Sociedad

El Reino de Dios es convertir la fe en cultura

Escrito por Rebeca Reynaud. Publicado en Religión.

México es el único país consagrado a Cristo Rey. Vivimos en un país en el que Cristo históricamente ha reinado y reinará. ¡Queremos que Él reine! Cristo no se impone, se acerca a nosotros queriendo reinar en el campo de nuestra libertad.

 

En México muchos han sabido dar la vida por Cristo Rey.

 

Podemos decir que el Reino de Dios se puede comparar a un edificio que se está construyendo con nuestra alegría, con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo y en las situaciones más pequeñas. El Reino de los cielos está dentro de nosotros. Dios nos busca porque es amor. Es el Espíritu Santo el que edifica la Iglesia. Es de interés saber que Paráclito significa “puesto a tu lado”, y está puesto a nuestro lado para que nos guíe y te fortalezca.

 

En una clase de Eclesiología, un profesor explicaba la diferencia entre Iglesia y Reino. El concepto de Reino es más amplio. Cristo quiere reinar sobre todos, también sobre los que no creen y sobre los que no le conocen. La Iglesia es un instrumento de ese Reino. Muestra un estilo de vida que los demás pueden mirar. Juan Pablo II dijo en la Universidad Complutense de Madrid: una fe que no se hace cultura, que no se convierte en estilo de vida, es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida.

 

Por eso, hay que convertir la fe en cultura: la agricultura, el hogar, el estudio, la profesión o el oficio. Que se pueda decir de los católicos, intelectuales o no: Estos hacen de la fe, cultura. Si mi fe se hace cultura es una fe viva. La fe es el encuentro con una persona; ese encuentro me cambia, me transforma.

 

¿Cómo convierto mi fe en costumbre? Las costumbres encarnan unos principios y unas convicciones. Y en eso se nos va –o se nos debería ir- la vida: haciendo cultura. Esto implica tener un estilo de trabajo; es decir, trabajar bien. La gente se da cuenta de cómo actuamos porque todos están, estamos, hechos para la verdad, para el bien.

 

En España, en un tren iban unas señoras conversando. Cerca estaba una religiosa y un profesionista. Y venían conversando sobre la anticoncepción y el aborto. Incluyeron al profesionista en la conversación y él les dio una explicación que las dejó calladas. La monjita le preguntó: “¿usted es padre?”. Él contestó: “No, soy laico, vendo departamentos”. Ese profesionista sabía de Bioética y de Ética. Esto es edificar el Reino de Dios. Esta es nuestra tarea, continuar la labor que Cristo empezó.

 

La fe es camino, y como todo camino, a veces se hace oscuro y otras veces se hace claro; es algo que se puede perder y se puede recuperar. Dios cuenta con las contradicciones para preparar y encarrilar a las almas, sobre todo cuando las elige para colaborar más de cerca con él.

 

En México tenemos un defecto: dejamos las cosas para después y decimos “ahora, ahorita, lo voy a hacer”, y lo dejamos para mañana. Nos falta sentirnos más comprometidos, más responsables, y eso cuesta mucho esfuerzo. Pero no hay que olvidar que, el carbón que se somete a grandes temperaturas y a grandes presiones, se hace diamante.

 

Hay desorden en la inteligencia y en el corazón humano. Amamos a quien no debemos, como no debemos y cuando no debemos, y no amamos a quienes debemos, como debemos y cuando debemos. No basta ser continentes según el estado de cada uno. La castidad es virtud, y como tal, debe desarrollarse, crecer y perfeccionarse.

 

Dice la Escritura que hay tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado…; tiempo de destruir y tiempo de edificar…; tiempo de rasgar y tiempo de unir… (Eccle III, 2-7). Hay tiempo para meditar y tiempo para llevar a cabo lo meditado; tiempo para poseer y tiempo para el desasimiento; tiempo de cultivar la virtud y tiempo de arrancar vicios.

 

San Agustín dice que la Iglesia peregrina en la tierra, camina entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios (De Civitate Dei 18, 52,2; PL 41, 614). Y así vamos, entre luces y sombras, pero siempre confiando en Dios. Se nota que una persona confía en Dios en que esa persona reza. Dice el Papa que el activismo es una violencia contra Dios. Es decir: “como Dios no resuelve las cosas, las voy a resolver yo”. Los medios sobrenaturales son lo más importante en la vida del cristiano: la oración, los sacramentos… El activismo consiste en hacer mil cosas menos las que tenemos que hacer.

 

Dios no nos concede algunas cosas que pedimos porque las pedimos mal. Por ejemplo, pedimos:

“Que me cambien de trabajo”./ “Que cambie yo”.

“¡Que me deje de doler tal cosa!”. / “Que lleve bien mi dolor”.

“Que consiga más dinero”./ “Que sepa trabajar, ahorrar y vivir la sobriedad”.

“Que me haga caso Fulanito (a)”./ “Que sepa amar bien a quienes debo amar”.

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