Sociedad

No somos conscientes de las amenazas a nuestra libertad

Escrito por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo. Publicado en Religión.

El sociólogo italiano Massimo Introvigne, representante de la OSCE para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, recibe mañana, de manos de la asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada, el I Premio a la Defensa de la Libertad Religiosa. En esta entrevista a Alfa y Omega, denuncia la poca repercusión de la persecución violenta de cristianos en Asia y África, así como el pacto de silencio sobre un fenómeno que cada vez nos toca más de cerca: la persecución religiosa contra los cristianos en Occidente

 

¿Cómo es hoy la persecución religiosa en Occidente?

 

La Ilustración y la Revolución Francesa crearon una forma particularmente sutil de ataque a la libertad religiosa: los sujetos de los derechos, incluido el de la libertad religiosa, son sólo los individuos. Así, no existe la libertad religiosa para una comunidad o una Iglesia.

El individuo católico tendría derecho, como todos los demás ciudadanos, a pronunciarse contra el aborto o el matrimonio homosexual. Pero la Iglesia, como comunidad, no tendría este derecho. Si la Iglesia se pronuncia en este sentido, se la acusará de injerencia.

Sin embargo, una sana concepción de la libertad religiosa debe garantizar también los derechos de las comunidades para pronunciarse sobre temas que no sólo se refieren a la fe, sino también a la moral; y no sólo a la moral individual, sino a la moral como criterio de juicio de las leyes. Se precisa una inmunidad con respecto al carácter invasivo del Estado. Si no, no habrá verdadera libertad.

Usted considera la libertad religiosa como el derecho que funda el resto de derechos. ¿Por qué?

La libertad religiosa no es una más entre las muchas libertades, sino que es la libertad fundamental. La libertad religiosa es la libertad de autodeterminación, sin injerencia del Estado, en la formación de nuestras creencias y comportamientos sobre las preguntas esenciales de la vida: de dónde vengo, a dónde voy, si la vida tiene sentido o no... Si el Estado no permite que determine libremente mis creencias y mi comportamiento en este campo, ¿cómo podrá dejarme responder libremente a otras preguntas menos esenciales que aquellas a las que da respuesta la religión?

¿Cree que los cristianos en Occidente somos conscientes de las amenazas al derecho a la libertad religiosa en nuestros países?

No lo somos, como tampoco somos conscientes de las masacres de los cristianos en África y Asia. Se estima que alrededor de 105.000 cristianos fueron asesinados en 2011 por ser cristianos: uno cada cinco minutos. No se trata técnicamente de martirio, pero son personas asesinadas porque son cristianos, y no por otras razones. De estas cifras y del tamaño de este problema, los europeos no somos conscientes. Y, menos aún, de las amenazas a la libertad de los cristianos en la propia Unión Europea. En algunos países, el tema empieza a ser más conocido: en Gran Bretaña ha habido episodios clamorosos: la prohibición de llevar una cruz en el lugar de trabajo, el arresto de predicadores acusados de ofender a los homosexuales, los intentos de obligar a las agencias cristianas de adopción a que ofrezcan niños a las parejas homosexuales... Sin embargo, existen episodios como éstos en todas partes.

Hoy parece haber libertad de expresión, pero no para todos...

Está permitido hablar de las víctimas en África y Asia, pero está prohibido hablar claramente de los perseguidores, debido quizá a que compran nuestros productos, nos venden petróleo y tal vez compran la deuda de nuestros países; así que preferimos no molestarlos. Si hablamos de intolerancia y discriminación contra los cristianos en Occidente, aquí es probable que se molesten los grandes poderes culturales y los medios de comunicación, a los que pocos se atreven a desafiar.

Artículo original en Alfa y Omega