Sociedad

Comprensión del término Globalización

Escrito por Pablo de Irazazábal - GEA Madrid. Publicado en Globalización.

La globalización no está relacionada únicamente con la Economía, sino con todas las actividades humanas, por ello es necesario profundizar en el sentido y significado de este concepto.


Con frecuencia vemos en los telediarios, o leemos en la prensa y escuchamos en la radio noticias de grupos airados que protestan por la globalización -sin apellido alguno-- en Seattle, en Praga, en Davos, en Quebec, en Ginebra o cualquier otro lugar del mundo en que se reúnan los grandes de la Economía.

Se produce así una asimilación del término globalización con los temas económicos, lo cual no es ni siquiera una verdad a medias y, lo peor del todo, es que se olvida una realidad incuestionable: que los grupos airados y violentos -organizados, por supuesto-son parte de la misma globalización.

Tan sólo el Vaticano, con su enorme sabiduría, ha estado en su sitio y al hablar de la reciente reunión del Papa con todos los Cardenales de la Iglesia, para tratar de los retos del nuevo milenio, ha incluido entre ellos la preocupación por la globalización económica. Esto sí es correcto.

Un reto de futuro

El verdadero reto a que se enfrentará el hombre en el 2001 -y mucho más allá-es este de la globalización. Una palabra que está en la boca de casi todos y, desde luego, en los contenidos de los medios de Comunicación.

Sin embargo, me temo que hay mucho desconocimiento, mucha falta de información autorizada y mucho intento de desvirtuar el significado de la palabra, como ocurre con tantas otras en una desgraciada consecuencia del estructuralismo.

Será inútil buscar el término globalización en los diccionarios vulgares de los últimos quince años; no figura. En los más avan-zados se incluye para referirlo al campo de la educación y decir que es un "Método didáctico que consiste en aprehender una totalidad para luego avanzar progresivamente hacia sus partes y detalles".

Más adelante se profundiza buscando al iniciador de tal método y se debate sobre Decroly o Jacotot, inclinándose más por el primero, que lo amplió a todo el ámbito de la educación en su obra "La función de globalización y su aplicación a la enseñanza", publicada en 1929.

La globalización es cosa de la Comunicación

Sin embargo, nada de esto nos sirve para el término que hoy manejamos de continuo. Para encontrar su sentido tenemos que acudir a la Comunicación en su acepción más amplia.

En el estudio de la Historia Contemporánea acostumbramos a simplificar los siglos atribuyéndoles una característica muy definida: así, el XVIII es el "siglo de las luces" o de la "Ilustración" y el XIX, el "siglo del progreso".

Pues bien, antes de haber acabado el XX nuestros contem-poráneos se lanzaron a la búsqueda de la calificación más acertada para estos cien años recientemente terminados. Durante mucho tiempo prevaleció la idea del "siglo de la energía nuclear" y no hubiera sido descabellado por ese recorrido del átomo del micro-cosmos al macrocosmos, de su aplicación pacífica y beneficiosa a su utilización como arma de destrucción definitiva.

Pero el último tercio de siglo apenas deja lugar a dudas: el proceso de la Comunicación ha sido, a la vez, tan intenso y tan rápido que obliga a calificar a nuestro tiempo como el "siglo de la Comunicación". De lo que parecían maravillas definitivas a principio de la centuria, como las rotativas o la doma de las ondas hertzianas por Guillermo Marconi, a la televisión digital y por cable o internet de hoy ha transcurrido algo más que una época histórica.

Un argumento de autoridad

Me permitiré acompañar un argumento de autoridad.

En un Documento publicado en junio del pasado año 2000, después de celebrarse en Roma el Jubileo de los periodistas, se afirma de la Comunicación y sus medios en cuatro grandes áreas concretas:

a) Economía: "... los complejos sistemas económicos na-cionales e internacionales actuales no podrían funcio-nar sin los medios de comunicación. Si se prescindiera de ellos se derrumbarían las estructuras económicas fundamentales, con gran perjuicio para numerosas personas y para la Sociedad".

b) Política: "Los medios de comunicación son indispen-sables en las sociedades democráticas actuales. Pro-porcionan información sobre cuestiones y hechos, so-bre funcionarios y candidatos a cargos públicos. Permiten que los líderes se comuniquen rápida y directamente con el público sobre asuntos urgentes. Son importantes instrumentos de responsabilidad, pues llaman la atención sobre la incompetencia, la corrupción y los abusos de confianza, a la vez que ponen de relieve los casos de competencia, espíritu cívico y cumplimiento del deber".

c) Cultura: "Los medios de comunicación social facilitan el acceso de la gente a la literatura, al teatro, a la música y al arte, que de otro modo serían inasequibles para ella, y promueven así un desarrollo humano res-petuoso del conocimiento, la sabiduría y la belleza".

d) Educación: "Los medios de comunicación social, incluida internet.... superan las barreras de la distancia y el aislamiento, ofreciendo la oportunidad de aprender a pobladores de áreas remotas, a los religiosos de clausura, a las personas obligadas a permanecer en su hogar, a los detenidos y a muchos otros".

La profecía de McLuhan

Todo eso lo adivinó, a partir de los años sesenta, un Maestro de la Comunicación que se llamó Herbert Marshall McLuhan, que nació en Canadá, enseñó en la Universidad de Toronto y se trasladó luego a la Fordham University de Nueva York y trabajó la mayor parte de su vida en Estados Unidos.

Cuando McLuhan pronunció frases como "el mensaje es el masaje", o "el mensaje es el medio", y, sobre todo, "la aldea glo-bal", muchos creyeron que eran excentricidades de alguien que pretendía llamar la atención. Hoy toca rebobinar en la moviola de la Historia para ver cuánto tenía de profecía -o de conocimiento anticipado, que casi viene a ser lo mismo-el discurso del comuni-cólogo canadiense.

Bien es verdad que los profetas de nuestro tiempo, cuando hablan de Ciencia Política o de Sociología están más cerca del error que de la verdad. Quien haya tenido la oportunidad de leer las predicciones que sobre el año 2000 realizaron los muy sapientísi-mos investigadores del Hudson Institute y su coordinador Hermann Kahn en el decenio de los sesenta, y -llevado de la curiosidad intentara un cotejo con lo que realmente sucedió en el año 2000-estaría muy cerca de la desilusión. El tópico de que la realidad supera ampliamente a la ficción se cumple de manera irremisible. El Club de Roma, que en su informe del año 1991 -"La primera revolución global"-se anticipó genialmente a los acontecimientos (por supuesto, con éxito minoritario) recoge con ironía esta cita del sociólogo Giesbert:

"En los años treinta, el Presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt encargó a su Administración la realiza-ción de un amplio estudio sobre las tecnologías futuras. Cuan-do el estudio fue publicado causó una gran impresión. Cierta-mente resultaba fascinante. Sólo había un problema: no había predicho la llegada de la televisión, ni la del plástico, los aviones a reacción, los transplantes de órganos, los rayos láser, ¡y ni tan siquiera los bolígrafos!".

La aldea global

A nosotros nos interesa la aldea global que es, naturalmente, el origen de la globalización y seguiremos el camino trazado por McLuhan, una breve historia de la Comunicación:

- En el principio de la Sociedad humana la organización primera y más simple fue la tribu. Dentro de ella aparecían dos líderes: el Jefe y el hechicero. Probablemente, en oca-siones, o siempre en algunas tribus, las dos figuras se fundían en una. Al Jefe le correspondía el ejemplo de la fuerza y al hechicero la transmisión de los mensajes, mediante la palabra y la acción gestual.

- Todo esto se complicó, con la ampliación natural -demo-gráfica-de la tribu. Ya no era posible que la visión y la audición del mensaje llegaran a todos en las mismas con-diciones. Y aunque el hechicero se esforzase en repetir su mensaje, evidentemente el contenido no era el mismo. Eso dividía a los miembros de la tribu en diferentes castas: los que habían oído el mensaje original y los que habían tenido que conformarse con las repeticiones.

La escritura

- Estas dificultades quedaron, teóricamente, superadas cuando se inventó la escritura. Pero la práctica levantó un montón de obstáculos: era necesario aprender a escribir y, por supuesto, aprender a leer; el mensaje se difería, en el tiempo, hasta que el hechicero lo tenía escrito. Y, cuando lo difundía, habían cambiado las circunstancias que se produ-jeron cuando lo engendró. Y, desde luego, ya no existía la acción gestual o cualquier énfasis en algunas de las pala-bras o las frases pronunciadas.

- Las dificultades se mantuvieron en el gran período histórico conocido como la Edad Media. Con un añadido: los escri-banos se establecen, por lo general, en los monasterios. De ahí que se haya difundido una afirmación que sólo parcialmente es cierta: "Durante la Edad Media la cultura se encerró en los Monasterios". Sería mejor decir que par-te de la cultura se encerró, efectivamente, en los Monas-terios. En cualquier caso, si añadimos a la lentitud de los copistas la complicación de que los escritos se realizaban en latín, se entenderá bien que la transmisión de mensajes no ayudaba demasiado a la fluidez de la Comunicación.

- Precisamente se fija el principio de la Edad Moderna en una fecha -1453-en la que coinciden dos grandes aconte- cimientos: la caída de Constantinopla en manos de los tur cos y la que se califica -mal, inexactamente-como inven-ción de la imprenta por Johannes Gensfleich Zur Laden o Johannes Gutenberg. Mal e inexactamente por dos razo-nes: la primera, porque no se trata de la invención de la imprenta -que se utilizaba desde mucho tiempo atrás-sino de la invención de los tipos móviles de imprenta, que fue lo que realmente descubrió Gutenberg; la segunda porque esos tipos móviles los habían empezado a utilizar los coreanos -a quienes corresponde, por tanto, el invento- en un año fácil de recordar: el 1234. En cualquier caso, la utilización de los tipos móviles facilitó la multiplicación de copias y, por tanto, la amplitud de la Comunicación. Aunque siempre quedaba pendiente el obstáculo de la necesidad de aprender a leer y a escribir. Y, desde luego, el del tiempo; en el siglo XV no se preocuparon de la Comunicación en tiempo real.

Largo tiempo sin progreso

- El siguiente escalón tardará mucho en llegar. De los siglos XVI a principios del XX la Comunicación seguirá viviendo de las rentas de la imprenta. Y, en algún caso, se tendrá en cuenta lo que significa el tiempo en relación con la información. Dígalo, si no, la familia Rotschild cuya fabulo-sa fortuna empezó a engendrarse en la utilización de las palomas mensajeras para conocer, antes que nadie, el resultado de la batalla de Waterloo.

- Eso sí, con avances prodigiosos dentro de la tecnología. El libro se generaliza y la aparición de los periódicos en el siglo XVII -con su triple característica de periodicidad, publicidad y precio- significa un salto de gigante. Para los contemporáneos de Gutenberg obtener un millar de copias era un auténtico trabajo. Ya en los primeros años del siglo XX las rotativas ponían muchos miles de ejemplares en las manos de los ávidos lectores en sesenta minutos. La innovación comunicativa con que se abre el siglo XX es la aparición de la radio. El descubrimiento de Marconi hará posible que el mensaje se difunda mucho; que sean muchos los que lo reciban y, con la ventaja añadida, de que lo hagan en tiempo real, es decir, hay posibilidad de que la transmisión se realice en el mismo momento en que se está produciendo el hecho informativo.

- La explosión del siglo XX es de todos conocida. A los me-dios existentes se añadirán, especialmente, la Televisión e Internet. Nos interesa más la TV, entre otras razones porque McLuhan murió sin conocer la navegación ciber-nética. Con la TV se cierra el proceso histórico/informativo. Porque, a la posibilidad que ya nos había ofrecido la radio de un "hechicero" que llega, literalmente, a todo el mundo, se superpone la imagen. Es decir tenemos al "Jefe" o al "hechicero" que -repito-pueden fundirse en una misma persona -díganlo, si no, los grandes políticos, los Jefes de Estado o de Gobierno-actuando, sin obstáculos que ha derribado la tecnología, para toda la tribu, para toda la aldea. Sólo que, ahora, estamos hablando de la aldea global. En eso se ha convertido el mundo para la Comunicación.

Las ayudas de la técnica

Al hablar de los obstáculos que ha derribado la tecnología me
estoy refiriendo, claro está, a la utilización de los satélites de Comunicaciones, a los que se llama satélites inertes porque parece que están ahí, clavados en el cielo. La razón es muy simple: acompañan a la tierra en su giro, girando a la misma velocidad que nuestro planeta azul. De ahí su aparente inmovilidad. Todo eso empezó cuando el Presidente Kennedy estableció contacto oficial con el "Pájaro del alba" la mañana del 25 de junio de 1963. Hoy es una niñería para los especialistas.

Con estas facilidades se han podido realizar -se han realizado-transmisiones televisivas con más de 2.000 millones de espectadores simultáneos. Una de ellas fue la coronación del Sumo Pontífice felizmente reinante, Juan Pablo II, en el otoño de 1978. Con estas facilidades los amantes de la noche pudieron seguir en directo los acontecimientos de los JJ.OO. de Sydney, en nuestras antípodas.

No es necesario ponderar la importancia de este hecho tan simple como es llegar a la aldea global: Todos estamos en condi-ciones de recibir, al mismo tiempo, el mismo mensaje. Que nadie piense en las dificultades del idioma. La traducción simultánea está generalizada hace mucho tiempo. Los satélites de Comunicaciones que hoy funcionan transmiten sus mensajes, al menos, en doce lenguas distintas.

Ya no hay que preocuparse por las dificultades de la transmisión del mensaje, por la eliminación de lo que se llaman brumas de la información. Ahora, la preocupación se vuelca sobre el mensaje mismo. Es decir, sobre la manipulación que pueda efectuar el comunicador y que afectará, sin duda alguna, sobre el receptor de la comunicación.

El impacto de la transmisión: el mensaje es el medio

El impacto de la transmisión está asegurado. Con mucha más fuerza de la que llegaba a los primeros destinatarios de la tribu local, porque ahora está magnificado por los avances de la técnica. Ahí es donde, también, tiene razón Mac Luhan al afirmar que el mensaje es el medio.

Ese impacto, deslumbrante, producirá, inevitablemente, el mimetismo. Cuanto ha dicho, o dice o hace el gran gurú de la Comunicación, es algo digno de imitación, de acatamiento, de veneración. Ni la Tradición, ni los argumentos de autoridad, ni la Razón -que queda absorta ante el espectáculo-- son suficientes para competir contra la tiranía del nuevo Amo Universal.

¡Con qué frecuencia unas pocas personas, sentadas en torno a una mesa pero, eso sí-enfocadas por unas cámaras de TV--, dictaminan sobre lo divino y lo humano, sentando una especial jurisprudencia que modificará esencialmente los comportamientos de los espectadores!.

Por razones de eficacia ha llegado la hora de trabajar sobre una definición que, hasta ahora, no se ha dado. La globalización es la homogeinización -provocada deliberadamente o espon-tánea-de los comportamientos.

Way of think, way of life

Y aquí es donde se plantea la gran cuestión. Los norteamericanos suelen hablar del way of think -que serían las ideas, el pensamiento- y del way of life, la forma de comportarse. Podría parecer, en una aplicación de la lógica sencilla, que uno y otro estuvieran coordinados, que el comportamiento fuera una consecuencia de las ideas. Pero esto, por extraño que parezca, no ocurre siempre así.