perjudicado los acuerdos de Oslo. Pero este epílogo está aún por escribir.

Preguntas y miedos

Pero todo esto es historia y lo que ahora nos preocupa es profundizar en lo que pronto será historia, es decir, responder a la gran pregunta del por qué de la tragedia del 11 de septiembre y qué repercusiones tendrá en un futuro inmediato. A este respecto, un profesor de la Universidad de Wisconsin, Daniel Maguire, se hacía días pasados en un artículo de amplia repercusión dentro y fuera de Estados Unidos la pregunta que más lacera a la opinión norteamericana: " ¿Por qué los pobres del mundo nos odian tanto a nosotros, los americanos?"

Él mismo se contestaba sin pelos en la lengua: Estados Unidos es, a los ojos de esos desheredados, una especie de gorila arrogante y por todos halagado que se ha construido sobre los cimientos de la esclavitud y el racismo y que, sin embargo, cierra la puerta en las narices de todos en la cumbre de Durban sobre el racismo. Un país que se encoge de hombros ante los genocidios de Ruanda y Burundi. Un país incapaz de tener una política equilibrada en el cercano Oriente y que sepa defender con la misma fuerza y la misma ayuda financiera la existencia de un Estado palestino cuya integridad territorial sea tan garantizada como la de Israel. Un país que no comprende la comunidad islámica, capaz de unirse por encima de fronteras, de razas y de naciones. Un país que ha dejado morir medio millón de niños en Irak como consecuencia de las sanciones económicas. Un país que se gasta 30 millones de dólares a la hora en garantizar inútilmente su propia seguridad mientras más de 1.200 millones de seres humanos viven en la pobreza absoluta y de los cuales más de cuarenta millones mueren cada año de hambre. Un país, en suma, que se ha erigido en el protagonista de la escena mundial pero que mira con frialdad y sin compasión a esos pobres, que, añade el profesor Maguire, no son idiotas y saben que el 83 por ciento de la riqueza del mundo está en las manos del 20 por ciento de la humanidad...

La conclusión es bien sencilla para el citado profesor norteamericano: es urgente y necesario atacar el mal en sus raíces y ese mal es la injusticia en el Cercano Oriente, el desastroso reparto de riqueza en el mundo y la proliferación del hambre. En definitiva, para que Estados Unidos dejen de ser odiados hace falta una voluntad política y moral para remediar la situación y la gran esperanza para el futuro reside, paradójicamente, en el hecho de que el miedo suele abrir los ojos de la sabiduría.

A este respecto, bien puede afirmarse que la guerra iniciada por Ben Laden y continuada por Estados Unidos con el bombardeo de Afganistán es la guerra de los miedos. Por un lado está el miedo de los islamistas a perder sus señas de identidad y su seguridad religiosa basada en la convicción de que Alá es la única superpotencia amenazada por Occidente. Por otro lado está el miedo de Occidente a perder sus niveles de consumo y de bienestar así como su seguridad, basada en el dominio del más fuerte que, hasta ahora, le ha permitido garantizar los recursos energéticos. Ese miedo occidental se ve incrementado por el temor a profundizar en las causas de todo lo ocurrido... y descubrirse culpable. A todos estos miedos podríamos añadir otro que nos afecta a todos: el miedo a la ausencia de líderes políticos capaces de gestionar la paz después de haber gestionado la guerra.

En estos momentos es evidente que, dentro del mundo islámico, cada vez más fragmentado y caótico, los miedos se reparten por igual entre los islamistas que ven en peligro sus ideales religiosos y los regímenes más o menos despóticos y corruptos que temen ser desbordados por los islamistas. Como consecuencia, el miedo se expande por una sociedad carente de liderazgo intelectual y político así como de expectativas de futuro. A la precariedad económica de estos países se han añadido ahora las dramáticas consecuencias del descenso drástico del turismo y de las inversiones extranjeras.

Como reflexión final y volviendo a las ideas iniciales, resulta evidente que estamos asistiendo a un descubrimiento asombroso, el retorno de Dios a la Historia, aunque sea un Dios desfigurado y caricaturizado. Lo cual no deja de suscitar también miedo en los ambientes más secularizados. No han faltado, en efecto, intelectuales que han aprovechado el desafío islámico para hacer propaganda de su ateísmo y culpar a todas las religiones de todos los males que ha sufrido la Humanidad. Es el caso del premio Nobel de Literatura, José Saramago, bien conocido por su militancia marxista. Por supuesto, no han faltado quienes han recordado a Saramago todo lo contrario: que los males le han venido a la Humanidad por los intentos de eliminar la religión, sobre todo a partir de la Revolución Francesa y de la Revolución Soviética. Otros pensadores, como Habermans, más frío en su análisis de la tragedia del 11 S, afirma que de seguir Occidente con su proceso de secularización sin valores, no logrará resolver sus conflictos internos y externos. Otros como Enrico Fenzi, que fue uno de los ideólogos de las Brigadas Rojas italianas y conoce bien lo que es el terrorismo, detecta en la juventud una nostalgia por valores no materiales y que una visión totalmente secularizada carece de atractivo. Y en este debate estamos ya inmersos...

" Al Qaaída", algo más que una lista de terroristas suicidas

El origen inmediato de "Al Qaaída" es la base de datos elaborada por Ben Laden en 1986 para recopilar la identidad de sus millares de seguidores en la guerra de Afganistán. De ahí que se haya traducido como "La lista" o "La red". Pero su significado arroja mucha luz sobre el comportamiento de los terroristas que se estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono. "Qaaída" significa, efectivamente, el conjunto de normas de conducta no escritas de los miembros de un grupo en relación con su jefe. Es decir, es "la costumbre", la cultura que está arraigada en una tribu, una aldea y, por extensión en todo un país, por encima incluso de las leyes.

Los miembros de ese grupo más o menos extenso, deben una fidelidad absoluta al jefe, en este caso al jeque, imán, cherif (descendiente del Profeta) o quien se haya investido de autoridad por su piedad y fervor religioso. En Marruecos, por citar un ejemplo que nos cae muy cerca, la expresión más visible de la "qaaída" era -y es- el acto de sumisión de las tribus o grupos sociales al sultán -al rey- mediante el juramento de la "bella", sometimiento religioso, político y social al" Amin al muminín" o comendador de los creyentes como descendiente del Profeta. Esto explica, sin acudir a otros razonamientos políticos, que Hasán II organizara la "marcha verde" para ocupar el Sahara español una vez que el Tribunal de La Haya reconociese la existencia de viejos lazos de "sumisión" al sultán por parte de las tribus saharianas, único documento de "propiedad" o soberanía que el sultán de Marruecos podía exhibir sobre esos territorios. El profesor Mohamed Tozy lo explica con varios ejemplos referidos al mundo rural en su interesante obra "Monarquía e Islam político en Marruecos" cuya lectura recomiendo vivamente.

El hecho es que Ben Laden consiguió en Afganistán un "status" de líder religioso con el' pleno respaldado del dirigente de la teocracia afgana: el "mulá" Mohamed Omar Ajunzada, que fue proclamado por los talibán, hace tan solo cinco años, " Amin al muminin" o jalifa del Profeta, lo que le confería una autoridad religiosa y política de carácter absoluto. Pues bien, los miembros de la "lista" de " Al Qaaída", están obligados a una obediencia ciega a su jefe, al extremo de no importarles su vida propia con tal de ejecutar las órdenes recibidas. Como es natural, esto sólo se explica en el ámbito islámico teniendo en cuenta que la palabra Islam significa, a su vez, sometimiento a la voluntad divina que, en este caso, está "encarnada" por el "mulá" Ornar que, a su vez, es el gran protector de Ben Laden. Esto significa que Ben Laden ha podido disponer de la vida de sus millares de seguidores, plenamente convencidos de que su terrorismo es una faceta más de la lucha del Bien contra el Mal, exactamente el mismo plano religioso que ha utilizado George Bush como réplica al terrorismo.

La "Yihad "

El origen de la yihad en su máxima expresión de guerra santa, según la interpretación que le da el ideólogo Said Qobt, está en el mandato que recibió el profeta Mahoma de extender la revelación recibida a su familia, a su tribu, a los árabes de su entorno, a los demás árabes y, por último, a toda la humanidad. Mahoma se encontró con tres tipos de impíos: a los que se puede conceder una tregua, a los que se debe luchar sin contemplaciones y los que deben pagar el impuesto (es decir, judíos y cristianos) a menos que se conviertan. El objetivo último, según esta interpretación, es someter el mundo entero al Islam, Una voluntad que, dicho sea de paso para no olvidar el origen histórico de todos los movimientos islamistas, puede interpretar cada musulmán libremente según su cultura, su fanatismo y, sobre todo, su ignorancia.

Lo que dice el Corán (Azora 2, aleyas 190 a 195, que llevan por título "En defensa propia") es lo siguiente: "Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no seáis vosotros los agresores. Dios no ama a los agresores. Matadles donde los halléis y expulsadles de donde os hayan expulsado. La tentación es peor que el homicidio. No combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada, a no ser que os ataquen allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles: esa es la retribución de los infieles. Pero si cesan, Dios es indulgente, misericordioso. Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda culto a Dios. Si cesan, no haya más hostilidades contra los impíos. "El mes sagrado es para el mes sagrado. Las cosas sagradas caen bajo la ley del talión. Si alguien os agrediera, agredídle en la medida que os agredió. Temed a Dios y sabed que Él está con lo que le temen. En la Azora 9, aleya 121 se dice: "iCreyentes! Combatid contra los infieles que tengáis cerca! iQue os encuentren duros! iSabed que Dios está con los que le temen!"