Sociedad

Presentada la Encíclica Spe Salvi: ¿qué puedo hacer para que surja alrededor la esperanza?

Escrito por Juan José García Noblezas,. Publicado en Religión.

Comentario de Juan José García Noblezas, profesor de Comunicación Institucional en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma)

Al comenzar a leer, esta mañana, recién salida, la nueva Encíclica de Benedicto XVI, "Spe Salvi (facti sumus)" (en castellano: "En esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros"), me vino a la memoria una anécdota de Juan Pablo II.

 

En una ocasión, Juan Pablo II concedió una entrevista a la BBC. El periodista le explicó las exigencias de brevedad en televisión y le dijo ¿Santidad, podría explicarme, en pocas palabras, qué es la Iglesia? Juan Pablo II contestó –sonriente- que, puestos a ser breves para decir qué es la Iglesia, le bastaba con una sola palabra: “salvación”.

 

Así que la nueva Encíclica trata básicamente de esperanza y salvación. De Dios y la Iglesia. Y desde luego, hay muchas cosas que atraen la atención en sus 50 puntos y 40 notas, que en la versión italiana impresa ocupa 77 páginas.

 

El detalle de los asuntos destacados está en la prensa (p.e. Il Corriere), y también en el resumen del Vatican Information Service. Y algunas recurrencias que -como también advierte John Allen- forman parte del pensamiento de Benedicto XVI:

la mutua necesidad de fe y razón, la imposibilidad de hacer un orden social justo sin referencia a Dios,

la urgencia de no entender la escatología ("el nuevo Cielo y la nueva tierra") en términos exclusivamente políticos,

concebir la verdad objetiva como el límite real para las ideologías,

etc.

Llama la atención, por ejemplo, leer que:

 

- “Un mundo que tiene que crear su justicia por sí mismo es un mundo sin esperanza".

 

- El error fundamental de Marx está en que "ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables".

 

- Jesús no traía "un mensaje socio-revolucionario" como el de Espartaco y "no era un combatiente por una liberación política como Barrabás o Bar-Kokebá". Lo que Jesús había traído "era algo totalmente diverso: (...) el encuentro con el Dios vivo, (...) el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud".

 

- Cristo nos hace libres verdaderamente: "No somos esclavos del universo" y "de las leyes y de la casualidad de la materia". (...) Somos libres porque "el cielo no está vacío", porque el Señor del universo es Dios, que "en Jesús se ha revelado como Amor".

 

- Cristo es el "verdadero filósofo" que nos dice "quien es en realidad el hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre". "Èl indica también el camino más allá de la muerte; sólo quien es capaz de hacer todo esto es un verdadero maestro de vida". Y nos ofrece una esperanza que es al mismo tiempo espera y presencia: porque "el hecho de que este futuro exista cambia el presente".

 

-  El Papa observa que "El restablecimiento del "paraíso" perdido, ya no se espera de la fe" sino de los progresos técnicos y científicos, de los que surgirá "el reino del hombre". La esperanza se transforma de ese modo en "fe en el progreso" asentada sobre dos columnas: la razón y la libertad, que parecen garantizar de por sí, en virtud de su bondad intrínseca, una nueva comunidad humana perfecta".

Está claro que sobrevuela el prensamiento de San Agustín, y está claro el razonamiento en torno a las enormes deficiencias de la revolución francesa ilustrada y la revolución marxista, como fuentes de esperanza para el ser humano.

 

De todos modos, hay algo que me llama poderosamente la atención, quizá bajo el prejuicio de la comunicación, y que se encuentra al final del penúltimo párrafo de la Encíclica, tiene que ver con la dimensión social de las personas:

 

- Nadie vive solo. Ninguno peca solo. Nadie se salva solo. En mi vida entra continuamente la de los otros: en lo que pienso, digo, me ocupo o hago. Y viceversa, mi vida entra en la vida de los demás, tanto en el bien como en el mal (…)

 

- Nuestra esperanza es siempre y esencialmente también esperanza para los otros; sólo así es realmente esperanza también para mí. Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza?

 

Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal.

 

Parecía de entrada un texto más bien teórico y académico. Hay que rendirse a la evidencia de que Benedicto XVI, además de ser un intelectual, es un pastor, y un hombre que entiende muy bien la dimensión social de las personas y de los tiempos que corren.

 

(Publicado en www.scriptor.org)

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