Sociedad

La encrucijada europea

Escrito por Emilio Sánchez Pintado - GEA Madrid. Publicado en Europa.

La ampliación de la Unión Europea en diez nuevos miembros, ya aprobada, y los trabajos de la Convención sobre el futuro de Europa, cuyo documento final se dará a conocer en la segunda mitad del año en curso, son las coordenadas que definen la actual encrucijada europea. Entre ambas existe una íntima y directa interrelación, pues, como ha afirmado recientemente Romano Prodi, el debate sobre dónde se encuentran las fronteras de Europa es, en realidad, un debate sobre su identidad.


La determinación de las fronteras de la Unión Europea ha ganado fuerza polémica por la posible incorporación a ella de países musulmanes; por su parte, las tareas de la Convención se encaminan a la elaboración de una futura constitución europea. La conjunción de ambas se concreta en dos preguntas de fácil enunciado y no tan fácil contestación: ¿Caben los países musulmanes como miembros de pleno derecho en el proyecto de una Europa unida?, ¿La Constitución europea debería eludir cualquier referencia a la raíz religiosa y cultural cristiana de Europa?

La primera interrogante se ha centrado ahora en el caso de Turquía, que goza del estatuto de país candidato desde 1999, y con el que se abrirán negociaciones formales para su adhesión en el año 2004. Nadie duda, además, de que lo que se decida respecto de Turquía será decisivo para la posición de Marruecos y, tal vez, otros países musulmanes del Norte de Africa y de la desaparecida URSS. El Presidente de la Convención, Giscar d´Estaing, con su habitual seguridad en si mismo ha roto todos los limites de lo políticamente correcto al declarar que "la admisión de Turquía sería el final de la Unión Europea". Al parecer, no está solo en su opinión, pero nadie se atreve a decirlo. Más cauto, el Presidente de la Comisión ha matizado que habrá que instrumentar una "política de proximidad" con los países vecinos que les otorgue todos los beneficios de la incorporación, pero sin compartir las instituciones, ni llegar a la total adhesión.

La segunda respuesta debe partir inexcusablemente del reconocimiento de que el cristianismo ha sido un factor decisivo en la construcción de Europa, y todavía lo es, en su realidad presente. Europa no es sólo un mito y un ámbito geográfico, sino también, muy en primer lugar, una entidad histórica y una comunidad de cultura. Esta presencia del cristianismo no se desvirtúa por la extensión y la influencia política y cultural del laicismo y del relativismo moral en muchos de los países de la Unión, ni por la pluralidad religiosa o el multiculturalismo. El cristianismo es, ante todo, una religión pero, como ha señalado Julián Marías, es también, con cierta independencia del contenido religioso en sentido estricto, un modo vigente de ver la realidad que alcanza a todos los que se confiesan cristianos y a los que no lo son o han dejado de serlo. Este sentido, no confesional, sino cultural y social del cristianismo es el que se pide, con toda justicia, que se reconozca en la futura Constitución Europea. Esta "perspectiva cristiana" es la que el Papa está pidiendo insistentemente que se respete y reconozca en el futuro Tratado Constitucional, al tiempo que insiste , una y otra vez, en la urgencia inaplazable de traducir a términos culturales actuales el contenido espiritual, intelectual y moral del cristianismo y al tiempo que exige a todos los cristianos que cumplan diligentemente con sus obligaciones en esta materia.

¿Y Vd. que opina? Pues, yo estoy con Giscar dÉstaing en la sustancia y con Prodi en el procedimiento, ambas posturas no son ni excluyentes ni incompatibles; y que, una vez más el Papa tiene toda la razón y la expresa con claridad y valentía y sin regatear medios para que se traduzca en hechos.

(Publicado en "Mundo Cristiano" en febrero de 2003)

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