Sociedad

Las seis campañas contra Benedicto XVI

Publicado en Religión.

Son acusaciones sin base y refutadas una y otra vez, pero reaparecen en la prensa con excusa o sin ella. Joseph Ratzinger tiene dos problemas: carece del carisma arrollador de Juan Pablo II y es alemán. Ninguna de estas cosas es pecado ni necesaria para ser Papa, pero ayudan a que circulen los bulos contra él.

Los orígenes son casi siempre los mismos: «The New York Times» y Associated Press en Estados Unidos, y «The Guardian» y la BBC en Inglaterra. Es decir, el mundo anglosajón, que aún explota, a nivel consciente o subconsciente que, «los alemanes eran nazis».

Campaña, sí; complot, no.

El pasado lunes, el director de «L’Osservatore Romano», Gian Maria Vian, participó en un encuentro de periodistas en el Club de Prensa Extranjera de Roma. Allí expresó a sus colegas de todo el mundo su convicción de que no hay ningún «complot» contra el Papa, pero sí una «campaña mediática».

¿Las causas? Por un lado, dijo, la Prensa generalista tiene problemas económicos y «el sexo vende». Por otro, ve hostilidad contra la Iglesia por sus posturas bióeticas y porque crece la presencia internacional de la Santa Sede. Por último, afirmó, como muchos otros analistas, que la calidad periodística de la gran Prensa en temas religiosos, simplemente, se ha desplomado.

El bulo intermitente de ser «alemán hostil a los judíos»

Todos los jóvenes alemanes de 16 años, también Joseph Ratzinger, fueron reclutados para la «flak», la defensa antiaérea en la Segunda Guerra Mundial. La acusación de «nazi» y «antijudío» no tiene más base que su origen alemán. En su biografía «Mi vida» (de 1997), Ratzinger deja claro el disgusto que le producía la ideología nazi y su antisemitismo ya de niño. La Prensa hostil ha intentado presentar como antisemitismo el proceso para beatificar a Pío XII, la oración litúrgica para que «los judíos reconozcan a Jesucristo como salvador de los hombres», el alzamiento de la excomunión al obispo lefebvrista Williamson y, hace pocos días, una frase descontextualizada del predicador Rainiero Cantalamessa.

El Papa, con sus viajes a Auschwitz y Tierra Santa, sus visitas a sinagogas y sus debates intelectuales con rabinos, ha desmantelado este bulo.


Fracasan todos los intentos de involucrarle en abusos

Como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger firmó cientos de documentos disciplinarios relativos a sacerdotes, a menudo meras consultas recibidas de obispados. La Prensa hostil lleva años intentando encontrar una «pistola humeante» que le relacione con casos de abusos. No lo consigue, y recicla viejas historias manipulando el Derecho Canónico.

En octubre de 2006, por ejemplo, la BBC emitía el reportaje «Crímenes sexuales y el Vaticano» tergiversando el documento de 1962 «Crimen sollicitationis», sobre usos fraudulentos de la confesión, y uno de 2001 que remitía todos los casos de abusos a Doctrina de la Fe. Aunque la Iglesia explicó los documentos por activa y por pasiva y denunció la manipulación, se republican las viejas acusaciones, sin datos nuevos.


Un ataque improvisado: Ratisbona y el islam

Algunas acusaciones contra Benedicto XVI venían heredadas de su época cardenalicia, pero el bulo de que el Papa se oponía a la amistad con el islam nació de la noche a la mañana en septiembre de 2006 por obra y gracia de la BBC. El discurso de Ratisbona en que el Papa decía que la razón puede alcanzar a entender mucho de Dios no interesó gran cosa a la Prensa, hasta que la BBC lo difundió en árabe, turco, parsi y malayo con el título «El discurso del Papa excita la ira musulmana». Una visita a Turquía y una red de apoyo al Papa de ulemas moderados neutralizaron la acusación y tendieron puentes con el islam. 

Un ecumenismo basado en la verdad, no en el relativismo

Benedicto XVI ha sido acusado de dificultar el ecumenismo, es decir, el diálogo para lograr la unidad entre los cristianos. Sin embargo, el Papa está logrando pasos impresionantes con medidas audaces. Mientras los protestantes liberales, como los episcopalianos o los unitaristas, pierden fieles a marchas forzadas, el Papa ha abierto una puerta a las personas de origen anglicano para que se integren en «ordinariatos anglocatólicos» manteniendo su liturgia, si aceptan el Catecismo de la Iglesia.

Sus relaciones con el nuevo Patriarca ruso, Kiril I, son mejores de las que jamás pudo tener Juan Pablo II. Al levantar la excomunión a los lefebvrianos, abre un espacio que podría acabar con este cisma. Y por su defensa de la vida y la familia  es admirado por muchos protestantes conservadores y pentecostales. Su insistencia en la verdad, frente al relativismo, resulta atractiva para muchos cristianos hartos de sus iglesias liberales.


Acusado de ser demasiado racional... y de lo contrario

Mientras el llamado «nuevo ateísmo» de autores como Richard Dawkins o Christopher Hitchens acusa al Papa de ser un oscurantista enemigo de la ciencia, otros muchos, instalados en el relativismo o el nihilismo, le acusan de «dogmático» por su insistencia en que es posible conocer el bien y la verdad mediante la razón. La gran paradoja quedó escenificada cuando en enero de 2008 una manifestación grosera de profesores de la Universidad de Roma La Sapienza le obligó a cancelar un acto. El Papa, veterano profesor, leyó su discurso sobre la razón en septiembre en París, en el Collège des Bernardins.


El pasado, el futuro y lo eterno

Joseph Ratzinger llegó a la Sede de Pedro con una fama considerable como «guardián de la ortodoxia». Le acusaban (y se le sigue acusando) de mirar siempre al pasado. En realidad, Benedicto XVI mira al pasado, planta semillas para el futuro y espera cosechar en la eternidad.

Participó en el Concilio Vaticano II y pide interpretarlo en «continuidad» con toda la historia y Magisterio de la Iglesia. Conserva lo que sabe que es bueno, y se muestra abierto a nuevas realidades y movimientos de una Iglesia cada vez más global.