Sociedad

Una Europa del espíritu

Escrito por Manuel de la Hera Pacheco. - GEA Cádiz. Publicado en Europa.

Aunque Europa es una unidad geográfica real, no es todavía la unidad económica ni geopolítica que comenzó a perfilarse cuando finalizó la II Guerra Mundial. Mucho se ha trabajado desde entonces y el empeño no debe ser fácil cuando los logros son todavía escasos, aunque alguno de ellos sea importante. Hoy, en una ciudad del sur de Europa, en Cádiz concretamente, cuando he comprado la Prensa he pagado con un billete de 5 Euros y entre las monedas que me han devuelto, como cambio, había una de cincuenta céntimos de Euro con el distintivo de Francia y otra con el de Alemania.


Esto de la moneda común, aunque todavía haya unos países que no la han adoptado, es una muestra tangible y creo que importante de que se está caminando hacia una Unión Europea real, aunque existan todavía fórmulas muy diferentes y para algunas cuestiones no se vean soluciones concretas. En cualquier caso, la Unión Europea total es un objetivo a largo plazo, de seguir las cosas tal como van ahora.

Europa tiene una Historia muy antigua y rica, lo cual se traduce en que hay unas raíces muy importantes y distintas para cada una de las naciones europeas, aunque en ocasiones hayan tenido objetivos comunes, que no se mantenían mas allá del éxito o el fracaso de lo que se intentó en cada ocasión. No obstante, esas alianzas circunstanciales han dejado unas marcas que hoy día, a pesar de que hayan transcurrido muchos años, todavía tienen una determinada influencia en el laborioso e importante trabajo que supone constituir la Unión Europea, máxime cuando todavía parece que no es el momento en el que se haya visto claro qué es lo que se pretende con esa Unión y, lo que es peor, cuando se teme por algunas naciones que deberán ceder algo que consideran que sería perjudicial para ellas mismas si pasa a depender de lo que viene apareciendo en el horizonte como Unión Europea. Aunque ha sido superado, recordarán ustedes la ola de sentimentalismo que en Francia se dio cuando el Euro nació.

Esta cuestión de la Unión Europea motiva estudios a muy diversos niveles, todos ellos importantes, y en muy diversos foros. En la Universidad Internacional Menéndez Pelayo se están celebrando cursos y reuniones a los que acuden, como invitados, personas de relieve y una de estas es el escritor italiano Claudio Magris que ha dado a conocer algunas opiniones sobre Europa y su futuro. Una es su oposición a la exaltación exagerada que por algunos se hace acerca de que la prosperidad económica es el único motivo de unión de Europa.

Magris cree que pensar y defender ese concepto no es beneficioso, en ningún caso para la Europa que tiene en común unas hondas raíces humanísticas. Lo importante es, a su juicio, hacer crecer la Europa del espíritu, sin que ello suponga que haya que dar de lado al aumento de la potencia económica, que deberá seguir su camino aunque apoyando siempre los valores superiores del espíritu, del alma, porque los europeos vivimos a impulsos de lo que el alma nos indica, De ahí la peculiaridad de nuestra inteligencia, sentimientos, valores y mentalidad.

El dinero, dice Magris, es algo que no se puede despreciar porque significa ocupación, familias que pueden comer y educar a sus hijos, personas que pueden curarse enfermedades. No se puede despreciar el dinero, pero hay que situarlo en el lugar que le corresponde. El sentido del mundo no es el dinero, sino el espíritu con el que se logra y para lo que se dedica. Para una familia, disponer de ingresos económicos es necesario, pero no es su fin. Este es el de atender a la educación y formación de sus hijos. Se necesita una Europa en la que los valores del espíritu, sin perder calidad, movilicen otras actividades, entre ellas las económicas.