Sociedad

Benedicto XVI y Habermas, un paralelismo sostenido

Publicado en Religión.

El catedrático de Derecho Constitucional Andrés Ollero Tassara pronunció el una ponencia en la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, de la que es miembro de número, un paralelismo sostenido. En ella el Profesor Ollero destacó que “el intento laicista de encerrar toda proyección de lo religioso en catacumbas privadas no implica sólo discriminación sino un lamentable empobrecimiento colectivo”

Partiendo del encuentro entre el entonces cardenal Ratzinger y Habermas en la Universidad de Baviera en el año 2004, Ollero ahondó en la razón tecnológica a partir de dos “figuras consolidadas en ámbitos culturales aparentemente poco conciliables”. Así, centró su atención en la crítica a un determinado concepto de racionalidad y la necesidad de replantear la aportación de la Ilustración.

Sobre Benedicto XVI, dijo que su postura sobre la actual crisis se basa en el clásico concepto de ley natural, que “la ética católica hace propia” y que tendría “un fundamento racional, accesible sin necesidad del recurso a la fe, sin perjuicio del plus cognoscitivo que de ella pudiera derivar”. Ello explica la tajante afirmación de Benedicto XVI en su polémico discurso universitario de Regensburg: “actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios”, ya que “Dios actúa con logos”.


En este sentido, señaló que “la ética católica se propone como expresión de una racionalidad creadora capaz de servir de rumbo positivo al ejercicio de la libertad”, algo que “a los propios católicos puede llevarles en más de una ocasión a sentirse prisioneros de unos dictados caprichosos y destinados a verse relativizados por el irrefrenable curso de la historia; como consecuencia, el mejor modo de ejercer un saludable progresismo sería aprestarse a ser los primeros en desobedecerlos”.


Así, ahondó en la identificación de la razón con la actividad científica. Refiriéndose a Habermas, mostró la preocupación del filósofo “ante el imperialismo de la razón tecnológica”, que le ha llevado a preocuparse por el futuro de la naturaleza humana a raíz de la denominada “eugenesia positiva” norteamericana, que aspira a diseñar criaturas a la carta en vez de suscribir el empeño clínico de poner freno a factores genéticos negativos.


Para Ollero, la “mentalidad tecnicista” preocupa también a Benedicto XVI, que aboga por entender la técnica según el horizonte de sentido de la persona. “La fe en la ciencia acaba moviendo montañas y no es por ello extraño que de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos pueda derivarse seráficamente la convicción de que la educación sexual como asignatura escolar obligatoria no afecte en modo alguno a la libertad que a los padres pretende garantizar el artículo 27.3 de la Constitución, a la hora elegir la formación moral de sus hijos, porque entre otros sustanciosos argumentos, esa instrucción debe ser ‘objetiva y científica’, lo que excluiría todo ‘adoctrinamiento’”, afirmó.


En este sentido, afirmó que Benedicto XVI aparece como un “Defensor rationis” en su empeño por propiciar un “ensanchamiento de nuestra comprensión de la racionalidad”, respondiendo a “los intentos estrechos y fundamentalmente irracionales de limitar el alcance de la razón”, y Habermas, por su parte, considerará necesario un replanteamiento de la Ilustración, que sitúe su legado a cubierto de posibles querencias autodestructivas.


Una convergencia que, dijo, “da paso al convencimiento de que el relativismo ético, lejos de dejar abierto un apacible campo de diálogo social, sirve de entrada a un utilitarismo economicista, incompatible tanto con la antropología cristiana como con el no archivado anticapitalismo habermasiano”.


Según destacó, Habermas considera éticamente exigible la protección de una vida ya humana y se muestra alarmado porque el peligro de la investigación con embriones y el diagnóstico pre-implantatorio. Por su parte, Benedicto XVI acepta que “la bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral”. Por todo, Ollero advirtió que nos encontramos ante “un ámbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios”.


Por otro lado, se refirió al planteamiento inmanentista de la realidad -como el propio del llamado, a la italiana, secularismo-, “una postura natural y obligadamente compartida por creyentes y no creyentes”. En este sentido, hizo alusión al artículo 16.3 de la Constitución española, que suscribe un principio de cooperación de los poderes públicos con las confesiones religiosas, “incompatible con el drástico separatismo laicista”.


Pero, volviendo a Habermas, señaló que al proponer una “distinción jurídica entree la dignidad de la persona incondicionalmente válida y una protección de la vida del embrión, que puede ser fundadamente ponderado con otros bienes jurídicos” afecta al planteamiento de “nosotros mismos como personas morales”.


Hablando de la propuesta laicista, subrayó que Benedicto XVI ya dijo que “una cultura europea que fuera únicamente racionalista no tendría la dimensión religiosa trascendente, no estaría en condiciones de entablar un diálogo con las grandes culturas de la humanidad, que tienen todas ellas esta dimensión religiosa trascendente, que es una dimensión del ser humano. Por tanto, pensar que hay sólo una razón pura, antihistórica, sólo existente en sí misma, y que ésta sería la razón, es un error”. Y agregó que no tiene la menor duda de que “escuchar las grandes experiencias y convicciones de las tradiciones religiosas de la humanidad, especialmente las de la fe cristiana, constituye una fuente de conocimiento; oponerse a ella sería una grave limitación de nuestra escucha y de nuestra respuesta”. Para Ollero, Habermas no tiene nada que objetar, es más, “el intento laicista de encerrar toda proyección de lo religioso en catacumbas privadas no implica sólo la discriminación de individuos y grupos sino, más allá, un lamentable empobrecimiento colectivo”, declaró.


Finalmente, como conclusiones expuso que Habermas insistirá en que le “interesa particularmente la cuestión de cómo la desdiferenciación biotécnica de la acostumbrada distinción entre lo gestado (Gewachsenes) y lo fabricado (Gemachtes), lo subjetivo y lo objetivo, altera nuestra autocomprensión ética de la especie hasta ahora en vigor”. Mientras que Benedicto XVI, por su parte, sugerirá que “se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese algo más que la técnica no puede ofrecer”.

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