Sociedad

Camino, de Javier Fesser, y la verdadera historia de Alexia

Escrito por -. Publicado en Medios de comunicaciĆ³n.

La profesora y periodista Ninfa Watt muestra cómo se transforma una bella historia de fe en un panfleto ateo.

Ofrecemos cuatro documentos que pueden facilitar una mejor comprensión de la realidad de esta caricatura cruel, maniquea y tenebrosa.

 

 

La familia de Alexia denuncia las falsedades de 'Camino'

Informe Completo de Ninfa Watt sobre algunos contenidos de la película y la realidad de Alexia y su familia.

 

Carta abierta de José Damián, hermano de Alexia González-Barros, a Javier Fesser, director de la película "Camino"

Critica de la película

Página web sobre Alexia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La familia de Alexia denuncia las falsedades de 'Camino'

Jerónimo José Martín, colaborador de ageanet, peridista,  crítico de cine, presidente del Círculo de Escritores Cinematográficos.

Dice ahora Javier Fesser que su película Camino es “una ficción donde no hay nada inventado”, y que se inspira en varias historias reales, que no especifica. Pero los que han seguido de cerca su proyecto saben bien que no es casual su dedicatoria final a Alexia González-Barros. Y es que “un 80% de la historia está extraída de tres biografías publicadas en castellano (...). En ese sentido, en la película hay escenas literalmente copiadas y diálogos trasladados, pero incluidos en contextos y significados diferentes”.

En un comunicado emitido ayer, a petición de la familia de Alexia, se muestra así de rotunda Ninfa Watt, profesora de la Universidad Pontificia de Salamanca, ex directora de las revistas Vida Nueva y Pantalla 90, ex alumna del mismo colegio que Alexia y amiga de su familia. En su análisis, esta religiosa teresiana denuncia la manipulación que hace la película de la historia real de esta niña madrileña, que murió de cáncer el 5 de diciembre de 1985, a los 14 años, y que está en proceso de canonización desde 1993 por la visión sobrenatural, entereza y alegría con que afrontó su dolorosa enfermedad.

Como especifica Ninfa Watt —a través de declaraciones de Alexia, su familia y sus biógrafos—, las invenciones de Fesser deforman sobre todo el “significado global” de la historia real, dándole “un carácter caricaturesco e insultante”, pues presentan a Alexia “como una niña manipulada por su madre, especialmente en el terreno religioso y, al final, sin fe”. Nada más lejos de la realidad: “¡Cuántas veces habrá repetido ante el sagrario la frase que el Señor suscitó en su alma cuando era muy pequeña: ‘¡Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras!’ —testimonió su padre— Nunca se rebeló y mantuvo su alegría y su paz cada día”. 

Ninfa Watt demuestra que esas deformaciones afectan a todos los personajes: Alexia, sus padres, su hermana numeraria —Licenciada en Farmacia y Antropología—, el niño que le gustaba —que se llamaba Alfonso, no Jesús—, su ángel custodio —al que llamaba Hugo y que el filme presenta como un terrorífico acosador—, los médicos presentes en su muerte —que no aplaudieron, como en el filme—, y hasta los que alentaron el proceso de canonización, que no fueron maquiavélicos sacerdotes del Opus Dei, sino sobre todo el claretiano Padre Apodaca.

Es significativa la caricatura del padre de Alexia, Francisco González-Barros, en realidad “un hombre de sólidas convicciones cristianas, que acompañó a su hija en su lecho de muerte, más tarde se hizo supernumerario del Opus Dei —siguiendo los pasos de su esposa—, y falleció veinte años después que su hija”.

No sorprende, pues, que también el hermano de Alexia, José Damián, haya denunciado la engañosa actitud dialogante de Fesser en una carta abierta al director. “¿Cómo puede sostener —se pregunta— que a mi hermana Alexia le gustaría su película cuando retrata ridículamente a ella misma y a quienes ella más quiso: sus padres y su única hermana; y se burla de Dios y de aquello en lo que creía? Señor Fesser, le agradeceré que deje de maltratarnos con guante blanco y de considerarnos estúpidos. Al menos, un poco de ese respeto del que tanto habla”.

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Informe Completo de Ninfa Watt

-Ninfa Watt es periodista y filóloga, profesora de Ética y deontología profesional en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Teresiana, ex alumna del colegio en el que estudiaron las hermanas González-Barros y amiga de la familia.

Ex directora de las revistas Vida Nueva y Pantalla 90, crítica de cine y colaboradora en El espejo de la cultura (COPE), y miembro de SIGNIS (Asociación Católica Internacional de la Comunicación).

 

A- Breve biografía de Alexia

Alexia González-Barros y González nace en Madrid el 7 de marzo de 1971. Era la menor de siete hermanos. Desde los cuatro años estudia en el Colegio “Jesús Maestro”, que tiene la Compañía de Santa Teresa de Jesús en Madrid.

 

En febrero de 1985, poco antes de cumplir catorce años, se le diagnostica un tumor canceroso en las cervicales que, en poco tiempo, la deja paralítica. Durante diez meses sufre cuatro operaciones y duros tratamientos para intentar detener el proceso de la enfermedad pero finalmente fallece en la Clínica Universitaria de Navarra el 5 de diciembre de 1985.

 

A lo largo de la enfermedad, Alexia manifestó una madurez humana y una vida cristiana muy profunda que le llevó a aceptar con serenidad el dolor, la inmovilidad y la muerte.

 

A raíz de la publicación de una breve biografía escrita por una religiosa de su colegio, Mª Victoria Molins, la vida y la ejemplaridad de Alexia comienzan a difundirse y un religioso claretiano, el padre Apodaca, anima a los padres de Alexia a dirigirse al arzobispado de Madrid para poner en conocimiento tanto la fama de santidad que estaba adquiriendo su hija, como la existencia de favores atribuidos a su intercesión.

 

El 14 de abril de 1993, ocho años después de su muerte, se inicia en Madrid la Causa de canonización. El 8 de mayo de 2000, el padre de Alexia entregó en Roma el resultado de la investigación: 11 tomos con más de 4.600 páginas.

 

En estos años, la devoción a Alexia se ha extendido en todo el mundo, se han editado 9 biografías, traducidas a 11 idiomas y se han recibido más de 100.000 cartas agradeciendo diversos favores.

 

B-Acerca de la película “Camino”, de Javier Fesser

 

La base real de la película: ¿Camino es Alexia?

En la rueda de prensa de presentación de la película, Javier Fesser afirmó que su película era una ficción donde no había nada inventado.

 

Como el propio director manifestó al diario El País el 31 de julio de 2008, que tras leer la biografía de Alexia decidió que “allí había una película”.

 

Un 80% de la historia que cuenta Camino está extraída de tres biografías publicadas en castellano (Alexia, experiencia de amor y dolor vivida por una adolescente, de Mª Victoria Molins, Alexia: alegría y heroísmo en la enfermedad, de Miguel Angel Monge, Un regalo del cielo, de Pedro Antonio Urbina). En ese sentido, en la película hay escenas literalmente copiadas y diálogos trasladados, pero incluidos en contextos y significados diferentes. Además, al final de la película, hay una mención explícita a la memoria de Alexia González-Barros.

 

Sobre esta base real, hay numerosas invenciones que deforman la realidad de la historia y le dan un carácter caricaturesco e insultante para la familia de Alexia González-Barros, que vivió en su momento una experiencia muy dolorosa ante la enfermedad y muerte de una hija, o una hermana, adolescente.

Ciertamente, el mayor problema de la película es su significado global, y no se limita a detalles concretos. Sin embargo, respondiendo a preguntas que se repiten acerca de cuestiones puntuales, se incluyen a continuación algunas aclaraciones:

 

1. El padre de Alexia: Francisco González-Barros

 En la película el padre de Camino-Alexia es un hombre pusilánime, sin firmeza en su fe, que muere en un trágico accidente antes que su hija.

La realidad:

El padre de Alexia era un hombre de sólidas convicciones cristianas, que acompañó a su hija en su lecho de muerte, más tarde se hizo supernumerario del Opus Dei, y falleció veinte años después que su hija.

“Tanto mi esposa como yo teníamos una meta muy clara: lograr un hogar luminoso y alegre, recogiendo una frase del Fundador del Opus Dei, donde nuestros futuros hijos pudieran crecer felices para un fin muy determinado: alcanzar el cielo, entendiendo como felicidad vivir la paz y la alegría de un hogar cristiano a pesar de las dificultades, preocupaciones y problemas que la propia vida conlleva”. (Testimonio de Francisco González-Barros, recogido en www.alexiagb.org)

 

2. La vida cristiana de Alexia

 En la película se presenta a Camino-Alexia como una niña manipulada por su madre, especialmente en el terreno religioso y, al final, sin fe.

La realidad:

“Por sus actitudes, comprendía que Alexia estaba muy cerca de Dios, que hablaba al Señor como a un amigo: con confianza. Ella lo ofreció todo, absolutamente todo, sabía que el tesoro que tenía en las manos, tenía que administrarlo bien, con mucho amor, con renuncia total.

¡Cuántas veces habrá repetido ante el sagrario la frase que el Señor suscitó en su alma cuando era muy pequeña: "Jesús que yo haga siempre lo que Tú quieras"!

Nunca se rebeló y mantuvo su alegría y su paz cada día. Fue ella y no la familia quien hizo que todas aquellas cosas tan difíciles se transformasen en normales. Fue ella quien "tiró" de nosotros y nos llevó a su paso, en tanto que ella andaba al paso de Dios”. (Testimonio de Francisco González-Barros, recogido en www.alexiagb.org).

La misma Alexia, pocos días antes de morir, contaba de este modo su experiencia a sus compañeras de colegio:

“Todos los días el capellán me traía la Comunión que tanto me conforta.

(…) aunque no lo creáis, Dios da las fuerzas necesarias y todavía te dan ganas de reír un poquito.

(…) Os vuelvo a repetir que noto lo mucho que rezáis por mí y que me tenéis presente. Decidles a las niñas nuevas que, aunque no las conozco, también las tengo presentes y que tengo muchas ganas de conocerlas. (Carta de Alexia a sus compañeras de colegio antes de morir, recogida en www.alexiagb.org)

 

3. La madre de Alexia: Ramona (Moncha) González

En la película aparece como una fanática religiosa, manipuladora, sin otros intereses, fácil de convencer con planteamientos pueriles, y obsesionada por controlar a sus hijas.

La realidad:

Era una mujer culta, sumamente amable y educada, cariñosa, decidida a que sus hijos conociesen mundo, aprendiesen idiomas y tomasen decisiones por sí mismos después de estar bien informados. El sentido religioso, la fe, y la aceptación serena de los acontecimientos, formaban parte de los valores que vivía con naturalidad en su ambiente familiar.

“Tanto a mi esposa como a mí, nos importaba mucho su formación humana e intelectual, para que sin uniformidad y según el carácter de cada uno, pudieran ejercer la libertad personal y ejercitarla con plena responsabilidad.

Ni con Alexia ni con sus hermanos los padres hemos tomado determinación alguna que pudiera afectarles sin que les fuese previamente razonada, con ello tratábamos de que fueran adquiriendo criterio. Así Alexia lo adquirió con cierta rapidez y sabía ponerlo de manifiesto cuando llegaba el momento de tomar alguna decisión sobre cualquier tema familiar”. (Testimonio de Francisco González-Barros, recogido en www.alexiagb.org)

 

4. El “novio” de Alexia

En la película, a Camino-Alexia le gusta un niño que se llama Jesús. Su madre no lo sabe porque ella lo guarda como un secreto. El poner ese nombre al personaje de ficción provoca una buscada confusión entre ese adolescente y la figura de Jesús, Jesucristo, hijo de Dios, a quien la niña se refería en sus conversaciones y oraciones.

La realidad:

A Alexia le gustó un niño que se llamaba Alfonso y que conoció en verano de 1984 en Vall-Llobregat. Fue un amor platónico, de adolescencia, porque nunca llegaron a hablar. Ella se lo contó a su madre que, en este tema, como en tantos otros, era su confidente y cómplice. En una ocasión, su madre le regaló una pegatina que ponía “I love Alfonso”. Al dársela, Alexia comentó sonrojándose: “¡Qué cosas tienes, mamá!”.

 

5. La hermana numeraria

En la película, Camino-Alexia tiene una hermana numeraria que se hizo del Opus Dei por un desengaño amoroso propiciado maliciosamente por su madre, que intercepta su correspondencia. Vive en un centro del Opus Dei en Pamplona.

La realidad:

La hermana de Alexia, Mª José, era considerada por sus compañeras de colegio como una persona muy inteligente, independiente, algo rebelde en su pensamiento, con fuerte personalidad. Pidió la admisión como numeraria a los 22 años y, al enfermar su hermana, vivía en Madrid (donde sigue residiendo). En aquel momento daba sus primeros pasos en el mundo laboral después de terminar dos licenciaturas -Farmacia y Antropología americana- que estudió en la Universidad Complutense.

 

6. La devoción al ángel custodio

En la película, Camino-Alexia tiene horror a los ángeles de los que le habla su madre porque tiene pesadillas con un espantoso ángel siniestro que la acosa.

La realidad:

 Alexia tuvo desde pequeña mucha devoción al ángel custodio al que “bautizó” con el nombre de Hugo y al que acudía con fe. La anécdota de la infancia conocida por su familia y amigos fue así:

“-Un día, poco antes de hacer su Primera Comunión le dijo a su madre:

- Yo quiero que mi ángel custodio tenga un nombre. Eso de llamarle “custodio” como todo el mundo, no me gusta.

- Me parece bien. Y ¿cómo quieres llamarle?

- Hugo-, respondió sin titubear.

- ¿Hugo? –se extrañó su madre- es un nombre muy poco corriente. ¿Por qué Hugo?

- Porque es un nombre perfecto para un custodio”

(Mª Victoria Molins, Alexia: experiencia de amor y dolor vivida por una adolescente).

 

7. El traslado a la Clínica Universitaria de Navarra

En la película, un sacerdote del Opus Dei convence a su padre, en medio de un forcejeo, de que lleve a su hija a la Clínica de la Universidad de Navarra.

La realidad:

Fue el propio padre de Alexia el que, preocupado por la evolución de la enfermedad, viajó a Pamplona para contrastar el tratamiento y convenció a su familia, después de que un médico de la clínica Puerta de Hierro le dijera: “Si fuera mi hija, la llevaría a Navarra”.

 

8. La muerte de Alexia

En la película, cuando muere Camino-Alexia, los médicos, enfermeras, sacerdotes y amigos presentes empiezan a aplaudir. En la rueda de prensa de la presentación de la película en San Sebastián, respondiendo a un periodista que le preguntó si había sido exactamente así, Javier Fesser afirmó que sí.

La realidad:

El propio hermano de Alexia lo aclara tras conocer esa afirmación: “Mi hermana Alexia no murió rodeada de aplausos. Murió rodeada de cariño. Cariño de sus seres queridos: padres y hermanos y con el silencio respetuoso de las enfermeras, doctores y enfermos que motu propio se acercaron a la habitación de Alexia. Murió mientras intentábamos tragar nuestras lágrimas, porque –no lo olvides- para nosotros era un verdadero drama el pensar en tener que soportar su pérdida. (Carta abierta a Javier Fesser de Alfredo González Barros, recogida en www.alexiagb.org)

 

9. El proceso de canonización

En la película -mientras la niña está muy enferma, hospitalizada-, un sacerdote del Opus Dei convence a la madre de que sería conveniente que “ayudara” al proceso de canonización de su hija, que sería así la primera santa de la Obra. Sugiere que se provoque una devoción que parezca espontánea.

La realidad:

Durante la enfermedad, muchas personas del entorno de Alexia admiraban la entereza, la fortaleza, la madurez y hasta la alegría serena con la que sobrellevaba una situación tan inesperada como dolorosa. Su ejemplo de fe y esperanza ayudó a no pocos. Y, tras su muerte, los primeros escritos que narraban el proceso vivido empezaron a difundirse con una rapidez y extensión inusitadas.

“En muy poco tiempo, a partir de su fallecimiento, su fama de santidad se extendió de manera espontánea y generalizada, y es mucha la gente que se siente removida por su ejemplo.

Desde lugares tan diferentes y lejanos, como pueden ser Canadá o Filipinas, de todas partes del mundo, fueron llegando testimonios de almas que se han acercado a Dios.

Obviamente, nosotros, su familia, jamás hubiéramos pensado en nada parecido, aunque sentíamos que Alexia estaba muy cerca de Dios.

Sin embargo, un religioso claretiano nos hizo ver la obligación moral que temamos, como padres, de llevar a cabo la tarea de someter el ejemplo de la vida de Alexia al juicio oportuno de la autoridad eclesiástica. (Testimonio de Francisco González-Barros, recogido en www.alexiagb.org)

 

Por otra parte, Alexia nunca perteneció al Opus Dei.

 

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Espero que estas notas ayuden a aclarar los puntos concretos confusos sobre los que se han interesado algunos compañeros. Un saludo,

Ninfa Watt

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Carta abierta de José Damián, hermano de Alexia González-Barros, a Javier Fesser, director de la película "Camino"

 

“Le ruego que deje de maltratarnos” 

Soy hermano de Alexia González-Barros, la protagonista inequívoca de su última película. Ante la proximidad de su estreno, al que nos ha invitado, quiero explicarle porqué no vamos a ir, y sé que usted lo entenderá muy bien.

 

En primer lugar, esos hechos reales que a usted sólo le inspiraron para escribir su guión, realmente sucedieron; y nosotros, también de un modo realísimo, los sufrimos.

 

Obviamente, no queremos hurgar en la herida y revivir ese dolor; aunque usted por ello se permita recriminarnos que, de este modo, opinaremos sobre su película “por terceros, en lugar de por nosotros mismos…”

 

En su respuesta a la carta abierta de mi hermano, usted afirma que quiso contactar con nosotros; pero calla, y bien lo sabe, que sólo lo intentó a partir de septiembre, cuando la película sobre Alexia estaba acabada.

 

Para entonces, nosotros sus hermanos, como todos, ya nos habíamos desayunado el 31 de julio con el titular tan explícito de su reportaje en ‘El País’: “Javier Fesser habla de su película sobre el Opus Dei y sobre Alexia…” Aquí sí que nos dolió recibir una información que tan directamente nos afectaba, no ya por terceros, sino por la prensa...

 

Me sume en la perplejidad alguna de sus declaraciones -que 1ógicamente, sigo con atención-, tales como su solemne y repetida afirmación de que “es una ficción donde no hay nada inventado”.

 

Asombroso, hasta que descubres que “los trozos de realidad” que usted menciona, se identifican sin ninguna duda con Alexia y mi familia, pero, eso sí, (mal)interpretados a su manera.

 

Sin duda se trata de una manipulación semántica -un perverso juego de palabras- tras el que se esconde cuando las preguntas directas le impiden exponer su discurso de buen chico.

 

En una de sus cartas escribe que “a vuestra hermana Alexia le gustaría” la película, ¿cómo puede sostener eso cuando la retrata ridículamente a ella misma y a quienes ella más quiso: sus padres y su única hermana; y se burla de Dios y de aquello en lo que creía?

 

También quería recordarle un viejo asunto: le pedimos formalmente que retirara el nombre de nuestra hermana Alexia del texto que aparece al final de su película.

¿Por qué no lo ha hecho?

 

Para evitar confusiones a quienes pensaran ver esta película, quisiera advertirles que a través de ella nunca conocerán a su protagonista, Alexia González-Barros, ni las profundas razones gracias a las cuales afrontó con tanta entereza, ejemplarmente, la durísima enfermedad de la que murió a los 14 años.

 

Y a usted, señor Fesser, le agradeceré que deje de maltratarnos con guante blanco y de considerarnos estúpidos.

Al menos, un poco de ese respeto del que tanto habla.

 

Fdo. José Damián González-Barros González

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“Camino”: Una caricatura cruel, maniquea y tenebrosa

El madrileño Javier Fesser evidencia en este drama excesos similares a los que ya mostró en sus comedias alocadas.

Director: Javier Fesser.
Intérpretes: Nerea Camacho, Carmen Elías, Mariano Venancio. España. 2008. 143 min.

J. J. M.


Camino es una alegre niña de 14 años, que anda ilusionada por interpretar una obra de teatro donde también actúa Jesús, un niño del que se ha enamorado. Su padre la apoya, pero su madre, rigorista supernumeraria del Opus Dei, intriga todo lo que puede para alejarla del teatro. En ésas, diagnostican a Camino un grave tumor, que le obliga a sufrir un calvario, primero en Madrid y luego en una clínica de Pamplona dirigida por el Opus Dei.


En su nuevo largometraje, Javier Fesser (El Milagro de P Tinto, La gran aventura de Mortadelo y Filemón) abandona el amable y divertido humanismo de su corto Binta y la gran idea, y ofrece una tragedia agresivamente anticatólica. En concreto, falsea en clave atea los caracteres de la niña protagonista y su padre, demoniza a los personajes del Opus Dei que les rodean—presentándolos como manipuladores, fanáticos o imbéciles—, ridiculiza su actitud cristiana ante el dolor —traduciéndola en sórdido masoquismo— y sólo ofrece a cambio un frívolo vitalismo hedonista, con un cursi cielo sin Dios.


Todo ello, durante 143 insoportables minutos, en los que combina malamente un costumbrismo de opereta con cruentas operaciones quirúrgicas y tenebrosos insertos oníricos, en los que quiebra definitivamente la enfática banda sonora. De este modo, Fesser machaca una preciosa historia de fe y valor ante el sufrimiento, y desaprovecha una producción notable y unas interpretaciones bastante buenas, dentro de los perfiles grotescos de los personajes.

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