Sociedad

Participación en la vida pública. Honradez política

Escrito por Lourdes Álvarez de Mon Soto. GEA Palencia. Publicado en Laicismo-laicidad.

La política es una actividad comprometida, una acción complicada en la que inciden muy diversas y muy diferentes circunstancias. Las decisiones de los políticos tienen en ocasiones consecuencias imprevisibles. Inciden directamente en las personas y la sociedad, su carácter público amplifica la incidencia y repercusión en los medios de comunicación.


Por su naturaleza la política se realiza mediante acuerdos y desacuerdos, apoyos y concesiones, a veces de conveniencia, compromisos y presiones.

La palabra del político se pone en juego día a día. Intereses diversos desafian su lealtad al compromiso personal. En los medios políticos se ve como fenómeno normal la incoherencia, los apoyos interesados y los favores pactados en connivencia. No sorprenden las componendas, las arbitrariedades y las pérdidas de dignidad.

Me pregunto si el político actúa para el partido o es, más bien, el partido quién actúa a través del político. Posiblemente esta interacción varia en los dos sentidos en función de circunstancias diversas.

Existen políticos que buscan por encima de todo lograr y mantener cargos. Personas que quieren vivir de la política y a cualquier precio se mantienen ahí. Con este fin van tejiendo una red de colaboradores y favorecidos amparados por su poder. Sus leales a la vez que les mantienen aseguran su pequeña o grande cota de poder.

Existen también políticos que quieren contribuir al bien de la sociedad. Utilizan el poder para servir a sus conciudadanos y están desprendidos de los cargos. Consiguen algo y trabajan hasta que llega el conflicto entre los intereses del partido y lo que ellos consideran interés de la sociedad de acuerdo a su conciencia. Es el caso del responsable de urbanismo que se ve presionado para conceder licencias ilegales, el de bienestar social obligado a negar unas ayudas que considera necesarias, el parlamentario defendiendo leyes que sabe injustas y perjudiciales para el bien común. El concejal que se muestra contrario a tratos de favor.

Otros son políticos anónimos. Precisamente por eso les dejan trabajar. Están a la sombra escribiendo y preparando documentos que otros presentan en los foros públicos y en los medios de comunicación. Esas personas anónimas no se ven y sin embargo están ahí.

La disciplina de partido y la conciencia entran fácilmente en conflicto. Algunos son capaces de sortearlo sin traicionar su conciencia. Su prestigio personal y político, su valía profesional les permite actuar libremente porque el partido los necesita. Los que están en condiciones menos significativas son fácilmente sustituidos por otros.

Los políticos que se ven en situación de traicionar su conciencia abandonan sus cargos o ceden apartándose de sus principios. Se suman así a la larga lista de los corruptos y de los que les apoyan .

La vida política necesita el trabajo de mujeres y hombres honrados. Los cristianos que se dedican a la política están en condiciones de aportar valores humanos y sociales. Dar ejemplo de trabajo abnegado y generoso, sentido de justicia y equidad, cordialidad y respeto en las relaciones humanas. Defensa de la libertad y respeto a las opiniones de los demás. Demostrarán que el cristiano, si es político, es un político honrado. Demuestra que el poder y la oposición son instrumentos para el bien.

Los políticos necesitan prestigio profesional, han de vivir de su trabajo para que la política no mediatice su independencia económica. Es un estar sin estar. Un modo de estar comprometido y apasionado y en la misma manera desprendido.

Toda persona honrada puede participar políticamente desde la sociedad civil a través de asociaciones y otras iniciativas ciudadanas, a través de la colaboración activa en medios de comunicación, a través del apoyo a personas honradas que son fieles a su conciencia contra presiones de dentro y fuera de sus ámbitos políticos.

Hay que estar en la política para hacer política humanista. Arriba, en el filo, en la inadvertida sombra. Más o menos tiempo. Hay que estar ahí para decidir.

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