Sociedad

Las espinas en el camino

Escrito por Manuel de la Hera Pacheco. Publicado en Empresa-Trabajo-Inmigración.

Hay espinas donde menos se las espera y, además, te hieren. Mi viejo amigo, el marinero de siempre, me ha contado que al pasar la mano, como una caricia, sobre un seto de un jardín recién recortado, cosa que viene haciendo desde años atrás, una espina le hirió en un dedo y ello le provocó una infección de la que todavía le están tratando. ¿Cómo iba a pensar que pudiera ocurrirle tal cosa? No se lo explica, pues ni siquiera sintió el pinchazo. Tal como iba acariciando las ramas recién recortadas sentía satisfacción, como siempre le sucedía, pues ya eran muchos años los que había hecho lo mismo. Era como el saludo amistoso a un viejo amigo; como quien pone su mano sobre la espalda de esa persona a la que conoce y trata desde siempre. Sin embargo en ésta ocasión una espina le hirió cuando acariciaba ese seto que hay en su camino de cada día. 

 

Ahora, en éste tiempo que estamos viviendo también aparecen espinas, de otro tipo, que nos hieren en lo más profundo de nuestro ser. Son espinas que se muestran en lo que se oye, en lo que se lee y en lo que se ve; opiniones no siempre adecuadas a la verdad, actitudes algo desafiantes - como quien se quiere lanzar a una lucha a brazo partido con otra persona - y esas otras imágenes en las que se muestra desorden en las calles. incendio de enseres públicos, barreras con fuego o sin él para impedir el tráfico normal por una vía de acceso a alguna ciudad. Son espinas que se encuentran en el camino de cualquier persona; espinas que duelen porque hieren el sentido de bienestar, el de la paz entre todos los componentes de la sociedad; a veces de un número reducido de personas pero en otras ocasiones afecta a la totalidad. 

Son dolorosas esas espinas y no suele ser fácil lograr que desaparezcan. Se comprende que la belleza de un rosal o la de una sola rosa es consustancial con las espinas de sus ramas; se sabe y se tiene cuidado para no pincharse al portar un ramo de rosas o una sola de ellas, pero no se comprende que se llenen de espinas las relaciones entre las personas. ¿Es que resulta imposible llegar a entendernos a través de la lógica, del sentido de lo razonable y, sobre todo, del deseo noble de vivir en paz y con la conciencia tranquila por haber hecho bien todo lo que era necesario hacer y aún más? Es cierto que la sociedad, la del mundo en general. se encuentra en una situación muy difícil y por causas muy variadas. Situación que es necesario que se arregle lo más pronto posible, a pesar de las muchas espinas que se encuentran en el camino. 

Sinceramente, la situación es muy difícil y compleja, pero el remedio es único; la buena voluntad de todos unida a un esfuerzo gigantesco de inteligencia y de capacidad de acción. Las espinas en el camino son graves realidades. Es el paro en el que se encuentra gran cantidad de personas, con los problemas personales que acarrean que son sumamente importantes. La economía mundial no está ajustada a las necesidades reales de toda la Humanidad y eso mismo se presenta en áreas geográficas concretas como es el caso de nuestra Nación, en la que aparecen, casi a diario, cuestiones nuevas o derivadas de las anteriores. No es cuestión de fácil y rápido arreglo, sino todo lo contrario. Es una realidad muy dura y espinosa que, naturalmente, hace daño. Pedir paciencia es obligado al igual que lo es trabajar sin descanso todos aquellos que tienen que ver con esas cuestiones. 

Tendrán que seguir podando los setos de los jardines para embellecerlos y hacerlos más fuertes y mi viejo amigo, el marinero, seguirá contemplándolos con cariño y hasta se atreverá, otra vez a acariciarlos a su paso. Lo ha hecho siempre, durante toda su vida, y seguirá haciéndolo, aún a sabiendas de que alguna espina llegue a hacerle daño. Es su vida; como la de cualquiera.

Manuel de la Hera Pacheco - GEA Cádiz